3.5 DISCUSSION OF THE FINDINGS AND LITERATURE CONTROL
3.5.1 Central storyline
3.5.1.2 Theme 2: Experiences of support by parents who have an
Introducción
Este texto, basado en dos investigaciones empíricas
recientes inéditas,1presenta a lo largo de tres apar-
tados algunos elementos que pueden resultar útiles para analizar y comprender la situación de las familias
migrantes (o de origen inmigrante).2 En el primero
recuerdo algunos rasgos del nuevo sistema migrato- rio europeo, destacando los cambios relacionados con la creciente presencia de las mujeres como agen- tes de las migraciones. En el segundo introduzco el concepto de “reproducción social familiar” en rela- ción a los proyectos migratorios y a los planes que los padres hacen sobre el futuro de sus hijos, señalando algunas dificultades a que se enfrentan las familias migrantes para desarrollar sus estrategias de repro- ducción. Finalmente, en el tercer apartado expongo que tanto las expectativas que albergan los padres hacia el sistema educativo —foco de muchas de esas estrategias— como las posibilidades de que sus hijos accedan a un título superior dependen en gran medi- da del origen social de las familias (más que de su ori- gen nacional). Por ello, el panorama ante el cual se encuentran aquellas que cuentan con un capital cul- tural de origen es muy diferente del que tienen ante sí aquellas que carecen de él.
Familias migrantes en tiempos de reestructuración económica global
De entre las profundas y numerosas trasformaciones sufridas en las últimas décadas por los modelos pro- ductivos de los países más desarrollados sólo men- cionaré dos, por sus efectos sobre los flujos migrato- rios: el auge de la economía informal y la segmenta- ción creciente de los mercados de trabajo. Con el telón de fondo de este nuevo paisaje socio-económi- co se han producido grandes cambios en el sistema migratorio europeo (el que tiene a los países de este continente como polos de recepción de población), pues la reestructuración económica global iniciada a mediados de los años setenta ha abierto un nuevo escenario migratorio que se caracteriza por cuatro grandes rasgos:
• Algunos de los principales nichos laborales a los que va a parar esa mano de obra ya no pertenecen al sector secundario sino al terciario. La distribución, la hostelería, el servicio doméstico y de cuidados y los servicios sexuales han venido a sustituir a la industria pesada y de trasformación como principa- les nichos de la fuerza de trabajo inmigrante, junto a otros grandes mercados laborales en los que está
3 Bryceson, D. F. y Vuerela, U. (2002) (eds.) The Transnational Family: New European frontiers and global networks, Oxford (UK), Berg. 4 Pedone, C. (2006) Estrategias migratorias y poder. ‘Tú siempre jalas a los tuyos’, Quito, ABYA-YALA, PMCD.
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dista europeo), retornando al cabo de unos años a su país de origen o —en la mayoría de los casos— rea- grupando después a su familia. Este itinerario migra- torio respondía a la tradicional división por géneros del trabajo, por la cual los varones se encargaban — en Europa— del trabajo productivo y las mujeres —pri- mero en sus países, después reagrupadas en Europa— del reproductivo. Sin embargo, como deci- mos, la presencia creciente de mujeres como prota- gonistas de sus propios proyectos migratorios, agen- tes activos y nueva fuerza de trabajo (físico, intelec- tual, afectivo y sexual) de las sociedades de servicios europeas ha complejizado este paisaje, diversificando los itinerarios vitales de todos los miembros de las familias implicadas en el proceso migratorio.
