• No results found

Información y la Comunicación (NTIC) dentro del Marco de la Educación

Continua para Adultos

Vivimos en un mundo de cambios acelerados y las NTIC han sido parte fundamental de esta realidad. El flujo de información actual, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, es abrumador y una consecuencia de tal cantidad de intercambio de datos es el surgimiento y consolidación de una nueva fase en la historia de la humanidad: la Era del Conocimiento.

Al hablar de la sociedad del conocimiento, autores como Cardona (2002, p. 2) nos indican que “el valor agregado ya no proviene de los factores clásicos de producción tierra, capital y trabajo: viene de la tecnología antes que todo”. Y agrega, “por ello la educación debe replantear sus objetivos, sus metas, sus pedagogías y sus didácticas si quiere cumplir con su misión en el

Por ende, las transformaciones antes mencionadas y las necesidades originadas por la nueva economía global promueven un cambio en la educación, misma que ahora es vista como un proceso que no tiene fin y que continúa durante toda la vida del individuo. Lo anterior, tiene su razón de ser en el proceso comunicativo establecido entre los seres humanos con el apoyo de las NTIC, dado que el conocimiento está sujeto a una evolución constante. Atrás queda la época en que una persona, al dedicarle unos cuantos años de estudio, podía dominar una disciplina o profesión.

El resquebrajamiento de este paradigma ha traído consigo variantes muy interesantes en el terreno de lo educativo. Por ejemplo, los estudiantes que ingresan a la universidad deben tener claro que el concluir su etapa de preparación profesional, aunque importante, no es suficiente. Asimismo, los docentes deben estar conscientes que el nivel de dominio en la asignatura que imparten tendrá una relación específica con las horas que inviertan en procesos de actualización.

Es en este contexto de educación continua, que el Grupo Wingspread para la Educación Superior (2003, citado por Ally, Cleveland-Ines, Boskic y Larwill, 2006) señala que tenemos que preparar individuos que puedan enfrentar los retos constantes que se presentarán en su vida, los cuales incluyen cambios acelerados, una competencia en crecimiento y mayores demandas laborales. Cázares (2002, p. 50) define a la educación de adultos como: “el deseo de cambiar, expresado por el aprendiz adulto, a través de su voluntad por adquirir nuevo conocimiento en beneficio de sus propios fines”.

Sin embargo, el reto es mayúsculo. ¿Cómo apoyar el desarrollo profesional de los nuevos universitarios cuya realidad, muchas veces, está enmarcada por su incorporación desde su época de estudiantes, en el mundo laboral? ¿Cómo promover la educación continua de profesionistas, con varios años de egresados, pero que sus puestos les demandan nuevos conocimientos y habilidades para los cuales no están preparados? Es decir, ¿en qué momento y en qué lugar podemos generar esa capacitación?

Quizá la respuesta se encuentra en la educación a distancia, la cual “se ha vuelto cada vez más popular entre estudiantes con obligaciones familiares y laborales. Alumnos adultos en busca de certificaciones aprecian la flexibilidad y la conveniencia de estudiar desde sus

hogares” (Coombs-Richardson, 2007, p. 71). Asimismo, “la capacitación y la educación basada en Internet ofrece muchos beneficios potenciales, especialmente a los estudiantes adultos, al darle un énfasis a modelos de instrucción auto-dirigidos y centrados en el alumno, avalados por recursos educacionales basados en la Web” (Sampson, Papaioannou y Karadimitriou, 2002, p. 98).

Como podemos percibir uno de los elementos primordiales dentro de la educación a distancia es el aprendizaje autodirigido, mismo que podríamos definir como “el proceso mediante el cual un aprendiz asume la responsabilidad primaria para planear, implementar y evaluar sus propio proceso de aprendizaje, y un agente o recurso, en este caso un profesor o tutor, facilita el proceso” (Cross, 1981, citado por Cázares, 2002, p. 15). Por lo tanto, los avances tecnológicos en el terreno educativo no sólo modifican las formas de transmisión del conocimiento. Se puede apreciar que estamos ante una modificación sustancial en la relación docente-alumno, ya que en estas nuevas modalidades se promueve que el estudiante tome el control de su aprendizaje.

