Background and Related Work
2.2.1 Supporting workspace awareness through bodily ges ture visualization
Mientras se realizaba el gobierno de Martín Ruiz de Gamboa, nombrado por el gobernador Rodrigo de Quiroga antes de fallecer y a quien el virrey del Perú confi rmó en el cargo, en España ocurría que las críticas contra Quiroga determinaron a Felipe II a nombrar gobernador de Chile, el 19 de marzo de 1581, a Alonso de Sotomayor, quien va a llegar a hacerse cargo del gobierno colonial el 19 de noviembre de 1583.
Era Sotomayor un capitán de 35 años de edad, con una brillante hoja de servicio. Era “una de las grandes esperanzas del ejército español”.
Tomás Guevara, en su “Historia de la Civilización de la Araucanía”, dice, refi riéndose a Alonso de Sotomayor: “Creíase en la Corte que un militar valiente, aguerrido y de inteligencia como este, sabría dominar la resistencia de los araucanos, inexplicable y deshonrosa vista a la distancia”24.
Sotomayor, nombrado gobernador, comenzó por formar un cuerpo de soldados con que venir, a fi n de traer con él un refuerzo considerable. En una expedición, al mando de Diego Flores de Valdés, partió de España el 27-IX- 1581, en 23 barcos y con 600 hombres. Una tempestad le hizo volver y recalar en Cádiz, donde desertaron 80 hombres.
Volvió a embarcarse. Su idea era partir con destino directo a Chile vía Magallanes, pero el cronista de este viaje dice que, no encontrando la entrada del estrecho, regresó al norte por la costa del Atlántico. Recaló en Buenos
Aires donde, en la entrada del río de la Plata, perdió un navío con pertrechos y armamentos. Desembarcó y no le fue difícil adquirir caballos y carretas para transportar sus bagajes y provisiones.
El veedor de la Real Hacienda de Buenos Aires informó al Rey que la expedición había llegado reducida a 430 hombres.
Preparado todo para la travesía de la Pampa, le confi ó la conducción de su fuerza a su hermano Luis de Sotomayor, que le acompañaba y que también era Capitán en el ejército español. Mientras Luis caminaba con la lentitud propia de una expedición que se moviliza. Alonso se adelantó, con 8 compañeros, para tomar posesión del gobierno de Chile, donde se conoció su designación en junio de 1583.
Llegó Alonso a San Juan, el 12 de abril de 1583, mas, no pudiendo continuar su viaje por la cerrazón de la cordillera, aprovechó para recibirse del gobierno de Cuyo.
Desde Cuyo envió a Santiago dos mensajeros en el mes de julio, que conducían órdenes para el Cabildo y algunas designaciones mientras llegaba. Uno de estos mensajeros fue Diego García de Cáceres, quien debía prestar, en nombre de Alonso, el juramento de rigor; entre las designaciones le confi aba el cargo de corregidor y teniente gobernador a Lorenzo Bernal de Mercado.
Nombraba también a Pedro Lisperguer, a Gaspar de la Barrera y a Pedro Ordóñez Delgadillo como sus nuevos consejeros.
Alonso pudo llegar a Santiago el 19 de noviembre de 1583, y se recibió del gobierno.
Al pasar por Mendoza, ya se dio cuenta de lo difícil que era la situación, lo que confi rmó con la impresión que le produce Santiago y la visión que va formándose de Chile. Por eso no es de extrañar que, 7 días después de arribar a Santiago, esté escribiendo al Rey y le da cuenta de la situación de Chile, su pobreza y escasez de recursos, situación que había empeorado debido a la Tasa de Gamboa. Con razón Francisco Encina en su “Historia de Chile” dice: “Sotomayor había sido nombrado gobernador de un pueblo en agonía”25.
Desde el primer momento reveló tino e instinto político; se dio cuenta del valor de Gamboa y trató de ayudarlo en todas sus difi cultades y fue en muchas ocasiones su mejor consejero. Entre todos los gobernadores que hasta esa fecha han actuado, Sotomayor es el primero que se da cuenta de la verdadera situación militar y social de Chile. Ni los soldados que podía reunir, ni los soldados que le daban (de los 600 que traía solo entraron a Chile 430), ni los recursos, permitían intentar la pacifi cación de la Araucanía.
