CHAPTER 2. LITERATURE REVIEW
2.1 The Need for Engineering Teaming Skills Development
Podemos reconocer una primera etapa a la que caracterizaremos como “período embrionario”. Éste se ubica a partir de 1999 con el mito fundacional del puñado de personas que comenzaron con la primera copa de leche. Muchos de los referentes actuales se auto-legitiman reconociéndose presentes cuando “no eran más que diez o quince” quienes participaban de los primeros pasos de la labor territorial.
Entre este período y los primeros años del 2000, con la relativa estabilidad institucional provincial –solo basándonos en la permanencia durante la totalidad del mandato del gobernador Eduardo Fellner–, la Tupac se convierte poco a poco en interlocutor destacado entre las organizaciones de desocupados de la provincia, en gran medida debido al eclipsamiento del rol que había ocupado la Corriente Clasista y Combativa (CCC) hasta ese momento como conductora de las protestas locales.
Un segundo período reconocible se puede establecer a partir de fines de 2003 cuando se le asigna a la organización la primera partida presupuestaria por parte del gobierno nacional para
48 la construcción de viviendas en el marco del Programa de Emergencia Habitacional. La asignación más formal de recursos por parte del Estado nacional y la organicidad que implicó la constitución de cooperativas de construcción le dan un aplomo que comienza a consolidar a la Tupac como una de las dos organizaciones de mayor porte en la provincia.
Este “período de crecimiento exponencial” es clave, sobre todo a partir de la escalada de la obra construida por la organización, ya no solo a nivel local capitalino, sino a nivel provincial. El período que se extiende a partir de 2003 implica el inicio de la etapa de crecimiento más pronunciado de la organización, el cual, en un arco que comprende los quince años de la Tupac, marca un ascenso exponencial en el número de militantes y afiliados34. Es también la etapa en la que las manifestaciones sociales derivan en apuestas masivas de relevancia en el ámbito central de la ciudad de San Salvador de Jujuy, en la retícula céntrica patrimonializada, en edificios públicos y en los puentes, arterias de comunicación de la ciudad en su conjunto. Toda esta progresión (de masividad, acrecentamiento de la administración de recursos del Estado, de injerencia destacada en la cuestión sindical, de avance edilicio y de presencia pública en general) hace destacar al movimiento como figura de trascendencia incomparable en la provincia hasta 2008, cuando podríamos advertir un nuevo momento de la organización.
Como parte de la caracterización del tercer período, cabe destacar la relevancia política que adquiere también a nivel nacional e internacional en el plano de reunión y organización sindical, comunitaria y territorial, cuando Jujuy es sede de la Constituyente social durante octubre del
34 Este crecimiento también se encuentra asentado en el vínculo articulado con otras 27 organizaciones sociales en la provincia a través de la participación y rol de liderazgo en la Red de Organizaciones Sociales de Jujuy.
49 mismo año, mostrando su capacidad organizativa y de despliegue al hacer de anfitriona de la masiva convocatoria. Para este momento la Tupac ya sostiene el peso de interlocutor local de suma importancia frente a la política tradicional, voz mayúscula entre las organizaciones sociales de la región, inclinador de la balanza de la Central de Trabajadores Argentinos a nivel federal (aportando más de 70 mil afiliados a la CTA)35, intermediador fundamental de los recursos disponibles por medio de distintos programas de política pública nacional y actor de roce internacional con movimientos políticos afines en toda Latinoamérica.
