7.1 Techniques to embed rogue waves
7.1.2 Validations based on linear theory
La idea que Aristóteles nos transmite es que la perfección, la felicidad y la excelencia del ser humano dependen no sólo de los rasgos del carácter del individuo, sino también de condiciones exteriores a él (sociales, ambientales, económicas, culturales, políticas, etc.) que hacen parte de los elementos que condicionan la manera de conducir la vida virtuosamente. Estas condiciones exteriores al individuo configuran una representación de lo social que contribuye a
75 posicionar al individuo en un esquema que le permite orientar sus acciones en relación con el perfeccionamiento en lo virtuoso y la búsqueda de la felicidad.
Según Aristóteles, el fin de toda comunidad política es propender por la felicidad y el bien de todos los miembros de la polis, con una administración ética encaminada a proteger y formar a los ciudadanos. En La Política, Aristóteles discute acerca de cuál debe ser el mejor régimen político para una ciudad y sus ciudadanos; y para dar respuesta a esto dice: “habrá que determinar cuál es, por así decirlo, el tipo de vida más deseable para todos” (P., cit., 2004: 1323a)19. De este
modo, Aristóteles observa que la felicidad de todo ciudadano, sin excepción, es el fin que debe proseguir un sistema de gobierno.
La ciudad es una comunidad de seres semejantes, en orden de la mejor vida posible; y puesto que la felicidad es lo mejor y ésta es una energía y uso perfecto de la virtud, y su situación es tal que unos pueden disfrutar de ella y otros poco o nada, evidentemente esto explica que surjan tipos de ciudad, diferencias y formas de gobierno varias” (P., cit., 2004: 1328a).
Para determinar el modo de vida más deseable para una ciudad en la que sus miembros sean felices, se debe tener en cuenta el tipo de virtudes que es deseable posean los ciudadanos y la ciudad en sí; estas virtudes deben otorgar “el valor de una ciudad, su justicia y su temple” (P., cit., 2004: 1323b). Desde esta mirada, las virtudes del ciudadano se refieren a un determinado régimen político, siendo objeto de administración, lo que hace que el mejor gobierno sea aquel que posea una “organización en virtud de la cual cualquier ciudadano puede progresar y vivir feliz” (P., cit., 2004: 1324a). Las personas y sus virtudes, de este modo, se convierten en objeto de lo político. Se busca con una adecuada forma de gobernar, garantizar a los ciudadanos las condiciones para que su vida sea feliz mediante el ejercicio de la virtud.
Las reflexiones hechas acerca de la relación entre la forma de gobernar, la fortuna y el carácter son importantes para entender desde una concepción aristotélica la educación moral. Desde esta concepción, formarse en el bien y la
76 virtud requiere de la disposición de ciertos recursos, y de la capacidad y fortuna de contar con ciertas circunstancias que favorezcan esta formación. A causa de que la virtud de las personas puede resultar limitada bajo condiciones adversas como la privación de la libertad, la extrema pobreza, el analfabetismo, entre otras, la tarea que tiene la actividad política es la de aminorar estas condiciones, ya que ellas son un factor importante que incide en la moral de una sociedad. Desde este enfoque, debe ser una preocupación fundamental de los gobernantes la educación de sus ciudadanos, como también garantizar los medios y condiciones para que se formen en relación con lo virtuoso.
