norteamericano
Robert Kelly (derecha) en la Cueva 2 de Los Toldos, provincia de Santa Cruz en su visita al país en el año 2000. Foto: Nora Flegenheimer.
animales. Si los osos pudieron sobrevivir, también pudieron hacerlo los seres humanos. Así que una ruta costera parece más probable que la ruta del corredor libre de hielo.
Esa ruta costera podría explicar una anomalía. La evidencia sólida más temprana de una ocupación pre- Clovis en el Nuevo Mundo no proviene de América del Norte, sino de América del Sur. El sitio Monte Verde, en Chile, tiene unos 14.500 años de antigüedad. Si la gente vino de Asia, ¿por qué el sitio más temprano está en Chile? Una posibilidad es que los primeros inmigrantes eran gente con hábitos propios de las zonas costeras, que pescaban y recolectaban mariscos, plantas costeras y cazaban mamíferos marinos. Quizás se instalaron en la costa oeste del Nuevo Mundo, y sólo después se internaron hacia el interior. Es difícil comprobar esta hipótesis ya que la costa de hace unos 14.000 años ahora está 100 metros bajo el agua, debido a que el nivel del mar subió al derretirse los glaciares. Pero esta hipótesis también sugiere que los pobladores más tempranos llegaron al Nuevo Mundo al menos 1.000 años antes
de la aparición de la cultura Clovis. De hecho, algunos científicos
proponen que la diversidad lingüística y genética de los pueblos indígenas del Nuevo Mundo da la pauta de que la gente ya estaba aquí hace 30.000 años. Sin embargo esta posición extrema no tiene ningún sustento desde la evidencia arqueológica. En América del Norte, los sitios que podrían ser pre-Clovis incluyen el abrigo Meadowcroft, en Pennsylvania, y el sitio Cactus Hill en Virginia, ambos podrían tener 14.000 a 16.000 años de antigüedad. Pero estos sitios están del lado este de Norte América -del lado incorrecto del continente para ser empleados como evidencia de los primeros emigrantes desde Asia-. Esto ha llevado a algunos arqueólogos a proponer que los primeros inmigrantes no vinieron de Asia, ¡sino de Europa!
En contraste con los datos genéticos, la información ósea cuenta
una historia algo distinta. Tenemos unos pocos esqueletos de más de 11.000 años. Sin embargo, los cráneos de muchos de estos esqueletos tempranos no se parecen a los de los pueblos americanos originarios posteriores. En cambio, sus ancestros más cercanos son los Ainu, grupos originarios de Japón, asiáticos del sudeste o Polinesios. Algunos cráneos de América del Sur se parecen a los de australianos o africanos. ¿Por qué? Una explicación sería que las Américas fueron pobladas primero por inmigrantes que venían de Europa, Africa, o Australia, para lo cual emprendieron viajes transoceánicos hace más de 14.000 años – de lo cual no existen evidencias sólidas-. Otra es que las Américas fueron pobladas por al menos dos olas de inmigrantes asiáticos, una de una población que originó a los Ainu y los Polinesios, y otra de la
población asiática “moderna”.
Pero otra explicación es que el poblamiento más temprano de las Américas fue diverso desde el punto de vista biológico - lo cual es esperable cuando una tierra amplia es colonizada por un número pequeño de inmigrantes que se dispersan rápidamente y sufren procesos tales como la deriva genética.
Así que, me resta decirle a mi profesor que estaba equivocado. Sabemos que las Américas se poblaron desde Asia, que la gente llegó aquí al menos hace 13.500 años, y que la cultura de cazadores Clovis existió en toda Norte América. Pero aún no sabemos cuándo llegó la gente por primera vez a Norte América. No sabemos si estos primeros inmigrantes llegaron por la costa con un modo de vida pescador, o a través del corredor libre de hielo con una adaptación cazadora. No sabemos si cazaban grandes animales tales como mamuts hasta extinguirlos. No sabemos si hubo una, dos, tres o más migraciones. No sabemos si vinieron de la misma zona de Asia, o de varias distintas. No sabemos si la gente se dispersó rápidamente a través del Nuevo Mundo o lentamente. Aún resta mucho trabajo por hacer para los arqueólogos.
Por Marcelo Zárate
Los últimos 20.000 años de la historia geológica se caracterizaron
por la existencia de profundas modificaciones en las condiciones climáticas, ambientales y geográficas de la Tierra. Este cuadro
de drástica reacomodación de los sistemas naturales ha sido el escenario de la historia reciente de las sociedades humanas. Las huellas de este pasado han quedado almacenadas en el paisaje, en los depósitos de mares, ríos, lagos, dunas y el hielo, verdaderos archivos naturales que guardan la memoria de lo acontecido. 20.000 años atrás el planeta era mucho más frío, con temperaturas medias globales inferiores en unos 6° C a las actuales. Amplias regiones del mundo estaban cubiertas por mantos de hielo y glaciares; un paisaje muy similar al que hoy exhibe la Antártida, era el característico de Canadá, el norte de Estados Unidos y Escandinavia; en las grandes cadenas montañosas había glaciares que, como en los Alpes, llegaban hasta el pie de las montañas. Enormes lagos ocupaban amplios sectores del centro de África. En América del Sur un casquete de hielo cubría los Andes Patagónicos con glaciares de alta montaña en las zonas cordilleranas más septentrionales. La selva amazónica, muy reducida en extensión, se restringía a áreas