Es decir, y contrario a lo que podría suponerse, el aprendiz autorregulado no tiene que estar necesariamente aislado, más bien significa que el estudiante tome “control de sus

decisiones, planeando, implementando y evaluando su experiencia de aprendizaje. Esto ocurre en aislamiento o en grupo o cuando dos o más aprendices comparten responsabilidades para su aprendizaje” (Cázares, 2002, p. 45). Haciendo eco de las explicaciones anteriores y de la realidad de la Era del Conocimiento, podemos visualizar que una de las principales opciones para el aprendizaje autorregulado de adultos que se embarcan en proceso de actualización, mientras trabajan y tienen compromisos familiares, son las nuevas modalidades de educación a distancia. Sin embargo, aunque la propuesta anterior se ve como una opción plausible podemos

tener cierto grado de escepticismo sobre la efectividad de una educación cimentada en las NTIC.

En ese sentido, si quisiéramos perfilar una defensa sobre el porqué esta nueva vertiente educativa puede lograr los objetivos de aprendizaje trazados, podríamos referirnos a un estudio de Bloom (1984, citado por Fletcher, Tobias y Wisher, 2007) que dio como resultado un dato interesante: la educación por medio de un tutor es mucho más efectiva que la enseñanza en grupo. Y aunque es claro que no podemos asignar un tutor a cada estudiante, la educación a distancia, al personalizar los objetivos de aprendizaje, puede acercarse al modelo tutorial. Incluso, dentro de las diversas modalidades de educación a distancia (videoconferencia, audioconferencia, educación virtual, etc.), los programas educativos en la Red asignan un maestro o tutor ya sea a cada alumno o a un grupo reducido de estudiantes.

Por lo tanto, nos encontramos con una propuesta educativa que da un seguimiento más personalizado a los estudiantes. Lo anterior, no deja de ser interesante, pues uno de los principales mitos alrededor del uso de las NTIC en la educación es que éstas inhiben el contacto directo entre los seres humanos. Sin embargo, muchos de los que hemos tenido la oportunidad de hacer uso de la tecnología en procesos de enseñanza y aprendizaje podemos constatar que, si bien no hay contacto cara a cara, la calidez y camaradería que hay en un salón de clases virtual alienta la conformación de nuevas amistades y grupos de interacción.

En la misma línea argumentativa en pro de la educación a distancia, Timbs (2002, p. 239), al referirse específicamente a las NTIC, señala que éstas “proporcionan cada vez mayores oportunidades para el manejo de recursos electrónicos, los cuales tienen el potencial de mejorar la efectividad de los aprendizajes en los estudiantes”. Por lo tanto, y cómo se ratificará más adelante en este mismo capítulo, hay estudios que nos indican que la educación a distancia es una herramienta poderosa para capacitar a personas que, bajo modelos

Sin embargo, hay autores que critican con severidad la educación a distancia o que señalan que hay ciertas condiciones indispensables para que ésta sea exitosa. Por ejemplo, Hara & Kling (2000, citado por Coombs-Richardson, 2007) realizaron un estudio con seis usuarios sin experiencia previa en computadoras. La falta de una rápida retroalimentación, problemas técnicos e instrucciones ambiguas son los elementos que más quejas recibieron de estos estudiantes sujetos a investigación. Por su lado, Mitra (2002, citado por Ping, Lie y Richards, 2006) indica que la predisposición de una persona a la tecnología es muy importante en su percepción sobre la efectividad de los recurso digitales de aprendizaje y Ladyshewsky (2004, citado por Coombs-Richardson, 2007) comenta que los estudiantes inscritos en cursos impartidos en línea deben estar altamente motivados y tener un grado considerable de autonomía.

