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B. CHOOSING VARIABLES FOR COLORING

3. The Purity Method

Mc. 04/21-25 Mt/05/15 Lc/08/16-18 La búsqueda del celemín...:

Yo no sabía lo que era un celemín.

Era el momento bueno para llenar una laguna.

Abro con confianza los comentarios más prestigiosos. Disquisiciones sutiles acerca de la homogeneidad o no de estos «dichos» con lo que precede o lo que sigue, además de entre sí. Se prolonga el documentar que en los otros evangelistas se encuentra sólo en parte en el mismo contexto y no siempre se usa en el mismo sentido.

Parece que el protagonista que hay que tener presente sea el famoso documento Q. Y el celemín permanece allí, nadie se preocupa de él.

Y. sin embargo, parece que a Jesús le interesó esta zarandaja. Recojo pocas informaciones acerca de él.

G. Nolli habla de él como de un objeto muy conocido, por lo que se limita a decir que tiene cuatro patas que sirven, no para andar, sino «para poderlo agarrar más fácilmente». Y, gracias a estas patas, seria fácil poner debajo de él la lámpara. Puede ser que sea una operación fácil, pero no ciertamente clara. Y es en verdad el colmo, tratándose de una lámpara. Así pues, patas que sirven para agarrar, y se agarra para escondernos algo. Pero... V. Taylor afirma que se trata de «una medida para sólidos que contiene dos galones». Pero como buen inglés «imperial» cree que todo el mundo va a ir a comprar la mercancía por galones.

Lagrange sostiene que ha encontrado el celemín en los papiros (la palabra, se entiende).

Sería un gran vaso destinado a contener el grano, pero que tendría también el uso de esconder la lámpara.

Algún otro traduce celemín por artesa.

Y, de rechazo, hay quien habla incluso de él como de un recipiente que sirve para «apagar» la lámpara. En este caso, no se ve por qué precisamente habría que usar nada menos que una artesa para apagar una llamita.

Aun teniendo en cuenta que, en las pobres casas palestinas, con una sola habitación, sin ventanas, el humo resultase bastante desagradable, no me parece que debieran darse tantos y tan complicados problemas.

asunto: «Medida romana de capacidad para áridos, en la que caben unos 8,75 litros. El

recipiente podría servir a los pobres como plato o como soporte para depositar los alimentos». Una escena familiar y un proverbio popular

Esclarecido el misterio, pasemos a examinar esta página.

Son dos pares de «dichos» (o dos pequeñas parábolas) distintos (v. 21-22 y 24-25) introducidos por la expresión «les decía», y cuyo segundo miembro se abre con la palabra «pues». El v. 23 hace de bisagra (pero constituye también la clave de todo, como veremos). Estamos ante una típica construcción de Mc. A mí me parece incluso lograda.

Aunque falta una ligazón directa con la parábola precedente, es innegable, sin embargo, que se insertan en el discurso acerca del misterio del reino, que se está desvelando progresivamente.

«Podremos resumir así el sentido de la palabra que Jesús dice: ciertamente el reino de Dios es algo escondido que no todos conocen. Pero quien tiene oídos para oír descubrirá que se trata de algo más que de cosas escondidas... «(G. Dehn).

Jesús, para ilustrar su pensamiento, se sirve de una escena familiar y de un proverbio

común («al que tenga se le dará...»), que él reelabora libremente adaptándolo a la «nueva situación». Bosqueja, en primer lugar, el cuadro familiar, y por la tarde «viene» la lámpara (1).

Jesús hace observar, con una pregunta irónica, que el vasito (ordinariamente de terracota), no «viene» para ser apagado inmediatamente bajo el celemín, ni para ser escondido bajo el lecho. Debe iluminar. Para eso se ha encendido, y entonces se le coloca sobre el candelero. Este es su puesto.

Y ahora, el reclamo aparece evidente. El ha venido para iluminar, no para oscurecer, ni mucho menos para cegar (2).

