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Summary: Chapter 6

Chapter 4 The QA System

6.4 Summary: Chapter 6

8.5.2.1. Reducción de la pobreza o mejora en la economía familiar

El desarrollo se centra cada vez más en el alivio de la pobreza por lo que no sorprende que se evalúe el potencial de enfoques novedosos, como el PSA, para el logro de ese objetivo. Lo que se espera es que los proveedores pobres de SA (p.e. ejidos y comunidades) logren mejorar su ingresos mediante un pago otorgado por los compradores de SA que poseen mayor riqueza (p.e. usuarios urbanos del agua) (Wunder, 2006).

Esta teoría sobre el alivio de la pobreza, como resultado de los apoyos de programas como el PSAH, sería uno de los mayores impactos directos que pudieran derivarse de este programa. Lamentablemente en México el esquema de PSA no está diseñado para solucionar problemas de pobreza y marginación en los dueños y poseedores del bosque.

En México, los apoyos PSA de la CONAFOR pudieran contribuir indirectamente a erradicar la pobreza y el hambre, puesto que consideran criterios sociales como la marginación. Sin embargo, esto sólo es una posibilidad ya que se debe tener claro que “mejorar las condiciones de vida de los beneficiarios” no es uno de los objetivos primordiales del programa. Su función primordial es la conservación de la cobertura forestal para la provisión de los SA hidrológicos en áreas críticas de conservación.

A pesar de que no es el objetivo principal del programa, es importante conocer la percepción de la población beneficiaria sobre los posibles impactos, derivados del apoyo económico del PSAH, en la economía familiar.

En primer lugar, se debe tener claro que el participar en el programa PSAH no afectó económicamente a los tres ejidos participantes por el hecho de haber dejado de percibir un ingreso por el aprovechamiento de los predios forestales participantes. No se suspendió el aprovechamiento en estos predios ya que de cualquier forma, durante esos cinco años, no iban a poder ser aprovechados debido a que se encontraban en “descanso” en el programa de manejo.

En muchos casos, los proveedores del servicio aguas arriba pertenecen a estratos sociales desfavorecidos. Por lo tanto, una compensación monetaria podría servir para aliviar, en alguna medida, bajos niveles de renta (Wunder, 2006).

Efectivamente, los tres ejidos apoyados por el PSAH se pueden clasificar en condiciones económicas desfavorables y con cierto grado de rezago y marginación. A pesar de ello, la compensación monetaria que recibieron del programa no fue un alivio para los bolsillos de los ejidatarios. Independientemente si el monto de apoyo del programa, de acuerdo a las reglas de operación, los recursos otorgados deben destinarse exclusivamente al bosque. Cualquier otro destino del recurso no es algo “oficialmente” aceptable.

En términos estrictos, los apoyos otorgados no tendrían por qué impactar positivamente en la economía familiar, sino sólo en mejorar las condiciones del bosque. Aunque en muchos casos la realidad es otra, ya que los beneficiarios destinan los recursos recibidos a otros fines (diferentes al bosque) o se reparten el dinero entre los beneficiarios, siendo muy bajo o nulo el porcentaje de recursos aplicados realmente a la conservación del bosque.

De acuerdo a la evaluación de impactos del Programa PSA en sus ejercicios de 2003 a 2007, el 32% de los beneficiarios de núcleos agrarios percibieron un incremento en su ingreso y el 63% consideran que su nivel de vida se ha modificado de manera positiva, al menos un poco (CP y CONAFOR, 2008).

Esto indica que, aunque el PSA no está diseñado para mejorar el nivel de vida de los beneficiarios, en algunos casos puede tener un impacto positivo en la economía familiar. Lo más probable es que este porcentaje de beneficiarios, que considera que el programa ha ayudado en su economía, no destinó el total de los recursos del programa al bosque. Aparentemente este es un impacto positivo del PSAH, por apoyar a mejorar las condiciones de vida de los beneficiarios, pero innegablemente esto repercute en forma directa en el bosque ya que se deja de invertir recursos en él.