Desde Santiago envió a Lima a Pedro Lisperguer en busca de recursos. Esto lo hacía en virtud de la misión que le confi ó Felipe II, pues mediante ella podía solicitar gente, armas, vestuario y dinero.
El gobernador comprendió que estos auxilios y los que vinieran en pos, serían sacrifi cios inútiles; un nuevo grupo arrojado en el túnel sin fondo de la guerra de Arauco, si antes no se derogaba la Tasa de Gamboa.
Esta situación, que era real, empezaba a pesar en algunos eclesiásticos, que inician un cambio de opinión. Así, en la ausencia de los obispos Medellín y San Miguel, que se encontraban participando en el Concilio de Lima, contando además con los dominicos, que se opusieron a la Tasa desde el principio, ahora se sumaba el provincial de los franciscanos fray Cristóbal de Ravaneda, que también se pronuncia contra la tasa. Con estos antecedentes de opinión, el gobernador suprimió la tasa en Santiago y transformó la de Imperial. Vuelve a la tasa de Santillana, pero con algunas mejoras.
Buscó funcionarios rectos y probos, para que velaran por el trato humanitario que se le debía dar a los indígenas; mitigó los castigos.
Estas consideraciones lograron que el obispo San Miguel, a su regreso de Lima, si bien no dio su aceptación al sistema, decidiera no estorbar la labor inteligente y humanitaria del hábil mandatario.
La guerra de Arauco causó sacrifi cios muy duros y costó centenares de miles de vidas, pero sin duda va a infl uir y marcar poderosamente el carácter del chileno, su disciplina, dureza y coraje, lo que se manifestó muy bien en el siglo XIX.
Sotomayor se encontró ante una situación que imposibilitaba reabrir la campaña de Arauco. Los soldados no tenían armas ni ropas y las cajas reales estaban vacías y con deudas.
Envió, sin embargo, al sur a su hermano Luis, con 200 soldados arcabuceros. Junto con Bernal de Mercado hicieron algunas campeadas, por los alrededores de Angol, sin mayor importancia. En la primavera de 1584 él mismo se dirigió a Angol y desde esta ciudad abrió campaña.
Una columna al mando de Alonso García Ramón, compuesta de 150 soldados, recibió orden de salir a los campos de alrededor y hacer una “campeada”. Llevaba instrucciones severísimas: no perdonar la vida a nadie, talar cuanto encontrarse en pie. Durante varios días recorrió los terrenos, encontró a las tribus descuidadas y volvió al cuartel sin otro fruto que la rapiña de la soldadesca y la matanza de unas 200 personas, entre las cuales se contaban mujeres y niños.
El mismo Sotomayor con 280 soldados cayó sobre los indios de Purén, atravesó la cordillera de Nahuelbuta y recorrió la zona de la costa desde Tucapel hasta Arauco. No halló resistencia e hizo matar o cortarle las manos a cuanto indígena encontró a su paso.
Su plan de guerra consistía en dos puntos capitales: reforzar la guarnición de los fuertes y ciudades y atemorizar a los araucanos con tremendos castigos, exterminándolos en cuanto fuese posible. Los indios mismos quemaban sus casas y huían a los montes a esperar que los españoles se alejasen del lugar, para volver al lugar de sus habitaciones reducidas a cenizas y allí mismo reconstruir otras.
En esta jornada cayó prisionero el mestizo Alonso Díaz, que habitaba entre los indios hacia unos diez años como jefe que “les daba muchas industrias para cómo debían hacer la guerra”26.
En uno de los valles de Arauco, en uno de los encuentros, la banda que dirigía se dispersó y el mestizo cayó en poder de los españoles.
Se utilizó al prisionero para obtener de él noticias referentes al estado bélico de los araucanos. Entre otras informaciones dio a conocer que vivían en Talcamávida un español, Jerónimo Hernández, diestro arcabucero, y un mulato, quienes instruían a los indios en los secretos de la milicia. Con estos datos, fue enviada una partida para encontrar a estas personas y comprobar
así la veracidad de las informaciones. Fue capturado Hernández, mas no así el mulato que se escapó lanzándose a las aguas del Biobío. Pero de todos modos, convencidos de la peligrosidad y de la audacia de Alonso Díaz, fue condenado y terminó su vida en la horca.
En el mes de enero de 1585 Sotomayor está nuevamente en Angol.