Empero, tendríamos que analizar con cuidado si estos señalamientos están

objetivamente dirigidos a estas nuevas modalidades de educación. Es decir, ¿es justo criticar los procesos educativos vía Internet porque ciertos usuarios no tienen el nivel de dominio tecnológico para hacerles frente? Consideramos que dicha postura no tiene un sustento real, pues llevando al otro extremo el ejemplo, ¿sería justo criticar una clase cara a cara, donde el maestro quiere enseñar a varios adolescentes cómo analizar un texto, pero éstos tienen predisposición a la lectura?

Otro de los argumentos en contra de la educación a distancia es que el diseño instruccional o la generación de las unidades didácticas a estudiarse en un modelo de

videoconferencia o desde una página Web, es un proceso muy complicado. Por ejemplo, Timbs (2002) comenta que para producir contenido en línea se requiere la colaboración de educadores (para definir el contenido), administradores de información (bibliotecarios digitales) y expertos en tecnología (diseñadores gráficos e ingenieros en sistemas). En el mismo sentido, Di Nitto, Mainetti, Monga, Sbattella y Tedesco (2006, p. 33) señalan que dentro de la educación en línea

“la preparación de material instruccional requiere mucho más tiempo que el que se utiliza en la educación tradicional”.

Sería justo decir que lo señalado por estos autores es, en parte, real. Producir material audiovisual, con hipertextos y que promueva la interactividad es una tarea titánica, donde expertos, imbuidos en un trabajo interdisciplinario, tiene que llegar a consensos y compartir sus conocimientos específicos en pro de una meta instruccional común. Pero, ¿por ser una

empresa complicada de realizar, debemos claudicar ante la dificultad?

Además, estas inquietudes no pueden ocultar una realidad insoslayable: las nuevas generaciones de estudiantes, particularmente los más jóvenes, hacen uso irrestricto de las NTIC y gran parte de su tiempo lo emplean en la interacción con estas herramientas comunicativas. Además, como una clara evidencia de la importancia que está tomando la educación a distancia se puede dar un vistazo al desarrollo de las tecnologías en las cuales se basa y ratificar su desarrollo constante, el cual se calcula seguirá creciendo a un ritmo

acelerado en las próximas décadas (Watkins, R. y Schlosser, C., 2003).

Incluso, mucho de los contenidos resguardados en libros o en otros repositorios tradicionales están siendo digitalizados, pues es un “paso fundamental para lograr una

exposición total de su valor educativo” (Sierra, Fernández-Valmayor, Gunea y Hernanz, 2006, p. 56). Por lo tanto, la virtualidad y la digitalización de la información es algo cada vez más común y, sin menospreciar a los métodos tradicionales de resguardo y distribución de la información, se posiciona como el método de intercambio más común entre las generaciones actuales. Es en este sentido que, desde hace varios años, ha sido un tema recurrente la necesidad de que los profesores se capaciten para modificar sus métodos de enseñanza, ya que los jóvenes de la era digital están rodeados de un mundo de redes y multimedia que los lleva a aprender de forma distinta a generaciones de antaño (Aguirre, 1999).

Es decir, la nueva Era del Conocimiento conlleva una capacitación constante en todos los frentes profesionales y los maestros no son la excepción. Coombs-Richardson (2007) clasifica

en dos grandes grupos a los maestros que se inscriben en cursos de capacitación continua: pedagogos de carrera que quieren obtener posgrados o profesionales de otras disciplinas que, al estar impartiendo clases, requieren una capacitación en docencia.

Por lo tanto, así como los profesionistas de otras disciplinas deben mantenerse

actualizados por medio de la educación continua a distancia, los maestros deben hacer frente a esta interacción con las NTIC desde dos perspectivas: la primera es que se asuman como cualquier otro adulto en capacitación que requiere apoyarse en las nuevas tecnologías para su crecimiento profesional, pero la segunda es cuando ellos, bajo la perspectiva de su ejercicio docente, hacen uso de esas herramientas tecnológicas para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje de sus alumnos.

