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departamento de Sociología VI, Sección Educación Universidad Complutense de Madrid

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¿CUÁLES SON LOS PRINCIPALES RETOS QUE LA INMIGRACIÓN PLANTEA

AL SISTEMA EDUCATIVO? ¿QUÉ TIPO DE INTERVENCIONES MEJORARÍAN

LA EQUIDAD DEL MISMO?

1. Antes de responder a las preguntas que me he encargado de contestar, concédaseme un breve tiempo para esbozar la perspectiva general desde la cual voy a responderlas.

Antes de hablar de retos, de reacciones, creo que hay que hablar de acciones, de efectos. Los inmigrantes tienen efectos muy distintos sobre los diversos subsistemas sociales, que a su vez tienen capacidades muy distintas de incorporación. Para la economía todo son beneficios y su capacidad de absorción es ilimitada siempre que los salarios sean flexibles a la baja. Para la sociedad civil y las comu- nidades locales se trata más bien de una fuente de tensiones, que crecen más que proporcionalmente a la densidad. En la parte universalista (no, nótese bien, en la contributiva) de unos servicios sociales basados en el principio de ciudadanía introducen un dilema entre la exclusión o la disolución de recur- sos. En materia política, ciertos inmigrantes parecen preocupantemente susceptibles de padecer con- flictos graves de doble lealtad o de deslealtad pura y simple.

Además, como bien ha señalado Víctor Renes, los efectos positivos o negativos no se distribu- yen tampoco igual entre la población. Puede decirse que hay beneficiados y perjudicados casi automá- ticos. En la economía, se benefician aquellos para quienes los inmigrantes son complementarios (quie- nes los emplean, les alquilan viviendas o les abastecen) y salen perjudicados aquellos para quienes son sustitutivos, a los que su competencia baja los salarios, sube los precios y entorpece el acceso a los servicios públicos.

En general, hay un desacoplamiento entre la casi ilimitada posibilidad de integración laboral, cuyo límite lo alarga el mercado de trabajo al momento en que las condiciones de trabajo del último inmigran- te sean tan malas como las de su país de origen, y la integración social y ciudadana, limitada por regu- laciones. Ese desacoplamiento lo deberían manejar los gobiernos controlando los flujos de inmigrantes tanto en la cantidad como en el origen, pero según todos los indicios por ahora rehuyen esa responsa- bilidad, quizás por la incertidumbre de sus réditos electorales. La actuación pública es incoherente, pro- mulgando unos poderes leyes que los otros quedan exentos de aplicar. ‘Prohibido entrar, so pena de admisión’ parece ser el lema de su actuación. Basta ahora dejar constancia en los padrones munici-

Además de sitio para escolarizarlos, hay también recursos y saber hacer para ayudarles en sus dificultades más típicas, que son, como ya he dicho, aprender la lengua de instrucción y adaptarse al nivel de nuestras escuelas, más alto muchas veces que aquellas de donde vienen. Son por lo demás los mismos recursos y saber hacer –ayudas al aprendizaje de la lengua, clases de apoyo- que se usan en toda Europa y que se conocen por lo menos desde que a principios de siglo las escuelas del Nuevo Mundo recibieran grande oleadas de inmigrantes europeos (vide Eurydice La integración escolar del alumnado inmigrante en Europa, CE, 2005).

3. Antes de buscar intervenciones que fomenten la equidad del sistema educativo español con- viene preguntarse cuán graves son sus problemas de equidad, si es que en realidad existen.

Comencemos por la Enseñanza Básica (obligatoria y gratuita según la Constitución, comprende actualmente la Primaria y la ESO). En este nivel hay ciertamente desigualdad de aprendizaje, o de ren- dimiento, pero la mayor parte de ella, si no toda, es equitativa. Quiero decir que la mayor parte de la desigualdad en lo que los alumnos aprenden se debe a la desigualdad de sus capacidades persona- les, no a desigualdades de recursos entre las escuelas. Recordemos que en los últimos treinta años se han multiplicado por cuatro los gastos públicos por alumno, y que ese aumento del gasto ha tenido un fuerte elemento compensatorio, con un notable desequilibrado a favor de las escuelas y los alumnos más pobres. A estas alturas, las políticas educativas y las innovaciones organizacionales y didácticas tienen un margen muy estrecho, si lo tienen, para reducir las desigualdades de aprendizaje entre los alumnos.

De esas desigualdades, una pequeña parte se dan entre inmigrantes y nativos. En los estudios PISA de la OCDE, por ejemplo, los inmigrantes obtienen en España resultados medios algo por deba- jo de los nativos, pero con la misma desigualdad interna. En ambos grupos, el principal determinante de la desigualdad son los factores individuales subjetivos. Y aún esa diferencia de medias podría ser engañosa, pues se dan grandes diferencias de medias entre los inmigrantes según su país de origen, estando algunos normalmente por encima y otros por debajo de los nativos. Cualquiera que sean sus causas, puede afirmarse con seguridad que provienen del país de origen, no del sistema educativo español.

