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Using Clocks to Represent Bits

Hablar de la fiesta es ingresar a lo más profundo de la comunidad. Mencionarla es acercarse a todos esos aspectos en los que se de- vela lo que es el ser humano como individuo y parte de una colec- tividad. En la fiesta se enfrenta la alegría y el sufrimiento, el dolor y el amor, la muerte y el tiempo en un mismo espacio, porque sin duda son eventos que son cíclicos (transitivos) privilegiados de la comunidad, de su vida (reflexivos), pues no solamente la co- lectividad celebra algo, sino que se celebra así misma. Por esa ra- zón, es que durante el festejo podemos evidenciar los elementos más básicos de cómo están conformados las relaciones sociales. Factores como el económico, no limita el desarrollo de la fiesta, donde quiera que se celebre el nacimiento o bautizo de un niño, se celebre un matrimonio, o se estrene casa nueva, o exista algún tipo de consagración religiosa o velación habrá festejo. Y aún en la muerte, la partida de un ser querido, no logra eclipsar la alegría que causa la liberación que provoca la celebración.

La Fiesta que aborda conflictos y los representa dentro de lo que se podría considerar como una lógica social asegura la cohe- sión, ampliando el espectro, pues no solamente se la mira como “algo bonito” que ocurre en la comunidad, más bien se ve como una “realidad viva” en el que está contenido potencial transforma- dor importante (Lara, 2015). Cabe mencionar que, la fiesta popu- lar como manifestación de voluntad colectiva, que acumula expe- riencias de alegría generalizada, exalta a la comunidad que festeja (Devoción a la advocación de Nuestra Señora de la Merced) y a los componentes de interés como eventos programados (petición y entrega de Jochas2, las vísperas, quema de chamizas3 y fuegos

pirotécnicos, misas campales, desfile de comparsas, trasmisión de mando, nombramiento de priostes4, etc.) Entonces, la fiesta es un

tipo de acción específica, es una “acción simbólico ritual, cíclica, recurrente y periódica (...) pues la fiesta se entiende como un pro- ducto social que expresa y refleja los valores, creencias e incluso intereses del grupo o grupos que la protagonizan” (Ariño, 1992, p.15: Lara, 2015).

La fiesta va más allá de la congregación, y de la espontaneidad de las reuniones de individuos para la denominada parranda, más bien es un momento en el que expresan con unicidad e individua- lidad los diferentes modos de práctica colectiva antes, durante y después de la celebración. Además, en todo el proceso de ejecu-

2 Según Tobar Donoso es la contribución que voluntariamente dan los parientes y ami- gos de la persona que hace la fiesta en sectores rurales, pero que debe ser retribuida por ésta en una ocasión igual. No es un regalo sino más bien un anticipo que deberá ser pagado oportunamente.

3 Montón de determinadas plantas levantado en las plazas para ser quemado en honor a motivos religiosos. Leña delgada seca. Hojas y ramas secas

4 Persona que auspicia las fiestas patronales ecuatorianas, pagando los diezmos al cura, comprando la comida para los invitados y corriendo con todos los gastos en general. Según, Mera “persona designada para hacer una fiesta de iglesia, sea que lo solicite o que se la obligue en virtud de la costumbre establecida en muchos pueblos, especial- mente de la sierra ecuatoriana.

ción de la fiesta, se puede comprender la lógica de poder, en la que la transgresión y la disputa es permitida –hasta cierto punto requerida– dando como resultado la cohesión y la reafirmación identitaria. Además, que, si de manifestaciones se refiere, todo es observable, material, evidente y fácilmente perceptible, por lo tanto, el ritual de la fiesta es uno de los elementos tangibles de la cultura. La fiesta que trata lo simbólico, lo imaginario, el ethos, las cosmovisiones y las mentalidades, como también los sistemas de valores, ideas, creencias, sentimientos, sentidos, significados y significaciones.

Centrando esta investigación, la fiesta se desarrolla en la ciu- dad de Latacunga ubicada en la provincia de Cotopaxi, Ecuador. Cada año esta ciudad se convierte en el escenario para una de las más importantes fiestas que constituye la mayor expresión folklórica mestiza. Ésta es la fiesta de la Mama Negra o conocida también como la fiesta de la Santísima Tragedia o fiesta de la Ca- pitanía (Tabla 1).