Esta realidad en dos sentidos coloca al maestro actual en una posición privilegiada con respecto a otros profesionista en capacitación. Es decir, no sólo se beneficiará del uso de las NTIC en su proceso de educación continua, sino que deberá, si quiere enriquecer su práctica docente, aprender a usar dichas herramientas tecnológicas para que la interacción con sus alumnos se vea potencializada en el aula.

Por ende, se puede apreciar que la educación a distancia y el uso de las NTIC pueden usarse en un formato único para capacitar a personas con problemas de tiempo o

desplazamiento geográfico, pero también se llegan a utilizar en una modalidad mixta y se convierten en un apoyo para los docentes en funciones. Esta modalidad mixta es conocida como blended-learning la cual se basa en la siguiente premisa: “la educación tradicional puede verse enriquecida con el uso de la tecnología y el aprendizaje basado en ambientes

tecnológicos puede beneficiarse de reuniones cara a cara entre los participantes” (Kerres y De Witt, 2003, p. 101). Investigaciones llevadas a cabo (Waxman, Lin & Michko, 2003, citados por Cramer, 2007) ratifican que el apoyar con tecnología el proceso de enseñanza-aprendizaje tiene un efecto positivo y significativo en los resultados que obtienen los estudiantes, cuando las notas son comparadas con alumnos que no tuvieron acceso a un apoyo tecnológico.

Es más, ha sido tal el impacto de la tecnología en la educación que no sólo los países primermundistas la han aplicado en sus aulas. Por ejemplo, Mortera-Gutiérrez (2006) señala que esta modalidad educativa ha sido fuertemente adoptada por varias instituciones de

Educación Superior en México como es el caso del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, universidad que en los últimos años ha implementado videoconferencias e instrucción en línea para mejorar los resultados de las clases presenciales de sus programas de maestría y doctorado.

Además, consideramos que la adopción de estas herramientas tecnológicas en los procesos de enseñanza y aprendizaje de los, a nuestro juicio, mal llamados países

“tercermundistas”, harán que la brecha existente entre las naciones poderosas económicamente y las que no lo son se vaya acortando. De lo contrario, muchos Estados no tendrían cabida en el nuevo orden económico mundial marcado por los intercambios comerciales virtuales y electrónicos. De lo anterior, se desprende la necesidad práctica de ir incorporando, cada vez más, las nuevas tecnologías en las aulas de nuestras naciones.

En este contexto, las aparentes e ilimitadas posibilidades de la educación a distancia han hecho que algunos de sus más fervientes seguidores supongan que el uso de tecnología en el aula, también provocará un incremento en el uso de estrategias didácticas constructivistas en decremento de las prácticas tradicionales. Sin embargo, matizando y dando su justa dimensión a este respecto, Matzen y Edmunds (2007) señalan que los maestros pueden seguir esa tendencia o usar la tecnología apegándose a sus perspectivas pedagógicas tradicionales. En otras palabras, la tecnología no es necesariamente el catalizador que hará que los maestros diseñen instrucciones centradas en el alumno.

Lo anterior es importante puesto que, si bien es cierto que las NTIC y su uso en

modalidades de blended-learning o educación a distancia “pura” son herramientas que apoyan los procesos de enseñanza y aprendizaje bajo una perspectiva innovadora, siguen siendo los individuos los que deben acercarse al conocimiento y apropiarse de él. Incluso, los alumnos que

hacen uso de la educación a distancia se dan cuenta que su rol es distinto, pues tienen que poseer ciertas características que, si bien no son exclusivas de esta nueva modalidad educativa, no son tan promovidas en la gran mayoría de los salones de clases presenciales. Inclusive una de las competencias que, irónicamente para algunos, es más promovida en la educación en línea es el trabajo colaborativo.

