1 Introduction
1.2 Thesis Summary
Para este apartado, se tomó el diseño de investigación acción, en adelante (I.A) propuesto por Martínez (2005) porque propicia la participación directa del estudiante frente a la escritura, entendida como un proceso y el papel del investigador-docente y la transformación de sus prácticas, en este caso de la enseñanza de la escritura; y que coinciden con el fin último de este diseño que está orientado hacia la concientización, desarrollo y emancipación de los grupos estudiados, hacia la solución de los problemas. Además, se explican las características de la I.A en la escuela partiendo de la teoría de Elliot (2000) en la que se refiere al análisis de las acciones humanas y las situaciones
sociales experimentadas por los profesores como: a) inaceptables en algunos aspectos (problemáticas); b) susceptibles de cambio (contingentes); y c) que requieren una respuesta práctica (prescriptiva). Se parte de los hechos que son evidencias de las problemáticas observadas en la escritura de los jóvenes, pero que a la vez dejan ver los problemas en la enseñanza de la escritura, la I.A pretende mostrar el camino para transformar las prácticas de enseñanza y su incidencia en el aprendizaje de los estudiantes.
La segunda recuerda que la I.A se relaciona con problemas prácticos cotidianos, con estudiantes de ciclo cinco, el ejercicio de escribir se convierte en herramienta para la defensa de posturas en diferentes contextos, incluidos los académicos, aquí se hace referencia a las exigencias por parte de algunos docentes en diferentes asignaturas, especialmente las que tienen que ver con las humanidades, sin descartar las que se refieren a las ciencias naturales; los maestros que acompañan dichos procesos de aprendizaje esperan del estudiante que comprenda, analice, tome posición, argumente y concluya a través de la oralidad y/o de la escritura.
En esta investigación, se muestran los hechos que dieron origen a la búsqueda de soluciones frente a los problemas observados en la producción escrita, pero también se tuvieron en cuenta los intereses de los estudiantes, sus gustos y temas coyunturales, de los cuales querían expresar su opinión; motivo que así mismo llevó a definir el tipo de texto que se pudo utilizar como pretexto para cualificar la escritura, la capacidad de argumentar ( el artículo de opinión) en concordancia con un tema negociado entre los participantes en la investigación -estudiantes y docente- ( la diversidad de género, orientación sexual y género) y un contexto que les permitiera dar a conocer las concepciones, creencias, saberes alrededor del mismo; en este caso la celebración del día del género en el colegio.
La tercera, tiene que ver con el propósito de la I.A, el que consiste en profundizar la comprensión del profesor, del problema, que se devela en el diagnóstico y que muestra el camino y las acciones más adecuadas que se deben tomar para subsanarlos; cómo el profesor investigador es observador, pero también sujeto de investigación. Si no se identifica el problema, difícilmente se consigue el camino adecuado para superarlo.
Elliot (2000) afirma:
“La consideración del aprendizaje como proceso dirigible hacia la consecución de algún estado final fijado de antemano supone la deformación de su valor educativo, porque no es su eficacia instrumental para producir resultados “cognitivos”, definidos con independencia del proceso, lo que lo convierte en educativo sino la calidad del pensamiento desarrollado en el proceso” (p. 8).
De esta manera los estudiantes comprenden que es importante evaluar el proceso, pero que, a diferencia de la concepción de la evaluación como sanción, se aplica un modelo de evaluación formativa cuyo objetivo coincide con la necesidad de superar problemas encontrados, así también la concientización de sus avances significativos en la escritura, en comparación con la etapa de diagnóstico.
Como cuarta característica se recuerda la necesidad de adoptar una postura teórica, pero a la vez, ésta puede cambiar o suspenderse; en ese ejercicio el investigador duda, afirma, reafirma teorías que se ajusten a las necesidades, pero encaminadas a la solución del problema. Cuando el docente-investigador está en capacidad de explicar lo que sucede, la I.A construye un guion sobre el hecho en cuestión, relacionándolo con un contexto de acciones susceptibles de cambio, y que estas a su vez son ejecutadas por seres humanos, lo que hace de esta característica un elemento diferenciador, por ejemplo, de la investigación cuantitativa.
La I.A se vale de un lenguaje utilizado por los participantes, en palabras de Elliot (2000), “con el lenguaje de sentido común que la gente usa para describir y explicar las acciones humanas y las situaciones sociales en la vida diaria”. (p. 5). Así mismo debe existir un diálogo y flujo libre de información entre los participantes; el autor expresa que la investigación sólo puede ser válida a través de un diálogo libre de traba, con los que están implicados. Lo anterior de una u otra maneja justifica la elección del grupo de estudiantes.
Según la postura de Elliot (2000), otra característica, que afecta directamente el papel, las concepciones y creencias del investigador-docente; es la objetividad, que debe verse reflejada en este porque “supone estar abierto a las pruebas que no concuerdan con sus propios valores y prácticas, y la disposición a modificar la propia
comprensión de estos al reflexionar sobre los problemas que plantea su realización práctica en la I.A.” (p.17) En este trabajo la investigadora tuvo que estar dispuesta, respetuosa, atenta e imparcial para proteger la divergencia de puntos de vista frente al tema propuesto, en un contexto de debate institucional en el que participaron estudiantes de los grados noveno, décimo, undécimo, así como los maestros.