Successful and Sustainable Implementation of Open Innovation: An Empirical Analysis
Hypothesis 1: Companies transitioning from no use of open innovation (stage 0) to intensive use
III. 3.1.3.3 External Websites
III.6. Summary and Conclusions
En la difusión del cristianismo las iglesias del este y del oeste no trabajaron codo con codo sino enfrentadas en una competencia feroz. Cada una de las partes deseaba anexionarse lo más posible. Los francos de Bohemia y Moravia, de Croacia y Serbia, los griegos del territorio de los varegos (ruso antiguo: varjag = vikingos) de Kiev, unos señores es- candinavos, que se habían establecido allí con su séquito a finales del siglo VIII o principios del IX. También en el reino moravo los predicadores griegos hicieron frente contra los francos. Y cuando el kan Boris de Bulgaria auxilió en 862 al rey franco oriental contra su rebelde retoño Carlomán y los francos tomaron en cuenta la cristianización de Bulgaria, Miguel III de Bizancio derrotó a los búlgaros y los forzó a que recibieran el bautismo de sus sacerdotes.
Los búlgaros, cuya nación surgió en el curso de la Edad Media de la mezcla de tracios, eslavos y protobúlgaros, eran asiáticos del curso medio y alto del Volga, donde habían fundado un kanato (que después se hizo mahometano); se afirmó con su capital Bulgar hasta finales de la Edad Media, en que fue arrollado por la oleada mongola.
Con posterioridad a los hunos algunos grupos nacionales búlgaros llegaron al Danubio y a los Balcanes, donde se asentaron poco a poco hasta convertirse en un vecino peligroso para Bizancio. Como baluarte contra ellos el emperador Anastasio I (491-518), un monofisita convencido, levantó a 65 kilómetros de Constantinopla una muralla desde el mar de Mármara hasta el mar Negro. En tiempos de Justiniano llegaron en continuas oleadas con otras tribus eslavas, en 557 irrumpieron en Tracia, hacia 589 alcanzaron el Peloponeso. En 592 el emperador Mauricio inició contra ellos una guerra, que se prolongó hasta mucho después de haber sido él asesinado. Y en los finales del siglo VII ya habían sometido a los soberanos bizantinos al pago de un tributo anual, forzando en 716 el reconocimiento de su independencia. Su primer reino, fundado en 681 con Pliska como capital, se mantuvo hasta 1018.
Por lo demás, los búlgaros se sobreestimaron cuando poco después de mediado el siglo VIII avanzaron por el sur y el suroeste sobre territorio
bizantino. El emperador Constantino V Coprónimo a lo largo de veinte años llevó a cabo diez campañas militares por mar y tierra contra su kan Tervel, aunque sin lograr aniquilarlo. Aunque muy debilitados y pese a las frecuentes sacudidas del trono con asesinatos y destierros de sus príncipes, los búlgaros se repusieron y a las órdenes del kan Krum (803-814), uno de sus soberanos más importantes, realizaron nuevas conquistas, como en 809 la de Serdika (Sofía). Cierto que el emperador Nicéforo I respondió en 811 a la política exterior antibizantina de Krum con una invasión, con la que su poderoso ejército hasta conquistó y destruyó la capital búlgara Pliska; pero el 26 de julio Krum le obligó a emprender la retirada por el desfiladero de Verigava (actual Vurbiski prochod), donde le tendió una emboscada; el emperador perdió la batalla y la vida.
A partir de ese año los zares búlgaros, que ya desde los comienzos se habían denominado «príncipes de Dios», bebieron en la calavera del emperador bizantino, la calavera de Nicéforo repujada en oro, el propio Krum devastó casi todo el territorio de Tracia y llegó hasta las murallas de Constantinopla; pero murió repentinamente en abril de 814 en medio de los preparativos del asedio.