Dado que las mujeres no ocupan el mismo lugar que los hombres, ni en las familias ni en los mercados de trabajo, sus proyectos migratorios varían conside- rablemente respecto a los de los hombres. Claudia Pedone ha mostrado, para el caso de los ecuatoria- nos, que mientras los hombres piensan más a menu- do en volver a sus países de origen tras unos años en España, las mujeres suelen elaborar proyectos migra- torios tendencialmente orientados, a largo plazo, a permanecer en Europa, y piensan antes que los hom-
bres en reagrupar a sus hijos.4Las razones de esta
diferencia remiten una vez más a los papeles que jue- gan unas y otros en la reproducción de las familias: ellas tienen que cuidar de sus hijos y sufren más pre- siones familiares para hacerlo, pues se entiende que esa es su tarea principal en la unidad familiar. Además, dado que piensan en la reproducción del grupo fami- liar más que en un proyecto migratorio personal, las mujeres elaboran estrategias más a largo plazo, pen- sando sobre todo en las ventajas que tiene para sus hijos vivir en un país socio-económicamente más des- arrollado. Otro atractivo que puede tener para ellas el permanecer en Europa es que a lo largo del proceso migratorio puede producirse una renegociación de las relaciones de pareja, renegociación a resultas de la cual adquieran una capacidad de agencia susceptible de perderse si regresan a Ecuador. Los estudios rea- lizados desde una perspectiva de género han puesto de manifiesto la importancia de las redes de solidari- dad femenina en estos procesos, mostrando que resulta reduccionista plantear estas cuestiones limi- también muy presente: los de la construcción y la
agricultura.
• La incorporación de nuevos países de origen y des- tino a los emisores y receptores tradicionales. Un ejemplo claro de esto son cuatro países sureños de la UE (España, Italia, Portugal y Grecia) que han pasado de antiguos emisores a nuevos receptores de grandes flujos. Entre ellos es particularmente lla- mativo el caso de España, que en los últimos años se ha convertido en uno de los mayores receptores, y particularmente en el principal destino de las migraciones latinoamericanas que vienen a Europa. • La diversificación de los perfiles sociales de los sujetos que componen esos flujos: si antes eran sobre todo varones jóvenes y adultos de las clases populares, ahora encontramos a más mujeres –solas o acompañadas–, menores de edad, técni- cos y profesionales de clases medias.
• El creciente papel jugado en los sistemas migrato- rios actuales por las redes transnacionales.
Dejando de lado otros aspectos de esta compleja cuestión para centrarnos en lo relacionado con las familias, enseguida veremos cómo el proceso de trans- nacionalización ha penetrado en el interior de estas, hasta el punto de que se habla hoy de familias trans- nacionales. Estas se caracterizan en primer lugar por la separación geográfica de sus miembros, que mantie- nen entre sí relaciones materiales y simbólicas caracte- rizadas por las solidaridad, los vínculos afectivos, el sentimiento de unidad, aún permaneciendo alejados
los unos de los otros durante mucho tiempo.3 Y, en
segundo lugar, por algo que es tan importante como lo primero: que esa dispersión determina el modo en que se desarrollan las actividades que todas las familias lle- van a cabo para su reproducción: obtención del sus- tento, crianza de los hijos, gestión de las relaciones familiares, organización de la vida domestica.