A este respecto, Klamma y otros (2007) comentan que el Internet ha experimentado dos etapas. La llamada primera generación del Internet permitía a los internautas o personas que exploraban la Red, establecer contacto con una gran cantidad de información. En cambio, la segunda generación del Internet permite ser productor de conocimiento de forma individual o mayoritariamente en comunidades virtuales. En esta nueva visión de la Red, ésta es creada por los que participan en ella y los internautas adquieren una nueva dimensión: dejan de ser consumidores y se convierten en “prosumidores” (productores y consumidores al mismo tiempo).

Lo anterior, nos permite volver a encontrarnos con otro ejemplo claro de cómo el uso de las NTIC ha modificado mucho de los paradigmas existentes hasta hace poco. Estamos ante una época de personas que pueden opinar, manifestarse, crear y compartir. Las posibilidades de esta nueva realidad en la educación son ilimitadas, pues se crean comunidades de

aprendizaje surgidas de los intereses particulares de los individuos que las conforman y, sobre todo, que las van modificando con su propia interacción.

Incluso, los blogs son las formas de comunicación que permiten a estas comunidades crecer y desarrollarse. Según Klamma y otros (2007, p. 73) “el término blog es una contracción de “Web-log” y el acto de “blogear” es el escribir dichos logs” (que en Inglés significa diario o nota). Por lo tanto, el colocar blogs en el Internet es el hecho de subir diarios o notas personales acompañadas de texto, audio, imágenes, etc. Y esta posibilidad de crear conocimiento

comunitario, por medio de blogs, tiene múltiple posibilidades. Por ejemplo, Deng, Lin, Kinshuk y Chan (2006, P.220) creen que el “rápido crecimiento de los Weblogs sugieren que quizá sea

posible que laboratorios individuales puedan publicar los resultados de sus investigaciones, especialmente aquellos que fabrican software y (cuyos resultados) no pueden ser publicados en formato de artículo académico o libro”.

Klamma y otros (2007) ratifican que esta nueva dimensión del Internet o segunda

generación de la Red, promueve el aprendizaje comunitario y está acorde a las necesidades de capacitación constante, continua y de por vida, que el mundo actual demanda de los

profesionistas. Por lo tanto, podemos apreciar que la nueva dinámica social que tiene una gran interactividad por medio de procesos comunicativos vía redes digitales, demanda nuevas formas de aprender. Littlefield (2005, citado por Coombs-Richardson, 2007), en un afán de ir delimitando cuáles son los factores que elevan la efectividad en los procesos de enseñanza y aprendizaje en una modalidad a distancia, enumera las características de los estudiantes en cursos en línea que tienen éxito:

ƒ Trabajan independientemente.

ƒ Su motivación es intrínseca y son persistentes.

ƒ No necesitan mucha guía por parte de terceros.

ƒ Se comprometen con las fechas de entrega.

ƒ Tienen habilidades de lectura y escritura destacadas.

ƒ Se mantienen enfocados y su esfuerzo gira en torno a la meta, a pesar de los distractores que puedan aparecer cuando estudian en casa.

De lo anterior, podemos apreciar que la nueva realidad educativa demanda que las instituciones, los profesores, los alumnos y, en general, la sociedad, vayan adoptando nuevas formas de hacer llegar la información a la gente. La nueva divisa en este siglo XXI se llama conocimiento y el compromiso de los actores educativos para compartirlo, construirlo y aprovecharlo está relacionado de manera muy cercana con las nuevas modalidades de enseñanza y aprendizaje, entre ellas, la educación a distancia.

Y es en este contexto que la capacitación docente encuentra una nueva vertiente para llevarse a cabo. Así como los maestros pueden hacer uso de las NTIC para mejorar sus clases, cuando asumen el rol de estudiantes adultos en capacitación, su interacción con estas

tecnologías les abre un mundo de posibilidades para que su actualización profesional la puedan llevar a cabo, independientemente de restricciones geográficas o temporales.

Related documents