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Fue un 29 de mayo del 2003, cuando por primera vez en su historia de encuentros y desencuentros, el Presidente de México, Vicente Fox y el Jefe de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador, pugnaron públicamente por trabajar en forma conjunta, sin confrontaciones, en una actitud madura.

Las notas periodísticas de ese día así lo destacan. López Obrador admitió durante la segunda reunión del Consejo Consultivo para el Rescate del Centro Histórico, celebrado en la Residencia Oficial de Los Pinos, que “más allá de las diferencias estamos dejando de manifiesto lo mucho que se puede hacer por esta gran ciudad cuando se pone por delante el interés general”.

Fox Quezada y López Obrador recorrieron durante más de dos horas las obras de remodelación del Centro Histórico y después asistieron al evento central donde hicieron gala de una cortesía jamás vista.

Eso sí, siempre acompañados por el hombre más rico de México, Carlos Slim Helú, quien fue nombrado presidente de dicho Consejo, a quien se le considera una de las únicas personalidades que logró calmar los ánimos entre estos dos funcionarios.

Pero antes, mucho antes, López Obrador había hecho intentos de apoyar al Presidente de la República. En la conferencia matutina del 20 de junio del 2001, declaró una tregua para no socavar la figura presidencial, ya que “no está el horno para bollos”, en referencia a la situación económica del país.

Fue la primera pregunta de la conferencia. Todo giró en torno a los gastos que realizaba Ana Cristina Fox, hija del Presidente, para amueblar dos cabañas de Los Pinos, además del escándalo por compra de sábanas y toallas con un valor de 38 mil pesos.

“No debemos socavar la investidura presidencial. Ya la gente va a sacar sus conclusiones, pero debemos de pensar en frenar el agravamiento de la crisis económica, eso me preocupa mucho”.

-¿Y al señor Presidente usted también le haría algún llamado?-, le preguntó Ernesto Osorio, de Radio Red.

-Todo mundo está obligado a actuar con responsabilidad, hay muchos rumores, sobre todo relacionados con la economía. Tenemos que darle confianza al Presidente en esta situación y ustedes lo saben, tenemos diferencias con él, ya hemos hablado hasta el cansancio que representamos dos proyectos de nación distintos, contrapuestos, pero hay fronteras, hay límites y ahora por encima de esas diferencias está el interés general-, respondió.

defectos, errores, pero es un hombre de buena fe, bien intencionado", dijo López Obrador durante la conferencia del 22 de septiembre 2003, cuestión que sorprendió a más de uno de los presentes acostumbrados a escuchar señalamientos constantes sobre la figura presidencial.

Sin embargo, las diferencias continuaron.

“Mientras AMLO se labraba una imagen a golpe de medidas de gobierno novedosas y de alta visibilidad, como el segundo piso del Periférico y la pensión para adultos mayores, el gobierno federal era objeto de múltiples críticas.

La falta de resultados del gobierno del cambio y las medidas, en ocasiones erráticas del gabinete ante problemas graves, crearon la sensación de un vacío de poder, término que se acuñó en el segundo año de la administración de Fox para describir el ambiente político mexicano”, destaca Alejandra Lajous, en su libro AMLO: entre la atracción y el temor. Una crónica del 2003 al 2005.

El 29 de mayo del 2003, fue la primera vez que se veía al Jefe de Gobierno y al Presidente de la República sonrientes, estrechándose las manos, hasta visiblemente felices.

Los reporteros que cubrían las fuentes del GDF y Presidencia hacían bromas entre sí, mientras los fotógrafos prometían que no abollarían el Tsuru blanco del “Peje”.

“Buenos días, bienvenido”, dijo amigable López Obrador al Presidente Vicente Fox, quien descendía de una Suburban blanca blindada. “Qué tal, cómo estás Andrés Manuel”, le estrechó la mano.

Acompañados por Carlos Slim, entraron a la Plaza Juárez, donde se congregarían invitados, vecinos y representantes de los medios de comunicación para escuchar las obras de restauración de La Alameda. El salón lucía vacío debido al fuerte operativo de seguridad del Estado Mayor Presidencial. El Cardenal Norberto Rivera y el obispo de la iglesiaortodoxa griega, Antonio Chedraoui, fueron testigos de este inusual encuentro, mientras la conferencia-presentación transcurría sin problemas.

Después se dirigieron al Hotel Sheraton, donde estos dos personajes hicieron gala de cordialidad, algo nunca visto, ante la mirada del empresario Carlos Slim, que muy cuidadoso se dirigía a los dos, casi al mismo tiempo. “Cualquier reto puede ser resuelto mejor y más

rápido trabajando todos juntos”, dijo en su discurso uno de los hombres más ricos del país.

“Más allá de las diferencias estamos dejando de manifiesto lo mucho que se puede hacer por esta gran ciudad cuando se pone por delante el interés general”, dijo al final de su discurso López Obrador, luego de concluir el recorrido de casi tres horas por el Centro Histórico.

Días antes, el 16 de mayo del 2003, el entonces Jefe de Gobierno invitó a Vicente Fox a realizar un recorrido por un tramo del

Distribuidor Vial San Antonio y Paseo de la Reforma. En punto de las 18:00 horas, llegaron al lugar, el escritor Gabriel García Márquez, el Cardenal Norberto Rivera, el entonces Rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente; el entonces Procurador Rafael Macedo de la Concha y Emilio Azcárraga, presidente de Televisa, así como dueños de otros medios de comunicación.

En sus discursos también la cordialidad salió a flote. “Estamos trabajando juntos porque así lo quiere la gente, porque ese es el sentimiento de los habitantes del Distrito Federal”, le dijo el entonces gobernante capitalino a Fox, y éste respondió, “Quiero que sepas que cuentas con nosotros en todo lo que esté a nuestro alcance”.

Era el preámbulo de un mayor acercamiento, aunque no fue perecedero a lo largo de sus gobiernos, pero prevaleció por algún tiempo Lo que pasaría a partir del 2004, entre estos dos personajes, será otra historia…

CAPÍTULO IV