Una de las tendencias historiográficas que están en la base de esta investigación es la que aporta la propia historia del tiempo presente al estudio de acontecimientos relativamente recientes. Estudiar el final del franquismo o los inicios de la Transición sigue suponiendo historiar sucesos apenas separados cronológicamente de nuestros días. Por tanto, resulta importante incorporar las primicias de dicha corriente a la base metodológica de nuestro trabajo. ¿Cuáles son esas novedades?
Como ha destacado Pedro Ruiz11, en las últimas décadas estamos asistiendo a un ascenso del presente como categoría histórica. Así, lo muy contemporáneo, ha tenido un gran auge en los trabajos de investigación como se puede detectar en los programas, en el número de estudiantes y de puestos de profesores en las universidades, en las tesis
11 RUIZ TORRES, P.: «El presente y la historia», enRÚJULA LÓPEZ,P.y PEIRÓ MARTÍN, I.: La historia en el
presente, Zaragoza, Publicaciones de la Universidad de Zaragoza, 2007, p. 15 e ÍD.: «El presente en la historia», Pasajes: revista de pensamiento contemporáneo, 24 (2007), pp. 5-20.
dirigidas, en la nueva vertiente de la llamada «historia aplicada», en la reivindicación y el éxito de expresiones como «historia del tiempo presente», «historia del presente», «historia inmediata». Esto, según Ruiz, se ha producido por las interferencias, cada vez más frecuentes, entre la historia y el mundo jurídico, la posibilidad de hacer una historia «en directo» en compañía del periodista o la unión entre el testimonio del historiador y la atribución al mismo de la función de experto. Desde mi punto de vista, esto se ha producido también por una creciente demanda social en pro del estudio de los acontecimientos que han marcado nuestro presente de una forma clara, permitiendo mirar los «acontecimientos monstruo» –como la Transición– con nuevos enfoques y perspectivas.
En definitiva, la historia del presente es para nosotros una trasposición al discurso historiográfico de la categoría «historia vivida» y, como tal, constituye un objeto peculiar, cada vez más frecuentado últimamente y, sin embargo, poco conocido aún, rodeado todavía, en palabras de Aróstegui, «de la aureola de algo en balbuceo»12. Las reflexiones del historiador granadino pretendían dotar a esta línea historiográfica de una nueva metodología que se tradujo, entre otras cosas, en permitir que la historia vivida pudiera ser estudiada por el historiador y, para ello, incorporar nuevas fuentes que enriquecerían el relato historiográfico del período. El auge que ha tenido la inclusión de documentación como las entrevistas o la prensa reciente en investigaciones de este tipo es resultado, en parte, de esta reflexión.
Pero la corriente que pretende historiar nuestro presente fue, inicialmente, una iniciativa francesa y su origen coyuntural, impuesto por las simples necesidades de
12ARÓSTEGUI SÁNCHEZ,J.: La historia vivida. Sobre la historia del presente, Madrid, Alianza Editorial,
diferenciación del trabajo dentro del estudio de la contemporaneidad. La tendencia historiográfica a interesarse, cada vez, más por el análisis de lo «muy contemporáneo» se vio incrementada considerablemente después de la segunda gran contienda mundial, sobre todo cuando se fueron demostrando la inutilidad de prejuicios que la historiografía positivista del XIX había achacado a esta historia del presente. Prejuicios como la falta de documentos, la inexistencia de perspectiva temporal, el carácter provisional de sus resultados y de sus estudios, la carencia de fuentes tradicionales de información y la implicación del historiador; fueron sustituidos por el convencimiento de abordar el estudio de determinados acontecimientos próximos y sus consecuencias inmediatas «aprovechando las singularidades de su objeto de estudio para trascender las problemáticas y los criterios aplicables a otras etapas históricas»13.
En 1978 se creó en París el llamado «Institut d’Histoire du temps Présent», instituto surgido tras la transformación de dos entidades ligadas al estudio de la Segunda Guerra Mundial y enmarcado en el «Centre national de la recherche scientifique». Algo parecido sucedió en otros países como Alemania, Gran Bretaña, con términos como «Zeitsgeschichte», «Current History» o «Contemporary History».
Esta iniciativa planteó, en ciertos casos, una ruptura epistemológica que compartía con otras formas de hacer historia como la «historia oral», la «historia memoria», «el retorno de la política» u otros «retornos» como el de la narración. Todo ello en un contexto de crisis de paradigma de las ciencias sociales que sustituyó a sistemas explicativos y modelos por un retorno a la conciencia, al individuo y la rehabilitación de
la acción14. Desde esta perspectiva, la historia del presente se relacionaba cada vez menos con el estudio de un período de límite impreciso, subjetivo y más con la dimensión temporal y espacial. Una dimensión que planteó una dialéctica entre una pluralidad de memorias y la propia experiencia vivida como el estudio que aquí nos ocupa. Semejante tipo de historia del presente trajo consigo una diferente forma de concebir la temporalidad, desde un presente que introduce la discontinuidad, la sorpresa, la posibilidad, el azar, la libertad y rompe así el «continuum» de la anterior historia de carácter lineal15. El replanteamiento de la interpretación del cambio político en el Estado español fue buen ejemplo de ello.
En el caso de España fue la gran influencia de la Guerra Civil la que resultó determinante para el desarrollo de esta línea historiográfica aunque, a diferencia de Europa, cualquier posibilidad de progreso de esta corriente se encontró trabada por la existencia del régimen franquista que, aunque fundó alguna empresa para el estudio de la contienda en los sesenta, las circunstancias propias del régimen autoritario impidieron algo semejante16. Hubo que esperar a la muerte del dictador para ver el florecimiento de estudios ocupados en investigar acontecimientos recientes aunque con la limitación en el acceso a las fuentes. Actualmente ha virado el interés por el tema de investigación, y el acontecimiento histórico reciente ya no sería la guerra, sino el propio proceso transicional a la democracia.
14 RUIZ TORRES, P.: «El presente en la…», p. 20. 15 Ibid., p. 20.
16 En España tenemos el Centro de Estudios de la Guerra Civil, adscrito al ministerio de Información y
Turismo de Manuel Fraga y dirigido por Ricardo de La Cierva. Tal organismo realizó importantes compras de fondos bibliográficos y documentales sobre el asunto y publicó algunos trabajos. Complementariamente se desarrollaron otros centros de investigación como el «Servicio Histórico Militar».
De acuerdo con la perspectiva anterior, ¿qué ventajas ofrece la historia del tiempo presente aplicada a estudios como el de los poderes locales en el final del franquismo y la Transición que presentamos? Como vemos, el historiador que investiga acontecimientos relativamente recientes dispone de abundante información (prensa, testimonios vivos orales). Fuentes y testimonios de personas que pueden incorporar nuevos matices y detalles imposibles de encontrar de otra manera. Junto a ello, la práctica historiográfica del tiempo presente se caracteriza por su alto grado de interdisciplinariedad y comparación e incorpora nuevas variables, como las percepciones y elaboraciones que los sujetos hacen de los hechos, la importancia de los medios de comunicación en la difusión de determinado mensaje político y la relevancia de personajes menores en la evolución histórica. Todo ello puede ser analizado con las nuevas fuentes de historia oral, hemerográficas o de archivo.
Todas estas nuevas perspectivas pueden nutrir nuestros estudios sobre el ocaso del franquismo. Algo que ha llevado a algunos historiadores a adelantar conclusiones que han destruido el paradigma de la Transición modélica, incorporando nuevas variables como: la evolución política de personajes del aparato político local franquista, en especial el alcalde de la municipalidad, pero también ampliable al presidente de la diputación o al gobernador civil y la influencia de sus opiniones políticas, así como sus percepciones en torno al proceso de cambio político. El desarrollo de la corriente historia del tiempo presente en nuestro país para el estudio de los poderes locales tardofranquistas enriquece nuestro trabajo. Es el cambio político en la esfera local, centrado en nuevas perspectivas y con nuevas fuentes, su principal aporte.