En los casos del presenteestudio, no se puede hablar de un beneficio económico directo en cada uno de los ejidatarios, ya que en ninguno de los tres ejidos beneficiados hubo un “reparto” del recurso entre los ejidatarios.

Sólo el ejido de San Miguel Tlaixpan aceptó, abiertamente, que del 100% recibido sólo el 60% se destinó al bosque y el otro 40% a necesidades del ejido como la construcción de un salón donde se llevan a cabo las asambleas y otro tipo de eventos en beneficio del ejido.

Los otros dos ejidos afirmaron haber destinado el 100% de los recursos recibidos a diversas actividades, todas referentes a la conservación del bosque: pago de jornales, vigilancia, prevención y combate de incendios, reforestaciones, obras de captación de agua, etc.

Por lo anterior, se puede concluir que no hubo un beneficio económico que haya impactado considerablemente en la mejora de la economía familiar, ya que en ninguno de los tres casos los ejidatarios recibieron una remuneración económica directa.

Se puede hablar de un beneficio colectivo, sobre todo en el caso del ejido que no destinó todos los recursos al bosque (San Miguel Tlaixpan). En el caso de los otros dos ejidos el beneficio económico recibido fue en forma indirecta ya que al mejorar las condiciones de su bosque, en el largo plazo ellos pueden salir beneficiados al tener mejores ingresos por las actividades derivadas del mismo.

A pesar del amplio interés existente por los PSA, y después de más de una década de experimentación con los mismos, aún no está claro si son un instrumento con el potencial de proporcionar combinaciones rentables de beneficios ambientales y de desarrollo.

Lo que si se debe tener claro es que los esquemas de compensación por servicios ambientales no son la solución para resolver los problemas de la pobreza rural y la degradación ambiental, pero sí pueden ser un importante catalizador para revalorizar el papel de los espacios rurales y de las comunidades rurales que los manejan.

8.5.2.2. Generación de empleos temporales (jornales)

De acuerdo a la información obtenida en la investigación, se puede considerar que se sólo se beneficiaron económicamente aquellas personas que participaron en el pago de jornales por las diferentes actividades realizadas como: obras de conservación de suelo y agua, prevención y combate de incendios o reforestaciones.

El ejido de San Pablo Ixayoc y San Miguel Tlaixpan tienen la costumbre de realizar el trabajo de campo a través de pago de jornales y faenas (trabajo gratuito por parte de los ejidatarios). Sólo el

ejido de Tequexquinahuac realiza todas las actividades de campo a través del pago de jornales, sin contemplar las faenas. Lo anterior tiene que ver con los usos y costumbres de cada ejido.

En el caso donde se hicieron pagos de jornales, las personas que se contemplaban para realizar el trabajo de campo son básicamente ejidatarios, hijos de ejidatarios o alguna otra persona del mismo ejido. Esto con la intención de que el beneficio quedé dentro de la misma población. Sólo en los casos que no se cuenta con personal suficiente o se requiere de personal capacitado, se contrata a personas ajenas al ejido.

El pago de jornales se puede considerar como un beneficio económico en los ejidos, sin embargo no es algo que impacte en forma considerable en la erradicación de la pobreza y en la mejora de las condiciones de vida de los beneficiarios.

Se pueden considerar sólo como apoyos económicos por período corto de tiempo, funcionando más como “empleos temporales” en los ejidos. El PSAH puede ayudar, a través de estos empleos temporales, a solventar necesidades económicas en algunas familias, pero definitivamente no es una herramienta diseñada para este fin.

Lo ideal sería que se eliminara el mito de que el PSAH, puede ser visto como mecanismo efectivo de alivio de la pobreza o que sea útil para mejorar significativamente la economía familiar de los ejidos y comunidades forestales, aunque el mejoramiento del bosque pudiera traer beneficios económicos en el largo plazo.

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