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2.4.2 TREM2 sequencing
La verdad sobre perros y gatos
Las relaciones de Dudley Moore y Nicole Rothschild, su cuarta esposa, fueron tan atípicas desde el principio, incluso para la meca del cine, que acabaron conociéndoles como «la pareja más peligrosa de Hollywood». La situación adquirió tintes tragicómicos en mayo de 1996, cuando el actor. —Que mide 1,57 metros— apareció en público con la cara llena de arañazos y moraduras, después de una tremenda discusión con su mujer, treinta años menor que él y veinte centímetros más alta.
Ésa no fue ni la primera ni la última sorpresa de un matrimonio que comenzó de un modo insólito, con titulares de prensa alarmantes. El 21 de marzo de 1994, día en el que se entregaban los Oscar correspondientes al año anterior, la policía de Los Ángeles recibió una llamada nocturna de Moore para informar de una riña doméstica incontrolable que tenía lugar en su casa de Marina del Rey. A ésta siguió, al poco, otra petición de auxilio de Nicole, su novia por entonces.
Al llegar la policía, la chica contó que el actor había intentado estrangularla, oprimiéndole la garganta «como quien aprieta un tubo de pasta de dientes». Los agentes arrestaron al agresor como sospechoso de violencia doméstica, amparándose en una ley de California que protege a esposas maltratadas que no denuncian a sus agresores por temor a represalias. La foto policial del cómico, con el número de preso BK3907092, le dio un giro inesperado a su imagen de hombre tierno y desvalido.
minucia, y se libró de males mayores porque Nicole solicitó al fiscal que no siguiera adelante con la denuncia. «No fue más que una bronca doméstica inflada por la prensa — declaró él más tarde, minimizando lo ocurrido—. De hecho, el policía que llegó primero a casa volvió semanas más tarde para decirnos cuánto sentía que un suceso tan pequeño hubiera provocado titulares de prensa tan grandes.»
El actor le propuso matrimonio a la muchacha unos días después y, contra todo pronóstico, ella aceptó, tras calificar de «equívoco terrible» lo que pasó. La boda se celebró justo en la misma casa en la que se provocó la reyerta, y cuando el celebrante preguntó que si alguien conocía algún motivo para no llevar a cabo la unión, todos los presentes alzaron la mano de guasa. El regalo del novio fue un impresionante anillo de zafiros y diamantes valorado en 50 000 dólares, como la fianza.
Ésa fue la cuarta vez que Dudley Moore se casó, pero Nicole era la quinta mujer de su vida, si contamos la larga relación que había mantenido a mediados de los años ochenta con Susan Antón, ex novia de Sylvester Stallone. Justo después de divorciarse de sus dos primeras esposas, Suzy Kendall y Tuesday Weld. —Madre de su hijo mayor, Patrick—, y antes de casarse con la tercera, la modelo Brogan Lane. Todas, bellezas de medidas exuberantes y muy altas, sobre todo para un hombre bajito como él, capaces de colmar el sueño erótico de cualquier varón.
En realidad, el astro alcanzó la fama con comedias en las que seducía a símbolos sexuales del calibre de Bo Derek (10, la mujer perfecta), Natassja Kinski (Infielmente tuya) y Daryl Hannah (Gente loca), un palmarás que demostraba, al menos en la ficción, que el hombre de la calle también tenía una oportunidad de resultarle atractivo a cualquier mujer, por muy bella o inalcanzable que ésta fuera. En su caso, la debilidad por las chicas altas le viene de la infancia.
El primer problema con el que tuvo que lidiar en su vida no fue el de su corta estatura, sino que nació con un pie zopo. —Deformado en forma de porra o pezuña— y una pierna raquítica. Estos defectos provocaron el rechazo de su madre, que jamás le quiso; mientras que su padre no fue capaz de mostrarle su afecto. En esa infancia marcada por el desafecto, operaciones, sillas de ruedas y aparatos correctores, fue una enfermera, muy alta, para más señas, la primera mujer que le trató con cariño.
«Se crea o no —ha explicado—, el primer beso que puedo recordar me lo dio, a los siete años, una enfermera llamada Pat, en uno de los muchos hospitales por los que pasé. Desde entonces, busco esa ternura.» La explicación, que puede parecer enrevesada, no lo es tanto para alguien que lleva más de veinte años psicoanalizándose y que ganó el papel de su vida. —En 10, la mujer perfecta— al coincidir con el director del filme, Blake Edwards, en una sesión de psicoterapia.
Aun así, su matrimonio con Nicole Rothschild fue extraño desde el principio; comenzando porque le compró a su mujer una casa a varios kilómetros de la suya y pasaron la luna de miel separados. Un régimen de vidas independientes que aceptaron de mutuo acuerdo, para que ella estuviera más cómoda con los dos hijos de su anterior matrimonio. «Puede ser muy difícil estar conmigo porque me asaltan grandes miedos —justificó él—. No puedo vivir con nadie y los otros no me soportan.»
A partir de ahí entró en escena Charles Cleveland, el ex marido de ella; un personaje que siempre estuvo presente entre la pareja, formando un atípico triángulo con ellos. Para ser exactos, el romance entre Dudley y Nicole partió de un doble adulterio, porque los dos estaban aún casados con sus cónyuges anteriores. —Él, con Brogan Lane— cuando se conocieron. Mucho antes de hacerse tristemente célebres en Hollywood por la manera tan
contundente de demostrarse su afecto.