Pero el inicio del siguiente período implica un acontecimiento de otro tipo, resultado de un proceso intrínseco a la constitución identitaria y posicional de la organización en su conjunto y que supone una situación de discusión permanente hasta la actualidad por parte de cada unx de los integrantes de la organización entrevistadxs. Este acontecimiento es el escrache36 que recibe en el Concejo de Ciencias Económicas de la capital jujeña el senador nacional por la provincia Gerardo Morales, figura clave de la política local y del radicalismo a nivel federal y opositor acérrimo de los gobiernos kirchneristas. A raíz de este suceso, el dirigente radical acusa el involucramiento de organizaciones que ‘responden’ a Milagro Sala y la denuncia penalmente por amenazas y agresiones. Esto genera la viralización de la noticia hasta el conjunto del plano nacional, haciendo de este hecho la primera escena noticiable de gran escala en torno de la líder de la organización, y del accionar del movimiento en su conjunto. Además de la denuncia penal,
35 Esta tendencia se sostiene hasta septiembre de 2010, cuando la Tupac decide abandonar su afiliación a la Central, luego de un conflicto de apoyos en las elecciones internas llevadas adelante entre los candidatos Hugo Yasky y Pablo Micheli.
36 “Morales denunció a la dirigente kirchnerista Milagro Sala por el escrache”. Disponible en http://www.perfil.com/politica/Morales-denuncio-a-la-dirigente-kirchnerista-Milagro-Sala-por-el- escrache-20091019-0015.html visto por última vez el 9/4/15.
50 se vincula por medio de declaraciones mediáticas televisivas, radiales y gráficas –de distintos personajes del ámbito político nacional– a la organización con la malversación de fondos, la tenencia y uso de armas de fuego por parte de lxs militantes, además de una “colombianización” de la política a causa de las organizaciones sociales kirchneristas37. En la conjugación de fenómenos que acontecen en torno de la Tupac podemos considerar a este corte histórico como “período de obturación de demandas, intereses y visibilidad de los sectores populares”.
El último período supone tres frentes basados en acontecimientos de gran magnitud para la organización y de un peso de repercusión sumamente relevante en las percepciones dominantes en la población jujeña y nacional acerca de la Tupac. Los reunimos en tanto acontecen a partir de 2011, pero se sostienen como parte de las características que confluyen en los procesos más actuales de la organización. A este período lo caracterizaremos como “período de desgaste y recomposición”.
El primero de ellos tiene que ver con la situación de la toma de tierras del ingenio Ledesma por parte de habitantes del pueblo de Libertador General San Martín durante julio de 2011. La violenta represión policial en el intento de desalojo acarreó la muerte de cuatro personas y más de 60 heridos. El paradigmático pueblo, símbolo de la lucha piquetera y de desocupados durante los ‘90, fue escenario del punto de partida de un período estrepitoso a nivel provincial en el que las tomas se replicaron en distintas ciudades. El involucramiento de distintas organizaciones
37 Tanto Morales como Elisa Carrió encabezan por esas semanas una seguidilla mediática iniciada en el programa ‘A dos voces’ de la señal de cable TN, en la que denuncian dicha escalada de los vínculos políticos con el delito en manos de las organizaciones sociales kirchneristas, que puntualizan como ‘colombianización’. “Carrió: ‘Algo prepara Kirchner para diciembre’” Disponible en http://www.perfil.com/politica/Carrio-Algo-prepara-Kirchner-para-diciembre-20091021-0045.html visto por última vez el 9/4/15.
51 sociales, entre ellas la Tupac, no sólo en la organización de la acción colectiva para secundar las tomas, sino también en las posteriores negociaciones con el gobierno provincial y el sector empresarial, es el puntapié que reconocen en la conducción de la organización como definitorio a la hora de resolver involucrarse en la política tradicional partidaria38.
Así, a este nuevo período de cesión de terrenos y construcción acelerada de vivienda también se le suma, como otro de los hechos de referencia, el planeamiento de la conformación partidaria de la Tupac Amaru en lo que será ya para la campaña de las elecciones legislativas de 2013 el Partido por la Soberanía Popular alineado dentro del Frente Unidos y Organizados por la Soberanía Popular (FUyO). En un récord histórico de afiliaciones en la provincia, el partido se presentó ante la Justicia Federal Electoral, llevando en un camión las fichas de más de 73 mil afiliadxs en un par de semanas39.
