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SURGICAL ASEPTIC TECHNIQUE

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— Each agent has the potential for causing

SURGICAL ASEPTIC TECHNIQUE

dio en el edificio de Avianca: 1973. Pers- pectiva Historiográfica. (Video) Disponi- ble en: http://historiografica.wordpress. com/2009/06/18/incendio-en-el-edificio-de- avianca-1973/

Figura 47. Demoliciones de 2000 Fotogra- fía en blanco y negro pintada a mano Co- lección Fundación Fernell Franco. Imagen tomada de Una Impecable Sole- dad: Revista Arcadia. (2011). Disponible en: http://www.elespectador.com/impre- so/articuloimpreso175946-atentado-al-das- 20-anos-despues

Figura 48. Sin título. Serie: Retratos de ciu- dad de 1998 Fotografía blanco y negro pintada a mano Colección Fundación Fer- nell.

Ibíd.

Figura 49. Incendio edificio Avianca, 1973. Caballero, Antonio. 2007.Guía Literaria de Bogotá, Un recorrido personal de Antonio Caballero (p.27). Bogotá-Colombia: Agui- lar.

do el curso de una construcción, viendo cada día un avance, una pieza nueva, y finalmente una estructura terminada; hasta que eventual- mente olvido que ella no siempre estuvo allí, y caigo, como todos, en una constante indife- rencia hacia los procesos que un día se me pre- sentaron de manera diferente y me hicieron cuestionar el escenario de mi presente, los mo- tivos de su transformación, y como éste tam- poco escapará de su condición efímera. He buscado un acercamiento a la ciudad, en- contrando en ella aquello que la expone en consonancia con nuestra naturaleza humana, y así rescatar algo de la amnesia en la que vivi- mos, por cuenta, en gran medida, de los pro- cesos urbanistas modernos y de desarrollo que secretamente nos inculcan prácticas constan- tes de actualización y olvido. He exaltado el va- lor de la iconografía como un medio poderoso que nos permite entender la realidad en tanto ruina de un pasado arquitectónico, estético y además, cultural.

Figura 50. Construcción de la avenida 26 y destrucción de la rotonda de San Die- go, 1959. Imagen tomada de Fundación Misión Colombia.1988. Historia de Bogo- tá. Tomo III Siglo XX (p. 266). Bogotá: Ville- gas Editores.

Figura 51. Construcción de la carrera 10a y destrucción del Parque Centena- rio, 1949.

Ibíd.

El tránsito

La novedad

Todo aquello que se ha hablado sobre la ciu- dad nos muestra que sería un error usar pa- labras como “quietud” para describirla, pues ésta nos manifiesta, más bien, un comporta- miento del todo dinámico y versátil. Es esen- cial comprender la consecuencia histórica y cultural de los procesos de construcción para poder hablar concretamente sobre ellos. Al pensar en tales procesos cautiva mi aten- ción cómo éstos, siendo un fenómeno cons- tante en la ciudad, de cierta manera no se sienten parte genuina de ésta sino que más bien los consideramos un incidente, un suce- so que dura un lapso de tiempo limitado y que debe terminar porque, como dice Marc Augé (2003, p.106) en su libro El tiempo en Ruinas,

“su estado inacabado depende de una prome- sa”, la promesa urbanista de entregar a la ciu- dad lo pactado.

Todo lo que ocurre, un evento, un suceso, be- néfico o catastrófico, llama nuestra atención en tanto es una novedad, como las noticias que pasan de ser temas del momento tan rápi- do como se vuelven hechos del pasado. Pienso que con los procesos de construcción ocurre lo mismo; mientras se están llevando a cabo son llamativos y captan la atención contemplativa de las personas, hecho que he podido compro- bar durante mi proceso pues siempre me han acompañado, cuando visito una obra en cons- trucción, otros espectadores que miran por un rato cómo los suelos se rompen, cómo se trans- porta la tierra, cómo los obreros martillan y crean, en fin, cómo por un tiempo la ciudad nos muestra lo que constituye los cimientos de su progreso.

