Chapter 3. Methods and Approaches to Analysis
3.4 Semiotic and CDA approaches
3.4.3 Textual Analysis (TA), Discourse Analysis (DA), and Critical Discourse
La prueba está en que el mundo tiene también el suyo.
Roque Dalton1.
Os entrego todo lo que hice y todo lo que no hice.
André Breton2.
El 2 de julio del año 2004 en el patio de La Casika, un centro social okupado de Móstoles, el barrio de la periferia obrera de Madrid en el que vivo, mi amigo y compañero de aventuras militantes José Iniesta compartía con algunos parroquianos los datos de una charla que Pedro Prieto había realizado en la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense unos meses antes. “Cuando sepa toda la verdad sobre el petróleo y el gas, su vida cambiará para siempre”. La frase de Jay Hanson, que abría la presentación, pronto dejó de parecernos un recurso retórico para ir conformándose la transcripción resumida de un extraño oráculo. Todas y cada una de las creencias más sólidas de la treintena de personas que conformábamos el público comenzaron a removerse. Y una tras otra, las transparencias que allí se mostraban iban configurando, de modo difícilmente rebatible, un futuro absolutamente contraintuitivo, que contrastaba con la ciudad y las costumbres que nos rodeaban. Y es que en pleno corazón de la euforia urbanista, en los años dorados de esa efímera Belle Époque que fue la burbuja inmobiliaria, hasta un barrio antaño humilde como Móstoles irradiaba despilfarro y optimismo prepotente, en cada rincón y en cada comportamiento. La abundancia cantaba a mil voces su monólogo triunfalista. Y aunque el 11S, la invasión de Irak y sobre todo el atentado en Atocha nos habían puesto tras la pista de que la historia no estaba detenida, sin duda en aquellos años, salvo para un puñado de jóvenes libertarios que nos empeñábamos en provocarla como frotando una cerilla ignífuga, la historia era algo que ocurría siempre en alguna otra parte.
1 Roque Dalton (1995): Antología, p.111.
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Si lo que allí se contaba era cierto, y la coherencia del argumento hablaba a favor de su veracidad, las previsiones del tiempo eran catastróficas. Y el esplendor del presente se parecía más un canto de cisne. Nuestra sociedad, como analizaba Blanqui para el caso de Roma, estaba preparando su sepulcro, embelleciéndose durante su agonía para morir. Aquella proliferación de megaproyectos, monumentos descabellados y centros comerciales, cada cual más gigantesco, más lujoso y más histriónico, se parecían más a los bubones de una suerte de peste negra civilizatoria que a síntomas de una prosperidad sin fin. Como ocurre siempre en estos casos, y he tenido numerosas oportunidades de experimentarlo desde el lado del mensajero que cuenta por primera vez a un público lo que es el pico del petróleo, la resistencia psicológica e ideológica ante esta noticia indigerible fue tenaz. Incluso entre aquellos que habíamos hecho de la destrucción del orden social existente nuestro voto sagrado de juventud. No obstante, y aunque se pudiera discutir y matizar fechas, números o detalles, la comprensión de la excepcionalidad histórica de la era de los combustibles fósiles cayó sobre nosotros como una losa, taponando múltiples horizontes de expectativas, por supuesto activistas, pero también vitales. Con todo y ello, la charla no terminaba con todos los puntos de fuga clausurados. Y entre la pesadumbre surgió un rayo de luz: Cuba. Cuba había pasado, en los años noventa, una experiencia que se asemejaba a un pico del petróleo. Y aunque el coste social había sido alto, lo había conseguido sin incurrir en un colapso traumático.
Cuando aquella tarde, a través de Pedro Prieto y con la mediación de mi amigo José Iniesta conocí las tesis de Campbell y Laherrère sobre el pico del petróleo sufrí una especie de flechazo invertido. Desde entonces la problemática de la energía en el siglo XXI me obsesiona y me turba. No me mueve en esto el principio de placer, sino el principio de responsabilidad. Mi inquietud es una inquietud desasosegada, profundamente práctica, a un mismo tiempo general y personal, objetiva y subjetiva. Como dicen los Amigos de Ludd, “la edad del agotamiento del petróleo podría ser tan despótica y vacía de horizontes, o más, de lo que pudo serlo la edad de su abundancia” (2006:152). Pero he de decir que se sobrelleva bien porque se trata de una inquietud que no es solitaria: la vivo de forma compartida, con amigos y amigas involucrados en intentar responder ante este desafío de forma activa. Este es el espíritu que impulsa al
Instituto de Transición Rompe el Círculo, el colectivo del que formo parte, y que trabaja desde
hace años, a nivel local, por construir alternativas de vida poscapitalistas que sean también adaptativas a las nuevas circunstancias que imponen el pico del petróleo y la crisis civilizatoria3. Y durante toda nuestra trayectoria, desde mediados de la década de
2000, hemos trabajado considerando, como lo han hecho otros movimientos ecologistas o decrecentistas, que Cuba se tenía bien ganada su fama de país de referencia en materia de sostenibilidad. Por tanto el limo del que emergió mi interés por la Cuba postsoviética es el de un proyecto comunitario que, entre otras cosas, estaba (y está) profundamente interesando en las implicaciones sociales del pico del petróleo y el desarrollo de alternativas para enfrentarlo.