Es pronto para calibrar el handicap de los inmigrantes en la enseñanza post-obligatoria, pero seguramente no sea de tamaño despreciable, dado que muchos de ellos preferirán el trabajo y el aho- rro a corto plazo a la inversión en estudios más a largo plazo. Aquí, seguramente, podrá hablarse con toda razón de falta de equidad. Nótese, sin embargo, que no es una equidad delsistema de enseñan- za, sino anteel sistema de enseñanza. Los remedios, la extensión de los centros y las ayudas econó- micas individuales, no son particularmente caros ni complicados, y se conocen y aplican desde hace mucho tiempo; tanto, que a estas alturas su margen de eficacia se ha vuelto también pequeño.

4. Puede decirse, pues, que los inmigrantes son un reto si acaso pequeño y fácilpara el sistema educativo, y puede decirse igualmente que plantean puntuales problemas de equidad ante los cuales caben pequeñasintervenciones políticas de eficacia nulao incierta.

La reciente Ley de Educación (LOE, 2006) ha puesto en primer plano la distribución equitativa de los esfuerzos de escolarizar inmigrantes entre el sector público y el privado concertado. Se trata de un pales de quien ha puesto pie en España por medios legales o ilegales (en realidad, ni siquiera hace falta

haberlo puesto) para tener derecho a los servicios que las leyes españolas conceden universalmente a sus ciudadanos, entre los que sobresalen la enseñanza y la atención sanitaria. Al usarlos cada vez más inmigrantes, si los recursos no se aumentan proporcionalmente, como suele ser el caso, los servicios sociales colectivos empeoran.

El resultado es una situación más bien anárquica, o peor, una situación en que cada cosa la acaba haciendo el subsistema contraindicado para ello. La cantidad de inmigrantes la determina el mer- cado de trabajo, que no sabe poner límites a la cantidad. La selección se realiza según el criterio de supervivencia del más fuerte: se admite a quien consigue salvar los obstáculos para entrar, muchas veces mortales. Los beneficios son para los más favorecidos, los perjuicios para los más pobres y nece- sitados.

2. Paso ya a responder a la primera pregunta. En las circunstancias actuales, el sistema educa- tivo se enfrenta al reto de escolarizar a los inmigrantes en las mismas condiciones que a los nativos y a los nuevos inmigrantes en igualdad de condiciones con los ya escolarizados.

Repárese en la distinción entre inmigrante y nuevo inmigrante. Pues si bien es cierto que en el plano jurídico el énfasis está en la igualdad entre ciudadanos y no ciudadanos, en el plano de los recur- sos el problema está en igualar al último inmigrante (en el margen, se dice en economía) a todos los demás; lo que no es sino otra manera de decir que el desafío consiste en atender a los sucesivos inmi- grantes sin que decaiga la calidad de la atención.

Quisiera poner énfasis en la igualdad de condiciones. Como Mohamed Chaib ha señalado hace poco, la igualdad es un principio fundamental, que implica tratar a los inmigrantes como si fueran espa- ñoles y a los españoles como si fueran inmigrantes. Dicho con otras palabras, ‘inmigrante’ no es una categoría de relevancia educativa, no es un concepto de alcance pedagógico. De hecho, ninguna cir- cunstancia educativamente pertinente de las que abundan entre los inmigrantes (básicamente ignorar la lengua de enseñanza e incorporarse a la escuela con retraso académico o de edad) está ausente entre los españoles, así que no es difícil dar el mismo trato a los unos que a los otros, sin atender a su origen.

Este reto, ¿cómo lo afronta el sistema? Digamos ante todo que el sistema educativo español está bastante bien preparado para afrontarlo, siendo muy poco probable que se produzcan en él fenóme- nos de dilución de recursos tan intensos que provoquen reacciones sociales con repercusiones políti- cas de gravedad.

La buena preparación del sistema de enseñanza proviene de un hecho bien prosaico, lo que en términos industriales se llamaría el exceso de capacidad instalada. A consecuencia de la caída de la natalidad, el sistema tiene ahora casi la mitad de los alumnos que tenía hace quince años, sin que hayan disminuido, sino más bien aumentado, las aulas y los profesores. Nuestras ratios actuales son bajas, no mucho más de 10 alumnos por profesor. Harían falta muchos inmigrantes –muchos más que los muchos que nos llegan ahora- para rozar los veinte alumnos por profesor que los más exigentes pue- den comenzar a considerar excesivos. Mientras tanto, los niños inmigrantes a veces saturan algunos centros (volveré en seguida sobre esto) y otros los animan o incluso los libran de la clausura.

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