A uno de sus sucesores, el kan Boris I (852-859, fallecido en 907), la aproximación entre el imperio bizantino y el gran reino de Moravia bajo Ratislav le indujo a una alianza con Luis el Germánico, y también a una apertura frente a la Iglesia bávara francooriental. De primeras Bizancio lo estorbó, pues en 864, mediante una gran campaña y una imponente demostración de fuerza por tierra y mar, obligó al kan Boris I a renunciar a su alianza con los francos y a comienzos del otoño del 865 forzó a los búlgaros a que se hiciesen bautizar por sacerdotes bizantinos. Y como los grandes de Bulgaria se opusieran, Boris aplastó la sublevación de sus nobles paganos ejecutando a sus mujeres e hijos y aniquilando cruelmente linajes enteros. Motivo suficiente para que después de su muerte se le venerase como a santo. Y todavía durante seis siglos la Bulgaria cristiana y la Bizancio cristiana no dejaron de combatirse mutuamente.38
Sexo, pastoral, pequeños sobornos y degüellos en la corte de Bizancio
Cuando el kan Boris I abrazó la cruz en 865, cuando llevó a cabo el paso oficial a la confesión bizantina, recibió el nombre de su imperial padrino: Miguel.
Miguel III de Bizancio (842-867), en modo alguno un emperador tan licencioso como durante largo tiempo lo ha presentado la historia, es verdad que coleccionó caballos, mujeres y al hermoso mozo de cuadra
Basileos, casado y deseado de las mujeres, al que convirtió en caballerizo mayor y primer gentilhombre de la corte así como en marido de la propia querida, con la que él sin embargo continuó teniendo relaciones, mientras que Basileos, que más tarde lo mató, se resarcía con la hermana del emperador. Quien gobernaba en realidad era Bardas, tío del emperador, hasta que Basileos también lo asesinó. Una corte imperial cristiana desde hacía ya siglos.
Bardas, nombrado César desde 862, era un hombre muy bien dotado y de gran formación, que llegó a fundar una escuela superior privada en Constantinopla y no dejó de estar implicado en el golpe de Estado cier- tamente sangriento de 856 así como en la eliminación de Teodora, viuda del emperador. También él había expulsado a su primera esposa y vivía abiertamente en «incesto» con la viuda de su hijo. Esto desagradó tanto al patriarca Ignacio, que en 858 Bardas procedió también enérgicamente a su deposición y destierro nombrando a Focio para sustituirlo aquel mismo año. De ese modo, sexo y pastoral a menudo se superpusieron de la forma más perfecta, como mutatis mutandis ocurre a todas luces todavía hoy.
El patriarca Focio (858-867 y 877-886), pariente de la casa imperial, tras la renuncia obligada de su predecesor Ignacio (hijo del depuesto emperador Miguel I), en cinco días y en contra del derecho canónico pasó de laico a patriarca; era un teólogo laico, aunque eso sí, el erudito más importante de su tiempo. Naturalmente protestó contra la presencia de misioneros occidentales en el reino de Bulgaria, contra el celibato de los sacerdotes occidentales, contra la «herejía» occidental que era la inserción en el símbolo de la fe del inciso «Filioque» (la procedencia o emanación del Espíritu Santo a la vez del Padre «y del Hijo», que para la Iglesia griega iba a ser la causa principal del cisma de 1054) y contra varias cosas más.
El papa no podía naturalmente mantenerse al margen de la lucha que arreciaba en Oriente entre focianos e ignacianos, que respectivamente combatían la legitimidad del antiguo o del nuevo patriarca. Nicolás I negó el reconocimiento al peligroso rival Focio, y Focio declaró ilegítima la autoridad patriarcal de Ignacio mediante un sínodo. Dos legados papales, sobornados en Oriente, sancionaron la deposición de Ignacio y el nombramiento de Focio. El papa los excomulgó, reconoció como legítimo patriarca a Ignacio y en el sínodo lateranense de 863 pronunció solemnemente la deposición y excomunión de Focio, lo que provocó una irritada correspondencia entre éste, Nicolás y el emperador oriental. En 867 Focio condenó al papa y le declaró a su vez depuesto, cosa que nunca lamentó lo más mínimo, excomulgando asimismo a cuantos en adelante se pusieran de su parte. También en Oriente acabaron por excomulgarlo en el concilio de Constantinopla (869-870), se le
restableció y la propia Roma lo reconoció. El papa sólo insistía en que Focio reconociera todos sus crímenes, exigencia que después incluso se dejó de lado, sin duda porque se esperaba la ayuda bizantina contra los árabes. Pero toda aquella contienda acabó por conducir al cisma y a la separación definitiva de Roma del imperio griego.39
Y a la vez agravó el enfrentamiento a propósito de la cristianización de los eslavos.