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ve de uno de los esposos es que la situación se vuelve conflictiva y bus- can medios para herirse uno al otro. Suceden desde abusos verbales hasta violencia física.

Queremos señalar que el hecho de que se evidencien los efectos negativos del divorcio, no significa proponer un retorno, por lo demás imposible, a la idea de la indisolubilidad del matrimonio. Creemos que es mediante el reconocimiento de las problemáticas asociadas a los nuevos fenómenos asociados con la familia y en particular al divorcio, como la sociedad puede construir una experiencia pro- picia para crear toda una serie de mecanismos e instituciones que ayuden a las familias durante y después del mismo.

FAMILIARES

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Este capítulo está dedicado al estudio de los subsistemas familiares. Comienza con el análisis del proceso de elección de pareja y continúa con la descripción de las características de los subsistemas conyugal, paterno y fra- terno que son a nuestro juicio los más importantes en la mayoría de las fami- lias actuales.

Se presentan definiciones acerca de la pareja a partir de su caracterización en diferentes épocas y culturas. Se nombran los cambios que han ocurrido en las relaciones de pareja en México, aun cuando su forma tradicional se haya mantenido en el esquema de matrimonio monogámico heterosexual. Luego se presentan las investigaciones más recientes sobre los aspectos que influyen en la relación de pareja, los tipos de relación de pareja, y las funciones de la pareja.

La segunda parte del capítulo describe las visiones que históricamente se han atribuido a los padres, los factores que afectan los cambios en las nociones de maternidad y paternidad.

Su contraparte es la sección dedicada a los hijos, en la que se relaciona la secuencia de cambios de creencias y actitudes de los padres sobre los hijos, así como las diferencias en la educación de los hijos que son coincidentes con la variación en su género.

Para concluir el capítulo se presentan las controversias teóricas actuales acerca de las relaciones entre hermanos. Se destaca su importancia para el desa- rrollo de cada hijo desde la perspectiva intercultural.

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AREJA

Se puede definir a la pareja como la unión de dos personas que establecen lazos amorosos de carácter íntimo, con una intención admitida o no de durar; con o sin compromiso institucional.

La pareja parece ser una institución universal; aunque esta idea no ha sido aceptada por todos los investigadores e incluso ha pretendido ser refutada con estudios realizados en algunos pueblos primitivos y en algunas formas de orga- nización social alternativas vigentes en nuestra época. Sin embargo, estos mismos estudios lejos de negar la existencia de la pareja la afirman. Un estudio detallado hecho por Lévi-Strauss (1956) acerca de la manera en que se organiza la vida social en el Kibutz encontró que aun allí, donde existe un sentido de lo social muy amplio y los hijos se educan por la comunidad, existe un reconocimiento

social a un tipo especial de relación entre un hombre y una mujer que se dife- rencia de las demás relaciones que se establecen en la comunidad, por su mayor grado de intimidad. En estas comunidades se les reconoce el derecho a mante- ner relaciones sexuales entre ellos y a compartir un espacio físico en común. Según el autor, se puede percibir el reconocimiento tácito y la diferenciación de la relación de pareja de otras relaciones existentes en la comunidad.

La pareja logra su mayor reconocimiento social en el mundo occidental cuando se institucionaliza a través del matrimonio. En el siglo XII el derecho canónico definió el matrimonio como un sacramento indisoluble, cuya materia estaba constituida por el consentimiento mutuo de los esposos. Hasta el Concilio de Trento, el sacerdote sólo era un testigo del compromiso de la pare- ja y luego se le dio una parte activa en el acto sacramental donde debía unir los esposos en matrimonio. En los siglos XVII y XVIII, la naturaleza del matrimo- nio evoluciona del sacramento al contrato, en parte bajo la influencia de la Reforma. Queda en manos de la Iglesia el sacramento y el contrato pasa a ser una responsabilidad del Estado; a partir de entonces comienza a exigirse la exis- tencia del contrato civil para que pueda darse el sacramento.

El matrimonio civil es una institución que emana del orden público desde fines del siglo XVII en Francia y del XIX en el resto de los países occidentales; sin embargo, sus fundamentos, como pudimos apreciar anteriormente, están muy ligados a los del matrimonio religioso. La institucionalización civil del matrimonio en América Latina se origina de la separación que se dio en el siglo XIX entre la Iglesia y el Estado. En el marco de esta separación se instituyó el matrimonio civil como el único con validez legal.

La visión jurídica del matrimonio como acto civil, surge en México en la época de la Reforma, durante el gobierno Juarista, en 1859, que es cuando se expide la Ley Orgánica del Registro Civil, que marca la secularización del Registro Civil y define entre otros actos del estado civil, el matrimonio como un contrato civil monogámico e indisoluble.

El matrimonio monogámico heterosexual, es decir, aquel compuesto por un hombre y una mujer, se constituyó en el ideal de casi todas las sociedades modernas, aunque en la actualidad en algunos países es permitido legalmente el matrimonio entre personas del mismo sexo.

El predominio de esta imagen de la relación de la pareja, su naturalización —proceso por el cual se la identifica como lo “natural”, o sea, guiada por prin- cipios biológicos— y su peso como definición de lo “normal” frente a las des- viaciones, patologías y perversiones, obstruyeron y ocultaron el hecho de que siempre han existido otras formas de organización de los vínculos de pareja, otras formas de convivencia y otras maneras de llevar adelante las tareas de la procreación y reproducción.

El matrimonio “tradicional”, institucionalizado legalmente a través de un contrato entre los cónyuges y bendecido por la Iglesia, es un modelo que si bien

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no está en vías de desaparición, si tiene, al menos, la competencia de otras for- mas de unión, más o menos estables, que rechazan la institucionalización. Esto explica el hecho de que titulamos este tema como relaciones de pareja, ya que de esta manera podemos considerar otras formas alternativas de unión amoro- sa entre dos personas. Es imprescindible que las interrogantes relativas al matrimonio contemporáneo tengan en cuenta, el aumento de la separación, el divorcio y la unión libre en casi todos los países.

Aspectos que influyen en la elección de pareja

El medio social y el familiar influyen en la elección de pareja, aunque sus influencias rara vez son conscientes para los sujetos. Esto ocasiona que la per- sona crea que su elección de pareja es mucho más libre que lo que realmente es y la vivencie más como un interés genuino que como una obligación. Esto le permite presumir que es por completo libre a la hora de decidir elegir pareja. Teóricamente, cualquiera puede elegir a alguien como pareja; sin embargo, en realidad dicha elección no es tan libre como se supone, ya que los grupos socia- les continúan reproduciéndose en el interior de ellos mismos.

La elección de la pareja puede darse con base en el atractivo físico, la fre- cuencia de la interacción, la similitud percibida en aspectos tales como la raza, el grupo étnico, la religión, la educación, la clase socioeconómica y los valores. La elección puede también basarse en la complementación de necesi- dades así el individuo escoge a aquella persona que pueda ofrecerle mayor gratificación a las mismas.

En la elección de la pareja intervienen además factores de índole psicológi- ca. Por ejemplo, se pueden describir al menos 3 tipos de motivos psicológicos que determinan la elección de pareja; éstos son:

1.Percepción de la posibilidad de satisfacer a través de la relación deseos

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