Test Generation Concepts
8.3 TEST GENERATION REQUIREMENTS
A este senador se le conoce en su estilo, sin hojear los números de La Reforma, y se le descubre como orador sin ir a las tribunas del Senado: basta preguntar por la calle de Florián, seguirla hacia el Norte, y pararse en la esquina frente al almacén número 48. Allí, detrás del mostrador, sobre el cual hay rollos de papel para las paredes, se ve un escritorio antiguo y una silla en frente: sobre las tablas del escritorio hay periódicos, manuscritos diseminados y sobre la silla está un hombre al cua l no podréis distinguir al principio, porque la tienda es muy oscura y un ala de su puerta se mantiene casi siempre entornada. Entrad si os place, y mientras él os vende el último número de La Reforma, que habéis oído anunciar
a gritos por los gamines -con el estribillo invariable: "La Reforma número tal; ha salido este buen periódico noticioso y no vale sino cinco centavos, etc."- podreis examinarlo a vuestro gusto. Es un hombre maduro: de estatura mediana, de cuerpo ancho, de rostro lleno. con barba blanca recortada, que sirve de marco al cutis de los pómulos y de la nariz rojo- desvanecido con el brillo del tafilete; abajo de la frente, que es ancha, unos anteojos de vidrios gruesos; la cabeza calva, hasta la parte posterior, de donde se desprenden algunos haces de pelo blanco y negro, pero descuidados, semejantes a la cola de un ave muerta. y si no quereis ir ala tienda número 48, paraos en las Galerías de la plaza de la Constitución, y lo vereis seguir hacia el barrio de Santa Clara, con paso largo y medido, siempre con un sobretodo abotonado y largo, con un cigarro en la boca, un paraguas debajo del brazo y en la mano izquierda una llave y papeles. A nadie mira, a nadie saluda: los anteojos van hacia delante y él parece que sigue a los anteojos.
Tiene la misma fisonomía en sus artículos y en sus discursos. En la prensa parece lleno de una gran convicción. Se la niegan algunos, pero a nuestros ojos aparece clara cuando lo vemos seguir inflexible una línea que él se ha propuesto continuar hasta el fin. Yerra muchas veces, pero muchas veces acierta, y cuando discurre, aunque lo haga sin fundamento, cierta tenacidad sincera lo releva de la ofuscación repugnante. En su periódico levanta una especie de soberanía adusta. El juzga por su propia cuenta, y condena y absuelve como le parece. Carece de la ternura pública, porque hasta sus agasajos revisten en lo escrito una forma dura, Tiene, sin embargo, debilidades cariñosas, como por ejemplo con el eximio Salvador Camacho Roldán, y las tuvo con el Presidente Zaldúa, aunque un poco menos espontáneas. Su inteligencia es ilus trada y tas, porque en muchos de sus razonamientos sigue con seguridad un procedimiento aritmético.
Habla como es y como escribe. Mientras los demás senadores discuten, González Lineros se mantiene con la cabeza echada para atrás, en la mano un lápiz que de cuando en cuando lleva sobre una hoja de papel que tiene sobre el pupitre. Es la crónica que escri be para La Reforma, sobre el giro de los negocios del Senado. Si le toca el momento de terciar en la discusión, se para y se mantiene frío y áspero como un risco. Aparece como dictando un editorial para La Reforma.
Una antipatía profunda por el partido conservador mantiene a Narciso González Lineros en un terreno liberal visible en la prensa, y atrayente. Se puede asegurar hoy que él no haría un viaje en jovial compañía con los conservadores ni aun siquiera alrededor de su cuarto. (La Actualidad, 1884).
jVEN A TU PATRIA!
"La Cámara de Representantes declara que el señor Francisco de P. Matéus no tiene la confianza de los representantes del pueblo colombiano, y en consecuencia desea que el Poder Ejecutivo retire al señor : Matéus las credenciales que lo habilitan como Ministro de la Repúb lica en Francia, y por cablegrama las instrucciones que tenga para la gestión de los negocios fiscales.
"Comuníquese al honorable Senado de Plenipotenciarios, al Poder Ejecutivo y publíquese en hoja volante”.
(Proposición aprobada por la Cámara de Representantes el 19 de Marzo).
Los que vimos con rabia al señor Francisco de P, Matéus influir en el Senado de 1882 porque se acusara a los miembros de la Administración Zaldúa -Samper y Borrero- por malversación de los caudales de la República, experimentamos hoy cierta curiosidad cuando es el señor Matéus el acusado de delito infamante de robo. Los jueces, pues, del doctor Zaldúa, no son tan puros como se les hacía aparecer en el Congreso que se llamó admirable, tal vez en atención a que ,admiraba por su injusticia y su parcialidad, El señor Matéus contribuyó, como el que más, para que el doctor Zaldúa no pudiera salir a reponer su salud quebrantada, en mejor clima; esto lo hacía en nombre de la moralidad política y por honra de la República; es hoya él a quien, en vindicación de la República y de la moral del país, se le hace abandonar el bello clima de la zona templada, donde no tenía que sanar de ningún mal, sino satisfacer las necesidades del viajero con el dinero de los colombianos. Zaldúa murió, porque el Congreso hizo lo posible para ello; los actuales miembros de las Cámaras no lograrán, seguramente, con la remoción del señor Matéus, ni que
él se mate, ni que él se muera.
