CHAPTER I: INTRODUCTION
CHAPTER 5: SUMMARY OF FINDINGS
Para complementar el análisis de Simon mediante aportaciones realizadas por Rescher, conviene partir de una idea básica: tanto la racionalidad científica como la racionalidad económica se relacionan con la toma de decisiones. Deliberar, elegir y realizar son connaturales a ciertas actividades humanas, como es el caso de la Ciencia, en general, y de la Economía, en particular. A este respecto, conviene señalar que la “tradición filosófica desde Kant señala tres contextos principales de elección: los relacionados con la creencia, que llevan a aceptar o suscribir [determinadas] tesis o planteamientos; los correspondientes a la acción: qué actos explícitos se han de realizar; y los concernientes a la evaluación: lo que se ha de valorar o dejar de valorar. Estos contextos representan, respectivamente, las esferas de la razón cognitiva, práctica y evaluativa”22.
20 Cfr. S
IMON, H. A., “Organizations and Markets”, pp. 25-44. Además de este artículo de 1991, citado en la nota 5, el tema de la diferencia entre “organizaciones” y “mercados” aparece expresamente en las reflexiones de los últimos años: SIMON, H. A., “Public Administration in Today’s World of Organizations and Markets”, PS: Political Science and Politics, v. 33, n. 4, (2000), pp. 749-756; y SIMON, H. A., “Complex Systems: The Interplay of Organizations and Markets in Contemporary Society”, Computational and Mathematical Organization Theory, v. 7, n. 2, (2001), pp. 79-85.
21 El desarrollo de este planteamiento sigue aquí lo expuesto en G
ONZALEZ, W. J., “Racionalidad científica y racionalidad tecnológica: La mediación de la racionalidad económica”, Agora, v. 17, n. 2, (1998), pp. 97-101. 22R
ESCHER, N., Rationality. A Philosophical Inquiry into the Nature and the Rationale of Reason, Clarendon Press, Oxford, 1988, pp. 2-3.
Hay así, a juicio de Rescher, tres tipos de racionalidad a tenor del objeto de deliberación racional: i) la racionalidad cognitiva, que versa sobre lo que cabe creer o aceptar en el campo del conocimiento, sea formal o empírico; ii) la racionalidad práctica, que decide respecto de las acciones a realizar; y iii) la racionalidad evaluativa, que dictamina sobre lo que se ha de preferir o valorar23. De las tres, las dos primeras –la cognitiva y la práctica– están, sin duda, presentes en Simon; mientras que la tercera –la evaluativa– no se puede decir que aparezca realmente en sus escritos, pues en rigor no asume una racionalidad de fines sino sólo de medios24.
Ciertamente, la Ciencia tiene que ver con el conocimiento, tanto formal como empírico, con acciones a realizar y con valores para elegir unos fines u objetivos en lugar de otros. Así, en el plano cognitivo, en el ámbito de la actividad y en el contexto de los fines puede haber una intervención de la racionalidad científica. Aceptar que la racionalidad científica se presenta según una triple vertiente –cognitiva, práctica y evaluativa– comporta asumir que, en la deliberación racional, cada una de ellas puede mirar a la Ciencia desde su
específico objeto: los contenidos cognitivos, las acciones a realizar y las evaluaciones a hacer. Así, a través de esas tres formas de racionalidad, se puede profundizar –según sus características– en otros tantos campos filosóficos: los estudiados por la Epistemología y la Metodología de la Ciencia; los abordados por la Ontología de la Ciencia; y los examinados por la Etica de la Ciencia y la Axiología de la investigación.
Si se acepta que la Ciencia es, entitativamente, una acción social, esto es, una actividad humana social con un estatuto propio y entrelazada con otras actividades (sociales, culturales, … y políticas), entonces es fácil apreciar unos nexos con la racionalidad económica25. Porque una de las facetas de la actividad humana es su vertiente económica, de modo que la racionalidad científica y la racionalidad económica coinciden en una
racionalidad de medios o instrumental –la elección de los mejores medios para alcanzar unos fines previstos– y presentan un nexo con la racionalidad de fines o evaluativa, que lleva a escoger los fines apropiados para la actividad desarrollada. Hay así criterios económicos (eficacia, eficiencia, …) en la elección de los medios adecuados para alcanzar los fines científicos y puede haber criterios económicos en la selección de los fines u objetivos de la actividad científica.
Esa actividad científica puede ser considerada en sí misma –la perspectiva interna– o bien en cuanto interconectada con otras actividades humanas –la orientación externa–, lo que lleva a la consideración de razones de índole económica en el proceso mismo de investigación y a razones económicas en la inserción social de la actividad científica. Rescher resalta la racionalidad económica que acompaña a la Metodología de la Ciencia, ámbito que, usando una expresión de Charles S. Peirce, llama “Economía de 23 Cfr. R
ESCHER, N., Rationality. A Philosophical Inquiry into the Nature and the Rationale of Reason, p. 3. 24 Este problema de la racionalidad evaluativa o de fines fue tema de varias entrevistas con Simon en Pittsburgh y también fue abordado en conversaciones con Rescher, cfr. GONZALEZ, W. J., “Herbert A. Simon: Filósofo de la Ciencia y economista (1916-2001)”, pp. 21-25.
25 Cfr. G
ONZALEZ, W. J., “Racionalidad científica y actividad humana. Ciencia y valores en la Filosofía de N. Rescher”, en RESCHER, N., Razón y valores en la Era científico-tecnológica, Paidós, Barcelona, 1999, pp. 11-44. Sobre la Ciencia desde el punto de vista de las acciones, cfr. ECHEVERRIA, J., “Explicación axiológica de las acciones científicas”, en GONZALEZ, W. J. (ed), Diversidad de la explicación científica, Ariel, Barcelona, 2002, pp. 117-138.
la investigación”26. De ahí que su libro Scientific Progress –uno de sus volúmenes más influyentes en el contexto metodológico– lleve por subtítulo “un ensayo filosófico sobre la Economía de la investigación (economics of research) en la Ciencia de la Naturaleza”.
2.2. El enfoque “económico-cognitivo” en la Ciencia: La repercusión metodológica