Algunos traducen el v. 22 así: «No hay nada que sea escondido sino es con la intención de que sea manifestado». O sea, puede existir una fase de oscuridad y de no total claridad (el hablar en parábolas un esconder temporalmente el misterio de su persona). Pero

«también cuando una cosa está escondida, el escondimiento es gracia de revelación» (V. Taylor). Bastará seguirlo hasta el fondo y la luz disipará, poco a poco, la oscuridad. Es una

promesa explícita hecha por Jesús. Como si quisiera asegurar: estad tranquilos, he venido para ser puesto sobre el candelero, no para confundir las cosas.

El versiculo-bisagra 23 («quien tenga oídos para oir que oiga») ofrece la clave para la comprensión de todo, además de ser paso hacia los dichos (o parábola) siguientes. Se trata de escuchar, con aquella escucha partícipe de la que ya hemos hablado más arriba.

Paradójicamente, aquí, se alterna el tema de la luz y el de la escucha. Algo así como: ¡ve el que escucha!

La insistencia siguiente no es casual: «atended a lo que escucháis» (v. 24). La luz llega al interior del hombre a través de los oídos...

Aparentemente lo que viene después introduce un tema nuevo. A mí me parece que no. Lo veo, más bien, en continuidad con todo lo que se ha dicho antes. Así pues: «con la medida con que midáis seréis medidos» (3).

Me resulta extraño que muy pocos comentaristas subrayen la palabra «medida», sobre todo en relación al «celemín» del principio. Y, sin embargo, -me parece- es precisamente este vocablo el que asegura el elemento continuidad del discurso de Jesús. O sea, vuelve a escena la medida que es el celemín y es devuelta a su uso normal, que es el de contener algo. No debe servir para apagar la lámpara, sino para acoger el mensaje de Cristo. No uséis el celemín para apagar, sino para recibir.

Se esclarece, entonces, el significado del «dicho»: la comprensión está en relación con la disponibilidad.

El provecho es proporcional a la atención. El conocimiento depende del deseo.

Dicho de otra manera: el don está subordinado a la capacidad del recipiente. «...Al que tenga se le dará». Me atrevería a decir que aquí no es sólo la medida

«rebosante», sino que se entiende una «capacidad mayor» para recibir, un oído más fino, una vista más penetrante, un espacio interior más dilatado.

O sea, no es simplemente el aumento cuantitativo de lo que se recibe una vez, sino el aumento de la misma «posibilidad» de recibir, el aumento de la «capacidad» del individuo. Al llegar a este punto Jesús remite a la sabiduría popular. Debían existir, en relación a la situación social, proverbios como éstos: «El rico se hace cada día más rico», «dinero llama dinero», «al rico todos le llevan regalos». Por el contrario, a quien no tiene nada, todos le quitan hasta el último centavo; o también, en temas de desgracias, para quien ya es miserable, «llueve sobre mojado».

Jesús transfiere esta «mentalidad» al plano que le es propio.

·Schnackenburg da en el clavo cuando comenta: «Quien ya tiene un tesoro de fe y de amor, de buena voluntad y de fuerza para la actuación de la vida cristiana, recibirá dones aún mayores escuchando la palabra de Dios como es debido. Quien, por el contrario, está privado de todo esto, verá incluso desaparecer la fe acogida por él sólo externamente y terminará por quedar del todo con las manos vacías. Es una palabra severa, que ilumina la seriedad de la situación en que se coloca quien quiera vivir de verdad como cristiano». Con otras palabras, importa la postura radical: una disponibilidad completa no puede menos de llevar al don total. Mientras que una disponibilidad parcial conduce inevitablemente a la pérdida total.

El "pasivo divino"

Es necesario subrayar, a estas alturas, el uso de los verbos en pasiva: «será dado», «será medido», «será quitado». Indican la acción divina.

Jesús se acomodó al uso hebreo, ligado a la exigencia de no pronunciar el nombre de Dios para evitar cualquier abuso.

