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CORE CATEGORY THREE: FEEDBACK PROCESSES

3.2.2 THEME THREE: CONTEXT OF THERAPIST

Durante el porfiriato debido a las ideas de ilustración empezó la educación de las mujeres pero sólo para reforzar el sistema existente. Lourdes Alvarado menciona tres factores que contribuyeron a la sumisión de la mujer: su dependencia econó- mica, la estabilidad de la familia y la subordinación jeráquica de los sexos.13

La mala situación económica de México, las invasiones extranjeras, y la inestabilidad política obligaron al gobierno reclutar a mujeres para tareas administrativas en instituciones municipales. De este modo las mujeres poco a poco empezaron a participar en asuntos públicos y fundaron instituciones de caridad.14

Uno de los cambios más importantes de esta época es la incorporación de las mujeres al mundo laboral. En los siglos anteriores también trabajaban pero hasta los mediados del siglo XIX se dedicaban sólo al trabajo doméstico, a la producción agrícola o a la manufactura familiar. O hacían trabajos relacio- nados con lo doméstico: eran cocineras, lavanderas, niňeras, planchadoras, sirvientas. Muchas veces trabajaban sólo por comida y techo, si tenían sueldo, éste era muy variado. Un dato interesante: un oficio exclusivamente femenino fue el molido a mano del maíz para la preparación de tortillas que se mecanizó sólo a mediados del siglo XX.

Sin embargo los cambios tecnológicos, la industrialización, la migración a las ciudades cambiaron drásticamente la situación de la mujer.

Hay dos sectores donde las mujeres se incorporaron al trabajo masiva- mente: el textilero y el del tabaco. Al mismo tiempo con el crecimiento de las ciudades el tercer sector sería el de la prostitución.

Como ya se ha mencionado anteriormente el hilado y el tejido era tarea exclusiva de las mujeres pero al introducir el telar de pedal que era manejado por hombres en talleres especiales, a las mujeres les quedó sólo el hilado manual. Paralelemante las mujeres indígenas conservaron su tradición de elaborar tejidos artesanales para uso propio o para el mercado local. En el siglo XIX empezaron la instalación de pequeňas fábricas textiles.15

A finales del siglo XIX el progreso tecnológico conllevó consigo la mayor especialización de tareas; a las mujeres se les dieron las tareas menos impor-

13 Barreda, Horacio – Alvarado, Lourdes: El siglo XIX ante el feminismo. Una interpretación positivista.

UNAM, México, 1991, p.25

14 Lavalle Urbina, María: La mujer mexicana através de los aňos. Repercusiones históricas y laborales como

factores de empuje en la emigración nacional http://catarina.udlap.mx/u dl a/tales/documentos/lri/rojas g i/capitilo2/pdf, p.9

15 Ramos Escandón, Carmen: Trabajo e identidad femenina en México: el ejemplo del textil, tabaco y trato

sexual, pp. 800-813 en: Historia de las mujeres en Espaňa y América Latina de la prehistoria a la Edad Media, vol.3, dir. Morant, Isabel, Cátedra, Madrid, 2005, p.801

tantes y peor pagadas y durante varios decenios quedaron como minoría en las fábricas.16

El tabaco se conoce y cultiva en México ya desde los tiempos prehis- pánicos en producción local y elaboración artesanal. En la época colonial gradualmente empezó a crecer su producción y distribución controladas por la Corona desde el siglo XVIII por la demanda cada vez mayor. En 1769 se publicó un decreto de establecimiento de fábricas de puros y cigarros. La Real Fábrica empezó a funcionar en la ciudad de México con 900 trabajadores, número que en cuatro aňos aumentó a 7000, mayoritariamente mujeres.

