5.2 Measuring Developer Experience
5.2.2 The SUS Statements and Assessment
Es importante que tanto en la entrevista, como a través de cuestionarios, autorregistros e incluso observación, el terapeuta valore al paciente en una serie de áreas. En primer lugar, se debe evaluar el comportamiento agresivo hacia la pareja (tipo del abuso, frecuencia, intensidad, etc.). Uno de los instrumentos más utilizados en este sentido es la Escala de Tácticas de Conflicto y su versión actual revisada (Conflict
Tactics Scale, Revised, CTS2; Straus et al., 1996). Este cuestionario consta de 78 ítems
y muestra unos coeficientes de fiabilidad que van de 0,78 a 0,95 (Birchler y Fals-Stewart, 1994; Mills, Kroner y Forth, 1998; Straus et al., 1996). El objetivo de la CTS2 es evaluar si dentro de la pareja (no es necesario que convivan en el mismo domicilio) se llevan a cabo conductas agresivas y pregunta tanto por lo que el paciente ha hecho a la pareja, como por lo que considera que la pareja le ha hecho a él (durante el último año de convivencia). Está basado en la teoría del conflicto (Adams, 1965) que considera el conflicto como una táctica de relación e interacción humana, siendo la violencia, en este sentido, una táctica errónea de resolución de conflictos. El cuestionario consta de las siguientes 10 subescalas:
- Negociación emocional: se refiere a todas aquellas estrategias, basadas en la comunicación y en la expresión de sentimientos, que se lleven a cabo para resolver diferencias o desencuentros entre la pareja. Dos de los ítems que forman parte de esta escala son: mostré a mi pareja que me importaba a
pesar de nuestro desacuerdo; le dije a mi pareja que estaba seguro/a de que podíamos encontrar una solución a un problema.
- Negociación cognitiva: hace referencia a estrategias cognitivas no violentas utilizadas para solucionar conflictos en pareja. Por ejemplo: sugerí
un compromiso como solución a un desacuerdo; ante un desacuerdo acordé con mi pareja intentar una solución sugerida por ella.
Capítulo 4: Instrumentos de evaluación
89 - Agresión psicológica menor: se refiere a todo tipo de violencia psicológica hacia la pareja de tipo leve-moderado, por ejemplo: insulté o maldije a mi
pareja; grité o chillé a mi pareja; me marché dando un portazo del cuarto o de casa durante una discusión; hice algo para hacer rabiar o fastidiar a mi pareja.
- Agresión psicológica severa: hace referencia a violencia de tipo psicológica más grave: destruí algo que pertenecía a mi pareja; amenacé
con pegar o tirarle algo a mi pareja.
- Agresión física menor: se refiere a actos de violencia física como retorcí el
brazo o tiré del pelo a mi pareja; empujé a mi pareja, agarré a mi pareja, abofeteé a mi pareja.
- Agresión física severa: actos de violencia física más graves: empleé un
cuchillo o un arma contra mi pareja; pegué a mi pareja con algo que podía hacerle daño (puñetazo, objeto); arrojé a mi pareja contra la pared; le di una paliza a mi pareja; le di una patada a mi pareja.
- Coerción sexual menor: hace referencia a todas aquellas conductas dirigidas a insistir (sin violencia física) en mantener relaciones sexuales, a pesar de que a la pareja no le apetezca, por ejemplo: insistí en tener
relaciones sexuales cuando mi pareja no quería (pero no empleé la fuerza física); insistí para que mi pareja tuviera sexo oral o anal conmigo (pero no emplee la fuerza física).
- Coerción sexual severa: situaciones de tipo sexual, donde se ha empleado violencia física o verbal para obligar a la pareja a mantener dichas relaciones: empleé la fuerza (pegar, sujetar, usar un arma) para obligar a
mi pareja a tener relaciones sexuales conmigo; amenacé a mi pareja para obligarla a tener sexo oral o anal conmigo.
- Daño menor: en las dos subescalas de daño se valoran las consecuencias de tipo físico, por ejemplo, heridas, contusiones, hematomas, fracturas, etc., que han sido producidas como consecuencia de episodios violentos entre la pareja: mi pareja ha sufrido un esguince, cardenal o corte a consecuencia de
una pelea conmigo; mi pareja sintió dolor físico que duró más de un día después de una pelea conmigo.
Eficacia de un programa de tratamiento psicológico para maltratadores
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- Daño severo: hace referencia a consecuencias físicas de mayor gravedad:
mi pareja tuvo que acudir al médico por una pelea conmigo; mi pareja sufrió la fractura de un hueso a consecuencia de una pelea conmigo.
Cada una de estas subescalas tiene la doble vertiente de lo que el paciente le hace a la pareja (perpetración) y de lo que cree que su pareja le ha hecho a él (victimización). Los ítems para las escalas de victimización son los mismos en contenido, pero en este caso el sujeto de las acciones es la pareja y el receptor es la persona que está contestando el cuestionario.
Otra escala importante para valorar tácticas desadaptativas en la relación de pareja es la Escala de Tácticas de Dominancia y Tácticas Celosas (Dominating and
Jealous Tactics Scale; Kasian y Painter, 1992). Es una escala de 22 ítems, de los cuales
11 se han extraído del Inventario del Maltrato Psicológico de Mujeres (Psychological Maltreatment of Women Inventory) de Tolman (1989, 1999). El objetivo de esta escala es valorar las diferentes formas de agresión emocional en las relaciones íntimas. Las alternativas de respuesta son cinco, desde “nunca” a “muy a menudo” (de 1 a 5 puntos), según la frecuencia con la que se usan las tácticas de dominancia y celosas. Las preguntas son bidireccionales, una relativa a la conducta de la persona que responde y la otra referida a la pareja, permitiendo así obtener dos medidas, por un lado, la persona que emite la agresión (perpetrador/agresor) y, por el otro, la persona que recibe la agresión (víctima). La escala tiene dos subescalas: tácticas dominantes, que consta de 7 ítems que evalúan comportamiento controlador o coercitivo en las relaciones de pareja, y tácticas celosas, que consta de 4 ítems que hacen referencia al comportamiento celoso en las relaciones de pareja. Respecto a la fiabilidad del instrumento, la consistencia interna a través del coeficiente de alpha de Cronbach, es de 0,72 para la escala dominante y de 0,76 para la escala de tácticas celosas (Cano, Avery-Leaf, Cascardi y O’Leary, 1998).
El Inventario de Pensamientos Distorsionados sobre la Mujer (Echeburúa y Fernández-Montalvo, 1998) es un cuestionario de 13 ítems cuyo objetivo es detectar los pensamientos irracionales del agresor respecto a los roles sexuales y la inferioridad de la mujer. Estos pensamientos son clave para entender la violencia doméstica, ya que en
Capítulo 4: Instrumentos de evaluación
91 muchos casos propician la aparición de conductas violentas. El paciente tiene que señalar qué ideas expresadas en el inventario corresponden a su forma habitual de pensar (por ejemplo, las mujeres son inferiores a los hombres; el marido es el
responsable de la familia, por lo que la mujer le debe obedecer; una mujer no debe llevar la contraria a su marido, etc.). La puntuación total puede oscilar de 0 a 13
puntos, interpretándolo de manera que cuanto mayor es la puntuación, mayor es el número de distorsiones cognitivas relacionadas con la mujer. Este instrumento ha mostrado ser sensible al cambio terapéutico en diversos estudios previos (Echeburúa y Fernández-Montalvo, 1997; Echeburúa, Fernández-Montalvo y Amor, 2006).