J. Jeremías lo llama «el pasivo divino». Jesús hace de él un uso muy frecuente. Alrededor de cien veces (4). «Utiliza este pasivo, no sólo en enunciados estrictamente apocalípticos... sino que amplía su campo y lo aplica también a la acción de la gracia de Dios en el presente: Ya ahora perdona Dios, ya ahora revela el misterio del reino, ya ahora cumple él su promesa, ya ahora escucha él las oraciones, ya ahora concede el Espíritu, ya ahora envía mensajeros y los protege, mientras entrega al enviado. Todos estos pasivos divinos anuncian el presente del tiempo de la salvación, aunque lo hacen velándolo...».

PROVOCACIONES

1. El reino se hará realidad luminosa para mí con tal de que no me limite a «desflorarlo». La enseñanza de Jesús iluminará mi casa, a condición de no tomarla en pequeñas dosis.

2. Aquí, quizás, se comprende la bienaventuranza de los «limpios de corazón». Corazón limpio, o sea purificado por una larga, sufrida búsqueda de la luz.

3. Jesús es la lámpara, la luz que «viene». Pero esta luz sólo puede percibirse a través de otra luz, que no depende de mí, sino que Dios mismo me da.

En ti está la fuente de la vida, y en tu luz vemos la luz (Sal 35, 10).

«medida» para acoger el don de Dios. Esa "medida" he de conseguirla dentro de mí. Operación vaciamiento.

CONFRONTACIONES

El milagro de un hombre que me permite que le dé...

Mc, con la repetida llamada a «oír», subraya una vez más que las palabras de Jesús han de entenderse (no hay nada que Jesús desee más ardientemente), pero que esto

presupone el don de Dios y el milagro de un hombre que permita que le den... (E. Schweizer, o. c.). ¿Quién de nosotros es suficientemente niño?

Estas páginas se han difundido por todas partes, se pueden leer y escuchar todos los días y a todas las horas de la jornada. Tienen el aire de una claridad, de una simplicidad

infantil. Y lo son efectivamente. Pero ¿quién de nosotros es suficientemente niño para comprenderlas...?

Estos textos se ofrecen a todos, son una vela sobre el candelero y sin embargo, lo ven solamente quienes tienen ojos. Se pueden gargarizar y ventricular de todas las maneras posibles ante aquellos que no tienen oídos. Su verdad, como la verdad de todo lo que vive, se difunde por sí misma (Lanza del Vasto, Commentaire de l'évangile, Paris 1966). Como el dinero trae más dinero...

Parece como si Jesús dijera que en su reino pasa algo parecido al dinero: como el dinero trae más dinero, así el amor trae más amor. Y como al rico todos los negocios le salen bien, sobre todo porque es muy rico, así a quien tiene mucho amor, Dios le da todavía más amor; mientras que a quien es egoísta y explota a sus hermanos, Dios le quita incluso aquello poco de bueno que tenía en su corazón... Porque el egoísmo genera más egoísmo, como el amor genera más amor (E. Cardenal, El evangelio en Solentiname I, Salamanca 2.1975) (·PRONZATO-3/1.Págs. 208-213)

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1) Prefiero la traducción «acaso viene la lámpara» en vez de "acaso se trae la lámpara", porque es más fiel al texto: y también porque deja entrever mejor la aparición de Jesús sobre la tierra.

2) A diferencia de Mt. que aplica la imagen a los discípulos, los cuales deben ser "la luz del mundo" (5, 14), Mc

la refiere a la venida del reino en la persona de Jesús.

3) En los otros evangelistas, la "sentencia" se refiere a las relaciones con el prójimo: "no juzguéis para que no

seáis juzgados... con la medida que midáis se os medirá a vosotros·" (Mt 7, 1-2; cf. también Lc 6, 37-38). 4) El mismo autor hace notar que, teniendo presente este tipo de lenguaje, habría que traducir "bienaventurados

los que lloran porque hay alguien que los consolará" (en vez de «serán consolados») en Mt 5, 4. «Hay alguien que ha contado todos los cabellos de vuestra cabeza» (Mt 10.30). Y, en la escena del paralítico referida por Mc. se podría traducir: "Hijo mío, hay alguien que te perdona tus pecados" (2, 5). Cf. J. Jeremías. Teología del nuevo testamento, Salamanca 4,1981. 23 s.

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