3 También, en otro orden de tareas, comparto esta inquietud con el Grupo de Investigación Transdisciplinar
sobre Transiciones Socioecológicas, GinTRANS2, equipo investigador al que me he incorporado mucho más
recientemente y con un enfoque más académico, aunque sin por ello dar la espalda al compromiso con la transformación social. Sin duda, esta tesis se inscribe dentro de sus líneas colectivas de trabajo.
45 Ocho años más tarde, el 4 de marzo de 2012, en el marco de unas jornadas de varios días de duración (Móstoles sin petróleo) y en el mismo centro social okupado, yo mismo daba una charla sobre la experiencia cubana, que ponía en común los primeros atisbos de una investigación doctoral que comenzaba a dar sus primeros pasos. En este caso, cuatro años de crisis económica salvaje allanaban el terreno para la aceptación de un discurso rupturista respecto a los patrones sistémicos heredados. En aquella charla una mujer, activista del movimiento decrecentista, que había venido desde Gasteiz me preguntó, “todo el mundo dice que tendremos que hacerlo cómo lo hicieron los cubanos. Y yo me pregunto, ¿cómo lo hicieron realmente los cubanos?”. El adverbio “realmente” estuvo intencionalmente resaltado en su intervención. Le contesté posponiendo la respuesta, pues dos semanas más tarde salía mi vuelo con destino a La Habana, inicio de mi primer viaje de investigación a la isla. Al igual que ella yo tenía por entonces ya algunas sospechas respecto al relato militante sobre el caso cubano, sospechas que ya había plasmado en mi Trabajo Final de Máster y que además mis primeros contactos con Humberto Ríos me habían confirmado. De ese viaje esperaba una toma de contacto con la realidad de la isla que me permitiera conocer, con cierta profundidad, que pasó en Cuba en los años noventa. Quince días más tarde, mientras despegaba el vuelo de Cubana de Aviación del aeropuerto de Barajas, sentí que no llevaba conmigo solo una agenda de investigación personal, sino que era una suerte de embajador de una curiosidad colectiva. Hoy el curso de un proyecto como el Instituto de
Transición Rompe el Círculo está indudablemente influenciado por los resultados de esta
tesis. No es imposible que otros proyectos afines puedan obtener de ella algún tipo de inspiración.
Y es que en este caso ciencia y compromiso activista se coordinan íntimamente, pero sin llegar a confundirse. Asumiendo una perspectiva de la antropología como disciplina implicada en enfrentar los problemas sociales del presente, y comprometido con dar a este papel un sentido emancipador4, el objetivo más importante de esta investigación es
contribuir al cambio social en pos de una transición sistémica ante el desafío de la sostenibilidad, que tiene en el pico del petróleo su señal de alarma más nítida. Dicho esto, quiero remarcar que en la medida de mis posibilidades he intentado que mis presunciones de partida y mis posicionamientos no convirtieran la investigación en un rodeo para corroborar un punto de partida axiomático. Lo que las causas sociales necesitan de una investigación es ese tipo de rigurosidad insobornable que el activismo, en su frenesí, no se puede permitir. Por ello he perseguido el sorprenderme y, a la vez, he hecho de la búsqueda del desengaño casi un método. Si he logrado firmar un buen convenio de coexistencia entre pasión y distancia es algo que dejo al juicio del lector. Mis intenciones han aspirado a construir y poner en común, desde el estudio más serio de la experiencia cubana del que he sido capaz, un conocimiento que sea útil tanto para la
4 Entiendo por emancipación social el gran proyecto ético y político, de bordes difusos y múltiples vías de
ensayo, que se ha ido configurando en paralelo al despliegue histórico de la Modernidad como un intento de superación de sus principales contradicciones, que pueden agruparse en tres universos de tensiones socialmente inducidas: la desigualdad social en todas sus formas (incluyendo diferentes formas de dominación, como la económica- explotación- o la dominación sexual- patriarcado-); la alienación (o dominación de los sujetos por estructuras autonomizadas); la destrucción de la biosfera y con ella las bases naturales que sustentan la vida humana.