Cleveland, músico con problemas de drogas y seropositivo, acusó a Dudley, al que durante años consideró un buen amigo, de haberle robado a su esposa; después de
regalarles el dinero necesario para que ella se operase el pecho. Los rumores, sin embargo, apuntaban a que él consintió las atenciones que tenía el actor con Nicole para beneficiarse de los regalos y el dinero que éste les daba. Esta situación inusual fue la causa de la famosa contienda que acabó con el cómico en prisión.
La aguda periodista británica Chrissy Iley analizaba en su columna semanal de The Sunday Times («Style. —2 de junio de 1996), con su habitual buen humor, la relación entre Dudley y Nicole—: A ella le gusta mandar y él estaba deseando que le dominasen, aunque luego se odiaba por ello. Le pagó, además, las prótesis para los pechos. Nunca te fíes de las intenciones de un hombre que quiere comprar pechos, porque está buscando a otra mujer; y nunca confíes en una mujer que lo acepta, porque está pidiendo que la compren, en cuerpo y sujetador.»
Charles Cleveland no tardó en mudarse a la nueva casa de su ex esposa y sus hijos, viviendo como si fueran de nuevo una familia; mientras que Dudley, al que sus
compatriotas apodan «dedal sexual» y «Dudley el mimoso», se pasaba el día solo en su mansión. Aun así, quiso tener un hijo, y la pareja escogió, de nuevo, la vía más insólita: la inseminación artificial. El motivo fue, según él, que «ella no quería pasar por un embarazo durante los calurosos meses veraniegos».
El niño —Nicky—, que nació el 28 de junio de 1995, fue un regalo original para un hombre que ha cumplido ya los sesenta años. Al parto asistió, como cabía esperar, el omnipresente Charles Cleveland. «Sé que puede parecer extraño que Dudley me permitiese estar en la sala de alumbramientos, pero Nicole y yo nos sentimos más como hermanos que como ex esposos.» El actor no lo tenía tan claro cuando hasta le pagó un viaje de ida a Hawai para quitárselo de encima, pero Charles regresó.
Tras el nacimiento, la madre se llevó el niño con ella y el padre volvió a quedarse solo. En los tira y afloja que ya se habían hecho habituales terció el contable de Dudley, que le avisó de que llevaba millones de dólares gastados en Nicole y su familia; incluida una cuenta de 600 000 dólares en ropa para ella, sólo de un año. La estrella fue a casa de su esposa a pedir explicaciones y recibió la zurra que le provocó las humillantes señales que reprodujo la prensa de todo el mundo.
Por una vez, hizo lo que se esperaba, y el 11 de junio de 1996 solicitó el divorcio. Su decisión duró poco, y semanas después retiraba la demanda, después de que Nicole le prometiera que iba a ingresar en un centro de rehabilitación para atajar su dependencia de las drogas, a la que culpaba de todos sus males. Los rumores iban, de nuevo, por otra parte. La mujer se había asustado al darse cuenta de que el contrato prenupcial que había firmado significaba la ruina en caso de divorcio.
Como era fácil de prever, los escándalos no acabaron ahí. El paso siguiente lo dio ella, que presentó el 8 de mayo de 1997 una demanda por daños, reclamándole cinco millones de dólares más gastos legales. Según ella, la obligó a tomar éxtasis en 1992. — Durante su noviazgo—, lo que le provocó un ataque, que le causó una pérdida de memoria, como secuela, ya que se negó a llevarla a un centro médico en su momento; a pesar de que ella se lo imploró inmovilizada en el suelo.
Le acusaba, también, de haberla golpeado en múltiples ocasiones; de agarrarla por uno de los pechos, cuando acababa de operárselos, y de haberse sentado sobre su pecho, hasta que sintió que se asfixiaba por el peso. Además, se lamentaba de que la llamaba, a
diario, «idiota», «cabezahueca» y cosas peores. —Hay que recordar que Dudley estudió en la elitista Universidad de Oxford—; y de que le contó mentiras sobre ella a la periodista Barbara Paskin, que escribía su biografía.
Hubo nueva reconciliación y más actuaciones legales del actor, acusando a su mujer de acosarle y atacarle, por lo que solicitó el 7 de agosto de 1997 una orden judicial para que no pudiera acercarse a él. Añadió que estaba aterrorizado por «el daño físico y emocional» que podía infligirle. Cinco días más tarde pidió el divorcio por «diferencias
irreconciliables», como del resto de sus esposas, y, nueva sorpresa, exigió que se demostrase que era el padre de Nicky, el niño que tuvieron.
Dudley y Nicole no son los primeros en ostentar el título de «La pareja más
peligrosa de Hollywood». A Humphrey Bogart y Mayo Methot, su tercera esposa. —Que en una de sus grescas le apuñaló—, siempre con una copa de más, los apodaron en los años cuarenta los «Batalladores Bogart». No menos famosas fueron, en los años sesenta y setenta, las trifulcas de Liz Taylor y Richard Burton, también bebedores, cuyo filme ¿Quién teme a Virginia Woolf? parecía fiel reflejo de su vida privada.
La tragedia de Dudley Moore es que ya están lejos los tiempos en los que optó al Oscar por Arthur, el soltero de oro (1981). Luego, fracasó en sus teleseries, y tocó fondo cuando Barbra Streisand le despidió de El amor tiene dos caras (1996), porque no
recordaba sus frases. «La mayoría de actores duran, con suerte, cinco años —ha ironizado —. Yo me mantuve en la cumbre un par de ellos. Una mañana te levantas y estás en la lista B y cayendo. Hollywood es un lugar ideal para volverse cínico sobre el