Para este evento grupos de personas y visitantes se dan cita para homenajear a la Virgen de la Merced considerada Patrona de los Presos, Generala de los Ejércitos Celestiales, Patrona y Reina de la ciudad de Guayaquil, provincia del Guayas; Patrona de Qui- to, provincia de Pichincha; de Portoviejo, provincia de Manabí; de Piñas, provincia de El Oro; del Litoral Ecuatoriano; de las Fuerzas Armadas del Ecuador, entre otras (Figura 1).

Este particular festejo se lleva a cabo en dos ocasiones al año: el 23 y 24 de septiembre, días del equinoccio de otoño y de re- memoración a la Virgen de La Merced, según la iglesia católica. Ésta es organizada por las vivanderas5 del mercado Pichincha del

5 Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es la persona que ven- día víveres a los militares en marcha o en campaña, ya llevándolos a la mano, ya en tiendas o cantinas.

Tabla 1. Trayectoria de la fiesta Mama Negra.

Fuente: Eduardo Paredes, Mama Negra Novembrina, 1963 a 2016. Elaborado por: Pacheco, Deysi. 2017. 

Año  Ejecución 

1963  Primera Mama Negra Novembrina.

1964-1967  No se realizó. Causas desconocidas.

1968  Segunda Mama Negra Novembrina.

1969-1973  No se realizó. Causas desconocidas.

1974  Tercera Mama Negra Novembrina.

1975  Cuarta Mama Negra Novembrina.

1976-1977  No se realizó. Causas desconocidas.

1978  Quinta Mama Negra Novembrina y Primera organizada por el I. Municipio de Latacunga, por medio de un Comité Permanente. 

1979  Sexta Mama Negra Novembrina.

1980  Séptima Mama Negra Novembrina.

1981  No se realizó, porque cesó en sus funciones el Comité Perma- nente y debido al conflicto fronterizo con el Perú.

1982  Octava Mama Negra Novembrina.

1983  No se realizó, por una serie de dificultades.

1984  Novena Mama Negra Novembrina.

1985  Décima Mama Negra Novembrina.

Desde 1986

hasta 2014  Se realizaron en todos los años.  

2015  No se realizó por la reactivación del Volcán Cotopaxi.

2016  Se retoma la fiesta nuevamente y con mayor fuerza e impor- tancia en la identidad que representa para los latacungueños por ser patrimonio intangible de la nación.  

Barrio de La Merced y El Salto y, como un evento principal por la independencia de la ciudad, el sábado anterior al 11 de noviem- bre, auspiciada por la municipalidad.

Las dos fiestas tienen mucha similitud en cuanto a la presen- cia de los personajes principales y secundarios, pero la primera

Figura 1. Imagen de la Virgen de

la Merced.

Fuente y elaboración propia.

tiene más expresiones folklóricas populares y ancestrales que la segunda.

La inclusión de personajes vestidos con particulares y colori- dos trajes, la música, los bailes, la gastronomía y la riqueza poética expresada en las Loas a la Virgen, han hecho que esta fiesta sea considerada como una de las más importantes en el país y como símbolo de la unidad y alegría nacional. El Instituto de Patrimonio Cultural INPC, acordó declararla como “Patrimonio Cultural Intan- gible de la Nación”, el 31 de octubre de 2005.

Con relación al origen la fiesta se puede afirmar que se la viene celebrando desde el siglo XVII con manifestaciones populares pa- ganas y religiosas, africana y españolas, con personajes, rituales, indumentarias, bailes y música.

Existen varias narraciones que pretenden justificar su naci- miento. Paulo De Carvalho Neto, sostiene que esta fiesta tiene su génesis en la época republicana y aparece como resultado del festejo de la liberación de los esclavos en 1851, decretada por el presidente José María Urbina, ya que existía presencia de esclavos negros, que fueron evangelizados por los mercedarios, que estaban trabajando en la explotación de las minas de Anga- marca y Sigchos.

Esta situación impresionó a los indígenas y mestizos del sec- tor quienes iniciaron a dramatizar diferentes situaciones y a cier- tos personajes que paulatinamente los fueron incluyendo en sus festejos religiosos y paganos.

Luis Fernando Botero (1991, p. 5), hace referencia, que:

no existe con claridad acerca de los orígenes de la fes- tividad de la Mama Negra, más, sin embargo, existen polémicas para ubicarla en el tiempo. Menciona tam- bién que podría tener sus raíces en épocas precolom- binas para luego adaptarse al valor que conlleva el día de hoy, pero hay algunos autores como Paredes (1984), que menciona que la fiesta no tiene ningún origen es- pañol pues que realmente solo celebran en Latacunga. Cuando estuve leyendo la referencia que hizo el autor del origen de la fiesta, habla que también que éste se realizó a través de su última erupción del volcán Coto- paxi para dar gracias a la Virgen de la Merced, patrona de la ciudad, para la protección del volcán a los mismos. En una parte pequeña menciona que hay mucha discu- sión sobre la presencia del negro en la fiesta y su papel central en la misma.

