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4 CHAPTER 4 EXPLAINING FARMLAND PRICES: THERE IS MORE TO IT THAN

4.2 Theoretical Framework

La educación no solamente es la asistencia a un centro formal de aprendizaje, llámese escuela, colegio, universidad, cursos, etc. También forman parte de ella la familia, el trabajo, los medios de comunicación y las herramientas, bienes y servicios de distinto tipo, la publicidad, el arte, la religión, entre otros, cuya influencia sobre la vida social e individual de las personas es innegable. Sin embargo, es importante reconocer los horizontes de pensamiento, de hacer y de ser que estos componentes educativos abren o cierran, en especial cuando se consideran los únicos ejercibles, los más correctos o los superiores.

Es claro que toda educación (tanto la moderna como la indígena y otras) crean nuevos contextos humanos que nos apartan y nos limitan de vivir otras realidades, ya sea porque conscientemente el colectivo desea y siente necesario apartarse de esos otros contextos o porque existen unos cuantos individuos que pretenden imponer y consolidar determinadas circunstancias sobre las colectividades. Es esta última forma de proceder la que se convierte en un elemento que agrede a la diversidad y, entre ella, al conocimiento tradicional, cuando convierte a la educación en algo plano y lineal con una única voz oficial desprovista de interlocutores, lo que anula la posibilidad de que exista un diálogo de conocimientos.

El comportamiento de los colonizadores es ejemplo de ello, pues no solamente buscaban el enriquecimiento a costa de la esclavitud y la violencia de exterminio en contra de quien se defendía y oponía, sino que intencionalmente destruían las culturas y los conocimientos tradicionales indígenas, como en los casos de la prohibición y quema de documentos, soportes y respaldos de información. No se puede ignorar al respecto que, el conocimiento indígena ha

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debido soportar varias acciones destructivas. Entre ellas, vale mencionar la efectuada por los Frailes Franciscanos y Juan de Zumárraga, quienes viendo en los códices figuras del mal y para quitarle la idolatría al pueblo, se apoderaron de los archivos de Tenochtitlan y Tlatelolco para quemarlos en una hoguera que debió ser tan abundante que ardió por un periodo de ocho días117 o los actos de Diego de Landa, quien quemó cien mil códices mayas118 por lo que hoy el conocimiento sobre esta cultura documentalmente apenas proviene de 4 libros que han sobrevivido hasta los tiempos modernos119.

Pero ya en la modernidad, tal como otros lugares, el Ecuador es ejemplo de una agresión disimulada a través de políticas de carácter paternalista cuyo interés principal era integrar a los pueblos indígenas a modalidades de civilización y cultura justificadas en reencontrar su alma con el evangelio, que superen el oscurantismo colonial para transformarlos en las manos de obra que el desarrollo económico del Estado120 requiere. En este aspecto no se puede dejar de precisar que la única fuente educativa por mucho tiempo fue la iglesia. La educación formal dependió de ella totalmente a lo largo del periodo previo a la independencia121, sin contar que ella también educaba a la familia y a los “dueños” de los medios de producción a través de la religión, determinaba el tipo de arte y las formas de expresión permitidas, entre otros aspectos.

Ya en la época republicana, la educación, incluso vestida de bilingüe (quichua) o intercultural, tenía el propósito de aculturizar. Ésa es la cosmovisión de la educación en y de la modernidad, que explica como sus medidas son “necesarias” para articular y lograr reformas

117Rayón, 1854, p. 979, en “El desastre de la documentación indígena durante la invasión-conquista española en

Mesoamérica”, Felipe Meneses Tello (Monterrey: Crítica Bibliotecológica, 2011) 25.

118Arizpe y Tostado, 1993, p. 69, en “El desastre de la documentación indígena durante la invasión-conquista

española en Mesoamérica”, Felipe Meneses Tello (Monterrey: Crítica Bibliotecológica, 2011) 25.

119Coe, 1987, p. 161, en “El desastre de la documentación indígena durante la invasión-conquista española en

Mesoamérica”, Felipe Meneses Tello (Monterrey: Crítica Bibliotecológica, 2011) 25.

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Raúl Useche Rodríguez, “Educación indígena y proyecto civilizatorio en Ecuador” (Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Abya Yala y Corporación Editora Nacional, 2003) 74-75.

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económicas y políticas122 eliminando de paso a otros saberes, sentires, conocimientos, exterminando la diversidad educativa.

Actividades aparentemente inocentes, como la alfabetización y “la escolarización del indio” que redujeron las cifras hasta el 12% en el Ecuador123

, resultan ser elementos riesgosos al conocimiento tradicional. Solo basta con preguntarse qué tipo de textos y literatura se enseñaban a leer, qué ideas e ideologías estaban contenidas en estos documentos y en el esfuerzo alfabetizador para visibilizar el acallamiento mental, el cual se expresaba desde la creencia de ayuda del superior al inferior al que se le debía mostrar el camino hacia la ilustración.

Este tipo de educación, de enseñanza adoctrinante, ha consolidado una particular idea de progreso que aún no es capaz de ver y plantearse otras formas de organización, ni sus consecuencias a largo plazo y sobre “los otros”; y su intento de unificar las diversas culturas a patrones y modelos considerados universales junto con el afán de poder gobernar a las masas124, se ha traducido en indicadores económicos y de dominio como posteriormente observaremos.

De esta forma, los modelos educativos dirigidos a los pueblos indígenas han partido desde el concepto de que estos pueblos no tienen cultura, se encuentran atrasados, son salvajes, necesitan ayuda que los haga “iguales” a los extranjeros (con sus formas de vida superior) y consideran a su conocimiento (si lo tienen) como primitivo. Este desprestigio se yergue como una barrera para el intercambio y la aplicación del conocimiento no oficial, aquel que no goza del reconocimiento y calificativo de científico o racional, el que no se enseña en los centros

122

Ibíd. 75

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Galo Ramón Valarezo, “Estado plurinacional: una respuesta innovadora atrapada en viejos conceptos”, en Pueblos Indios, Estado y Derecho, Enrique Ayala Mora (Quito: ILDIS, Corporación Editora Nacional, Abya Yala, CORPEA y TCC, 1992) 17-18.

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Carlos Paladines Escudero, “El pensamiento pedagógico ilustrado” (Quito: ICAM, Editores Universidad Politécnica Salesiana, 1996) 76.

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formales y que no se convierte en un elemento meritocrático como sí lo es un título académico, pero que sin duda es un conocimiento de vida.

En estas circunstancias el conocimiento vulgar y tradicional es visto con desprecio, pues ha resultado hasta el momento intrascendental a escala global transparentar su rescate y reflexión. Sin embargo, las circunstancias de necesidad le comienzan a devolver aplicabilidad a pesar del paradigma “Estado”, y del aislamiento sistemático y vejamen del que aún es víctima, demostrando que es resistente y capaz de retomar vigencia sin sucumbir ante agresiones violentas y de largo plazo pues aún existe una buena cantidad y calidad de conocimiento indígena que no se ha perdido y al cual los descendientes de los pueblos indígenas aún acceden y, además, conservan, transmiten e incluso recuperan al mismo tiempo de generar nuevos saberes.