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TRAFFIC CONTROL SUBSYSTEM (TTCS)

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TRAFFIC CONTROL SUBSYSTEM (TTCS)

Quienes hayan leído las novelas de Joan Grant sin duda habrán pensado en un momento u otro en recordar sus vidas pasadas. El talento psíquico de la memoria lejana no es tan común como algunos creen. En su forma pura es un don bastante raro, y puede utilizarse junto con la mediación para recuperar los conocimientos perdidos. Raramente se utiliza para recordar deliberadamente las vidas pasadas. En mi opinión personal, a menos que haya una necesidad real de recuperar una vida pasada, éstas deben dejarse de lado. En este momento, usted es la suma total de las experiencias que ha sufrido, buenas y malas, en todas sus vidas anteriores; extraños recuerdos subirán a la superficie cuando sean necesarios, sin necesidad de que los busque. Debe haber por ahí miles de Nefer-titis y puede multiplicar esa cantidad por varias decenas de miles en el caso de Tutankhamón, aunque no entiendo que nadie esté ansioso de demostrar que vivió 18 años bajo una enorme tensión personal y que murió probablemente y con gran dolor por un envenenamiento.

Usted tendrá recuerdos espontáneos conforme vaya aumentando su capacidad de entender el lugar que ocupa en esta vida, o si llega a un lugar con el que está poderosamente vinculado. Habrá ocasiones en que necesitará recuperar determinados recuerdos y necesitará aprender la práctica de esta técnica. Pero emplear mucho tiempo «investigando» sus vidas

pasadas simplemente para demostrar que fue alguien famoso resulta ridículo. También puede ser traumático. Recuerde que la memoria lejana auténtica significa un recuerdo total con plena percepción sensorial. Usted no puede controlar qué área de esa vida sintonizará. Puede encontrarse en un momento particularmente doloroso, o ver a alguien prendiendo fuego a la hoguera en donde le han puesto, o ya que hablamos de ello, ¿cómo se sentiría si se descubriera que es usted el que está encendiendo el fuego? Cuando trabaje con el recuerdo en grupo encontrará a menudo que llegan a vidas que al menos alguno de ustedes han encarnado juntos. ¿Puede imaginar lo que representaría para su amistad actual descubrir que su mejor amigo, su esposa o su hijo fue aquél que le traicionó denunciándole a la inquisición? Esos recuerdos pueden remover antiguas tendencias, así como amores... lo cual es otro aspecto que debe considerar. Y de nada vale decirse a sí mismo que usted puede superar esas cosas... quizá pueda, pero quizá no.

Si regresa a un entrenamiento de una escuela de los misterios que ya había experimentado encontrará probablemente varias encarnaciones como clérigo en órdenes sagradas, así como vidas anteriores interesadas en religiones antiguas. Se dice

que se necesitan tres vidas de entrenamiento real dentro de una escuela de los misterios para convertirse en un iniciado, pero como afirma Dion Fortune, también hay vidas empleadas simplemente en «transportar agua y cortar madera».

¿Cómo es probable que se recuerde una vida anterior? Sólo puedo ofrecer mis propias experiencias a modo de ejemplo, pues cada uno lo hace de un modo distinto. Se puede producir de dos modos. Puede tener recuerdos repentinos e intermitentes, no más que una vaga sensación de reconocer un lugar o una persona, pero al pasar más tiempo junto a esa persona o en ese lugar los recuerdos se hacen más pro- nunciados, aunque raramente van más allá de esa fase. Esto le puede suceder en muchos lugares o con muchas personas durante su vida. Puede ser la explicación de la amistad inmediata con una persona, o del rechazo por irracional por otra. La mayoría de las personas no pasan de aquí en el proceso de la memoria lejana.

El segundo modo consiste en un lento despertar a una realidad diferente que parece superponerse al mundo presente. A veces produce un estado de ensoñación a través del cual uno se mueve, observando y sintiendo al mismo tiempo, sin que deje de estar presente su momento actual. Se dará cuenta de que esto puede

ser un problema, pero como ya dije, no todo el mundo experimenta las cosas del mismo modo, y cuando yo «observo» con una finalidad específica y bajo condiciones rituales, la observación se ve menos estorbada por el presente.

