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2.1.3 Workspace awareness

Quiroga inicia un gobierno en circunstancias muy difíciles. Están en su contra todos los desaciertos de la Real Audiencia, la sublevación general de Arauco, la victoria de los mapuches en Purén, las difi cultades suscitadas por las opiniones divergentes del obispo de La Imperial y del gobernador, acompañado en su opinión, este último, por los encomenderos, mientras el obispo era apoyado prácticamente por todo el clero. Para completar este cuadro, cargado de negro horizonte, en el mismo año 1575, el 17 de mayo, un terremoto demolió la ciudad de Santiago y el 16 de diciembre un nuevo terremoto, acompañado de la salida del mar, borra a las ciudades de Imperial, Villarrica, Osorno, Castro y Valdivia.

Aprovechándose de la catástrofe se sublevaron los indios del sur, hasta entonces tan pacífi cos y resignados a servir a los españoles, tanto en sus trabajos, como en la guerra contra los araucanos. Desde Villarrica hasta Osorno se armaron para combatir a sus antiguos señores, a los cuales resistieron hasta 1576.

Quiroga tenía experiencia en la guerra de Arauco y comprendió que no debía emprender acciones sin antes recibir el refuerzo de los soldados que vendrían de España. Solo llegaron 334.

Entretanto pidió a Bernal de Mercado la defensa de Angol y a Martín Ruiz de Gamboa la defensa de las ciudades del sur. El socorro español llegó en julio de 1576. Llegaron desarmados y prácticamente desnudos. Quiroga, en 6 meses, los equipó, organizó, disciplinó, y armó con ellos y otros soldados y 1.500 indios auxiliares un ejército. En enero de 1577 partió al sur.

Debían encontrarse en Quinel, al poniente de Cabrero de hoy. Así lo hicieron, llegando con un cuerpo de 130 soldados que sacaron de las ciudades del sur.

El plan de Quiroga consistía en una enérgica campaña a través de Arauco, llevando el ejército concentrado. Se tomaría prisioneros a todos los principales caciques; de ellos, algunos serían ejecutados y otros trasladados a Coquimbo, para trabajar en los lavaderos.

Para tranquilizar las conciencias, principalmente contra las predicaciones y excomuniones del obispo San Miguel, desenvolvió la tesis de la “condenación a muerte por los rebeldes” ya que se levantaban contra su Rey, faltando a los deberes del vasallo, y cometían crímenes, fechorías de todas clases. En esas condiciones la guerra era lícita.

Antes de encontrarse en Quinel, los mapuches atacaron a Bernal de Mercado en Angol y a Ruiz de Gamboa en la marcha. Ambos desbarataron los ataques y se unieron a Quiroga, que se encontró al frente de un ejército de 500 soldados y 2.000 indios amigos.

Ruiz de Gamboa tomó el mando como coronel, con Bernal de Mercado como maestre de campo.

El 8-III-1577. Bernal desalojó a los mapuches de Hualqui, donde se habían atrincherado y luego atravesó el Biobío y se internó en el territorio, llegando

hasta Arauco, donde reconstruyó el fuerte, construyó casas para los españoles, ranchos para los indios amigos y bodegas para provisiones.

El invierno de 1577 fue muy movido, por las continuas correrías de los indios a quienes dirigió el célebre mestizo Alonso Díaz y por las expediciones punitivas de los españoles.

Los mapuches, en esas correrías, se apropiaron de más de 2.000 caballos y dieron muerte a numerosos indios aliados. Bernal de Mercado capturó trescientos cincuenta prisioneros que fueron desarraigados de sus tierras y enviados a La Serena; Rodrigo de Quiroga, sobrino del gobernador y de su mismo nombre, capturó al cacique Juan León, de Lebu, y lo hizo morir. Siete caciques más perecieron en la horca.

El gobernador despachó a otro sobrino, Antonio de Quiroga, a reunirle más fuerzas en Santiago, La Serena. Mendoza y San Juan.

En la primavera de 1577, las operaciones se reiniciaron. A mediados de octubre, Quiroga partió de Arauco al frente de 360 soldados, y atravesó la cordillera de Nahuelbuta, camino del valle central. Los indios se habían atrincherado en el cerro de Catiray, donde años atrás habían derrotado a Pedro de Villagra, el joven, y al ejército de Bravo de Saravia, mandado por Miguel de Avendaño. Las opiniones sobre atacar a los indios ubicados en Catiray estaban divididas. Bernal creía que era la oportunidad de atacarlos directa y fi eramente y que los vencerían. Martín Ruiz de Gamboa y Antonio Quiroga creían que era preferible atacarlos en forma indirecta, destruyendo sembrados, quemando casas y cosechas y apoderándose de los animales, lo que les obligaría a abandonar su fuerte.

