La comunicación educativa tiene por objeto intercambiar mensajes formativos o instructivos que influyen tanto en los procesos de aprendizaje como en ei desarrollo personal del alumno.
Gordon (M.E.T. Maestros Eficaz y Técnicamente preparados. Diana. México, 1988), sostiene que los alumnos sólo pueden aprender cuando la relación con los profesores es positiva. Le invitamos a que reflexione sobre algunos de sus hallazgos más significativos:
- Los profesores modifican sus criterios a la hora de juzgar una misma situación, bien por cambios en sí mismo (derivados de su estado de ánimo o de otros factores), por cambios en el alumno (o por tratarse de otro alumno) o por cambios en la propia situación.
- Los profesores aceptan más a unos alumnos que a otros (y parece que lo seguirán haciendo).
- En ocasiones, los profesores aparentan desaprobar lo que en el fondo aprueban - Los profesores confunden a menudo los problemas que afectan a los alumnos con los que les afectan a ellos.
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"La profesora de matemáticas de séptimo de EGB era excepcional. Gracias a ella yo disfrutaba con las matemáticas. Siempre la recordaré porque, además de su increíble capacidad para explicar, haciendo todo tan sencillo de aprender, enseñándonos a pensar y a razonar, siempre se mostraba con una sonrisa, con una dulzura que a mí me hacía verla como la mejor persona y maestra del mundo. En cierto modo, creo que le debo mi vocación hacia el magisterio por mostrarme la educación como algo tan gratificante, cuando el maestro se implica totalmente con sus alumnos y obtiene buenos frutos de ellos".
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Íntimamente relacionado con lo anterior está el llamado «efecto profecía», «efecto Pigmalion». (aludiendo al mito de Pigmalion y Galatea) o «efecto Rosenthal» por el investigador que lo estudió inicialmente. En general, significa que las personas son como yo creo que son. Numerosos experimentos avalan esta teoría. Si usted está convencido de que cierto alumno es aplicado, es aplicado. La explicación es sencilla: a ese alumno usted le proporciona -consciente o inconscientemente- situaciones más ricas de aprendizaje, le presta más atención, le sonríe más, le hace, aplicado, en suma. Imagínese lo que puede suceder cuando las profecías se basan en juicios negativos. Los profesores actúan imprudentemente cuando etiquetan a los alumnos sobre la base de apreciaciones puramente intuitivas o circunstanciales. Haciendo uso de un instrumento llamado "ojímetro", emiten juicios tan categóricos como infundados: - Este chico no da más de sí.
- Con lo listo que es, llegará lejos.
- Es muy torpe y distraído; no hará nada serio en la vida.
- Lo mejor que puede hacer es abandonar los estudios.
Si preguntamos: "¿Cómo sabe usted que su alumno es tal como lo describe?», la respuesta es, a menudo: «Porque lo veo». Ve que es distraído (pero los estudiantes creativos son, con frecuencia, distraídos, porque se aburren); ve que trabaja poco (pero pueden interesarle otras cosas); ve que es listo (pero en otros campos puede ser torpe); hasta ve que no tendrá éxito en la vida, que ya es ver.
No caiga usted en el error de apoyarse en profecías ni catalogue a sus alumnos en términos de «torpe» o «listo» porque seguramente se equivocará. Construya, eso sí, un aula de elevadas expectativas y espere siempre lo mejor de cada alumno. El maestro de Edison persuadió a sus padres para que lo sacaran de la escuela
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"La profesora de Preescolar etiquetó a una alumna como "mala" en lo referente a la expresión
plástica. Esta alumna obtuvo en 1º de EGB un premio "al mejor dibujo del curso". Más tarde estudiaría Bellas Artes. Esta misma profesora aseguró a unos padres que su hijo tenía problemas de aprendizaje porque era retrasado. Los padres acudieron a un psicólogo y se pudo determinar que ese chico era un superdotado. con un C.I. de 170».