Una de las secuencias de memoria lejana personal más clara que he tenido nunca se produjo en Winchester. En esta vida siempre me ha encantado ese lugar, antes incluso de mi primera visita. En un frío día primaveral, a mediados de los años 70, encontré allí a Ernest Butler. Acababa de terminar una serie de conferencias en Londres y había decidido pasar la noche en Winchester, por lo que telefoneé de antemano a Ernest para preguntarle si quería pasar el día conmigo y almorzar juntos. Le gustó mucho la idea y pasamos un día feliz en compañía, uno de esos días tranquilos que se recuerdan durante años. Paseamos alrededor de la catedral y hablamos de muchas cosas, pasadas y presentes, lo cual, probablemente, puso en marcha los acontecimientos que se produjeron más tarde.

A las cinco, Ernest tomó el autobús de regreso hasta Southampton y yo, con la tarde libre, volví a la catedral para esperar las oraciones de la tarde. Era el comienzo de la Cuaresma y el obispo de Winchester iba a dar la primera de una serie de charlas cuaresmales. Me senté tranquilamente hasta que comenzó el servicio. Como asistíamos pocas personas, nos invitaron a pasar de la nave de la catedral a las sillas del coro, bellamente grabadas. Comencé a sentir un cambio de conciencia y lo cerré, pues no era ni el momento ni el lugar. Tras el servicio, hablé con el obispo unos minutos, pidiéndole un ejemplar de la conferencia que iba a editarse, y después salí por una puerta lateral y me dirigí, dando la vuelta, a la parte oeste. Casi había oscurecido, un reloj empezó a dar la hora, y yo permanecí de pie, mirando hacia arriba, a la ventana del oeste, y pensando lo mucho que me gustaba aquel antiguo lugar. Entonces sucedió de modo tan suave que al principio no me di cuenta de lo que estaba pasando.

Casi todas las casas familiares habían desaparecido, cambiadas por otras muy distintas. Yo no era ya una mujer, sino un hombre, de edad mediana y no demasiado brillante. En realidad, ese otro yo se sentía bastante confuso. Lo sabía todo sobre él, su nombre era Walter, y había estado en el monasterio desde muy joven, pues lo habían dejado allí sus padres, demasiado pobres para alimentarle. Era un alma simple que no había progresado nunca mucho, pasando la mayor parte de su vida monástica en la cocina ayudando a preparar las comidas. Re-

cordé claramente su opinión sobre el hermano cocinero y su tremendo temor por el obispo. La catedral era su único hogar y la amaba con una pasión que en el fondo de sí mismo temía que pudiera bordear lo prohibido. Su confusión se debía a un discurso que acababa de escuchar en el receptorio, algo relacionado con la posibilidad de que un hombre viviera no una sino varias vidas.

Eso le había asustado, pues no podía imaginar el vivir en otra parte y era demasiado simple para entender la mecánica del argumento. Lo único que sabía es que

ese era su hogar y quería estar siempre allí. Estaba de pie frente al gran ventanal,

mirando hacia arriba, temblando de frío y, cuando yo «me deslicé en su interior», murmuraba algo desesperadamente: «si vuelvo de nuevo me quedaré aquí de pie y recordaré, recordaré, recordaré». Y había vuelto, estaba allí de pie temblando de frío,

mirando el gran ventanal del oeste y diciéndome desesperadamente: «recordaré». El reloj seguía sonando y yo estaba allí con algunos recuerdos que se desvanecían rápidamente, aunque algunos habían permanecido. Y sé, con una certeza que va más allá de las palabras, los pensamientos o la razón que en algún lugar bajo las piedras de Winchester están los huesos de un pequeño monje nada brillante que no quería otra cosa de la vida que estar donde estaba, en Winchester. Somos la misma persona, seguimos amando a Winchester, y cada vez que paso por allí de camino hacia Londres miro para vislumbrar brevemente la catedral.

