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The Impossible Differential Attack

2.4 Differential Cryptanalysis

3.1.4 The Impossible Differential Attack

C.C. Scott

La joven pareja está de pie en la parte frontal de la iglesia, el

brazo de él rodea con ternura la cintura de ella. Antes de que lleguen familiares y amigos, encienden cinco velas blancas. Se dan un beso que produce un nudo en las gargantas de los espectadores.

Esta podría ser la boda de Cliff y Regina Ellis, quienes muestran así, sin lugar a dudas, su compromiso.

Pero no, se trata de un servicio en memoria de su hija de cinco años, Alexandra, quien durante dos años luchó contra el cáncer.

El día antes de morir, sus padres la ayudaron a irse de este mundo igual que le dieron la bienvenida, se introdujeron en la tina de baño y la abrazaron en la seguridad de la cálida tina.

Le hablaron de delfines, como aquellos con los que nadó en Hawai semanas antes. La acostaron en su cama matrimonial en una tranquila recámara en la planta alta, encendieron velas, tocaron música suave, le cantaron sus canciones favoritas en voz queda y la abrazaron. Ella se despidió de su gatito Simba, de su hermano de tres años, Zachary, y de cinco generaciones de familiares y amigos.

Cuando dejó de respirar, pasaron todavía algunas horas sentados ahí con ella, y luego la dejaron ir.

Con sólo treinta y uno y veintinueve años, respectivamente, Cliff y Regina son una joven pareja poco común. Fuerte, amorosa, con una sabiduría más allá de su edad. Mientras que la enfermedad terminal de un hijo tensiona a un matrimonio terriblemente, la larga lucha de Alex y su muerte cimentó el suyo mucho más.

Al reflexionar en la muerte de su hija y sus efectos, dos meses más tarde, comprendieron que su vínculo estaba forjado de compromiso: compromiso del uno hacia el otro y de ser los padres que Zach merece; compromiso con la fundación que han establecido para proporcionar información y apoyo a otros niños con cáncer; compromiso que les permitió seguir juntos durante este terrible año "patas arriba", en el que un momento los encontraba apreciando la puesta del sol, y el siguiente, preguntándose cómo podía ser la vida tan cruel.

Regina Rathburn y Cliff Ellis se conocieron en la secundaria a principios de los ochenta; ella estaba en primer año y él en el último. Primero salieron juntos ocasionalmente, luego formalizaron su relación cuando ella llegó al último año. Parecían ser almas gemelas que se entendían entre sí como con nadie más. Cliff era "divertido, sensible, cálido"; Regina era "hermosa y con una personalidad en verdad fuerte".

Cuando se casaron en 1988, su deseo fue tener varios hijos, una familia del tipo que conocía Regina, donde las personas comentan las cosas, se ríen y lloran juntas. "Siempre fui realista", acepta Regina. "Yo sabía que el matrimonio requiere mucho trabajo. Nunca esperé que sería dulzura y encanto. Si íbamos a madurar y a cambiar, teníamos que hacer un esfuerzo".

Alexandra nació al poco tiempo, una bebé perfecta que empezó a tener problemas respiratorios después del nacimiento. Cuando por fin llegó a casa, se introdujeron en una tina de agua caliente con su hija, segura en las manos del destino. Tres años después, Zach se les unió. Sus sueños se iban haciendo realidad, contando con todo el tiempo del mundo para sus hijos ya que administraban su propio negocio.

Luego se le diagnosticó a'Alex cáncer en la columna vertebral. Durante dos años y medio dieron la gran batalla, en la que no faltó la quimioterapia. Cliff se rapó para usar el mismo "corte quimio" de su hija calva.

Luego, en el invierno, regresó el cáncer. Alex se negó a un transplante de médula espinal, no más hospitales, suplicó. Quería ir a Hawai y nadar con un delfín. Y así lo hicieron.

Ninguno de los dos sabía cómo reaccionaría el otro cuando llegara el fin. ¿Serían las mismas personas? ¿Se podrían seguir amando después de tal pérdida? No obstante, mientras Alexandra yacía muriendo en la cama matrimonial de sus padres, los sorprendió con un regalo invaluable:

"Tomó mis manos y las de mi esposo", manifiesta la madre, "y las unió por arriba de su cuerpecito". Fue como si su último acto aquí en la tierra fuera crear un lazo inquebrantable entre ellos.

"En ese momento miré a Cliff y pensé, ¡Dios mío, qué hermoso es! Qué padre tan devoto ha sido. Vi en él un gran amor, una increíble entrega. Estábamos ahí con ella, un trabajo de equipo al

cien por ciento. Exaltamos nuestros corazones, a nuestra hija, nuestra relación, igual que lo hicimos cuando nació".

Los ojos de Cliff y Regina se entrelazan a través de su estancia al recordar esa noche inolvidable.

"Y yo miré a Regina", recuerda Cliff, "y no pude imaginar poderla amar más. Me sentí todavía más atraído hacia ella, fue algo increíble".

Dos meses más tarde continúan firmes. Esto es lo que los mantiene juntos: sabiendo que el dolor es un acto solitario, se dan espacio el uno al otro.

Comprenden que el matrimonio, en especial el que está bajo tensión, tiene sus altas y sus bajas; algunos días son sencillamente días bajos, pero no son una razón para alejarse.

Están de acuerdo en que los hijos son su trabajo número uno, y su primer motivo de alegría. "Posterguen lo que sea pero dense tiempo para sus hijos", conminan a otros padres.

Al saber que la vida es corta y que es para disfrutarse, un conocimiento que adquirieron con dolor y que es poco común en personas tan jóvenes, pasan su limitado tiempo libre sólo con personas o en actividades que disfrutan y consideran útiles.

Saben que el tiempo cambia a las personas, y se estimulan el uno al otro a seguir madurando.

Reconocen que hasta en los momentos más sombríos hay maravillas por descubrir.

"Yo pensé que la muerte de Alex nos devastaría, que perderla sería perderme", admite Regina. "Ya no sabía quién era yo, pero Cliff me dijo algo que considero es la verdad más profunda de nuestro matrimonio: seamos quienes seamos, siempre estaremos juntos".

7

LA FLAMA QUE

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