A lo largo de los años sesenta del siglo XX es cuando se produce la au-
téntica «revolución industrial» española, con un gran crecimiento absoluto de la industria (del 10,4% entre 1958 y 1972) y una paralela elevación de su participación en el PIB (de 26% en 1964 a 34% en 1974), que no tuvo
correspondencia con su demanda de mano de obra (pasando a ocupar para el mismo periodo, del 25 a 26% de la población activa), dada su acelerada tecnifi cación,11 proceso que repercutiría en la propia mecanización del campo y la consiguiente expulsión de fuerza de trabajo del mismo. En defi nitiva, el abandono del modelo autárquico franquista en aras de una paulatina incorporación al mercado capitalista europeo y mundial conllevó una confl uencia de procesos que vendrían a disparar de nuevo la emigra- ción española, esta vez hacia Europa fundamentalmente.
Entre los más importantes de esos procesos podemos citar los siguientes:
A) una fuerte emigración primera del campo a la ciudad (100.000 personas por año, más de medio millón durante la primera mitad de los setenta), sin capacidad industrial para absorber esa población (que se aglomera en los arrabales urbanos con los consiguientes problemas de desestructuración y marginación social, todo ello en un contexto político-laboral de sometimiento y represión de la fuerza de trabajo). B) El gran desarrollo económico de la Europa «Occidental» tras la Segunda Postguerra europea, que ejerció una atracción fortísima mediante sus salarios elevados y gracias a su carencia de mano de obra dispuesta a realizar trabajos descualifi cados (debido a la mayor inversión de su fuerza de trabajo para revalorizarse como «capital humano»).
C) La creciente periferización de las economías latinoamericanas dentro del Sistema Capitalista que se consolidaba cada vez más como Mundial, y por tanto su declive como polos de atracción de fuerza de trabajo migrante.
El perfi l del inmigrante requerido en las sociedades centrales europeas lo satisfacía cabalmente el arquetipo de la fuerza de trabajo española (Re- ques y De Cos, 2003: 206):
adultos-jóvenes, en un 70% varones, con altas tasas de actividad, y con claro predominio de los obreros industriales y de la construcción, así como elevadas proporciones de agricultores en Francia.
11 Refl ejada en la mejora de la relación de la suma de la industria pesada y mecánica con
el consumo, lo que se conoce como índice de Hoffaman, que pasó de 1,09 en 1960 a 2,39 en 1970 (Tortella, 1995: 258).
Es decir, mano de obra barata y escasamente cualifi cada.
Durante la década de los sesenta del siglo XX todavía salieron unas
250.000 personas a América, pero ya el fl ujo más importante se dirigiría a Europa (sobre todo a Francia, Suiza y Alemania, aunque también a Bél- gica o Gran Bretaña). Alrededor de dos millones de personas entre 1950 y 1975. Más de 104.000 emigrantes permanentes en el año 1972, en el que se alcanzó la cúspide emigratoria.12
Hay que tener en cuenta que en la temprana fecha de 1882 se había creado un Departamento Administrativo sobre emigración, y ya en 1924 se
12 Comparando el conjunto de inmigrantes españoles con la población total y la pobla-
ción activa de los países receptores, se observa la importancia que tuvo su presencia, sobre todo en el mercado de trabajo. En Suiza representaban al 2,22% del total de la población, pero casi el 4% de la activa. El segundo país en importancia relativa fue Francia: el 1,35% del total de su población era española y ésta representaba al 3% de la población activa. Le seguía Bélgica, con menos inmigrantes, pero con un peso importante en su población activa, más del 1,5%. En Alemania, al ser un país más poblado, el peso de los inmigrantes era proporcionalmente menor (algo más del 1% de su población activa).