Entre los otros «recuerdos» más claros está el de ver a mi madre y a mi padre marchándose y dejándome con una mujer extraña, amable pero estricta, que sería desde entonces mi guía y maestra. Delante de mí había largos años de duro trabajo y estudio, me sentía resentida y temerosa del pensamiento predominante en mi mente: «...si no hubiera tenido esos sueños, estaría todavía en casa con mi hermano». Ese recuerdo es más largo, pero ya lo contaré en otro momento.

Si tiene alguna vez experiencias de esas, realice las comprobaciones que pueda, al menos en cuanto a los vestidos, herramientas, casas, etc. Con esa parte de usted que está todavía en este tiempo trate de observar todo lo que pueda, especialmente la época del año, y si es posible la fecha.

Hay técnicas para recuperar las vidas pasadas, pero le ruego que no las utilice indiscriminadamente. Si tiene una experiencia mala, ciérrelas psíquicamente durante al menos dos semanas y deje que salga de su subconsciente. No

utilice esas técnicas más de 1 ó 2 veces al mes, lleve un registro detallado de todo lo que hace, ve, escucha o recuerda. Recuerde también que parece ser que la mayoría de las «mejores» encarnaciones ya las ha tenido alguien... ¡así que usted y yo tendremos que arreglárnosla con lo que queda!

El libro de J.H. Brennan, Five Keys to Past Lives. pertenece a la colección «Paths to Inner Power», editada por la Aquarian Press. Encontrará en él todo lo necesario para adquirir las técnicas básicas de recuerdo de las vidas pasadas. En lo único en que no estoy de acuerdo con él es en el uso de la tabla Ouija. No me gustan demasiado estas cosas y hablo siempre en contra de ellas. En manos de psíquicos entrenados pueden tener algún mérito, pero el noventa y nueve por ciento de quienes las utilizan no están entrenados, normalmente en lo más mínimo, lo que las convierte en técnicas peligrosas. Cuando alguien obtiene resultados desagradables, o incluso experimenta un shock mental por una experiencia imprudente de este tipo, siempre se culpa al ocultismo, y nunca a la propia estupidez de la persona. Esa situación me enfada, pues muchas escuelas de los misterios son conscientes, están abiertas y dan sus cursos de acuerdo con la ética de lo oculto. Es una pena que el ocultismo sea culpado por el descuido de otros que han ignorado sus repetidas advertencias.

Añadamos, una vez dicho eso, que las otras técnicas de ese libro son ideales y están escritas con el endiablado sentido del humor de Mr. Brennan. Su capítulo sobre la hipnosis es simple y directo y puede seguirlo con plena seguridad incluso un principiante.

Evidentemente, puede seguir sus instrucciones sentándose en la sala de estar, pero la atmósfera del templo estimulará las experiencias. Le aconsejaría que tenga siempre a su lado al menos otra persona, o como mínimo una grabadora en funcionamiento. Pero si piensa utilizar la hipnosis, se necesitará otra persona.

Hace unos años salió un libro llamado The Christos Experiment, en el que se daban técnicas para la recuperación de vidas pasadas. Que funcionaba era innegable, pero también es cierto que causó problemas muy graves en algunas personas. Desde mi punto de vista, no es una técnica totalmente segura, y aconsejo en contra de su uso. Siga al pie de la letra las sugerencias de Mr. Brennan y no correrá el riesgo de equivocarse demasiado.

Una última palabra sobre el tema. Al investigar las vidas pasadas, oirá sin duda alguna el término «archivos akásicos». Permítame aclarar

que, aunque es posible utilizarlos, no está permitido profundizar en ello buscando los datos pasados de otras personas. He perdido la cuenta de las veces que he oído decir a alguien: «soy un alto iniciado y puedo leer tu línea en los archivos akásicos». Un auténtico iniciado raramente admitirá serlo; ¡y en cuanto a leer los archivos de otra persona...! Para empezar, la ética oculta lo impide, y además tendrá que realizar su propia investigación. Tales ofertas pueden terminar en una deuda kármica, según su

interpretación. La investigación de la vida pasada puede ser un estudio serio, pero tiene también algunos contratiempos. Inténtelo, de todos modos, pero con precaución, y sin caer en su indudable encanto.