Cárate (2011, p.41, 42) menciona que:

El relato se origina en la zona rural del cantón Latacunga, alrededor del volcán Cotopaxi en la hacienda Cunchi- bamba, propiedad de la señora Gabriela de Quiroz quien manifestaba una fuerte creencia en la religión católica y en la imagen de la Virgen de la Merced. Los trabajos de los estudiosos locales Karolys y Paredes afirman que fue en una erupción del volcán entre los años 1742 y 1745 cuando se dio origen a la celebración (Paredes, 2005; 95). Debido al peligro que la hacienda tenía de desapa- recer bajo la lava del volcán, enterrada entre escombros y lodo, Gabriela de Quiroz acompañada de los indígenas que trabajaban en su asentamiento, dieron plegarias a la virgen de la Merced solicitando que los salve de la ca- tástrofe. Entonces apareció un destello sobre el cráter del volcán que pudo ser identificado como la imagen de una mujer de largos cabellos que llevaba sobre su brazo izquierdo un niño. Gabriela y sus trabajadores recono- cieron en ella la imagen de la virgen de Mercedes, ésta al ver la desesperación de sus fieles por los bramidos de la erupción, levantó su mano y calmó la furia del volcán. En ese momento la nube de ceniza y lava cesaron de- jando a los pobladores libres de peligro (Proaño, 1993; 548). Como agradecimiento a la salvación de la ciudad y a su piedad, la dueña de la hacienda decidió organizar una celebración en nombre de la Santísima Virgen de las Mercedes que tendría como objetivo principal el honrar el recuerdo de la intervención de su divinidad en los mo- mentos de desesperación que desencadeno la erupción del volcán.

El sacerdote mercedario Luis Octavio Proaño en el relato de la historia de la virgen de la Merced, realiza una revisión de sucesos acontecidos en el siglo XVIII, dice:

“ocurrieron varios desastres naturales donde la virgen de la Merced se hizo presente con el afán de escuchar las peti- ciones de los devotos. Proaño explica que en aquellas épo- cas en la ciudad de Quito la virgen de la Merced había sido nombrada como la guardiana del asentamiento desde el momento que el 8 de septiembre de 1575 la imagen salvó a la ciudad de los múltiples terremotos ocurridos, ocasio- nando que los devotos quiteños bautizaran a la imagen como la virgen de El Terremoto. Durante aquellos años los fieles de la virgen sacaban a la imagen de la Merced a la plaza central para orarle y pedirle que sea su protectora, muchas personas realizaba promesas en compensación de los dones otorgados por la virgen. Con este ejemplo, en la ciudad de Latacunga durante los momentos en los que el volcán Cotopaxi despertaba, los devotos latacun- gueños imitando al pueblo de Quito decidieron sacar a la imagen de la virgen de su iglesia y llevarla a la plaza de Santo Domingo para pedirle apaciguara al volcán, debido a la respuesta que la divinidad hizo con sus fieles se de- cidió bautizarla como la virgen del Volcán, de allí radica su importancia para los habitantes de Latacunga (Proaño, Nuestra Señora de la Merced en la colonia y en la república del Ecuador, 1993, p. 548).

De todas maneras, todas las teorías acerca del origen de la fiesta coinciden en que ésta se organiza en homenaje a la Virgen de la Merced. Navas (1988) señala que la Mama Negra o Santísima

Tragedia es propiamente una ceremonia con características reli- giosas que conservan los indígenas desde el incario y la colonia hasta nuestros días. Es un ceremonial en que se resalta la danza, la declamación de plegarias, la recitación de la curación de enfer- mos, repartición de frutas, cambio de vestido, riñas entre cónyu- ges, el simulacro con militares, movimiento de banderas y la vene- ración de la Virgen de las Mercedes.

Un tiempo desapareció la fiesta de la Mama Negra, uno o dos años. En ese año, que tampoco me acuerdo exactamen- te, un curita de aquí de la Merced les reúne a las vivanderas y les dice que bueno no puede perderse la fiesta. Ellos to- man la posta y empiezan a organizar la fiesta de la Mama Negra, o sea por ahí revive exactamente (Acevedo, 2007). De esta manera se da origen a la instauración de la entrega de ofrendas para la organización de la fiesta en lugar del priostazgo.

