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5. Case studies 48

5.3 Case study 3: Trade and the SDGs 66

5.3.2 Trade and the SDGs 68

Nacional

En Colombia, uno de esos cambios trascendentales que marcó nuevos caminos dirigidos hacia lo social, ha sido la abolición de la esclavitud en 1851, que por cierto fue muy tardía, ya que desde 1810, se empezó una experiencia de independencia en el país libre del yugo colonizador, pero interiormente se conti- nuaron manejando posicionamientos de convenien- cias y rechazos entre los mismos habitantes.

Por tal motivo, ”En Colombia la población negra se integró a la cultura nacional de diversas maneras: como esclavos, cimarrones, manumisos, pobladores rurales y urbanos, y como ciudadanos (…)” (Hurtado, 2001:75). Éstas poblaciones han tenido varios roles en el país, pasando por diferentes procesos para lo- grar ser incluidos y participar mayormente en la vida social. Ahora bien, es de tener en cuenta que cuando existen prejuicios hacia determinadas personas, se crean paredes que alejan la posible interacción y se sigue juzgando sin tener la oportunidad de modificar esa idea, situación que es una constante en la vida diaria.

Es de recordar que muchos lucharon para dejar de ser excluidos y poder expresarse libremente, dando a conocer sus percepciones porque a pesar del rechazo por el color y por ese pasado, han trabajado para dejar de ser vistos como los inferiores; un caso se puede percibir en el escritor y antropólogo cordobés Manuel Zapata Olivella, el cual ha realizado diver- sos escritos, como la novela llamada Tierra Mojada,

que se publicó en 1947, pero lo más relevante es que en muchas de sus publicaciones, desde esa época, él reflexionaba y hacía referencia a la situación de muchas personas, ante tanta represión y exclusión, convirtiéndose en el pionero en cuanto a la literatura afrocolombiana.

A partir de la Nueva Constitución Política de Colombia de 1991 y con la Ley 70 de 1993, se

deja de lado la posición que encaminaba a pensar únicamente en la homogeneidad cultural de los habitantes y por eso, a las poblaciones antes deno- minadas “negras” de una manera despectiva, se les dio la categorización de grupo étnico, empezando a reconocer su cultura y la propiedad de los terrenos en que habitaban.

Es de resaltar que esa nueva situación permitió, entre muchos sucesos, aumentar esa movilidad y participa- ción que desde antes ya venía, pero la diferencia se evidenció en que la aceptación y las oportunidades brindadas aumentaron, sin dejar de lado el hecho de que la discriminación aún no se ha terminado totalmente, resultando paradójico el hecho de que en muchas de las zonas en donde viven éstas poblacio- nes, no hay todo lo necesario para tener una vida tranquila, presentándose de igual manera, situacio- nes similares en los diferentes habitantes que hacen parte del país.

Por lo tanto, ante la carencia de necesidades básicas, gran cantidad de personas migran porque en sus territorios no hay universidades, ni muchos lugares en donde laborar, ni ser atendidos en un hospital, pero sobre todo, predomina el miedo y la inseguridad ante el conflicto armado que ocurre en Colombia, junto con la falta de opciones para el vivir. Entonces, así como se brindan oportunidades de participación, también se ocultan otras necesidades que no se abor- dan y que afectan directamente el vivir de muchas de las poblaciones afrocolombianas y por supuesto, de los habitantes en general; por eso, es muy impor- tante nunca olvidar que todas las personas, inde- pendientemente de categorizaciones, pensamientos, costumbres y posiciones ante el vivir, merecen respe- to y opciones que encaminen hacia una equidad que trabaje para no fragmentar la sociedad.

Lo cierto es que la búsqueda de mejores oportuni- dades laborales y de diversas experiencias, inclina a los jóvenes a dejar su tierra natal y encaminarse a las grandes ciudades, teniendo en cuenta que con el tiempo, se establecen permanentemente en ellas

e incluso, invitan a sus familias para que vivan en aquellos contextos diferentes a los que antes vivían, pero que les puede ofrecer nuevas vivencias; incluso el individuo que migra, puede conformar ahí su nueva familia, sin la necesidad de volver a su tierra natal, aunque algunos regresan porque les hace falta el entorno rural o a causa de otras circunstancias. Ahora bien, en muchas de las poblaciones afroco- lombianas, ésta migración ha conllevado a que las personas dejen la tierra que los vio nacer y son varios los que permanecen allí hasta parte de la juventud, pero cuando terminan sus estudios secundarios, se desplazan hacia varias ciudades.

El escritor Fernando Urrea en su texto La conforma- ción paulatina de las clases medias negras en Cali y en Bogotá a lo largo del siglo XX y la primera década del XXI, expone que

Las principales regiones de concentración de gente negra en Colombia han sido, por una parte, la pacífica y el Valle interandino del río Cauca, destacándose el departamento del Chocó, los municipios del norte del Cauca y sur del Valle, Buenaventura y los municipios de la costa pacífica nariñense y caucana; por otra parte, la región Caribe, en particular la ciudad de Cartagena y, en menor medida, otros centros urbanos (Barranquilla, Santa Marta, Riohacha, Ciénaga, Montería, Lorica), pero también un conjunto de municipios de franco predominio negro, en los departamentos de Córdoba, Sucre, Bolívar, Atlántico, Magdalena, La Guajira y Cesar, y en general, los del Urabá y el Bajo Cau- ca antioqueños (2010:28).