Entre los agentes de todos estos cambios del sis- tema migratorio europeo se encuentran los propios migrantes, que se han adaptado a los escenarios sociales y productivos actuales y han desarrollado nuevas estrategias para cumplir sus proyectos migra- torios. Antes, lo más habitual era que fuesen los varo- nes quienes emigraban primero (para insertarse como mano de obra descualificada en el sistema for-
5 Pedreño, A. (2005) “Sociedades etnofragmentadas”, Pedreño, A. y Hernández, M. (eds.) La condición inmigrante: exploraciones e investigacio- nes desde la región de Murcia, Murcia, Universidad de Murcia. Disponible en http://www.um.es/campusdigital/Libros/textoCompleto/condicio- ninmigrante.htm. [Visualizado 15/04/2009]
reproducción resulta mucho más barata) y temporal- mente “relegada” (sobre todo en la primera etapa de su trayectoria migratoria, durante la cual se suspende la satisfacción de la mayoría de las necesidades, sal- vo las más básicas). Aunque en términos más matiza- dos podríamos distinguir entre los sectores de “ate- rrizaje” como la construcción y la agricultura, y los sectores de “destino” como la hostelería y la distribu- ción, hacia los que se desplazan en cuanto pueden por la mejora de condiciones laborales que suponen, lo cierto es que contemplada a nivel estructural, la acción continuada de dichos mecanismos de seg- mentación hace que no resulte exagerado hablar de un proceso general de etno-segmentación de los mercados laborales, o incluso –debido a la centrali- dad de la relación salarial en la estructura social— de
la sociedad española en su conjunto.5
En esta sociedad salarial, todas las familias –migrantes o no— padecen la tensión entre la esfera productiva y la reproductiva, esto es, la ahora llamada “dificultad de conciliación de la vida laboral y familiar”. Lo característico de las familias migrantes es que dicha tensión se proyecta espacial y temporalmente, siendo vivida como una doble contradicción: entre un acá laboral y un allá familiar, y entre un presente pro- ductivo (se viene a España a trabajar) y un eventual futuro reproductivo (en el que poder dedicarse más a los hijos, pensar en su porvenir). Aunque algunas familias siguen manteniendo el modelo de la división del trabajo por géneros tradicional —notablemente muchas marroquíes—, en ocasiones ello no siempre resulta posible (por ejemplo en las familias monopa- rentales, o en las biparentales en que el padre no encuentra un empleo para mantener a toda la familia), o ese modelo no siempre es aceptado por los dos miembros de la pareja. Además, tanto los proyectos migratorios como los grupos familiares se van trasfor- mando a lo largo del tiempo, y los acuerdos en la pareja pueden resultar satisfactorios durante un tiem- po limitado, tras el cual una de las partes plantee su renegociación.
Sean cuales sean las estrategias que adopten los migrantes para resolver esos conflictos, las condicio- nes sociales en que tiene lugar la reproducción del grupo familiar someten a sus miembros a intensas presiones. Incluso si a la larga acceden al disfrute de tándonos a las familias nucleares, sin tener en cuenta
el papel de las redes familiares (y en especial otras mujeres como abuelas, tías, hermanas o cuñadas). Sin embargo, plantear los intercambios de servicios y favores entre mujeres de una misma familia en térmi- nos de una supuestamente idílica solidaridad femeni- na invisibiliza los posibles conflictos entre quienes hacen estos intercambios. No es raro que dichos con- flictos aparezcan cuando las familias extensas se enfrentan a situaciones difíciles que exigen grandes esfuerzos y la movilización de recursos a menudo escasos. Por ejemplo, cuando nos encontramos ante el caso de una mujer que para emigrar ha dejado a sus hijos al cuidado de su madre o su hermana podemos decir que dicha emigración ha sido posible gracias al apoyo de otras mujeres de la familia, pero en lugar de quedarnos ahí hay que ver en qué términos se presta esa ayuda y qué recibe a cambio la cuidadora (quien de entrada recibe de la madre una remesa económica destinada a la manutención de sus hijos, dinero del que ella como cuidadora también se beneficia). Yendo un poco más allá, podríamos fijarnos en la relación de poder que se establece entre esas dos mujeres, den- tro de la cual los hijos de la emigrante actúan como prenda u objeto valioso que esta deja en depósito, quedando así obligada al cumplimiento de su parte del acuerdo establecido entre ellas.