Ellas se fueron de los talleres familiares a trabajar en la fábrica contrata- das ”a destajo”, es decir se les pagaba según el material terminado. Además comparando su situación con la de los hombres, les pagaban menos, les daban trabajos menos especializados y no se les permitía sacar papel de la fábrica para preparar cigarros en casa (lo que, en cambio, se permitía a los hombres).17

En el siglo XIX las mujeres eran las principales elaboradoras del producto, distribuidoras y también consumidoras. Cuando desapareció el monopolio real del tabaco, se establecieron varios talleres artesanales donde las mujeres jugaban papel primordial. Así trabajaban paralelamente en talleres y en fábri- cas. A fines del siglo XIX y a principios del siglo XX por la mecanización del proceso productivo su tarea se redujo al empaquetamiento.18

Las mujeres que trabajaban en el tabaco eran conocidas por su espíritu combativo, ya desde el siglo XIX formaron asociaciones para proteger su em- pleo y sus derechos, y se quejaban por el maltrato por parte de los vigilantes que las tocaban con el pretexto de comprobar si llevaban tabaco escondido en la ropa. Quizás también por eso, estas mujeres tenían mala fama pública.19

A fines del siglo XIX y a principios del siglo XX por el crecimiento de las ciudades, la emigración masiva y por la falta de empleo muchas mujeres se vieron obligadas a prostituirse. La edad promedia de las prostitutas en la ciudad de México a principios del siglo XX era entre los 15 y los 30 aňos, había registradas o clandestinas (según estén registradas o no en la oficina técnica de sanidad), aisladas o en comunidad (éstas últimas trabajaban en burdeles) y de tres clases según el aspecto, la edad y la procedencia. 20

En esta época la prostitución aumentó a tal grado que las autoridades in- trodujeron varias medidas para regularizarla. Desde 1865 el comercio sexual fue regulado por un cuerpo de policía sanitaria. Entre 1918 y 1921 cobraban

16 Ibidem pp.802-803

17 Ibidem pp.804-805

18 Ibidem p.806

19 Ibidem p.807

impuestos cada vez mayores para licenciar los burdeles y desde 1929 intro- dujeron un plan zonal que limitaba su movimiento geográfico. Los grupos feministas, asociaciones de médicos y organizaciones vecinales también se movilizaron. Los primeros visitaban a las prostitutas enfermas en el hospital, los segundos se preocupaban no tanto por la salud de la prostitutas más bien por la de los hombres y los terceros demandaron su expulsión por el ruido y el desorden que causaban.21

En suma se puede decir que en esta época la vida ideal para las mujeres se consideraba la encerrada en el hogar. Las mujeres trabajadoras eran descritas con términos negativos por su moral bajo y el trabajo de las mujeres se menos- preciaba. De este modo se justificaba que sólo se les encargaba de las tareas más simples y se les remuneraba menos.22

La revolución mexicana trajo importantes cambios en la situación de las mujeres.

Por una parte siguieron sus tareas tradicionales acompaňando a los hom- bres cocinaban, cuidaban de los hijos, lavaban.

A estas labores típicamente femeninas se aňadieron otras, menos tradicionales, relacionadas con las actividades militares. Varias se hicieron soldaderas, ya que siguiendo a sus hombres en el combate aprendieron la técnica militar y acabaron peleando con armas como cualquier hombre. Incluso, los directores de películas exagerando formaron el carácter de ”la mujer hombruna, capaz de dirigir ejércitos con sólo arquear una ceja, aunque dócil ante el dominio de su hombre”23

El número de las mujeres que viajó con los ejércitos fue muy elevado y además de luchar cumplían otros ejercicios, como espías, correos, enferme- ras. Además tenían acceso a cualquier espacio, ya que eran responsables de alimentar el cuartel. Vendían también productos como mezcal, aguardiente, vino, marihuana.24

La revolución llevó consigo una migración dentro del país, que tuvo como consecuencia la separación de los estrechas relaciones sociales, que por un lado aumentó el desamparo de las mujeres, por otro lado las hizo más libres. Empezaron a trabajar en ámbitos donde antes habían trabajado exclusivamente hombres, como telegrafistas, farmaceúticas, empleadas de oficina, maestras, reporteras, etc.25

21 Elaine Bliss, Katherine: Figuras revolucionarias: prostitutas, trabajo y comercio sexual en la Ciudad de

México 1900-1940, pp.239-280 en: Género y cultura en América Latina, coord.Gutierrez de Velasco, Luzelena, el Colegio de México, México D.F., 2003, pp.240-241

22 Ramos Escandón pp.810-812

23 Lavalle Urbina, p11

24 Tuňón Pablos, Enriqueta:Los movimientos de las mujeres en őpro del sufragio en México, 1917-1953,

cdigital.uv.mx/bitstream/…/1/sotav4-Pag—131-150.pdf, consultado 26/01/14