La creación de la figura del partido, más la asunción de tres diputadxs provinciales y una serie de concejales en distintas localidades de la provincia durante el mismo año, trae aparejado un complejo proceso de redefinición por el cual se desdibujan institucionalmente las acciones que corresponden a la organización barrial y las que conciernen al partido político.
Entre ambos momentos ocurre un último evento a señalar, hecho que perdura hasta la actualidad en el imaginario nacional acerca del accionar de la Tupac Amaru y de Milagro Sala.
38 Dichas afirmaciones surgen en las entrevistas realizadas a Milagro Sala, Germán Noro y Raúl Noro durante el período eleccionario legislativo en 2013. Más allá de lo relatado en entrevistas, es evidente el peso de la convocatoria previamente expuesta hacia Unidos y Organizados para la participación en estos ámbitos formales a partir del año 2012.
39 “Unidos y afiliados: el Partido Político ‘Soberanía popular’ presentó 73 mil adhesiones ante la justicia federal” (disponible en: http://www.lavozdejujuy.com.ar/component/content/article/24538-unidos-y- afiliados-el-partido-politico-qsoberania-popularq-presento-73-mil-adhesiones-ante-la-justicia-federal visto por última vez el 19/5/15).
52 En agosto de 2012, la visita del equipo del programa ‘Periodismo para todos’ de Jorge Lanata al barrio de la organización en Alto Comedero y el conflicto generado entre lxs productores de ese programa y algunxs de los encargados generales del barrio generó repercusiones a nivel nacional. Frente a este episodio reflotaron fuertemente discursos acerca del accionar violento de lxs militantes y de la organización y se generaron nuevamente debates acerca de los recursos económicos, la productividad material, las lógicas de afiliación de lxs militantes y los procedimientos colectivos en el ámbito jujeño.
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3. ESPACIO SOCIAL Y ESPACIOS DE CIUDAD
3. 1. Cohabitar. Espacios y ciudades
En el presente apartado adoptamos como punto de partida la necesaria dimensión espacial en la teoría social. Hablamos aquí del carácter sociocultural que opera en la producción de los espacios, es decir, del cruce entre espacio y sociedad que deviene en lo que llamaremos espacio social40.
A partir de los planteos de Massey (2004, 1994) presentamos un argumento clave para la investigación que tiene que ver con el modo de concebirlo. Ello es que el espacio es producto de relaciones, constituido a través de interacciones, desde lo global a lo más íntimo y próximo; es la esfera que hace posible la existencia de la multiplicidad traducida contemporáneamente como pluralidad, y la esfera en la que coexisten distintas trayectorias, es decir, que existe la heterogeneidad; está siempre en construcción a partir de las relaciones; y es siempre político.
La condición de heterogeneidad del espacio no debe pasar desapercibida, dado que esto implica tener presente lo radical de la cohabitabilidad de la alteridad y la diferencia, como parte intrínseca de la constitución de cada espacio social.
Cualquiera sea su entidad simbólica, el espacio responde de igual manera a las lógicas y
40 Si bien autores como Soja (2010) hablan de espacialidad para referir a este cruce, haciendo la distinción de aquello que reconoce como espacio, optaremos por la noción de espacio social, más cercana a los planteos de Lefebvre (1974) y Massey.
54 características aquí planteadas: es siempre producido, reconocido y reproducido; legitimado, disputado y resistido; con capacidad de incorporar elementos diferentes, intentar clasificarlos y ubicarlos e intentar dirimir roles para cada unx ‘presente’.
El planteo hasta aquí expuesto es de raíz materialista e intenta superar la dualidad espacio- tiempo como forma de análisis, o la preeminencia de uno por sobre otro. Se entiende que así como el tiempo es el posibilitador de la progresión y la transformación, el espacio cumple un rol igualmente fundamental en tanto posibilitador de la multiplicidad de elementos (Román Velásquez y García Vargas, 2008; Harvey, 2007).