"Cuando a mi compañero Jacinto le volvieron a quedar asignaturas de COU para septiembre, el director del Instituto llamó a su madre y le dijo que lo mejor que podía hacer Jacinto era dejar los estudios porque no servía para estudiar. La madre no hizo caso, pero cambió a su hijo de Instituto. Jacinto estudia actualmente en la universidad con aprovechamiento''.
28porque no merecía la pena que siguiera estudiando (con ese maestro, desde luego que no merecía la pena). Sigmund Freud tardó ocho años en completar los estudios de medicina, cuando era posible terminarlos en cinco (su padre le dijo en una ocasión: "nunca llegarás a ser importante"). Winston Churchill cosechó muchos fracasos en su
época escolar (el Director de su Colegio consignó en un informe: "es descuidado, olvidadizo, manirroto, obstinado, nada puntual y deliberadamente incordiante») y no pudo pasar de segundo de bachillerato. Ghandi era un muchacho «torpe» que logró, con mucho esfuerzo, matricularse en primero de universidad donde fracasó estrepitosamente. Hoover, el Presidente de EEUU, sólo fue dos años al colegio... El repertorio de errores «ojímétricos» es interminable. Confiamos en que usted no lo incremente.
Requisitos de una buena comunicación educativa
Una comunicación verdaderamente educativa se caracteriza porque:
- Está basada en la confianza mutua y no en las relaciones de dominio-sumisión. Una
afectuosa relación personal, basada en el entendimiento y la mutua comprensión, constituye el soporte indispensable en el logro de objetivos fructíferos en el campo de la educación. Además, si usted desea que sus alumnos muestren iniciativa y sean responsables, tiene que demostrarles que confía en ellos.
- Se produce en situaciones formales e informales. Cuando la comunicación tiene una
finalidad educativa no puede reducirse al ámbito de las relaciones estructuradas en normas y procedimientos rígidamente prefijados. Para el establecimiento de contactos que refuercen la solidez y la sinceridad de nuestro talante comunicador tan buena es el aula como el bar de la Facultad.
- Posibilita la libre expresión de las ideas y de las manifestaciones personales. En la
relación educativa, emisor y receptor.
— Buena, aunque sea usted ·"profe" hay que reconocer que es usted un tío fenómeno...
29deben sentirse libres de coacciones o de expectativas de evaluación más o menos explícita.
- Permite intercambios frecuentes de los papeles de emisor y receptor. La comunicación
fluye en todas direcciones, eso sí, de un modo ordenado y eficaz.
El profesor comunicador se siente seguro de sí mismo y del valor y trascendencia de la tarea que realiza. Mientras que el prolesor convencional mira a la clase y ve alumnos, el profesor comunicador ve relaciones. En sus actuaciones docentes se manifiesta:
- Competente. Tiene un buen nivel de autoconfianza. Posee conocimientos suficientes
acerca de la materia que tiene que desarrollar y de las vías metodológicas más adecuadas para enseñarla.
- Flexible. Mantiene firmemente sus posiciones cuando considera que están
fundamentadas en razones justas y objetivas pero, al mismo tiempo, es capaz de modificar sus planteamientos de un modo natural, si las circunstancias así lo aconsejan.
- Equilibrado, Ofrece a los alumnos la certeza de una personalidad estable y segura. No
pierde el control de sí mismo en situaciones comprometidas de clase.
- Sencillo. Se siente igual a otros como persona. No ofende ni humilla a los alumnos. Es
cortés en el trato, pide las cosas por favor y da las gracias con naturalidad. Es capaz de crear una relación basada en la confianza. - Natural Expresa de un modo natural sus emociones y sentimientos. Es capaz de reconocer sus errores y disculparse por ellos. -
Sensible. Admite el derecho de los alumnos a ser como son y a expresar sus ideas sin
más limitación que la consideración debida a los demás. Comprende las necesidades de sus alumnos.
- Agradable. Es capaz de crear situaciones relajantes, apela al humor y disfruta
sanamente riendo y haciendo reír. No le importa, incluso, reírse de sí mismo.