Aunque, como hemos dicho, hay una creciente diversidad de orígenes, perfiles sociales y trayectorias de los/as migrantes, en medio de esa diversidad siguen apareciendo algunos elementos centrales compartidos por la gran mayoría de quienes proce- den de la periferia de la economía-mundo capitalista. El principal de esos elementos es la centralidad que tiene la inserción laboral en sus proyectos migrato- rios. Una vez en su destino, lo primero que hacen los migrantes (excepto la mayoría de los menores y algu- nos de los adultos reagrupados) es buscar una fuen- te de ingresos, búsqueda que se ve constreñida por los mecanismos estructurales de segmentación de los mercados laborales. Lo más habitual es que estos mecanismos acaben orientando a esos trabajadores recién llegados hacia ciertos mercados particular- mente receptivos a una fuerza de trabajo como la suya, cuya reproducción está territorialmente “exterio- rizada” (hacia los países de la periferia, donde su
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• Finalmente, hay que tener en cuenta la relación de pareja, que constituye un subsistema dentro de la familia. Una separación prolongada de los consortes puede contribuir al deterioro del vínculo entre ellos y a la aparición de conflictos irresolubles.
Una de las diversas formas de gestionar estos factores es la que encontramos en muchas familias marroquíes. Como hemos dicho, es habitual en ellas seguir la división del trabajo por géneros tradicional, siendo el padre quien migra y quedando la madre al sur del Estrecho de Gibraltar al cuidado de los hijos e hijas. De entre ellos, los varones serán enviados a España con el padre al llegar a la adolescencia, o un poco antes si quieren que estudien aquí (aunque esto depende mucho de la trayectoria escolar seguida en su país, que va a condicionar las posibilidades de proseguir sus estudios en España). Respecto a las hijas, los planes que sus padres tengan para ellas pueden orientarse en diversas direcciones, depen- diendo de si deciden apostar por la formación regla- da (de cara a una futura incorporación laboral), por el matrimonial, o por una combinación de ambas vías.
Pero es la feminización de los flujos migratorios lo que más claramente ha traído al primer plano la arti- culación entre migraciones y relaciones familiares. Como hemos dicho, el segundo rasgo que caracteriza a las familias transnacionales es la dispersión geográ- fica de las actividades que estas llevan a cabo para su reproducción, dispersión que puede darse de dos maneras: o bien dichas actividades se producen simultáneamente en dos o más lugares distintos (mientras unas se realizan en un sitio, otras lo hacen en otro, por ejemplo: los ingresos necesarios para mantener a la familia se obtienen en un lugar distinto de donde tiene lugar la crianza de los hijos); o de for- ma diferida (durante unos meses al año se trabaja en un sitio, y luego esos ingresos se consumen en otro sitio en otra época del año). Esta última modalidad de dispersión de actividades, tiene dos implicaciones muy importantes: (1ª) una familia transnacional no tie- ne por qué estar fragmentada espacialmente para ser- lo (todos los miembros de la familia se pueden mover juntos por el espacio internacional); (2ª) la transnacio- nalidad no es sólo una cuestión de cómo se organiza la vida familiar en el espacio, sino que es también una cuestión de cómo se organiza en el tiempo.
Los miembros de las familias transnacionales que residen alternativamente en los países de origen y ciertos derechos de ciudadanía y a unas condiciones
de vida similares a las clases populares autóctonas, es muy probable que la vida familiar siga padeciendo durante años las consecuencias del gran esfuerzo realizado, y conservando las huellas de todos los obs- táculos que hubo que superar para conseguir disfru- tar de esa situación. Los hijos de esos inmigrantes van a heredar de una forma u otra los efectos de una particular forma de conciliación de la vida laboral y familiar que exige que esta se estire en el espacio (manteniendo una acá y la otra allá) y se relegue en el tiempo (anteponiendo lo productivo en el día a día y relegando lo reproductivo a mañana). Esa difícil forma de conciliación, que es específica de las familias migrantes, define pues las condiciones inmediatas en que se desarrolla el proceso de socialización de los hijos de inmigrantes.