Recordemos que hace poco se demolió la Es- cuela de Música Fernando Sor y esto, de he- cho, fue todo un acontecimiento al que se convocó la asistencia de personas para que pu-

dieran apreciarlo. El evento fue breve pues con los explosivos sólo hacen falta algunos segun- dos para que la estructura caiga y quede con- vertida en una montaña de escombros; pero asimismo fue breve la limpieza de éstos: en tan sólo unas semanas fueron recogidos y reempla- zados por un suelo de ladrillos que se presenta ahora como un espacio peatonal. Cuando vi- sité el lugar al día siguiente de su demolición, comprendí que las palabras “recoger” y “lim- piar” en este tipo de situaciones hacen referen- cia a algo más significativo: son el proceso de apalear, amontonar y transportar en camiones aquello que jamás volveremos a ver.

El enfrentamiento

Nuestra relación con las construcciones, en cierta medida, es una experiencia que nos ha- bla de enfrentamiento; en principio porque éstas entorpecen nuestras dinámicas cotidia- nas: aparecen los desvíos que representan re- corridos más largos o diferentes a los que ya

estamos habituados, los senderos peatonales apenas delimitados con un cinta nos exponen y el ruido de golpes estridentes son sin duda una incomodidad. Además, visualmente signi- fica tener que aceptar un espacio destruido de la ciudad, donde un ideal simétrico y anguloso se pierde en un escenario caótico de materiales y texturas que nos hacen difícil imaginar cómo lucirán una vez amoldados y acoplados en una estructura que permanecerá.

En tercer lugar es un enfrentamiento con nues- tra memoria, cuando intentamos recordar qué había anteriormente, quién vivía allí, cómo so- lía lucir ese lugar antes de convertirse en rui- na; lo que evidencia la fragilidad de nuestra memoria. Sin embargo, cuando un lugar tiene importancia para nosotros, más bien nos afe- rramos a esto que recordamos y su cambio nos resulta doloroso.

Las construcciones son entonces en cierta me- dida anacrónicas porque subrayan la presencia 52

del pasado y al mismo tiempo son una con- jetura de lo que vendrá. A una menor esca- la, nuestra relación con las construcciones es comparable con nuestra relación con la ciu- dad actual en cuanto ambas son un proyec- to que entremezcla el recuerdo con la utopía; mientras que su estado presente está condena- do, por su condición efímera, a desaparecer. Marc Augé también dice que (2003, p.106)

“en las obras de construcción urbanas, la evi- dencia de lo demasiado lleno se halla matiza- da, plegada (en el sentido en que se pliega un vestido) por el misterio del vacío”; resaltando así la ambigüedad de su presente que es ruina y proceso, un momento de tránsito que hace y no hace parte de la ciudad; un escenario sa- turado de materiales y formas del cual no nos apropiamos, al cual no le ofrecemos nuestros sentimientos, porque lo que consideramos le- gítimo de nuestra ciudad es aquello que nos hace evidente su funcionalidad. Recordemos que es mediante el uso que hacemos de la ciu-

Figura 52. Demolición de la escuela de Mú- sica Fernando Sor. 2011. Archivo de la au- tora.

Figura 53. Aspecto actual. Demolición de la escuela de Música Fernando Sor. 2011. Archivo de la autora.

Figura 54. Construcción de la tercera fase del proyecto Transmilenio, calle 26. 2011. Archivo de la autora. 54

dad como creamos una relación afectiva con ella.

Como objetivo principal de mi trabajo de gra- do busco reivindicar los procesos de construc- ción como hechos trascendentales que han transformado drásticamente las urbes y nos permiten ser testigos de una historia que se si- gue haciendo por cuanto la ciudad nunca es- tá quieta. Como ya he mencionado, uno de los momentos más importantes de mi proceso fue el encontrarme espontáneamente con una construcción que sin saber por qué me llamó a retratarla, y este ejercicio se convirtió en una reflexión sobre lo que considero mi realidad. Con el tiempo, este tipo de recorridos en la ciudad se volverían una constante.