- Motivador. Es generoso en las alabanzas y cuando ejerce la crítica lo hace de tal modo
que la persona del alumno siempre queda a salvo. Reconoce y valora las habilidades o capacidades de los alumnos.
- Cercano. En las situaciones de clase, se mantiene próximo a los alumnos física y
emocionalmente.
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"En lugar de propiciar el aumento de la responsabilidad, los maestros ordenan y dominan. En lugar de alentar la independencia, las escuelas refuerzan la dependencia". (Gordon)
"El profesor de Ciencias Naturales de sexto de Primaria era y es mi profesor preferido. Era amable y nos trataba a todos por igual, sin distinciones de nada. Logró que me entusiasmaran las Ciencias Naturales".
30-Justo. Administra prudentemente el poder inherente a su condición de profesor.
- Honesto. Procura que sus palabras sean refrendadas por comportamientos
coherentes.
- Sociable. Mantiene, en general, buenas relaciones con las personas de su entorno. Es
extrovertido.
La comunicación en el aula
No es posible una efectiva comunicación interpersonal en el aula si no existe un ambiente relajado, abierto a las manifestaciones libres y espontáneas, donde impere el respeto a las opiniones ajenas y a la identidad de cada uno. La creación de ese clima de clase positivo es tarea prioritaria y a ella deben orientarse los esfuerzos iniciales cuando el profesor y los alumnos toman contacto por primera vez. A partir de aquí el profesor tiene que cuidar de que ese marco psicológico permanezca estable.
Determinados comportamientos del profesor ayudan a configurar un clima adecuado, aunque, más allá de actuaciones concretas, es su disposición personal, su talante y. en particular, su buen humor lo que contribuye decisivamente a facilitar esa tarea. El humor
tiene, además otro efecto positivo desde el punto de vista comunicativo: mantiene a los alumnos alerta hacia lo inesperado. Nos gusta pensar en un profesor al que se le pueda imputar una frase de Oscar Wilde que hemos citado en numerosas ocasiones: «es lo
suficientemente sensato como para hacer tonteras de vez en cuando». Desde luego, el sentido
del humor no puede identificarse con la inmadurez. Muy al contrario, es una expresión plenamente racional mediante la cual hacemos flexible lo inflexible, relajado lo tenso, relativo lo absoluto, natural lo solemne, débil lo aparentemente robusto. Cuando profesores y alumnos ríen al unísono podemos estar seguros de que, al menos en ese momento, todos disfrutan de su existencia.
El buen humor es, como dijo alguien, una salvaguardia contra la seriedad pedante tras de la cual refugian los profesores, a menudo, su propia inseguridad. El buen humor, es por encima de todo, una actitud vital. Expresión de buen humor (aunque no la única) es el empleo del chiste o la ocurrencia. En la mente humana, los chistes
31no dejan de tener su importancia. Algunos investigadores sostienen que los «tristes de espíritu», incapaces de disfrutar sanamente de situaciones graciosas o divertidas o aquellos que reaccionan estólidamente ante un chiste o una broma cuando los demás ríen abiertamente, tienen un problema en la zona frontal del cerebro que les impide realizar las conexiones necesarias entre los mensajes lingüísticos y las emociones que desencadenan. Por otro lado, así como hay personas que presumen de no tener memoria, otras alardean de no saber contar chistes (es curioso que nadie se jacta de su falta de inteligencia). Aunque es cierto que la gracia de muchos chistes está en quien los cuenta, también es verdad que otros tienen, en sí mismos, el valor de la síntesis genial, como acontece con los proverbios y refranes. Hay muchos chistes que pueden ser contados oportunamente para llamar la atención de un concepto o una idea o para
promover relaciones que facilitarán el recuerdo y el aprendizaje. No es sólo su potencialidad catártica o liberadora (humanizadora) la que confiere al chiste un alto valor en la relación humana, es que, además, es un recurso didáctico de extraordinaria eficacia.