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implementación de las políticas públicas como para las fuerzas sociales que presionarán dando a la futura transición de nuestras sociedades su perfil definitivo. Aunque extrapolar del caso cubano implica una traducción contextual que no podrá ser nunca simultánea, espero que el resultado final pueda tener repercusión tanto en Cuba como en mi contexto social de origen.
Pero el guion para lograr este objetivo ha sido roto más de una y más de dos veces. Cualquier proceso humano es un proceso vivo, que aprende y se modifica a medida que se desarrolla. Una tesis doctoral no es una excepción. Esta investigación ha conocido, en paralelo a su desenvolver, algunos giros que me han hecho redireccionar el planteamiento general. Lo que comenzó, en el plano antropológico, como una incursión en la sostenibilidad del sistema de producción de arroz cubano me ha llevado a leer los
Grundrisse de Marx, o algunos de los estudios clásicos sobre la autogestión yugoslava, sin por ello dejar de enfrentarse a la misma pregunta. Más allá de cierto vicio hegeliano, en el que
sin duda habré incurrido por defecto de talante intelectual, y del que no me siento orgulloso, pues creo que Carlos Fernández Liria apunta a algo muy cierto cuando afirma que toda ignorancia es hegeliana, quiero pensar que este tipo de ampliaciones del marco son parte fundamental del aprendizaje que una tesis en antropología social debe conllevar. Dejo en evidencia, en un ejercicio de reconstrucción arqueológica del proceso investigador, los dos giros más importantes que esta tesis ha conocido.
El primero es el paso de una tesis analítica convencional, con un objeto de estudio muy concreto y bien delimitado en el marco de un interés por la producción de nuevos datos científicos, a una tesis de síntesis, de planteamiento generalista, preocupada por alcanzar una comprensión compleja e integral de un proceso de amplio espectro. Como he comentado de pasada, mi idea inicial era estudiar las dimensiones socioculturales de la reconversión agroecológica cubana desde una aproximación muy detallada a un cultivo, el arroz, en toda su cadena social, de la semilla a la boca. Sin embargo, y por suerte, me tomé mi primera estancia en Cuba como un viaje corto, de seis semanas, que básicamente fue de exploración y toma de contacto. “Para saber cómo ronca Cheo, primero tienes que dormir con Cheo”, me aconsejó Humberto Ríos en nuestra primera entrevista en Madrid, cuando yo solo era otro joven ecologista deslumbrado por las crónicas que describían los logros de la Cuba Verde.
El consejo fue determinante: tras mi primera visita comprendí que el arroz no bastaba para entender la revolución agroecológica. Pero más importante, me di cuenta que la revolución agroecológica no bastaba para entender la Cuba de los años noventa como experiencia pionera de adaptación a un shock petrolífero. Porque las misiones científicas internacionales habían idealizado en parte la reconversión agroecológica. Y sobre todo, porque esta se dio inserta en una serie de cambios socioeconómicos fundamentales, de apertura a lógicas de mercado, que no se pueden dejar de analizar si aspiramos a una comprensión real de la viabilidad cubana.
El segundo giro fue la ampliación del foco de interés de la tesis, que pasó a incluir no solo la sostenibilidad, sino también el socialismo. Durante mi segunda estancia, cada avance en el trabajo de campo me llevaba a tropezar con la misma piedra, que era algo
47 muy obvio, que estaba ahí mismo reclamando mi atención, y que no había considerado en mi esquema previo: Cuba, además de ser un hipotético ejemplo de transición a una sociedad más sostenible, es, y con mucha más razón, un ejemplo histórico importantísimo de transición socialista mediante una revolución social5. Además, tanto
los avances como los retrocesos que Cuba había vivido en materia de sostenibilidad exigían prestar mucha atención al peso específico del proyecto socialista como hecho diferencial del caso cubano.
Aunque la sostenibilidad no ha dejado de ser el centro de gravedad de mi trabajo antropológico, he descubierto que, sirviéndome de una metáfora astronómica, realmente estaba estudiando un sistema estelar doble: sostenibilidad y socialismo se retroalimentan, se limitan y se condicionan de un modo tal que, para sacar algo en claro de la sostenibilidad cubana tenía que pasar por comprender, aún con menor nivel de sofisticación, también el proyecto socialista y sus derivas. Sobre todo más allá de los tópicos y las prenociones ideológicas. Lo que ha terminado revelándose una virtud: además de sacar alguna conclusión sobre las transiciones sistémicas hacia la sostenibilidad, he podido extraer también conclusiones modestas sobre las transiciones sistémicas poscapitalistas. Teniendo en cuenta que me posiciono entre aquellos que entienden que sostenibilidad y poscapitalismo son realidades necesariamente convergentes, esta investigación ha ampliado su radio de alcance, víctima involuntaria de esa máxima que dice que Cuba, durante el siglo XX, ha sido algo más grande que ella misma.
