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The Untangling Algorithm

durante las últimas décadas del pasado siglo, el movimiento vecinal, ra- mificado en varios ámbitos que compartían la misma base social (educación, salud, empleo, etc), ha protagonizado la conformación de los servicios públi- cos del distrito estudiado. reivindicando su dotación y colaborando en el dise- ño de los mismos (garcía, 1994: 239). la asociación de vecinos hegemónica ha realizado varios diagnósticos e intentos de procesos participativos, con los que justificaba la necesidad de un Plan Integral para el distrito por:

a) el empobrecimiento de la zona más antigua del barrio, que es la que acoge al mayor porcentaje de vecinos alóctonos,

b) y la conflictividad potencial de algunos espacios urbanos, bien por ser más concurridos por esos mismos vecinos, bien porque concen- tran actividades ilegales.

así, en el tejido social del resto de la ciudad ha calado que, según el dis- curso de las asociaciones tradicionales del barrio, éste es un espacio en riesgo. se han dado dos procesos paralelos. Por un lado, los media locales y los auto- nómicos han tomado como referencia a Delicias como un barrio conflictivo, donde las noticias sobre delincuencia o mala convivencia son habituales. se trataría de un barrio «en proceso» de degradación, debido, entre otros factores implícitos, a su porcentaje de población de origen migrante. y, por otro lado,

en los últimos años han concurrido en el distrito nuevas entidades asistencia- les. entre ambos tipos de entidades han surgido, igualmente, dinámicas de co- laboración y de competición, tanto por los recursos, como «por los usuarios».

Partiendo del grupo de entidades y personas movilizadas en torno a los conflictos de convivencia (en el Parque Delicias), se pretendía ahora generali- zar el modelo de coordinación a todo el barrio. y en junio de 2014 se realizó un encuentro comunitario, del que salió el actual equipo impulso de represen- tantes asociativos, cuyo fin sería redactar un Plan de Barrio. En esas mismas fechas, el Ayuntamiento de Zaragoza, una fundación filantrópica bancaria y una entidad benéfico-asistencial asentada en el Casco Histórico, acordaron trasladar su experiencia de intervención comunitaria en el centro de la ciudad al barrio de las Delicias. Durante varios meses ambos procesos confluyeron en un equipo comunitario y una misma metodología. en la actualidad, los dos coexisten en delicias, con mayor o menor hostilidad, según sea la percepción del actor asociativo entrevistado.

en este escenario de colaboración y competición entre entidades, plan- teamos una reflexión sobre la conflictividad de segundo nivel, aquella que se produce entre actores asociativos y que repercute, bien en la construcción del discurso sobre el barrio («barrio pobre», «barrio multicultural»), bien en la posición simbólica del barrio en la ciudad. Esta nueva conflictividad aparece como consecuencia de la intervención pública y privada sobre un barrio que, como otros, vive al margen de estos actores su propia dinámica de coexis- tencia (garnier, 2016: 154), en la que nadie sabe nada de nadie, y todos son impredecibles (Bergua, 2011: 196 y ss.). Dicha conflictividad se manifiesta principalmente en torno a dos ejes: la conflictividad en torno a quién lidera el proceso comunitario invocado y qué modelo ha de seguir este proceso.

Según nuestro análisis, las relaciones asociativas en el barrio se definen por el posicionamiento en torno a dos conglomerados que adquieren varias formas. de un lado, la asociación de vecinos, que se presenta como actor legítimo, por su bagaje histórico en el territorio. de otro lado, el resto de los actores, que oscila entre varias combinaciones que remiten, en su conjunto, a una situación de liderazgo compartido: bien por todos los participantes en el proceso, bien por aquellos más orientados a lo asistencial. Quedando en evi- dencia que la pugna por mantener la jerarquía es reconocida por todos: como amenaza a la propia posición, al acceso al proceso o a la sostenibilidad del propio proceso.

los discursos sobre la «legitimidad» de los actores asociativos, según el lugar en el que se sitúe su sede social (territorio), así como por su vinculación histórica al barrio (ascendencia), están vinculados a la «representación» como «delegación» o «cesión de la soberanía» de los vecinos, en tanto que indivi- duos. todas las entrevistas coinciden en que el vecindario se ausenta, de forma muy significativa, de las actividades participativas a las que se les invita. El conflicto es entre quienes aspiran al poder hegemónico sobre el barrio, a con- formar las expectativas de desarrollo vital del vecindario, y no entre vecinos, pues estos se posicionan claramente al margen de esa tensión.

la ingeniería social en pugna no está teniendo en cuenta el éxodo del vecindario (virno, 2003: 72), bien porque se aspira a inocular la participación como bálsamo ante la desigualdad (entidad filantrópica), bien porque se aspi- ra a un liderazgo carismático, aun sabiendo de la deserción de los habitantes (asociación vecinal). En este último caso, se orienta su estrategia con el fin de devenir un interlocutor predominante ante una instancia jerárquica superior: el ayuntamiento. eludiendo algo que les propone explícitamente la metodología a la que se remiten como técnicos: una reflexión sobre la desafección histórica hacia sus anteriores propuestas «participativas-comunitarias», para partir de lo existente (Gimeno et al., 2016; Marchioni, 2002). Esta reflexión debería incluir la hipótesis de que la población no considera útil, ni necesaria esta es- tructura asociativa; pero sí otras, que cubren y satisfacen necesidades actuales (de ámbito escolar, deportivas, peñas u ongs con voluntariado).