Aunque no esperamos que usted se convierta en un chistoso profesional, le invitamos a que se provea de un repertorio chistológico del que pueda extraer de vez en cuando alguna muestra que pueda insertar en el momento adecuado. Con todo, no se fíe de las risas estruendosas de sus alumnos cuando termine de contar algún chascarrillo. A lo mejor, les ha hecho gracia. A lo peor, esas muestras de exagerada complacencia tienen que ver con lo que le sucedió a un profesor que, tras contar un chiste, observó que todos los alumnos se reían a carcajadas... menos uno que permanecía impávido. Tras comprobar la misma reacción dos o tres veces, se acercó al alumno hierático y le preguntó por qué no se reía a lo que el alumno respondió: «Es que esta asignatura ya la tengo aprobada ¿sabe usted?». Si, como nosotros deseamos, se incorpora usted al elenco de profesores inteligentes que utilizan chistes y ocurrencias para reforzar otros mensajes, para relajar el ambiente o para
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"Estudiando Bachillerato tuve a un profesor de matemáticas que todos los días nos contaba chistes. Sus clases eran tan divert idas que, cuando estaba enferma, sentía no poder ir. Su forma de explicar no podía ser más amena y eso que eran matemáticas".
"Cuando había algún momento de tensión en la clase, aquel profesor contaba algo gracioso y todos nos sentíamos más relajados para proseguir en la tarea"
En un estudio realizado en USA, el sentido del humor aparece como cualidad de los buenos profesores en 7o lugar, antes, incluso, que el interés por los problemas de los
alumnos (9°), el uso de la alabanza (11°) o el enseñar bien la asignatura (12°).
32hacer más llevadera la dura tarea de enseñar y aprender, sepa que tendrá más posibilidades de acertar si tiene en cuenta lo siguiente:
• El chiste o la ocurrencia no pueden, en ningún caso, atentar contra los valores o creencias (raza, religión, etc..) de ningún alumno de la clase.
• Deben ser utilizados con oportunidad. Por lo general, resultan más efectivos cuando siguen al mensaje central. «Esto es como lo que le pasó a aquel...»
• Sí incluye expresiones impropias, se puede optar, o bien, por no contarlo, o bien por atenuar su expresividad (sólo ante público adulto).
• No empiece a contar un chiste diciendo «Aunque yo no sé contar chistes...» Si es cierto, los alumnos lo advertirán sin necesidad de que se lo diga. Le aseguramos que contar chistes no requiere más recursos dramáticos que los que, de modo natural, emplean muchos profesores para "hacer teatro".
Parecidas observaciones cabe hacer en lo relativo a los dichos, sentencias o refranes. Goethe dijo que «una colección de anécdotas y máximas es el mayor tesoro para el hombre de
mundo que acierta a intercalar las primeras en su lugar debido y a recordar las segundas en el caso oportuno». Ludwig, el gran biógrafo, sostenía que «una palabra, una anécdota, una máxima enseñan con frecuencia más que todos los tratados públicos». Como nosotros estamos
persuadidos de los beneficiosos efectos que producen estas invocaciones, le hemos obsequiado, al final de este libro, con unos centenares de máximas, sentencias y refranes sobre educación y otros temas afines, convenientemente (o inconvenientemente) clasificados.
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"Recuerdo a mi profesor de Física de COU y todavía me pongo nerviosa cuando lo hago. Con una palabra puedo resumir cómo me sentía con él en las clases: miedo. Tenía un miedo terrible a que llegara la hora de física, tanto que el día anterior ya estaba nerviosa. Me preparaba las clases para que nunca me pillara desprevenida, pero cuando me preguntaba, me volvía tartamuda de repente y mi cerebro se congelaba, así que todos mis preparativos, de súbito se iban al garete. Le veía más como dictador que como profesor. No aprendí nada de Física aquel año".
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El primer contacto
La impresión que usted produce en sus alumnos el primer día de clase, marcará probablemente sus relaciones con ellos durante algún
más de la mitad del mensaje. Numerosas investigaciones avalan la importancia del atuendo y otras características personales visibles en la configuración de una determinada imagen psicológica por parte de los receptores. En la enseñanza, la apariencia de los profesores determina el grado de aceptación de los estudiantes respecto de lo que aquéllos dicen (afecta, especialmente a la credibilidad inicial), aunque, lamentablemente, muchos profesores desconsideran este extremo y conceden poca importancia a su imagen.