Cuando se habla del surgimiento del personaje principal, la Mama Negra, también se han planteado varias versiones, algunas de más curiosas mencionan que:

(…) es la recordación de la salida de la Reina Mora de Gra- nada, seguida de sus aúlicos y equipajes. Los Mercedarios que en España dedicaron sus corazones a la manumisión de los esclavos, trajeron acá esta tradición que inicialmen- te la representaban en tablados en la plaza de la Merced y luego, poco a poco, con el transcurso de los años y para lucir más sus atuendos salían en desfile por las calles de la ciudad (Proaño, 1959; 570).

Karolys, Ubilla y Paredes manifiestan que la gran admiración que se generó para la imagen de la Reina Morisca fue la principal

razón que motivó a los latacungueños para incluir a la Mama Ne- gra como personaje principal.

“Los participantes en la fiesta de la Mama Negra de sep- tiembre, que dicen que la MAMA NEGRA es la “Cocinera de la Virgen de Mercedes”, y que su marido natural es el TAITA NEGRO, quien carga los productos para que su mujer pre- pare el banquete, en el día de la fiesta de la Virgen, y que tal es la alegría de la Virgen, que cuando la MAMA NEGRA y todos los participantes bailan al son de las bandas en la plaza de la Merced, les mira desde una de las ventanas de la iglesia y le hace bailar al Niño Jesús en sus manos” (Karolys y Ubilla, 2007, 83).

Fuente y elaboración propia.

Los latacungueños tam- bién afirman que cuando los afrodescendientes llegaron a este territorio, en calidad de esclavos, al alcanzar su liber- tad, celebraron este hecho con una gran fiesta en la cual el personaje que destacaba era una mujer negra que más tarde tomaría el nombre de “Mama Negra” (Figura 2).

Es así que la fiesta se insti- tucionalizó el 24 de septiembre que coincide con el equinoccio de otoño que, por un lado, ce- lebran los indígenas y por otro, con la conmemoración a la Vir-

gen de la Merced, por parte de la iglesia católica (Acevedo, 2007). Esta fiesta es planificada y llevada a cabo por las vivanderas del mercado de la Merced, a partir del mes de abril de cada año, con el fin de agradecer a la virgen todos los favores recibidos.

Cada 23 de septiembre, previo a los preparativos llevados a cabo con mucha anterioridad, el Prioste, realiza “dos salidas” de la comparsa con los personajes principales quienes desfilan por las principales calles de la ciudad de Latacunga. Una salida se hace en la mañana y la otra en la tarde y empieza desde la Iglesia de La Merced hasta el Calvario y viceversa. A la noche se desarrollan las tradicionales “vísperas” donde se disfruta de la música interpreta- da por las bandas de pueblo, del licor, de la quema de la chamiza y de los fuegos pirotécnicos.

El 24 inicia con la celebración litúrgica en honor a la Virgen de la Merced. Luego las comparsas recorren las estrechas calles de la ciudad tanto en la mañana como en la tarde. Desde hace algunos años atrás, las vivanderas de El Salto repiten este festejo el domin- go y lunes siguientes al 24 de septiembre.

En cambio, la de noviembre tiene sus orígenes cuando en 1963, los vecinos del Barrio Centro deciden replicar esta expresión popular conocida como “La Mama Negra de los cholos” durante los festejos cívicos de la independencia de Latacunga. Esta iniciativa ha venido siendo respaldada cada año por el cabildo municipal, instituciones públicas y privadas, priostes de honor y sin lugar a duda por las Jochas que entregan personas destacadas a nivel lo- cal y/o nacional.

Esta fiesta da inicio el sábado anterior al 11 de noviembre des- de muy temprano en la mañana con gran cantidad de asistentes locales y nacionales. El primer evento solemne es la transmisión de mando a los nuevos personajes. Se da el relevo a los personajes

del año anterior. Luego de ello, desfilan un sinnúmero de com- parsas de escuelas, colegios, universidades, asociaciones, grupos culturales e instituciones públicas y privadas que al son de la mú- sica interpretada por las bandas de pueblo recorren por las calles de Latacunga. La Mamá Negra que como ya se ha mencionado, no tiene un origen claro, se mantiene a través del tiempo, por los personajes que simbolizan a todas estas narraciones épicas, que sobrepasan el tiempo histórico y son esenciales para producir, re- crear y significar el pasado en el presente.