5 Contextual Research: An Overview of the UK Agri-food Chains 10S
5.2 Background to the Research
5.2.3 Value Chain Analysis Programme: Generic Findings
"Failure is the opportunity to begin again, more intelligently."
-Henry Ford-
Numerosos autores pertenecientes al campo de estudio de adquisición de segundas lenguas han intentado determinar la edad más óptima a la hora de comenzar el estudio de una L2, sin llegar a una conclusión unánime que aporte información sustancial sobre el periodo de tiempo idóneo para la primera exposición a una lengua diferente a la materna. Sin embargo, sí que existe cierta conformidad en cuanto a las teorías que defienden que cuanto más temprana sea la edad del aprendiz, más posibilidades de éxito lingüístico y de adquisición nativa tendrá en un futuro. Estas teorías se fundamentan y apoyan en enfoques neurológicos y psicolingüísticos, que estipulan que la adquisición de las lenguas está directamente relacionada con la plasticidad neuronal.
Esta afirmación fue sugerida por primera vez por Penfield y Roberts (1959), quienes postularon que la plasticidad neural que los aprendices jóvenes poseen en las primeras etapas de la vida propiciaba adquirir la lengua de forma implícita, usando la información “de serie” con la que el ser humano nace y que lo predispone de forma natural a la adquisición del lenguaje. Dicha plasticidad se va “endureciendo” conforme transcurre la niñez y llega a la etapa de la pubertad o adolescencia, tras la cual se pierde por completo debido a la especialización interhemisférica de la capacidad del lenguaje en el cerebro (Singleton y Lengyel, 1995). Dicho periodo de tiempo tras el cual es considerablemente más difícil adquirir una segunda lengua de forma nativa se denomina periodo crítico, o fase de tiempo maduracional durante el cual debe producirse el desarrollo de un determinado conocimiento o experiencia con el fin de alcanzar su nivel más álgido y efectivo.
Dicho enfoque fue particularmente defendido por Lenneberg (1967), en su obra “Fundamentos Biológicos del Lenguaje” quien estipuló que con el fin de adquirir una lengua de forma nativa o experta, los aprendices deberían ser expuestos a dicha lengua dentro de una “ventana” o periodo de tiempo neurológicamente determinado, siendo dicha adquisición posible únicamente si la exposición se produce con anterioridad al inicio de la pubertad (Lenneberg, 1967). En su teoría, Lenneberg alude a la adquisición de la lengua materna en entornos naturales, con un nivel de “input” suficientemente amplio, siendo su teoría más relacionada con la adquisición de primeras lenguas y dejando la cuestión abierta en cuanto a si este enfoque debería ser extrapolado también a segundas lenguas (Johnson y Newport, 1989). Sin embargo, la mayoría de los autores que se dedican al estudio de la adquisición de segundas lenguas han optado por usar esta teoría también para la adquisición de la L2, tanto en ámbitos naturales como instruccionales.
La Hipótesis del Periodo Crítico de Lenneberg (1967) no ha estado exenta de controversia. Incontables investigadores han intentado defender o rebatir dicha teoría con numerosos estudios basados en la adquisición de segundas lenguas y la posibilidad de adquirir un nivel nativo en relación a dicho periodo crítico. En realidad, lo que dicha teoría estipula no es la imposibilidad de adquirir
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una lengua y de poseer una competencia comunicativa suficiente para desenvolverse en un entorno lingüístico meta (factores que Lenneberg asegura como posibles), sino que en su lugar defiende que los aprendices prepúberes tendrán mayor posibilidad a la larga de éxito lingüístico, siendo capaces de adquirir un conocimiento nativo experto (Andrew, 2012), mientras que aquellos aprendices que comienzan el estudio de las segundas lenguas después de la pubertad o en la etapa adulta tendrán progresiva -e indirectamente proporcional a la edad-, menos posibilidades de alcanzar un avanzado conocimiento de la lengua, siendo imposible que puedan llegar a ser pasados por hablantes nativos.
Como se ha comentado anteriormente, son numerosos los estudios a favor y en contra de esta teoría, con investigaciones tradicionales cuyos análisis concluyen la imposibilidad de una nativa adquisición de una L2 después de la adolescencia, especialmente en el terreno de la pronunciación y la gramática (Johnson y Newport, 1989 y Flege, Yeni y Liu, 1996) y con aquellos que negaban la existencia de dicha Hipótesis del Periodo Crítico y defienden la nativa adquisición de las lenguas en edades adultas (Birdsong, 1999, Singleton, 1995 y Bialystok, 1997). Sin embargo, son más numerosas las hipótesis extraídas de estudios que apuestan por la primera vertiente, concluyendo que en un periodo comprendido entre las edades de 6-7 años y 16-17, todo aprendiz pierde el equipamiento mental requerido por los principios abstractos del lenguaje humano, siendo el decline acusado para inducir implícitamente dichos principios abstractos de la lengua una consecuencia directa de la pérdida de plasticidad neurológica derivada de la maduración cerebral (Flege, Yeni y Liu, 1999). Por esta razón, el alumnado adulto de segundas lenguas no puede depender de los mecanismos innatos de adquisición implícita de lenguas, sino que por el contrario deben basarse en otros mecanismos alternativos de resolución de problemas (Dekeyser, 2000), debiendo utilizar en su lugar su capacidad cognitiva para la explícita adquisición de las lenguas, la cual han ido engrosando con experiencias vitales y conocimientos a lo largo de la vida. Dicho alumnado deberá utilizar lo que Krashen (1981) denominó como “conscious language learning” (aprendizaje consciente), basado en la corrección de errores, la repetición, y en definitiva, “monitorear” el sistema lingüístico que se aprende mediante el conocimiento formal que se va adquiriendo de las lenguas (“Hipótesis del monitor”) (Bailey et al., 1974).