La convivencia posterior
Es un fenómeno bien conocido el hecho de que el llamado «tele afectivo» o flujo emocional en la clase no discurre en una sola dirección sino en ambas. La simpatía o la antipatía suelen ser mutuas. Si un grupo le «cae» bien a un profesor, éste le «cae» bien al grupo. En el aula, son escasas las situaciones en las que una actitud de aceptación se ve correspondida con otra de rechazo.
Si siente curiosidad por ver cómo evolucionan las actitudes de los alumnos respecto de usted mismo y de su asignatura puede comenzar pidiéndoles, en este momento, que expresen por medio de un dibujo (para que pueda ser expuesto públicamente) el sentimiento dominante que les embarga. Cuando hemos realizado esta experiencia el primer día de clase, son numerosos los dibujos que contienen grandes interrogaciones, personas enjauladas o amordazadas y otras expresiones de temor, intriga o expectación. Puede repetir el ejercicio al cabo de pocos días. Resulta muy gratificante comprobar que ahora aparecen aves volando libremente, soles radiantes y otras imágenes igualmente optimistas y esperanzadas.
Si usted desea obtener información permanente acerca del estado de ánimo de sus alumnos puede usar el «Como-me-siento», versión simplificada de la Rueda de los Sentimientos de Birkenbihl (Aprender a dirigir. Paraninfo. Madrid, 1979). Existen muchos modos de hacerlo. Nosotros
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''Yo tenía cinco años y recuerdo que mi profesora tenía un pelo espantoso:, rojo y escarolado, iba a clase siempre muy maquillada con sombras de ojos azules y labios en rojo. Un día me quitó un muñeco pequeño que llevaba en el bolsillo y que mi madre me había regalado. Me dijo que me lo daría al final de curso, pero nunca me lo dio".
Al cabo de unos días, se multiplican los dibujos que expresan sentimientos positivos, como la sensación de libertad.
34hemos utilizado una especie de diana grande colgada en la pared, en cada uno de cuyos sectores circulares hemos escrito los sentimientos o sensaciones que los alumnos pueden experimentar (el repertorio varía en función del nivel escolar). Así, puede aparecer: alegría, tristeza, cansancio, dolor, temor, confianza o cualquier otro. Al término de la clase, los alumnos que lo desean, clavan unas banderitas o unas chinchetas en el espacio que corresponde a cada estado, El «Como-me-siento» le proporciona un feedback inmediato y valioso que le hará reflexionar acerca de la oportunidad de mantener o modificar sus comportamientos en clase. Si usted es profesor universitario y realiza esta experiencia, comprobará que sus alumnos se sienten gratamente sorprendidos por su rasgo de espontaneidad y por la libertad que les concede de expresar sentimientos, circunstancia poco frecuente en las aulas universitarias.
Las primeras palabras
Una singular expectación precede a las primeras palabras del profesor. ¿Cuál puede ser el contenido de estos mensajes iniciales? Desde la perspectiva del profesor- comunicador, le sugerimos los siguientes (el orden es arbitrario):
- Señale la importancia que atribuye a las relaciones interpersonales.
- Declárese un profesor «relacional», que cree en la necesidad de la atención personal al alumno.
- Insista en la necesidad de la confianza mutua.
- Reconozca que puede cometer errores, pero garantice a sus alumnos que jamás les hará daño deliberadamente. Dígales que esta misma seguridad espera tener usted
respecto de ellos. Manifieste su mejor disponibilidad personal y su decidido propósito de serles «útil».
La disposición del aula
Si las características del mobiliario escolar lo permiten, es útil, a efectos de comunicación, alterar la configuración del espacio en función del tipo de tarea que se realiza en la clase, Desde luego con pupitres o bancos de anclaje fijo es imposible la comunicación cara a cara, (proponga a sus alumnos un sencillo ejercicio: calcular el