Part II Status of APEC Paperless Trading & Analysis
2.2 Application Level
2.2.4 Third Party Integrated Service
Las primeras tecnologías de la información: la prensa socavó el poder del papado y contribuyó a la expansión de la Reforma Protestante, además de fomentar el individualismo, la emergencia de una burguesía urbana y el nacimiento de un humanismo científico. El teléfono provocó una drástica reducción de los límites que impone la distancia, así como la radio y especialmente la televisión ofrecieron mundos hasta entonces desconocidos y remotos (Whitaker, 1999, p. 128).
Toda tecnología constituye una extensión y mejoramiento de alguna habilidad y destreza, que se va desarrollado por un conjunto de saberes y conocimientos, que permiten la construcción de artefactos naturales o artificiales para cubrir ciertas necesidades o mejorar las condiciones de vida. “Las nuevas tecnologías de la información son un arma de doble filo: aumentan nuestras capacidades y nuestro poder, pero también hacen a sus usuarios más vulnerables a la vigilancia y a la manipulación” (Whitaker, 1999, p. 128).
Los beneficios de la utilización del Internet son contradictorias, mientras navegar por la Red nos permite nuevas formas de comunicación con personas de todo el mundo, también puede significar que todas nuestras comunicaciones sean interceptadas por terceros que al mismo tiempo nos localizan e identifican. Internet brinda la posibilidad de reducir el tiempo de búsqueda, de encontrar todo lo que necesitamos a través de motores de búsqueda instalados en la web sin la necesidad de movernos de nuestro ordenador, pero a la vez facilita el acceso a nuestra información personal, a empresas con fines comerciales o con otros motivos.
Así, el paradigma que plantea la tecnología del Internet está entre el incremento de capacidades, por un lado, y la vigilancia por otro. Pero la manipulación del poder de las tecnologías no es reciente, “aunque la prensa otorgó más libertad también fue censurada: muchos libros fueron prohibidos y quemados; los teléfonos han sido intervenidos, y la radio y la televisión pueden ser tanto instrumentos educativos como de propaganda” (Whitaker, 1999, p. 128).
En 1984, los ciudadanos de Oceanía no disponen de ningún espacio libre para su intimidad que escape a la vigilancia y a la intromisión del Gran Hermano. El Estado poseía una base de datos masiva y descentralizada en la que acumulaba todo lo que podía saberse de cada sujeto. Los estados actuales tienen una capacidad tecnológica para ejercer una vigilancia, así como para vincular y recuperar datos muy superiores a la que Orwell pudiese imaginarse, y ciertos aspectos del Estado en tanto que Gran Hermano se ha hecho efectivamente realidad. Pero son los Pequeños Hermanos del sector privado los que recogen más datos personales de los ciudadanos y los que más saben las tendencias consumistas de cada persona (Whitaker, 1999, p. 164).
Nos hemos concentrado tanto en evitar la creación de un Estado coercitivo que nos hemos olvidado de las capacidades de manipulación y seducción del sistema económico donde vivimos, el capitalismo tiene la facultad de adaptarse a los gustos y tendencias humanas, de apropiarse de ideas innovadoras y volverlas un producto consumible y placenteros.
La idea del Panóptico de Jeremy Bentham en donde un vigilante observa a todos los prisioneros, sin que estos puedan saber si están siendo observados o no, fue planteada como una tecnología de observación y vigilancia que trascendía al ejército y a la educación por Michael Foucault en su libro Vigilar y Castigar.
El panóptico contemporáneo es sorprendentemente distinto. Se trata de un panóptico consumista basado en ventajas y beneficios efectivos cuya peor sensación es la exclusión. Los prisioneros de Bentham soñaban con escapar, los disidentes, en 1984 de Orwell, deseaban en huir a un sitio mejor, pero no pueden y no existe tal lugar, nuestro panóptico por el contrario, es el manantial de los bienes (Whitaker, 1999, p. 172).
La entrada a este nuevo panóptico es voluntaria por los beneficios inclusivos y ventajas que ofrece el sistema, pero a la vez es sumamente controlado por el uso voluntario de las TIC; donde se ofrece una omnipresencia real y no fingida, donde existen millones de vigilantes, donde el individuo se vuelve visible con el uso de estas tecnologías. El precio de no querer ser parte de este sistema es la exclusión.
La vigilancia participatoria es un elemento mucho más poderoso, porque el sujeto prefiere ser parte de los beneficios consumistas, antes de estar fuera de ellos. El sujeto a la vez se vuelve parte de una extensa base de datos, donde el sistema busca solventar las necesidades sociales, ya no desde estereotipos universales como el de hombre, blanco, heterosexual sino “legitimando a grupos previamente marginados sino identificándolos como sujetos consumistas con necesidades específicas… La mirada panóptica del capitalismo busca y se adapta a las diferencias” (Whitaker, 1999, p. 187).
El objetivo de este análisis no es el desprestigiar a Internet “sino entender como la tecnología aumenta la capacidad de vigilancia jerárquica de arriba abajo, también intensifica el movimiento contrario de abajo arriba, de cómo el ciudadano puede constituirse en un sujeto político regulador de cumplimientos de leyes y de acuerdos sociales. La resistencia toma algunas veces la forma de luchas por la ciudadanía… Las mismas tecnologías que sostienen e intensifican la mirada panóptica del capitalismo también aumentan la capacidad de lucha por la ciudadanía” (Whitaker, 1999, p. 187).
La tecnología al constituirse como una aplicación reflexiva de un saber práctico (como la difusión de la información) crea nuevos espacios para la comunicación, para la construcción de comunidades virtuales y el refuerzo de las ya existentes. Internet crea la posibilidad de compartir información, conocimientos y saberes. Introduce nuevos métodos de control y sujeción, más extensivos e intensivos, a la vez que sutiles y brutales, ligados y desligados de los mecanismos de control. El programa norteamericano Echelon de espionaje digital y comunicativo, el sistema operativo XP de Windows, por donde Microsoft puede acceder a tu disco duro (Barandiaran, 2003, en línea)