Lo virtuoso, de esta manera, corresponde con lo que una comunidad valora como bueno y apropiado, por promover el bien general, el de cada individuo, el del entorno y el de la sociedad en sus aspectos culturales, históricos, económicos, entre otros. Esta cualidad social de las virtudes permite que sean elementos que por medio de la educación se puedan y busquen desarrollar en las personas: “Es porque la comunidad valora los valores encarnados en el carácter de la persona por lo que se aplica con vigor a educar al agente que los encarne” (Lear, 1994: 214). Como se mencionó antes, según Lear, la formación del carácter virtuoso requiere de la
organización de los deseos, de manera tal que las personas adquieran la capacidad de reflexionar acerca de sus actos en correspondencia con una forma de razonar que les otorgue una genuina legitimación. La capacidad de organizar nuestros deseos, en relación con la virtud y el buen juicio, no resulta sólo de la reflexión individual, sino que es algo determinado por las experiencias sociales que tenemos en nuestras vidas. El carácter virtuoso corresponde a modos de conducta que son reconocidos como éticos en una comunidad que distingue entre “ciertas formas de vida que son satisfactorias y ricas y otras que son degradantes y pobres; que hay formas de vivir una vida cooperativa y ética en sociedad que son satisfactorias” (Lear, 1994: 218). Las nociones sobre el bien y la felicidad se construyen socialmente, en especial, porque, como afirma Aristóteles, el hombre es por naturaleza un ser social, y el medio para realizar su naturaleza y perfeccionarla es la sociedad misma. El ideal de una vida buena es realizable dentro de la sociedad; este es un ejemplo de conducta que se trata de reproducir por medio del ejercicio de la virtud y del adecuado juicio, en relación con los asuntos individuales o personales y los sociales o comunitarios.
77 Los intereses del individuo y los de la sociedad deben coincidir con lo que se concibe como la vida buena; de modo, que lo que es el bien para sí mismo se encuentra en conformidad con lo que es el bien para la comunidad. Esto en un modelo ideal de ejercicio de lo moral, en el que la formación moral del individuo está en concordancia con lo que en la sociedad se representa como virtuoso y el modo como se organiza en torno a ello. Así, los casos que se alejen de este modelo ideal posiblemente sean problemas de la moralidad de los individuos o la de la sociedad. Por ejemplo, pueden existir sociedades cuya organización no sea la apropiada para procurar justicia o en la que los propósitos de su gobierno no correspondan con lo virtuoso o con el bien de todos los miembros de la comunidad. En lo relativo a los individuos, es reconocida la diversidad de concepciones acerca de lo que se considera la vida buena; sin embargo, éstas suelen coincidir en la necesidad de orientarse en torno a la virtud, tal vez de maneras diferentes y por medios variados; pero este es un tema demasiado complejo cuyo análisis es difícil desarrollar acá. Por otra parte, individuos cuyas acciones en vez de orientarse en torno a la virtud lo hacen en torno al vicio o la maldad; se puede decir, con seguridad, que se desvinculan de lo que socialmente se concibe como una vida buena. Muchas veces estos casos son tolerables en la comunidad, pero en otros deben ser señalados e intervenidos por lo perjudiciales que pueden resultar tanto para el individuo mismo como para el grupo social.
Douglas Challenger, en su análisis comparativo de las tesis de Durkheim y Aristóteles, señala a este respecto que “los hábitos de pensamiento y acción que nos conducen a la felicidad naturalmente se desarrollan en el individuo, sólo a través de ser fomentados y educados en una comunidad política, que en sí misma, en sus leyes y políticas sociales, actúa teniendo como fin el bien supremo –la felicidad de sus miembros” (1994: 37, traducción propia). Para Challenger existe una conexión entre la teoría aristotélica de la virtud y la teoría durkheimiana de la moral. Tanto para Aristóteles como para Durkheim los hábitos que nos hacen seres virtuosos se desarrollan en un ámbito social que “influencia nuestro comportamiento como individuos” (Challenger, 1994: 39, traducción propia). Actuar virtuosamente tiene que ver con los hábitos que son inculcados y aprendidos con la educación y las acciones en lo social.
