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Hablar de fenomenología es hablar de un sinnúmero de autores (como Husserl, Edith Stein, Merleau-Ponty, Sartre, Fink, Levinas, Landgrebe, Gurwitsch, Schütz, Ricoeur, y en algún momento Heidegger y Derrida). Pero cualquier diálogo con esta disciplina tiene que ver con Husserl su fundador, que dejó un inmenso legado de páginas manuscritas que han sido la base para la publicación de su obra póstuma con alrededor de 41 tomos hasta

el presente. De esta copiosa obra, media docena de libros (y algunos tex-

tos cortos) se publicaron en vida del autor. Como se ha señalado, el filósofo, analizaba los problemas escribiendo y con un excesivo rigor, al revisarlos, se negaba sistemáticamente a su publicación, dejando casi siempre la sensación

de tener una obra inacabada y fragmentaria,1 que generó las más persistentes

críticas por parte de algunos de sus discípulos que no lograron comprender el rigor y la autocrítica de su trabajo desconociendo además la evolución de su pensamiento.

El sociólogo austriaco Alfred Schütz reseña un comentario bibliográfico aparecido en un número de la revista American Sociological Review refiriéndose a la literatura fenomenológica. Allí se rechaza que los escritos de fenome- nología sean casi inaccesibles hasta para muchos filósofos, sin hablar ya de los especialistas en ciencias sociales “según parece /escribe/, tendremos que esperar la aparición de interpretaciones popularizadas antes de que se pueda decir mucho acerca de las relaciones entre la fenomenología y las ciencias sociales”.2

Esta descripción de la situación no es por supuesto excesiva, incluso en ciertas esferas, se mira despectivamente su obra considerando al fenome- nólogo como un extraño personaje, que en aras de perseguir las esencias de los hechos empíricos, parece dar la espalda a los métodos científicos que han sido determinados para comprender dichos hechos. Otros reconocen que esta disciplina puede ser importante para las ciencias sociales, no obstante “ven a los fenomenólogos como un grupo esotérico del lenguaje incompren- sible para todo el que no pertenezca a él, y por eso no vale la pena ocuparse”.3 Otros investigadores, señala, no tienen claridad sobre lo que comporta el significado mismo de la fenomenología al procurar “ser fenomenólogos sin utilizar el método de Husserl […]”.4 Este tema del método es uno de los más intrincados problemas filosóficos y es allí, donde pensamos se debe delimitar este, como uno de los aspectos esenciales que constituyen verdaderamente el campo fenomenológico.

1 RIZO-PATRÓN, Rosemary (Ed.). El pensamiento de Husserl en la reflexión filosófica contemporánea.

Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1993, p. 278.

2 SCHÜTZ, Alfred. El problema de la realidad social. Escritos I. Buenos Aires: Amorrortu, 2003, p.111 ss. 3 Ibídem.

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Pero no es solo lo planteado hasta ahora. Como lo reconocen algunos comentaristas, en sí misma, la fenomenología de Husserl presenta ciertos inconvenientes: “La parte publicada [….] se caracteriza por una presentación condensada y con un lenguaje sumamente técnico tiene un carácter bastante fragmentario. /Esto sucede dado que/ Husserl consideró esencial replantear una y otra vez su indagación de los fundamentos no solo de la filosofía […] sino también de todo el pensamiento científico”.5 A esto podríamos añadir lo que señala Julia Iribarne, que desde la perspectiva del intento de sistematiza- ción del filósofo, “lo publicado tenía carácter introductorio y programático” con respecto a la culminación en los problemas éticos.6

Estos aspectos que son el reflejo de alguna confusión, en parte ya superada por la cantidad de valiosas publicaciones e interpretaciones, contribuyeron de todas formas a difundir la creencia de que la fenomenología “es anticien- tífica” y según Schütz, indujo a muchos investigadores serios, a considerarla “como una metafísica, por su admitida renuencia a aceptar acríticamente el carácter dado de las experiencias sensoriales, de los datos biológicos, de la sociedad, del ambiente, como punto de partida indiscutible de la investiga- ción filosófica”.7 Todos estos aspectos mencionados han llevado a algunos a desconocer en la fenomenología un verdadero método de investigación de la realidad. No obstante “se trata de un método y tan “científico” como cualquiera”.8 En adelante mostraremos algunos principios de este pensamiento.