“A todos nos impone un extraño amor, el amor secreto del porvenir y de su cara desco- nocida. La ciudad nos impone el deber terri- ble de la esperanza.”Jorge Luis Borges.

Mi proceso

Visité obras en construcción como la de la ave- nida 26, donde se construye actualmente la ter- cera etapa del proyecto Transmilenio. En un comienzo no tenía más pretensiones que ha- cer un registro de éstas, fotografiarlas como un mecanismo de acercamiento directo con aque- llo que sería mi tema, experimentándolas de una forma diferente más allá de lo cotidiano. Dediqué más tiempo a observarlas, a sentirlas; tuve que pedir el permiso de obreros para que me dejaran entrar a los lugares donde el asfal- to ha sido levantado y se camina por un terre- no rocoso, donde no se encuentra diferencia entre el lugar del peatón y del auto, donde el tránsito es libre pero al mismo tiempo está obs- taculizado por la cantidad de materiales que se apilan en pequeños y grandes montículos que forman de manera azarosa diferentes posibili- dades de caminos por tomar. En las construc- ciones no hay elementos que regulen nuestro desplazamiento como aquellos que nos presen-

ta la ciudad, es decir, no hay semáforos, no hay cebras, ni límites de velocidad; es un espacio visual y dinámicamente opuesto al que se en- cuentra por fuera de ellas.

Cuando revisé estas primeras fotografías dete- nidamente encontré en ellas series de peque- ños elementos, una pila de rocas o pequeñas acumulaciones de ladrillos, llamando mi aten- ción por cuanto su efecto visual resultaba inte- resante; pequeños accidentes afortunados que la casualidad había amontonado o dispuesto de cierta forma y así, sin quererlo, configuran- do pequeñas esculturas que por su candidez venían cargadas de belleza. Supuse que lo que sucede es que el espacio a su alrededor se en- cuentra saciado de información, razón por la cual pasan desapercibidas, confundiéndose en la imagen caótica y desordenada de la cons- trucción.

Realicé entonces una cantidad de recorridos incluyendo sectores de la ciudad como la ca-

lle 170, la avenida 9 con 106, la calle 100 y 127 con carrera 15, la carrera 53, la avenida 10ª, la carrera 3ª con avenida Jiménez, la calle 26, la carrera 7ª con 22, procurando tener siem- pre una cámara a mano. Para ese entonces la intención ya resultaba clara; cada visita a las construcciones se hacía con una mirada aten- ta, siempre en busca de los elementos que me cautivaran por la forma como estaban dispues- tos, buscando y encontrando en ellos su valor estético mientras me sumergía meticulosamen- te en el proceso de observación que me permi- tía abordarlos con cercanía.

Me di cuenta de que estos elementos se re- piten una y otra vez en cada lugar que visita- ba, hallando siempre información reiterada; y aunque por un momento la dinámica lu- cía desalentadora, comprendí que esto no de- bía ser de otra forma. Resulta interesante el hecho de que la diversidad de estilos arquitec- tónicos presentes en la ciudad nacen de una misma materia prima, de unos mismos ingre-

Figura 55. Detalle de obra en construc- ción, calle 170 con 57. 2011. Archivo de la autora.

Figura 56. Detalle de obra en construc- ción, calle 26 con carrera 7a. 2011. Archi- vo de la autora.

Figura 57. Detalle de obra en construc- ción, carrera 9a con calle107. 2011. Archi- vo de la autora.

Figura 58. Detalle de obra en construc- ción, calle 26 con avenida 68. 2011. Archi- vo de la autora.

dientes que se mezclan y nos permiten, desde su contemplación, entender de qué están he- chas las ciudades. Y no siempre fue fácil la ta- rea de registrarlos; en muchas construcciones no permiten que se tomen fotografías, tal vez por el temor a que éstas más adelante sean uti- lizadas para cuestionar a las constructoras so- bre los avances en las obras; en otros lugares no se permite la entrada por considerar peli- groso el ingreso para quien no lleva la indu- mentaria adecuada. Por esta razón muchas ve- ces llevé a mi papá conmigo pues él tiene la cualidad de ser afable y una capacidad de con- vencimiento sobresaliente, así que la mayoría de veces pude hacer mis recorridos sin mayor problema mientras él tomaba tinto y charlaba con los obreros o celadores del lugar.