Primó esta opinión, ya que Quiroga se inclinó a esta forma y así se procedió; pero los indios no abandonaron sus posiciones. Después de talar sus campos, Quiroga atravesó la cordillera hacia la costa y, en el verano de 1578, llegó a orillas del Biobío y torció de nuevo al sur hasta la cuesta de Marigüeñu. Los mapuches seguían sus movimientos.

Rodrigo de Quiroga, ya de ochenta años de edad, estaba imposibilitado para continuar en estas marchas y luchas. Su médico, Mendieta, aconsejó que volviera a Concepción, pero no aceptó esta recomendación estando en vísperas de una batalla.

Las fuerzas se dividieron en dos frentes, al mando de Bernal y al de Ruiz de Gamboa y, el 21-III-1578, rechazaron los repetidos ataques de los mapuches, hasta que estos se dispersaron dejando más de 200 cadáveres; en este encuentro los mapuches iniciaron el uso masivo de la caballería. Después de esta victoria, el ejército se instaló en lo que hoy es Cañete, donde Quiroga había dispuesto permanecer e invernar.

Se aprovechó esta tregua no convenida para negociar algunos canjes de prisioneros y desde esta época se va a generalizar la costumbre de respetar la vida de cierto número de prisioneros, españoles e indígenas, para obtener canjes.

Cerca de la región de Paicaví se preparó Quiroga para invernar, pero los indígenas no cesaron de atacar por sorpresa, por ejemplo, en el campo, a los trabajadores o cuidadores de ganado. En una de estas ocasiones, dos indios se disfrazaron de amigos y empezaron a arrear los caballos hacia donde estaban ocultos los demás; el capataz advirtió, por casualidad, la treta y evitó así el robo.

En la primavera de 1578, Quiroga avanza hasta Purén. Aquí llega Martín Ruiz, que viene de las ciudades del sur y trae la noticia de la sublevación de los huilliches y la necesidad de socorrer a Valdivia. Quiroga se desprende de 70 soldados para reforzar a Valdivia y envía al teniente Calderón a Santiago con el objeto de hacer, con nuevos hombres, un nuevo contingente.

Mientras se cumple su encargo, sale a campaña con 250 soldados; en noviembre de 1578 acampa en el valle Guadaba, cerca de Lumaco.

Descubren los indios el campamento y preparan un ataque al amanecer. En medio de la sorpresa y tinieblas, dos soldados, Gaona y Ortiz, confundiéndolo con algún indio, dispararon contra Rodrigo de Quiroga, el sobrino, causándole la muerte.

La sorpresa no dio los resultados esperados y volvieron a atacar en un lugar próximo al anterior, llamado Coyunco. Quiroga los aventó atacándolos en tres campos. La victoria fue completa y es posible que entre cadáveres quedados en el lugar y huidos que deben haber muerto en el bosque cercano, pasaron de 300 las pérdidas mapuches.

Dos días después de este combate volvía Calderón, desde Santiago, con 100 hombres más que se incorporan a la campaña. Además traía municiones,

víveres, ropas y pertrechos en general; pero también llegó la noticia de la presencia de Drake en las costas y el peligro para Valparaíso.

Quiroga no vaciló en partir al norte para defender a Valparaíso y confi ó las operaciones de conquista a tres grupos: Bernal proseguiría la guerra de Arauco; Ruiz de Gamboa sometería a los huilliches, socorriendo a Valdivia, y el Capitán Nicolás de Quiroga apaciguaría turbulencias producidas en La Serena.

En sus zonas, no se entendieron Bernal y Gamboa y el primero decidió renunciar. Fue reemplazado por el capitán Juan Álvarez de Luna.

Los indios no cejaban un punto en su porfía de resistir al español; esta actitud era la que vencía y desmoralizaba a las tropas españolas.

A fi n del año 1579 Martín Ruiz fue a Santiago a acompañar a Quiroga, gravemente enfermo. Este al fi n fallece el 25 de febrero de 1580.

Estaba facultado Quiroga para designar un sucesor interino, hasta que llegara uno nombrado por el virrey o por el Rey; haciendo uso de esta facultad designó para que lo reemplazara a Martín Ruiz de Gamboa, designación que hizo el 16 de febrero, 9 días antes de fallecer.

La muerte fue muy sentida; contaba con un número muy grande de amigos, consecuencia de 40 años de residencia en Chile y de su riqueza, pues a diferencia de los demás conquistadores, Quiroga dejó una cuantiosa fortuna.

Martín Ruiz de Gamboa, nombrado gobernador interino, parte a hacerse cargo de la gobernación de Santiago y recibir la obediencia del Cabildo y estamentos administrativos y, mientras va, queda con el mando del ejército el capitán Juan Álvarez de Luna.

Bernal de Mercado había pedido su retiro del servicio, dando como razón su avanzada edad y su mala salud. La verdad es que no tolera la falla de organización del ejército.