Por tanto, el propósito general de esta tesis ha sido arrojar luz sobre la transición sistémica que está sucediendo en Cuba tras la caída de la URSS, en dos ámbitos interrelacionados aunque independientes, que son la sostenibilidad y el socialismo, dialogando científicamente con aquellos autores que han ayudado a construir la imagen de la adaptación cubana exitosa al pico del petróleo (que he llamado la “hipótesis de la
Cuba Verde”), y con el empeño activista puesto en contribuir a la organización de
respuestas emancipadoras ante el declive energético.
Paso a perfilar este objetivo general en sus objetivos de investigación más específicos, que son los que han fijado mi atención antropológica de modo más concreto, con una relación breve de sus resultados. A grandes rasgos, aunque no con precisión, cada uno de estos objetivos-resultados compete a un capítulo de la tesis:
Trazar una panorámica de la historia metabólica de Cuba para comprender los aspectos de onda larga que condicionan la transición sistémica del país. Esto se ha hecho (i) apoyándome en alguno de los clásicos de la historiografía cubana; (ii) con la guía de historiadores y científicos sociales cubanos del presente, que están haciendo una labor fantástica en la primera línea del esclarecimiento de la realidad social de la Cuba contemporánea; (iii) aplicando un utillaje teórico (la crítica del valor, las ideas de Mumford) que es relativamente inusual para el caso cubano.
5 Recuerda Ernst Bloch (2004) que por cada 1000 guerras solo hay 10 revoluciones, y que por tanto hay
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Aproximarse al crack de los años noventa, tanto desde una perspectiva etnográfica centrada en la vida cotidiana como en el análisis de las transformaciones estructurales que tuvieron lugar. Esta tarea ha dado lugar a una descripción etnográfica detallada del Período especial vivido primera persona, desde las experiencias de algunos de sus protagonistas, así como a una evaluación explicativa de esa excepcionalidad cubana que es la viabilidad de su régimen político en un contexto histórico muy desfavorable.
Mapear y sistematizar las experiencias agroecológicas más significativas del “reverdecimiento de la Revolución”, evaluando su impacto, calibrando las lógicas socioculturales que las han sustentado, y haciendo una prospección de su proyección futura. Este mapeo se ha centrado en la reconversión agroecológica, la agricultura urbana y los procesos de implantación de metodologías científicas participativas. Además de una inmersión en profundidad en la literatura existente, se ha contado con el testimonio de algunos de los sujetos protagonistas y ciertas situaciones de interacción social sobre las que aplicar la observación participante muy enriquecedoras. En cuanto a la proyección futura, está se ha pensado al calor de la relación de este proceso tanto con el Estado cubano como con las lógicas sistémicas subyacentes que marcan la vida social en Cuba.
Obtener indicadores cuantitativos y cualitativos que permitan mesurar la sostenibilidad del sistema sociometabólico cubano en su dimensión ecológica. Para ello se ha operado con: (i) un análisis de la sostenibilidad alimentaria del país, que ha combinado distintas aproximaciones en serie histórica (cobertura nutricional, dependencia de importaciones, retornos energéticos comparados); (ii) una evaluación de la sostenibilidad de las dinámicas migratorias ciudad- campo; (iii) un estudio de la evolución de la matriz energética; (iv) una pequeña indagación en los requerimientos (parciales) de materiales del metabolismo social.
Desde la evolución de la cuestión campesina, estudiar las formas de organización social de la agricultura cubana, su conexión con la agroecología y sus implicaciones para la sostenibilidad. En este sentido se ha repasado el encaje históricamente problemático del campesinado en el proyecto revolucionario, incluyendo testimonios de guajiros, y como su no resolución satisfactoria, a través de las reformas emprendidas en los años noventa, ha condicionado y todavía condiciona la posibilidad de alcanzar la sostenibilidad alimentaria.
Comprender los éxitos y los fracasos de la sostenibilidad cubana en relación con los éxitos y los fracasos de la transición socialista como experimento histórico de superación del capitalismo. Partiendo de las reformas raulistas de 2008, se ha estudiado la deriva del socialismo cubano hacia un socialismo de
49 mercado, buscando explicar las razones profundas de este movimiento y los impactos que esto puede tener en materia de sostenibilidad. Posteriormente, se ha puesto en el centro de las preguntas las posibilidades y los límites de un marco político como el cubano para la transición socialista, lo que ha conducida a una reflexión, todavía altamente especulativa, sobre el sentido de las revoluciones en el discurrir de la Modernidad.
Analizar, en clave de sostenibilidad, las construcciones discursivas, los