Un ejercicio que resultó valioso fue el de visi- tar una misma construcción más de una vez; volver después del tiempo permite encontrar no sólo nuevos materiales, sino seguir esa pe- queña historia dentro de la ciudad. Por un pe- Figura 59. Detalle de obra en construc-

ción, carrera 11 con 94. 2011. Archivo de la autora.

Figura 60. Detalle de obra en construc- ción, carrera 3a con calle 20. 2011. Archi- vo de la autora.

Figura 61. Primera visita. Construcción puente, avenida 9a con calle 107. 2011. Archivo de la autora.

Figura 62. Parte de la serie: Construcción puente, avenida 9a con calle 107. 2011. Archivo de la autora.

riodo de un mes, a intervalos de una semana, seguí la construcción del puente de la 106 so- bre la avenida 9a, lo que me hizo pensar en la forma como estos procesos quirúrgicos inter- vienen de maneras diferentes, día tras día, el paisaje urbano, fragmentándolo con cada nue- va viga que se añade, con cada nueva sección que se concretiza, con cada nueva silueta hu- mana que se mueve a través de éstos. ¿Cómo podemos obviarlos o menospreciarlos cuan- do constantemente fraccionan de formas di- ferentes nuestro recuerdo de un lugar en un proceso invasivo e irreversible, pues una vez terminado es así como debemos aprender a re- conocer este nuevo lugar?

“(...)evitar los ‘elementos constitutivos de la calle’, incluyendo los materiales de construc- ción, es en muchos casos evitar la historia lo- cal.”(Melo, 2001, archivo en línea)

Decidí dejar de visitar este lugar por un tiem- po y cuando volví, dos meses después, me en-

contré con la sorpresa de que las estructuras iniciales a cada uno de los costados de la ave- nida novena ya se encontraban levantadas y juntas formando un todo. Es interesante lo subjetiva que se evidencia la percepción del tiempo cuando en la observación pasamos de la constancia en la que parece que el cambio avanza lento, a la perspectiva que nos sorpren- de por el motivo contrario.

Mi intención con este proyecto es entonces ofrecer una mirada diferente a los procesos de construcción, llamar la atención sobre és- tos desde un punto de vista que exalte no solo su trascendencia -que ya ha sido evidenciada a lo largo de este texto- sino su riqueza visual pa- ra ser expuesta de una forma que tal vez nos permita entenderlos más como parte legíti- ma de la ciudad y de nuestra historia. Propon- go descontextualizar sus elementos constituti- vos y limpiarlos de aquello que los rodea para que adquieran una particularidad, buscando al mismo tiempo que demuestren la forma co-

mo son manipulados durante el proceso de construcción.

Supe que quería hacer mi proyecto de grado en dibujo porque es una técnica con la cual siento mucha afinidad, pero sobre todo por- que entiendo que en esta búsqueda de una mi- rada diferente hacia estos elementos mi sensi- bilidad y mi trazo contribuyen a alejarlos de la manera como se nos presentan cotidiana- mente en la ciudad; y aun cuando cada dibujo está hecho de manera minuciosa, para poder hacer una representación muy detallada y pre- cisa, también considero importante que parte de mí se vea reflejados en ellos, como quien escucha un relato contado por dos personas diferentes.

Este proyecto implica también un ejercicio concienzudo de observación al momento de traducir aquello que está en la fotografía al pa- pel, pasando del color al blanco y negro me- diante el uso del grafito, el cual tiene una re-

lación material con el tema que estoy tratando en tanto que de cierta manera también nos acerca a la tierra y habla a su vez de lo que es perecedero. Cada dibujo está hecho pensando en hacer de éste un pequeño rastro de ciudad, un pasaje de la historia, un elemento con un valor iconográfico.

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