Esta posición se presenta como no esencialista acerca de lo que corresponde a la espacialidad como vía de análisis. Entendemos que los espacios no se limitan a meros escenarios a priori neutrales, vías para comprender o superficies dentro de las que se contienen las relaciones sociales, sino que son en sí mismos un hecho social, una producción (Lefebvre, 1991) o un producto en constante proceso; los espacios son forma y dimensión de lo social (Román Velásquez y García Vargas, 2008), “parte integral de la producción de la sociedad” (Massey, 2005: 123). Es decir, que cada lugar que construimos analíticamente y que construyen lxs sujetxs involucradxs en el territorio de análisis no son vistos como escenarios en donde transcurre lo acontecido sino, en cambio, configuración producida por dichos acontecimientos y dichos vínculos y condicionante de lo que allí pasa. No se trata en este caso de posicionar la mirada en lo espacial, ni de hacer un remarcado énfasis en su carácter de producido, sino más bien en entender el modo en el que la sociedad al experimentar el vínculo produce geografías.
El espacio (social) no es una cosa entre las cosas, un producto cualquiera entre los productos: más bien envuelve a las cosas producidas y comprende sus relaciones en
55 su coexistencia y simultaneidad: en su orden y/o desorden (relativos). (Lefebvre,
1991: 129)
Atender a los sentidos, configuraciones y disputas que se articulan en torno a la construcción de esos espacios implica aproximarnos al modo en que un orden de relaciones sociales es cristalizado y visibilizado como normativo, mientras que otras posibles configuraciones son clausuradas al producirlas ubicadas como marginales o impropias en un marco de inteligibilidad que solo permite entenderlas de esa manera.
Esta materialización de lo espacial se construye a partir de las significaciones que hacen lxs actorxs y lo atraviesa afectándolxs tanto en sus modos de acción, como de apropiación. El espacio social depende de que sus participantes interpreten y signifiquen qué pasa a su alrededor. Por tanto, es percibido, valorado, caracterizado, conceptualizado y representado a partir de la experiencia vivida.
El abordaje problemático de los espacios devela distintas instancias por las cuales las prácticas, y los sentidos producidos en ellas van estructurando y materializando napas significantes que intervienen de manera fundamental en la intersección de relaciones que se reconocen como espacio.
Lxs sujetxs no sólo construyen actuando los espacios, sino que se construyen a sí mismos al actuarlos. Es decir, que en el juego de significar y reproducirlos, se posicionan y legitiman como actores -no del todo libres, no del todo determinadxs (García Vargas, 2010a).
Las trayectorias previas, la fórmula de percepción espacial previa con la que se incorporan a nuevos lugares, también implican complementar discursos hegemónicos y tradicionales de los
56 nuevos espacios experimentados a partir de esos términos de lectura. Los sentidos comunes acerca de las formas y dimensiones de los espacios condicionan de manera específica el modo en que se los experimenta. Sin embargo, la conflictividad y complejidad siempre presentes en las experiencias redefinirán a su vez el desarmado y rearmado de sus propias definiciones espaciales y territoriales.
De los espacios sociales contemplamos necesaria también la definición de los espacios de ciudad. Dice Park que la ciudad es la más consistente y más lograda tentativa de las personas por hacer del mundo en donde viven un lugar de acuerdo con sus deseos. Indirectamente, y sin ninguna idea clara de la naturaleza de su tarea, al hacer la ciudad, las personas se rehacen a sí mismxs (Park, 1967, cit. en Harvey, 2013).
La producción del espacio de ciudad no se da de manera lineal, ni de una vez para siempre; sino que la ciudad se entreteje en una constante disputa condicionada por las relaciones de poder, de producción y de consumo, y de visibilización de lxs actorxs atravesadas por los sentidos atribuidos a cada lugar.
Los sentidos de ciudad son “social e históricamente construidos” (García Vargas, 2010a: 18) de manera simultánea en varias escalas y están vinculados con un conjunto de relaciones de poder específicas. Estos sentidos se configuran a partir de la experiencia más cotidiana de proximidad, como a partir de sentidos más arraigados en la memoria colectiva y los imaginarios sociales que circulan y se sostienen sobre todo a través de mediatización de los discursos (Burgos y García Vargas, 2008), las representaciones cartográficas (García Vargas, 2003) y los
57 rituales (Gaona, 2014c)41.
