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Implications for policy and practice

4 Teaching and Learning

4.1 Teaching approaches

(ya que no pasaban de ser más que tiendas oscuras, ubicadas en la planta baja de las casas de dos pisos y en las que se vendían todo tipo de artículos), esta vía era vista no solo como la mejor calle de Bogotá, sino como de las pocas aptas para los carruajes dentro del área urbana; por esta razón Espagnat (1897 – 1897), comentaba a finales del siglo XIX, que la vida en Bogotá giraba en torno a la Calle Real, ya que todo el comercio, los negocios, las diversiones y lo que había de rico, distinguido y elegante en la ciudad, estaba presente en ésta calle y en sus alrededores, mientras los lugares alejados de ella, se caracterizaban por la fealdad y el desencanto popular250.

Teniendo en cuenta la importancia que empezaba a tener el espacio ordenado según ciertas funciones, características y especialidades dentro de la nueva racionalidad que acompañaba la definición de una ciudad moderna y convenientemente edificada, la Calle Real, reflejaba lo único considerado “moderno” dentro de la estructura urbana de Bogotá, razón por la cual, los diferentes viajeros (especialmente después de la segunda mitad del siglo XIX), no solo exaltaron ciertas cualidades que poseía tal vía, sino que subordinaron las demás en función de ésta. Así, a supremacía de la Calle Real, fue mantenida a lo largo del siglo XIX en las descripciones de los viajeros, ya que las demás calles sólo fueron descritas en conjunto, por lo inadecuadas para el desarrollo y modernización de Bogotá251, pues desde su visión (la de los viajeros) estaban mal pavimentadas, eran angostas, poseían mala iluminación o carecían de ella, la mayoría se interrumpían en los ríos que bordeaban la ciudad, no tenían andenes amplios (los cuales eran además obstruidos por las salientes de las rejas de las ventanas de las plantas bajas de las casas) y todas las que recorrían de oriente a occidente a la ciudad, conservaban un caño de desagüe que las hacía intransitables para los carruajes, las inundaba cuando llovía y las llenaba de la suciedad que era arrojada a tales desagües por los habitante de las viviendas aledañas.

250 ESPAGNAT D´, Pierre. Recuerdos de la Nueva Granada. p. 96.

251 MOLLIEN, Gaspard Théodore. Viaje por la República de Colombia en 1823. p. 219; HAMILTON POTTER, John. Tomo I. Viaje al Interior de las Provincias de Colombia. p. 84; GOSSELMAN, Carl August. Viaje por Colombia 1825 – 1826. p. 277/278; LE MOYNE, Auguste. Viaje y Estancia en la Nueva Granada. p. 130; STEUART, John. Narración de una Expedición a la Capital de la Nueva Granada y Residencia allí de Once Meses. p. 111; LISBOA, Miguel María. Relación de un Viaje. p. 218; HOLTON, Isaac. Nueva Granada. p. 159; HETTNER, Alfred. Viajes por los Andes Colombianos. pp. 64 y 66/67; GARCÍA Mérou, Martín. Impresiones. 108/109; ESPAGNAT D´, Pierre. Recuerdos de la Nueva Granada. pp. 102/103.

Además de la Calle Real, algunos de los viajeros que recorrieron el país durante el siglo XIX, identificaron otras calles importantes para Bogotá, ya que si bien no competían con ésta, si cumplían con ciertas condiciones que les permitían destacarse dentro de la monótona estructura urbanística de la ciudad; estas calles fueron la del Florian252, ubicada una cuadra abajo de la Calle Real después de la Plaza Mayor y la de San Miguel, que descendía desde la esquina oriental de la Plaza Mayor hacia San Victorino253, que comunicaba a la ciudad con la Sabana y también permitía la circulación de los carruajes. (Ver ilustración 27).

En resumen, se puede entender cómo para los diferentes viajeros que visitaron Bogotá a lo largo del siglo XIX, la disposición de las calles de la ciudad no era adecuada para la modernización de las misma, ya fuera por su estructura, el poco atractivo de las viviendas que las rodeaban (especialmente a las afueras de la ciudad), por imposibilitar el tráfico de carruajes o vehículos, por la precariedad en la prestación de servicio de alumbrado en las noches, por carecer de atractivos para recorrerlas (restaurantes, cafés, entre otros), por la falta de policía, o debido a condiciones de insalubridad. (Ver ilustración 28).

Además de las calles, para los viajeros también fue importante puntualizar acerca de los tipos de viviendas característicos en la ciudad, por ser ésta la manera de ejemplificar no solo la baja calidad y belleza arquitectónica mantenida en Bogotá a lo largo del siglo XIX, sino por ser la forma de hacer evidente el bajo nivel de progreso socio - cultural de algunas clases en la ciudad, especialmente representada en las clases populares. Es decir, que los diferentes viajeros justificaron el hecho de ubicar las casas de los personajes más representativos o adinerados (las cuales se encontraban alrededor de la Plaza Mayor, la Plaza de San Francisco) en la zona céntrica como ejemplo de “civilidad”, mientras que las viviendas del resto de la población, se ubicaban ya fuera en las zonas alejadas del emplazamiento urbano hacia el norte, oriente y occidente (dentro de lo que ellos mismos definían como los arrabales), o en los pisos bajos de las casas de la élite, pero siempre conservando el desdén por mejorar sus precarias condiciones de vida. Así, para los diferentes viajeros, tanto la ubicación espacial de la vivienda, como la distribución de la misma fue descrita, ya que por medio de ésta evidenciaban la diferenciación social que

252 HETTNER, Alfred. Viajes por los Andes Colombianos. pp. 70, 114/115; ESPAGNAT D´, Pierre. Recuerdos

de la Nueva Granada. p. 96.

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