Si para remover al señor Matéus faltaran razones de decoro, sobrarían las de interés público, Se le podría remover, verbigracia, porque es inhábil para la alta categoría de Ministro.
El, como muchos personajes de los que aquí hacen ruido, son gentes ignorantes que tienen solamente la astucia de las zorra s y el brillo efímero de las hojas en combustión. Pueden poner tormento en las parroquias, como los alcaldes a la antigua y los clérigos huraños; pueden zurcir una intriga, de uno a otro de los bancos de las Legislaturas, y sorprender con una celada de bolas negras a una idea o a un personaje; pueden dar y quitar destinos, pero jamás lograrán realzar las relaciones exteriores de la República; y fuera del circuito en que ellos, los enanos, son gigantes de barro, se encontrarán minados por su
base, la cabeza les zumbará con el vértigo de una grande altura, y en presencia de una alta dignidad de Europa, bozales, porque no saben ni francés, ni inglés, ni alemán, ni aun siquiera castellano; -en el Elíseo, por ejemplo, bajarán los ojos y moverán el sombrero entre las manos con el encogimiento de los visitadores de pueblo-. El señor Matéus delante de M. Grévy no será la orgullosa figura que tanto miedo ha puesto a los políticos en muchas ocasiones, sino un gañán asustadizo que por primera vez requiebra a una moza de calidad en el villorrio.
El señor Matéus se fue con un Robertson francés en la cubierta del vapor, y al presente apenas sabrá , decir a las muchachas de los boulevares:
-J'ai l'honneur de vous saluer, madame.
A duras penas podrá volver a su casa cuando se halle lejos, porque le costará trabajo llamar la atención de los cocheros.
Pero la Cámara, como se ha visto, declara "que el señor Francisco de P. Matéus no tiene la confianza de los colombianos", que es más que no saber francés ni castellano; y desea que "el Poder Ejecutivo retire al señor Matéus las credenciales", que ya es más que retirarle la confianza, y que, "por cablegrama", se le retiren "las instrucciones que tenga, para la gestión de los negocios fiscales", que es, sencillamente, declararlo sospechoso; decimos poco, peligroso; aún nos falta: delincuente. En la discusión de la Cámara se aplicaron todos los adjetivos propios a la conducta del señor Matéus, y un representante -el General Briceño- que sus razones tendrá, dijo con la mayor frescura:
-" Al señor Matéus es bien fácil que no sólo haya que removerlo sino que se le de orden de venir inmediatamente a ponerse a la disposición de los jueces de Colombia, No sólo creo, agregó, que hay estafa, sino robo".
Este representante hace parte, es Presidente, de la Comisión de Infracción de Constitución y Leyes.
A Europa llevarán nuestros periódicos la nueva tan brusca de que un Ministro americano está sindicado de delitos comunes, y que su país, para cumplir con los deberes de amistad internacional, lo denuncia ala Policía de París mientras puede hacerlo coger de la Policía de Colombia. Hace poco tiempo que el Parlamento italiano despidió de su seno y puso a disposición de los Tribunales a un diputado que tenía la costumbre de tomar para su uso los pañuelos y los relojes de sus colegas; los parisienses, que son tan amigos del escándalo y de las emociones judiciales, es bien posible que confundan maliciosamente la conducta de nuestro Ministro con la del miembro del Parlamento de Italia. Puede llegar el descaro de los escritores del Vaudeville hasta exhibir en el último acto de alguna de sus piezas picantes a un individuo con credenciales de Ministro a quien la Policía sorprende con una orden de prisión.
-Soy inmune (dirá él en mal francés); soy Ministro de Colombia.
-Usted lo ha dicho y ,eso nos basta; es al Ministro de Colombia a quien buscamos.
La resolución de la Cámara de Representantes va a contribuir, seguramente, a la intranquilidad de nuestros compatriotas en Francia. Es muy justo que las autoridades de esa República crean sospechosos a nuestros simples conciudadanos, cuando desde aquí mostramos tan sospechosos a nuestros Ministros. Pero en desquite servirá esa resolución para empujar, por la puerta que se ha abierto y que conduce al Panóptico, al grupo altanero de políticos que por su identidad con Matéus podrían usar su casaca y sus pantalones. Si la justicia se hace completa, los viajeros podrán conocer a las terceras partes de los políticos recientes en los cocredores de la penitenciaría.
Post Scriptum.- El Senado resolvió confirmar el auto de prisión decretado por la Cámara
-que no es otra cosa- y el señor Matéus, en consecuencia, si prefiere nuestras cárceles a Mazas, debe dejar la hermosa ciudad de París.
(La Actualidad, 1884)