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una canasta de países con los cuales nos comparábamos

en 1974 (Corea del Sur, Taiwan, México, España).

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“Inclusividad” signifi ca que las políticas públicas y la acción mancomunada del Estado y el sector privado logran traspasar la mayor cantidad posible de ciuda- danos a actividades dinámicas de alta productividad mejorando su nivel de vida y la probabilidad de una sostenida movilidad social.

Es cierto que durante esta última década han habido vectores de innovación importantes: la biotecnología, la revolución agro-industrial y la mejora en la inversión en Ciencia y Técnica. Pero estos esfuerzos impactan directamente sobre el segmento de alta velocidad y no alteran el marco general de un sistema socio-eco- nómico absolutamente fragmentado.

Subsanar y superar esta realidad es de por sí una ta- rea ciclópea por dos razones principales. La primera es que la “intelligentsia”, la clase dirigente y nosotros los ciudadanos, cualquiera sea el prisma ideológico que se le quiera dar, hemos adherido a una lógica po- pulista en materia de redistribución del ingreso que fue siempre estática y que se enmarcó en un juego de suma cero. Los incentivos se diseñan para asegurar un esquema de compensaciones que se alternan blo- queando la generación de riqueza.

En segundo lugar, es nuestro populismo y conserva- durismo congénito el que nos lleva a repetir modalida- des de políticas públicas que pudieron ser adecuadas durante la economía Fordista de los 40s, pero que son claramente obsoletas para la nueva economía del co- nocimiento. ¿Cuántas veces distintos gobiernos han planteado la necesidad de una reforma política, del Es- tado o, más importante aún, educativa?. Es más, cada gobernante ha tenido su proyecto de turno que siem- pre terminó archivado bajo el imperio de la coyuntura y de la lógica clientelista.

La disrupción mundial y el cambio paradigmático de lo que signifi ca hoy el desarrollo económico le depara a la Argentina una nueva oportunidad. Y el foco sobre el cual hay que actuar muy rápidamente es la educa- ción y el conocimiento. Hoy ya no basta con jactarse de que tenemos un grado de alfabetización universal (de lo cual dudo) para acoplarse al tren de la economía global del conocimiento. En términos economicistas, la tasa de retorno en el grado de alfabetización no es la misma que hace 30 años bajo la era de la produc- ción en masa. Muchos países subdesarrollados han hecho un fenomenal catch up en materia de altos nive- les de escolaridad en la enseñanza primaria y secun-

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daria, pero esto no les asegura el pasaje automático hacia una economía más diversifi cada. El conocimien- to individual básico es fundamental pero resulta insu- fi ciente para asegurar un know how productivo demo- crático y colectivo.

La adopción de nuevas tecnologías y la capacidad de innovación solo son posibles cuando se tiene una masa crítica de ciudadanos que pueden aprehender las nuevas ciencias y técnicas. El tipo de conoci- miento que se imparte defi ne la estructura productiva potencial de un país. El sesgo anti–tecnologista de nuestra educación tiene raíces históricas: ya en 1926 Australia tenía –en términos per cápita– 27 veces más graduados en las escuelas técnicas que la Argen- tina, entonces el país más educado en América Latina. Una actitud conformista hizo que progresivamente se divorciara la relevancia y calidad de los saberes de las dinámicas exigencias sociales y económicas. Aún con las mejores intenciones el populismo que lleva- mos adentro nos ha llevado a un esquema educativo regresivo en donde la escuela resultó ser un instru- mento de contención social para los sectores más pobres, al mismo tiempo que se generó un perverso sistema de subsidios implícitos para que a las pocas instituciones de alta exigencia solo accedan aquellos provenientes de las clases sociales más acomodadas. El riesgo de un colapso inminente de una educación excluyente e irrelevante supone la oportunidad de en- carar una urgente revolución educativa que encarne los nuevos paradigmas científi cos. La educación y el conocimiento son los verdaderos mercados de capi- tales de un país, y es notable que esta dimensión se haya desconocido por tanto tiempo. La buena noticia es que la revolución paradigmática de la educación está allí al alcance de la mano gracias a la revolución digital. La reforma es factible y fi nanciable, pero la mala noticia es que al tratarse de un cambio de enfo- que mayor se requiere de un liderazgo moral, intelec- tual y político de fuste que la pueda llevar adelante. No expreso nada nuevo si digo que la revolución edu- cativa es la madre de todas las batallas. Tampoco es algo nuevo decir que el sector educativo es uno de los más protegidos, lo que hace difícil intentar cualquier reforma de fondo.

En definitiva, la Argentina flota; no se hunde pero no despega. Tendremos, sin lugar a dudas, momentos de euforia y expansión económica, pero lograr el es- tatus de nación desarrollada no se logrará en piloto automático. La tarea es compleja porque es bi-frontal. No hemos resuelto condiciones necesarias de míni- ma para siquiera estabilizar nuestro nivel de ingreso actual y, al mismo tiempo, tenemos que insertarnos en la vasta economía mundial para saltar hacia un verdadero sendero de desarrollo inclusivo. Se habla mucho de las bondades de las políticas de shock

versus las gradualistas con relación al futuro de la macroeconomía. Lo cierto es que nuestro equilibrio como nación de ingresos medios es muy frágil. La palabra shock resulta intimidatoria y recalcitrante, pero lo que ya es seguro es que demorar cambios radicales en nuestra matriz institucional y polí- tica y en la educación en pos de una sociedad dinámica, inclusiva e inserta en el mundo es sen- cillamente suicida.

Referencias bibliográfi cas

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Bahar, Dany, Haussman, Ricardo, Hidalgo, Cesar A (2014), Neighbors and the evolution of the comparative advantage of nations: Evidence of international knowle- dge diffusion? En Journal of International Economics, Elsevier, vol 92 (1), pags 111–123.

Castro, Lucio y Saslavsky, Daniel (2009). Cazadores de Mercados: Comercio y Promoción de Exportaciones en las provincias argentinas. Fundación CIPPEC.

Míguez, Eduardo, “`El fracaso argentino.´ Interpretando la evolución económica en el `corto siglo XX´”, en: De- sarrollo Económico, vol. 44, Nº 176, enero–marzo 2005. della Paolera, Gerardo y Gallo, Ezequiel, “Epilogue: The Argentine puzzle”, en G. della Paolera y A. Taylor (eds.): A New Economic History of Argentina. Cambridge Uni- versity Press, 2003, cap. 12.

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* Lic. en Economía UBA. Periodista. Profesor de Macroeconomia (ITBA).

Enrique Szewach

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La “continuidad”

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