78 De acuerdo con Challenger, tanto en Aristóteles como en Durkheim, se señala que la práctica de las virtudes morales consiste en actuar de acuerdo con leyes que son universalmente compartidas por todos los seres humanos20. El
comportamiento virtuoso tiene la forma de ley moral, en la medida en que debe ser aceptado y practicado por todas las personas. Los comportamientos e ideas morales individuales son una expresión de construcciones culturales e históricas que poseen un carácter general. En este sentido, las virtudes tienen justificación racional, y al mismo tiempo posibilitan la expresión de la naturaleza humana, propiciando la felicidad del individuo y de la comunidad. La existencia del ser humano adquiere valor en la medida en que viva de acuerdo con la virtud, algo que sólo es posible en comunidad.
Para procurar la felicidad en una comunidad es necesaria la gestión apropiada de los medios que la facilitan y en relación con los miembros que integran la comunidad. La formación o educación es el aspecto más importante y útil para que los individuos vivan felizmente. El fomento de los comportamientos virtuosos, mediante la formación moral, civil y cultural de los miembros de la comunidad, resulta ser el elemento que merece mayor atención para una sociedad y en especial para una determinada forma de gobernar una sociedad. La educación contribuye, entonces, a generar felicidad debido a que fomenta comportamientos virtuosos y colabora en lo que llama Lear la organización del deseo. Mientras que el placer se relaciona con la virtud, debido a que dispone el carácter de las personas para que desarrollen modos adecuados de conducta, que están acordes con lo que les hace feliz a ellos y a toda la comunidad.
20 Aristóteles examina lo moral en relación con las acciones reales de las personas y la práctica de las vi tudes. Co o lo pla tea Alasdai Ma I t e, [Pa a A istóteles] el eje i io de vi tudes e ige, por lo tanto, la capacidad de juzgar y hacer lo correcto, en el lugar correcto, en el momento o e to de la fo a o e ta. El eje i io de tal jui io o es u a apli a ió uti a ia de o as (2004: 190). Es decir, la ética de Aristóteles se contextualiza en la vida práctica, y no obedece solamente a la aplicación de normas dadas por la razón. Sin embargo, MacIntyre también dice que esta éti a es u a iología etafísi a e el se tido de ue A istóteles se i po e a sí is o la ta ea de dar una descripción del bien que sea a la vez local y particular, colocada y definida parcialmente por las características de la polis y no obstante también cósmica y universal : . Co esto lo que se nos dice es que Aristóteles ve en lo moral de las acciones una concepción universalista que bien puede ser fundamento.
79 El modo como el carácter y la propia vida se relacionan con el placer tiene que ver, según Lear, con la organización del deseo, éste dispone al individuo para actuar de manera placentera en relación con acciones virtuosas. La educación es uno de los medios con los que una sociedad logra que los individuos practiquen una
organización del deseo que les dispone para emprender modos de conducta adecuados. Esto requiere de una sensibilidad formada en la virtud junto con una apropiada capacidad de juzgar, que haga posible responder a las circunstancias armonizando los deseos, emociones e intenciones propias con el modo justo y adecuado de actuar.
Las emociones guardan relación no solo con el modo como las personas actúan y juzgan, sino también con la capacidad que tienen éstas de relacionarse apropiadamente con otros y con la habilidad para enfrentar las circunstancias de manera virtuosa. Las emociones, resultan, de este modo, ser causa de las acciones y las formas de relación que implican conductas morales. Siguiendo a Aristóteles, se puede decir que en la medida en que las virtudes se desarrollan en un contexto social, el cual promueve comportamientos éticos, los aspectos emocionales del carácter se sujetan a una sanción social que les aprueba o no, según correspondan en mayor o menor medida con el ideal virtuoso que la sociedad se ha fijado. Para mayor claridad al respecto, podemos referirnos a Aristóteles en lo concerniente a los conceptos de prudencia y mesura, y observamos que tanto para el juicio como para las acciones y las emociones se pueden determinar aspectos que señalan qué tan adecuados son. En la medida y en el modo en que las emociones, acciones y juicios se distancian o diferencian de tipo virtuosos ideal, se puede decir que son comportamientos viciosos o, por el contrario, ajustados a la virtud.