Lo anterior refleja que las migraciones hacia las ciudades, han permitido que se presente el sincretis- mo entre personas con costumbres e ideas diferentes ante el vivir, compartiendo cantidades de expe- riencias y teniendo acercamiento colectivo en las diferentes regiones; además, luchando para dejar de ser vistos bajo los prejuicios, pero también sintiendo

armonía con sus vecinos y sus familias, con las cuales se comparte mayormente dentro del lugar de habitar, como lo es la casa, en donde dan conocer sus temores e inconformidades, pero también sus alegrías. Urrea afirma que desde los años 20 y 30 del siglo veinte, los afrocolombianos de zonas rurales migra- ron masivamente hacia Bogotá y Cali, buscando nue- vas opciones de participación ciudadana y así, dar a conocer sus ideas y buscar buenas ofertas laborales. La cantidad de migraciones hacia las zonas urbanas con varios objetivos en mente, no dejan de generar un sentimiento de nostalgia por la tierra que se dejó, siendo al principio difícil adaptarse al nuevo medio ocupado; sin embargo,

Muchos sienten que el “hogar” ha cambiado más allá de la posibilidad de reconocimiento. En contraste, en “casa” se les ve con un poco de extrañeza considerando que las experiencias dias- póricas han perturbado sus vínculos de conexión natural y espontáneamente. Los que regresan están contentos de estar en casa. Pero de alguna manera la historia ha intervenido fatalmente. (Hall, s.f.: 478- 479)

Buscar nuevas posibilidades se convierte entonces, en una situación que genera un sentimiento de nostalgia, explicándose en la adaptación a nuevas costumbres si el individuo desciende del campo a la ciudad, teniendo en cuenta que el contexto modi- ficará en parte su manera de pensar, de concebir el mundo, pero es de resaltar que tratará de involucrar- se con personas que pasan por su misma situación, para compartir aquello que añoran de sus lugares de origen; además, se establecen nuevas relaciones con ciudadanos que les ayudarán a subsistir en ese nuevo medio.

Para el caso de Cali, en donde han llegado muchos viajeros provenientes de la Costa Pacífica y otros lugares, Urrea afirma

Hasta la segunda mitad del siglo XIX, Cali fue un pequeño centro urbano de menor importan- cia demográfica frente a ciudades como Popa- yán. Sin embargo, ya a comienzos del siglo XX, su población superaba a esta última. También contaba con una población negra mayorita- ria libre, incluso antes de la abolición de la esclavitud en 1851, a diferencia de Popayán, del Cauca y de las provincias del Pacífico (por ejemplo, Buenaventura y Chocó). No obstante, la preponderancia demográfica negra en Cali es clara hasta la segunda década del siglo XX (2010:29).

Es decir, Cali ha sido y es un gran centro en donde habitan muchas familias y personas afrocolombianas que han tenido la posibilidad de trabajar y contri- buir de diferentes modos, por ejemplo “Una de las primeras figuras intelectuales negras de origen chocoano que se destacó en Cali, fue Gregorio Sán- chez Gómez, abogado de la Universidad Nacional, en Bogotá, periodista y prolífico escritor nacido en 1895, en Istmina, quien tuvo una interesante rela- ción con sectores de las élites blancas vallecaucanas, por ser un intelectual destacado en su época” (Urrea, 2010: 29); es decir, las ciudades como Cali, han dado la posibilidad de enfatizar en intereses que cada persona desea alcanzar, ya que es de esa manera como se siente satisfacción y motivos para continuar diariamente anhelando hacer la diferencia y buscar brindar ideas, resaltando que se debe trabajar para que se lleve una vida tranquila y con oportunidades tanto en las zonas urbanas, como rurales, ya que quizás muchas personas no desean dejar sus pueblos, pero por falta de tantas necesidades, lo hacen. Ahora bien, tanto en Cali como en otras ciudades, los afrocolombianos han realizado diversas activida- des creando sus negocios, trabajando en compañía o para otras personas, estudiando o realizando proyec- tos que incluyan a sus vecinos que se quedaron en esas zonas, esperando no ser olvidados y buscando oportunidades, que garanticen no mantener la an- gustia ante la incertidumbre del diario vivir.

Es importante, de igual manera, resaltar la posición de las mujeres en las ciudades, ya que históricamen- te su participación fue muy limitada y el machismo predominó al no tener en cuenta tanto sus ideas como sus deseos, resaltando que para que se tuvieran en cuenta esas voces llenas de anhelos y ganas de contribuir, debieron ocurrir muchos hechos.

Por lo tanto, poco a poco se dio la inclusión y por eso, en el caso del contexto de la mujer afrocolombiana “Delia Zapata Olivella parece ser una importante excepción en los años cuarenta, por ser la primera mujer negra que ingresa a una universidad en Carta- gena, y luego en Bogotá”(Urrea, 2010:30). Desde ese momento, la inclusión de la mujer, y especialmente, de la mujer afro en el ámbito estudiantil y laboral, ha permitido que la discriminación étnica y de género vaya minimizándose y por lo tanto, se abran opor- tunidades colectivas, forjando una igualdad social que conlleve a la formación de una humanidad más equitativa en donde todos sean favorecidos.

Nosotras habitamos Popayán, una ciudad llena de historias y memorias en torno a diferentes hechos que se presentaron en la época colonial y en el transcurrir del tiempo con infinitas vivencias; en el hoy, las calles son transitadas por nuevas gene- raciones que cotidianamente tienen gran cantidad de experiencias, pero por medio de edificaciones, simbolismos y tradiciones, se enlazan con el pasado, con lo cual, comprenden los diferentes hechos que han ocurrido.

De igual manera, llegan personas provenientes de otras regiones, como por ejemplo de La Costa Pací- fica; ello ha causado que se relacionen las diversas percepciones y que se compartan características diversas.