Systems Theory and Communicative Rationality: The Habermas / Luhmann Debate
5.1 Habermas’s System Theory
5.1.2 Uncoupling / Rationalisation
Por encima de los apartados en que hemos clasificado la obra poética de García de la Huerta, queda un romance endecasílabo titulado «Quejas de un sentido de maldicientes que desacreditaban su fino amor» (Poesías, 1779, 216-217; BAE, L XI, 226), que ha merecido especialmente nuestra atención en la medida que refleja el pensamiento y las actitudes de García de la Huerta en el marco de su regreso a Madrid tras el destierro. La continuidad de los problemas a su vuelta se trasluce desde el inicio de la composición. El poeta se siente humillado y perseguido, viéndose obligado a ceder en su soberbia y, añadimos, opiniones para sobrevivir en el mundo de las letras: «¿Podéis más desear de mi ardimiento,/ a quien ninguno, aunque soberbio, iguala,/ que haberle sujetado y abatido/ casi hasta lo vergonzoso de la infamia?». García de la Huerta también alude a las violentas polémicas que sostuvo con otros autores, de cuya nobleza el de Zafra duda en una actitud que no se corresponde con la realidad de tales enfrentamientos: «Si nobles sois, y si os preciáis de honrados,/ bien pudierais buscarme cara a cara;/ mas ¿cómo ha de ser noble quien comete/ la torpe bastardía de ocultarla?». Estos versos en que el poeta parece sentirse solo, abandonado y rodeado de enemigos que se conjuran contra él deben estar presentes en nuestra mente cuando abordemos el capítulo de las polémicas. Por una vez, García de la Huerta fue sincero en su poesía y la ausencia de una vacua retórica, la no sujeción a unas reglas y a
unos temas predeterminados, el olvido del mundo idílico y otros rasgos crean una comunicación directa que muestra la problemática existencial del autor.
Algo muy distinto ocurre con las casi obligadas paráfrasis y traducciones de varios poemas latinos y franceses que García de la Huerta incluyó en su obra poética. Aquí se nos plantea un problema de difícil solución, pues resulta complejo discernir hasta qué punto podemos hablar de García de la Huerta como autor o traductor. No sería correcto el enfoque si pretendiéramos trasladar el significado actual de tales conceptos al siglo XVIII. Ya tendremos oportunidad de comprobar cómo el de Zafra tenía una idea peculiar de lo que debía ser una traducción, pero la inclusión en su obra de poemas ajenos no es una circunstancia llamativa en el marco de su época. Sin embargo, nuestros comentarios estarán mediatizados por esta práctica extendida a otros autores. Partimos de que García de la Huerta estaría identificado con dichos poemas, pero sólo nos interesan en la medida que sintonizan con los suyos.
Desde otra perspectiva, resulta significativa la traducción de varios fragmentos de algunos poetas franceses (Poesías, 1779; BAE, LXI, 232-233), en donde aparecen las únicas referencias a Dios que hemos encontrado en los textos de García de la Huerta. No estamos ante unos textos propiamente religiosos, sino ante unos versos cargados de un fuerte contenido ideológico derivado de una particular visión de Dios. Conociendo los antecedentes de García de la Huerta, estimamos que estos versos:
De los misterios santos La oscuridad augusta, Dócil y humilde adoro,
Sin que esto me avergüence ni confunda. Contra el Señor supremo
Jamás armo disputas, Pues para conocerle
¿quién me podrá alumbrar, si Él no me alumbra? Él dice, y yo lo creo,
Que sin vergüenza alguna De su Autor a las plantas Se rinde la razón que más presuma.
Estos versos cobran significado como una muestra más de su oposición a los ideales ilustrados, al menos los defendidos por quienes llegaron a presentar la disyuntiva Razón/Dios. Apenas unos pocos en España, pero el hecho de que García de la Huerta adopte dichos poemas en un momento clave
como el de los años inmediatamente anteriores a la revolución del país vecino no deja de ser significativo para el esclarecimiento de su ideología.
Por lo demás, estos «fragmentos» de escaso interés poético revelan un Dios que ha de castigar «con decretos de equidad santa» a los arrepentidos pecadores. Un Dios presentado de la forma más elemental frente al pecador, sujeto de particulares connotaciones en una época en que persistía un espíritu de guerra santa. Supuso la lucha entre la verdad, es decir, el catolicismo, y el error o la herética filosofía.
García de la Huerta también incluye la traducción de un pasaje de Ovidio (Poesías, 1779, 245-246 y BAE, L XI, 232), en donde se manifiesta la necesidad de unir el valor con el «arte» y la prudencia. Esta idea fue defendida con insistencia por García de la Huerta en el Prólogo a su Bib lioteca Militar Española, que será examinado en el capítulo siguiente. No obstante, ya podemos señalar que contradijo dicho principio clásico en su misma obra poética, por lo que su valor como reflejo de las actividades de García de la Huerta es relativo.
En definitiva, la obra poética de García de la Huerta es modesta desde un punto de vista literario. Sus poesías carecen de una personalidad definida. Sin embargo, esta faceta creativa nunca entra en contradicción con el pensamiento expresado en Raquel y el Theatro Hespañol. Al contrario, confirma la existencia de una personalidad y una ideología que unifican una obra dispersa, desigual y mimética.