La migración no supone únicamente actuar en el espacio desplazándose y cambiando de lugar de resi- dencia y trabajo, sino que es también una forma muy particular de “actuar en el tiempo”, de organizarse en él gestionando temporalmente una serie de prácticas sociales. Uno de los elementos más difíciles de mane- jar en un proyecto migratorio (y en cualquier estrate- gia, familiar o no) es precisamente “la temporalidad”, es decir, decidir cuál es el momento para hacer cada cosa. Por supuesto, esas decisiones no se toman libremente –como ninguna otra–, pues el paso del tiempo impone sus reglas. En concreto, las estrate- gias familiares articulan temporalmente procesos como:
• La socialización de los hijos, que impone unos rit- mos que los padres han de tener en cuenta. Por ejemplo, un niño no puede ser separado de su madre (o persona cuidadora principal) demasiado pronto ni durante demasiado tiempo sin que el vín- culo entre ellos se deteriore irreversiblemente. • La formación académica. Los padres migrantes que
quieren que sus hijos adquieran un capital escolar reconocido en el país de destino tienen que llevar- los a este país en su infancia, pues si lo hacen más tarde reducen considerablemente sus posibilidades de desarrollar una escolaridad exitosa.
• La legislación también actúa como un factor a tener muy en cuenta, pues la ley de extranjería sólo per- mite la reagrupación de los hijos menores, obligan- do a realizarla antes de que estos cumplan la mayo- ría de edad.
6 Beltrán, J. y Saiz, A. (2004) “La inmigración china y la educación: entre la excelencia y la instrumentalidad”, Carrasco, S. (coord.) Inmigración, con- texto familiar y educación, Barcelona, Universitat Autònoma de Barcelona.
7 Kaplan, A. y Ballestín, B. (2004) “La inmigración senegambiana: entre el retorno y el arraigo de la escolarización”, Carrasco, S. (coord.) ibídem. mos del proceso migratorio, por ejemplo fijando pla- zos para el pago de la deuda contraída o para el tiempo durante el cual los hijos siguen a su cargo.
En definitiva, las familias transnacionales hacen un uso estratégico, elaborado y flexible de las posibi- lidades que ofrecen los mercados laborales y las legislaciones europeas. Frente a estrategias y pro- yectos migratorios más tradicionales y menos elabo- rados, podríamos decir que los proyectos transnacio- nales suponen una forma de “fluidificación” de la migración, y de flexibilización extrema de la concilia- ción entre la vida laboral y la vida familiar, con una arti- culación espacio-temporal de ambas esferas que supone estirarlas al máximo tanto en el espacio (tra- bajar acá y tener a la familia allá) como en el tiempo (trabajar ahora acá para luego formar allá una familia, o estar separado/a durante un tiempo de la familia para reunirse con ella en el futuro).
Dentro de estas estrategias transnacionales, muchos padres migrantes recurren a lo que podría- mos llamar “des-agrupación familiar”, que consiste en mandar a sus hijos nacidos en España a que se críen con los abuelos o tíos en el país de origen. Beltrán y Saiz han encontrado que muchas parejas chinas de Cataluña, sobre todo las menos asenta- das, mandan a sus hijos a China con los abuelos, lo que permite a los padres mantener una estrategia de trabajo intensivo y supone un ahorro económico con- siderable, pues sale mucho más barato criar a los
niños allá que acá.6Kaplan y Ballestín explican que
lo habitual entre los migrantes senegambianos de Cataluña es que sean hombres jóvenes solteros quienes inician la cadena familiar, hombres que una vez que han pagado la deuda contraída para migrar, ahorran para reunir una dote con la que buscar una esposa en su país, se casan con ella y la reagrupan en Cataluña, donde se establece la familia y se crían
los hijos de ese primer matrimonio.7En un viaje pos-
terior a Senegambia se casarán con una segunda esposa, que no será reagrupada sino que quedará allá bajo el control de la familia extensa, mantenida económicamente a distancia con las remesas envia- das desde Cataluña (por lo menos durante unos años, aunque puede llegar un momento en que sus- destino (como es el caso de los marroquíes que
pasan temporadas en ambos lados del estrecho de Gibraltar) desarrollan una capacidad particular para