Husserl, desde sus primeras obras y en lucha contra el escepticismo se

propuso establecer una filosofía como ciencia rigurosa.9La idea, que expuso

desde el artículo de Logos de 1911, tiene poco más de cien años después una notoria actualidad para los investigadores en fenomenología. Pues muchos

indagamos aún ¿en qué quedo su sueño de hacer de la filosofía una ciencia

rigurosa? En un anexo de su última obra escribió: “la filosofía como ciencia

rigurosa un sueño que ya ha terminado”.10 Pero el sueño se vino abajo, no

porque hubiese previsto su imposibilidad, en el sentido de no poder generar ciertas objetividades ideales que le sirvieran de base, sino porque no pudo formar una “comunidad de investigadores” acerca del problema.

Con dicha propuesta, Husserl se dio a la tarea de poner a la vista los pre- supuestos implícitos que fundan “toda ciencia del mundo de la naturaleza y

5 Ibíd., p. 112.

6 IRIBARNE, Julia. Edmund Husserl. De la Ética a la Metafísica. Bogotá: San Pablo y UPN, 2007, p. 6. 7 SCHÜTZ, Alfred. Op. cit., p. 107.

8 Ibídem.

9 Para una ampliación del tema Cf., ARISTIZÁBAL, Pedro Juan. “Husserl y la filosofía como

ciencia rigurosa. Análisis desde el contexto nihilista actual”. En: Revista Co-herencia. Vol. 8, No. 15, 2011, pp. 113-128.

10 HUSSERL, Edmund. Die Krisis der europäischen Wissenschaften und die transzendentale Phänome-

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de los entes sociales, e incluso la filosofía actual”.11 Él siempre mantuvo como ideal, ser un “principiante” en filosofía, seguramente muy ligado a este ideal, al método fenomenológico, que al abstenerse deliberada y sistemáticamente de establecer juicios existenciales sobre el mundo, o sobre nuestra creencia en su existencia; tiene como uno de sus propósitos describir aquello que se nos presenta y nos es dado en la experiencia. El método, con rasgos clara- mente trascendentales heredados del pensamiento kantiano, no pretendería en sí ocuparse de las cosas o del mundo, sino, de la manera como nos son dadas en la experiencia las cosas y el mundo mismo (que es uno de sus rasgos trascendentales). Pero como dice Schütz con tanta fortuna, “Solo laboriosos análisis, una audaz coherencia y un cambio radical en nuestros hábitos de pensamiento puede permitirnos revelar la esfera de una ‘filosofía primera’ que cumpla con los requisitos de una ‘ciencia rigurosa’ digna de tal nombre”.12 Por eso, poniendo como requisito mantener una duda filosófica rigurosa sobre los presupuestos inherentes de todo nuestro pensar habitual, científico o no, tendremos la garantía de la “exactitud no solo de tal intento filosófico, sino también de todas las ciencias que directa o indirectamente abordan nuestra experiencia del mundo”.13

En verdad no se puede asegurar que la rigurosidad implícita a muchas ciencias y que lo son al ofrecer en forma matemática su contenido científico, sea la idea de rigurosidad que pretendió Husserl. Aunque este haya sido un experto matemático que se doctoró con una tesis sobre el cálculo de las variaciones, es innegable ver, que la “profunda comprensión del pensamiento matemático y la admiración por sus logros, no le impidió ver que tenía limitaciones. […] / Dado que/ ninguna de las llamadas ciencias rigurosas, que con tanta eficacia uti- lizan el lenguaje matemático, puede conducirnos a la comprensión de nuestra experiencia del mundo”;14 es precisamente esta experiencia subjetiva de mundo la cosa misma de la que trata la fenomenología.

Para concluir pensamos que el sueño de Husserl, por ingenuo que pueda parecer a algunos filósofos contemporáneos, si bien no se cumplió, puede ser una tarea, dejada a futuras generaciones de filósofos e investigadores de las ciencias humanas, sueño que quizás hubiera de cumplirse en esa relación tan explorada hoy día de las conexiones existente entre esta disciplina y las Ciencias cognitivas, tema al que por supuesto no estamos en capacidad de referirnos por ahora.

11 SCHÜTZ, Alfred. Op. cit., p. 112. 12 Ibídem.

13 Ibídem. 14 Ibídem.

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