La ciudad porta en sus formas las claves de los sentidos hegemónicos que la constituyen. La legitimación de lxs actorxs que producen las interpretaciones de ciudad42, los sentidos que delimitan posibilidades de acción, participación y apropiación entre los actores, y la espacialización que portan todas las experiencias humanas condicionan los usos y sentidos de ciudad en una jerarquización fragmentada que territorializa las relaciones dentro de ella. “Es así que el sentido de ciudad dominante se parece al sentido común y, como él, configura un horizonte de expectativas que es restringido” (García Vargas, 2010a: 22).
Es también restringido el acceso a condiciones de mejor calidad de vida reguladas en el cruce Estado-mercado: el acceso al transporte público, a bienes culturales gratuitos, a requisitos mínimos de habitabilidad proporcionados por el Estado (cloacas, electricidad, agua potable, gas, y la anhelada noción de la vivienda). Esta serie de elementos que se reportan fundamentales para la vida en la urbanidad, se ven la mayor parte de las veces velados frente a una agenda acerca de lo que se asume como clave en la habitabilidad urbana: la fluidez del tránsito, la noción actual de ‘seguridad’, las estéticas mercantilizadas, etc. Este tipo de experiencia de la ciudad responde a una ciudadanía patrimonialista y de consumo (Svampa, 2005) que predomina actualmente en las lógicas de comprensión urbana.
41 Las referencias bibliográficas señaladas en este párrafo corresponden específicamente a estudios realizados en San Salvador de Jujuy y hacen al mapa de interpretación de los procesos hegemónicos de constitución de la ciudad.
42 “Se parte del reconocimiento de que en la sociedad hay una lucha por la hegemonía, que pasa por la disputa entre campos (…), ‘dueños’ y administradores de un capital social objetivado en discursos, instituciones y prácticas que tiene como finalidad el impulso y la legitimación de ciertas concepciones del mundo”. (Reguillo, 2007: 4)
58 Las distancias, la segregación y las fronteras (aún las más próximas) no son partes fortuitas en el armado de una ciudad, sino que son parte del proyecto de constitución de las desigualdades sociales en lenguaje espacial. “El límite no es un hecho espacial con efectos sociológicos, sino un hecho sociológico con una forma espacial” (Simmel, 1986, cit. en Segura, 2009: 43). El aislamiento percibido por algunos sectores de la sociedad, o la efectiva materialización de la necesidad de distanciar a elementos indeseables (barreras, paredones, relocalizaciones forzadas43) condiciona la experiencia de ciudad de tal manera que en la ecuación los procesos de segregación se hacen simbólica, física, económica y culturalmente más y más difíciles para aquellxs relegadxs en el mapa.
El impulso de las ciudades modernas por los cuerpos móviles no es contradictorio con las trabas puestas a la circulación de todas las alteridades que no se correspondan con las expectativas y arquetipos planteados para cada espacio de ciudad. La ilusión de lo público y lo fluido se sostienen sobre todo a partir de la velada promesa de segmentación de lo heterogéneo, de la fragmentación en los ámbitos de circulación y de la negativa al contacto en la experiencia masiva que supone la ciudad. Los muros se generan en la percepción misma, mediante la clasificación inmediata sobre los cuerpos que circulan (Sennet, 1997).
Las condiciones materiales que cimientan estas barreras funcionan performativamente44,
43 Para el análisis de este tipo de casos, ver Carman 2011, 2006.
44 Territorializamos nuestras experiencias y a partir de este mecanismo, por el cual intentamos darle sentido de soporte material a nuestras intersecciones relacionales, es que definimos las proxemias y lejanías, las distancias y las cercanías. El territorio, en este sentido, es “de un orden más accesible” (Segato, 2007: