Chapter 2 Maize and agricultural change in Malawi
2.1 Maize in Malawi: The past and the present
2.1.3 The Agricultural Inputs Subsidy Programme
Lanzarse en busca de tesoros enterrados no es una fantasía reservada a las novelas de piratas, sino una realidad en México, país donde más de 250 personas compran cada año equipo para detectar fortunas enterradas, sin que exista un registro de cuántos más alquilan localizadores movidos por el anhelo de encontrar piezas valiosas.
Esta actividad, aun que no es ilícita, sí se realiza de manera secreta, ya que sólo unos cuantos de estos aventureros dan aviso de sus hallazgos por temor a que la Secretaría de Hacienda o el Instituto Nacional de Antropología e Historia confisquen las pie zas u objetos encontrados, aseguran los integrantes
de la familia Contreras, propietaria de la empresa Detectores, S.A., el único negocio del país especiali zado en fabricar, rentar y vender instrumentos para buscar tesoros
Este cofre fue encon trado en 1967, en Michoacán, lleno de mone das de oro/Reforma.
“La mayoría de las personas piensa que, si le avisan al Gobierno, se que dará con el tesoro y prefieren no informarle", señala Hilda Contreras, quien junto con su madre y hermanas administra el ne gocio fundado en 1953 por su padre Vicente. "Existe sobre todo mucho desco nocimiento de la ley, porque el Código Civil --en su Capítulo Tercero-- prote ge a quien encuentra un tesoro".
De acuerdo con los apartados comprendidos en los artículos 875 a 885 del Código Civil, un tesoro pertenece a quien lo des cubre si éste se localiza dentro de su propiedad. Precisa además que, si el hallazgo fue realizado en una propiedad ajena, el dueño del predio tendrá derecho al 50 por ciento de la riqueza encontrada, y se agrega que, si los bienes localizados resultaran "in teresantes para las ciencias o para las artes, se aplicará a la nación por su justo precio", lo que asegura una indemnización para quien lo localizó.
Actividad exótica y envuelta en un halo épico, la búsqueda de tesoros se convirtió en el "modus vi vendi" de Vicente Contreras Vázquez --funda dor de Detectores, S.A.-- cuando en 1947 encontró
en Cuitzeo, Michoacán, un cofre con 85 mil pesos en monedas de oro y plata, que sería el primero de sie te tesoros descubiertos en la misma periferia.
"Todo empezó porque fuimos a Michoacán y un hermano mío dijo que lo espantaban y le decían que fuera a buscar un tesoro a una iglesia", narra Adela Alcántara de Contreras. "Entonces, mi esposo se quedó muy interesado y compró en México un apa rato para localizar minas de guerra. Al principio no encontró nada a pesar de haber tirado bardas, esca leras y romper pisos, pero de pronto descubrió el pri mero --un cofre con monedas por un valor de 85 mil pesos-- y se dio cuenta de que había esta do manejando mal el aparato, así que volvió so bre sus pasos y encontró
rápidamente siete tesoros".
Localizada en la calle Tabasco 152, Colonia Roma, donde se distingue por exhibir en su aparador un cofre español de casi cinco siglos de antigüedad con monedas de plata y una colección de pistolas y espadas antiguas, la em presa Detectores está integrada actualmente por un personal de 30 ingenie ros, mecánicos y abogados que dan asesoría jurídica a los buscadores de dinero y joyas enterradas.
"Uno de los casos más interesantes al que hemos prestado asesoría legal fue el del pescador veracruzano Raúl Hurtado Hernández", narra Adela Contreras, actual gerente de la empresa. "A esta per sona se le detuvo al principio porque sospecha ron que su enriquecimiento
súbito era producto del robo a una joyería, pero cuando narró que había en contrado un cofre con joyas mi padre contrató abogados para demostrar que se le debía liberar e in
demnizar por la
localización del tesoro. Este hecho permitió sentar jurisprudencia para futuros casos".
De acuerdo con las propietarias de Detectores, el entusiasmo de los bus cadores de tesoros no ha disminuido con el paso del tiempo, ya que en prome dio venden cada año 250 detectores electrónicos. "Como en todos los nego cios, hay días que no tenemos ni un cliente y hay días en que llegamos a alcanzar entre ocho y diez ventas y alquileres. Curio samente, cuando más trabajo tenemos es en fi nes de semana y
vacaciones, fechas en que la gente tiene más tiempo para buscar".
Después de señalar que los estados con mayor número de hallazgos son aquellos en los que se en cuentran centros mineros o por los que cruzan caminos reales, Alcántara de Con treras comenta con ironía que, cuando una persona encuentra un tesoro, gene ralmente ya no quiere que nadie más se entere y, en el mejor de los casos, sólo les envían algún regalo, con los que han formado su colección de monedas, pistolas, espadas y cofres.
"Es tan hermoso en contrar un tesoro que a uno ya no le importa el di nero que se obtenga, sino la emoción de sacarlo. Existen todavía tesoros y hay que encontrarlos. Si las personas manejan el detector de acuerdo a lo
que señala el instructivo, no hay razón para que no
lo hallen", concluye la viu da de Vicente Contreras.