Gráfi co 3.3. Movimiento migratorio español a Iberoamérica (1882-1967)
Fuente: Elaboración propia a partir del Fondo Documental Histórico del INE
250.000 200.000 150.000 100.000 50.000 0 1882 1886 1890 1898 1894 1902 1906 1910 1914 1918 1922 1926 1930 1934 1946 1950 1954 1958 1962 1966 Número de personas Años Emigración Retorno
promulgó una Ley de Emigración, que reconocía la importancia cuantitativa de la misma e introducía medidas de protección de los emigrantes en otros países, su apoyo educativo, así como también la captación de remesas, a través de una constituida Dirección General de Emigración. A mediados de siglo se contaría ya con un Instituto Nacional de Emigración. En 1960 se promulgó una Ley de Bases de la Emigración, y en 1962 una nueva Ley de Emigración. «A partir de ese momento la salida del país deja de ser un derecho individual y se convierte en un derecho tutelado por el Estado» (IOE, 1999: 56).
Presentaremos en la tabla 3.5 y gráfi co 3.4 la emigración continental es- pañola entre los años 1964-1984, por principales destinos, en las que están incluidas tanto las emigraciones permanentes como las de temporada.13
13 En lo que se refi ere a la emigración continental, sabemos que se cuantifi ca de dos
maneras: como emigración permanente y de temporada. La permanente de hecho no lo es tanto, ya que se cuantifi can de este modo todas aquellas personas que disponen, al salir
Tabla 3.5. Emigración continental española en el periodo 1964-1984 TOTAL EMIGRACIÓNPERMANENTE
AÑO GENERAL TOTAL ALEMANIA BÉLGICA FRANCIA HOLANDA INGLATERRA SUIZA OTROS 1964 205.642 102.146 45.899 904 20.772 4.048 1.194 28.965 364 Temporada 103.476 1969 207.268 100.840 42.778 49 32.008 4.308 941 20.664 92 Temporada 106.428 1970 203.887 97.657 40.658 26 22.727 6.373 885 26.777 211 Temporada 106.230 1971 213.930 113.702 30.317 42 24.266 5.922 1.087 51.751 317 Temporada 100.228 1972 216.710 104.134 23.271 6 22.114 2.089 758 55.711 185 Temporada 112.576 1974 149.815 50.695 245 4 5.601 2.338 319 42.029 159 Temporada 99.120 1979 116.796 13.019 5 15 357 9 17 12.540 76 Temporada 103.777 1982 104.359 16.144 19 0 2.286 5 27 13.693 114 Temporada 88.215 1984 17.605 1.929 5 5 179 3 1 1.369 367 Temporada 14 5.004 19 10.545 94 Total 600.266 183.197 1.051 130.310 25.095 5.229 253.499 1.885 general 1.436.012 835.726 14 825.054 19 10.545 94
Si consideramos la emigración transoceánica más la continental perma- nente nada más, hasta principios de los años setenta del siglo XX España vio
emigrar en torno a 5.500.000 personas (sólo en datos ofi ciales, que parecen muy modestos). Probablemente más del 65% de las mismas se dirigieron al continente americano, repartiéndose desigualmente entre diversos países, como vimos.
del país, de un contrato de trabajo para un año o más. En realidad, esto sólo sirve para cuantifi car el volumen de migraciones y nada nos dice sobre cuán permanente puede ser este tipo de emigración. No hay datos provinciales fehacientes sobre la emigración española de temporada, como tampoco de la permanente hasta 1964. Claro que también ha habido una «emigración ilegal» o no asistida y que por consiguiente no se cuantifi ca. Además, no todos los que salían poseían contratos de trabajo. Con lo cual la emigración real resulta casi imposible de cuantifi car ajustadamente.
Gráfi co 3.4. Movimiento migratorio continental español entre 1964-1984
Las remesas de dinero que remitían, junto con los ingresos del turismo, permitieron paliar en parte el défi cit crónico de la balanza comercial espa- ñola. Según IOE (1999: 56), las remesas aportadas por la emigración llegaron
a suponer el 3% del PIB y un 15% de la formación bruta de capital.
3.2. CRISISECOLÓGICO-ECONÓMICAMUNDIALEINCORPORACIÓNDELASPERIFERIAS