Otros investigadores prefieren utilizar el término “periodo sensitivo” en lugar de aceptar la rotundidad expuesta por el periodo crítico. Mientras este último se utiliza frecuentemente para referirse a las situaciones en las que se produce un declive abrupto de la plasticidad imposibilitando la perfecta adquisición de la L2, el enfoque del periodo sensitivo apunta a un decline paulatino de la plasticidad que influye en las habilidades lingüísticas de adquisición experta, sin llegar a denegar esta posibilidad. Sin embargo, ambos términos se suelen utilizar indistintamente para referirse a la progresiva pérdida de habilidad de adquisición de una L2, y proponen la edad infantil o prepúber como el ideal -pero no único- periodo en el que una lengua extranjera puede ser adquirida con nivel experto o nativo (Baker, Trofimovich, Flege, Mack y Halter, 2008).
Los investigadores que apoyan la teoría de periodo sensitivo también defienden que, aunque el alumnado joven alcance mayores conocimientos lingüísticos –probablemente nativos- a largo plazo (“ultimate attainment”), el alumnado adulto siempre muestra mayores índices de conocimiento inicial (“initial rates of attainment”) (Stevens, 1999). Es decir, debido al desarrollo cognitivo y experimental que posee el adulto, los niveles de avance serán mayores en las primeras etapas de adquisición, ya que una mayor edad ayuda a la mejor comprensión de ciertas estructuras y contenidos gramaticales y morfológicos. Sin embargo, a partir de esta etapa inicial, si comparamos al alumnado adulto con el joven, este último irá mejorando progresivamente con los años hasta que llegue un punto en el que llegue a superar al alumnado adulto, el cual por lo general adolece de
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fosilización del lenguaje y estancamiento en los conocimientos, siendo incapaz de perfeccionar ciertas destrezas como la pronunciación o la morfosintaxis.11
Por consiguiente, como ya fundamentó Lenneberg y corroboraron autores como Johnson y Newport (1989), en edades tempranas el ser humano posee una mayor capacidad de aprendizaje para las lenguas, la cual debe ser ejercitada constantemente si se quiere evitar su decline o pérdida maduracional. Por esta razón se considera indispensable el contacto directo con lenguas desde edades tempranas, de una forma sistemática y constante con suficiente cantidad de “input” con el fin de poder alcanzar un nivel educacional en lenguas equitativo para todo el alumnado que evite los problemas como el que supone objeto de esta investigación.
Es interesante señalar, como ya corroboraron Julia VanSickle y Sarah Ferris (ambas autoras citadas por Singleton, 1995), como uno de los fallos cometidos por las investigaciones efectuadas recientemente sobre la existencia de periodos críticos o sensitivos para una lengua es que nos dan lugar a prestar demasiada atención a cuándo debe efectuarse el contacto y aprendizaje de la L2 en lugar de cómo este aprendizaje puede efectuarse de forma más efectiva por parte del docente. El fallo universal del alumnado adulto y del docente es creer que el reto y objetivo último de aprender una L2 es alcanzar el mismo nivel experto que se posee en la L1 (Birdsong, 2006), y esta es la concepción inicial y la creencia popular que debe cambiar radicalmente. Por otro lado, la comunidad educativa debe reforzar las estrategias y metodologías de adaptación en clase de inglés para así dar cabida a aquel alumnado que, si bien sea por motivos neurológicos o afectivos, no goza de las mismas oportunidades y habilidades de adquisición lingüística que otros aprendices.
2.4.1 Fortalezas y debilidades de la Hipótesis del Periodo Crítico
Existe una amplia dicotomía entre aquellos autores que defienden los argumentos estipulados en la Hipótesis del Periodo Crítico y aquellos que, aunque aceptan ciertos factores relacionados con la edad propicia para la adquisición de segundas lenguas, mantienen ciertas reservas en cuanto a su adquisición una vez transcurrido dicho periodo.
En general, la mayoría de los autores que abordan el estudio de dicha hipótesis confirman que la edad óptima para adquirir segundas lenguas es en la etapa prepúber, cuando la plasticidad cerebral aun permite al aprendiz adquirir la lengua de forma nativa. Todos ellos están de acuerdo en afirmar que cuanto más temprana es la primera edad de exposición, mayor será las probabilidades de adquirir la lengua de forma nativa, natural y subconsciente, como ya se defendía en la Hipótesis del Input de Stephen Krashen (1981). Sin embargo, diversos autores también encuentran discrepancias en dicha teoría, y muestran numerosos estudios realizados con adultos aprendices de segundas lenguas que consiguen alcanzar niveles lingüísticos muy altos o casi nativos (Birdsong, 1999; Moskovsky, 2001; Friederici, Steinhauer y Pfeifer, 2002; Bialystok y Wiley, 2003; Singleton, 2005; Hakuta, M. Long, 2003; Chiswick y Miller, 2008; Schouten, 2009; Du, 2010; Scott, Zhang, Wang, Vadlamudi y Brann, 2012 y Vanhove, 2013).
Dichos autores argumentan además que la Hipótesis del Periodo Crítico únicamente contempla factores fisiológicos relacionados con la plasticidad cerebral y su capacidad para adquirir nuevas lenguas de forma nativa. Sin embargo, opinan que en la adquisición de segundas lenguas se debe contemplar también otros factores igualmente importantes, tales como los sociológicos, psicológicos y los personales e individuales. Existen numerosos factores que determinan el éxito en
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la adquisición de una lengua además de la edad de exposición, y dichos factores tienen un peso esencial que debe ser también considerado.
Uno de los factores que precisamente limitan la capacidad de aprendizaje de lenguas extranjeras por parte del alumnado adulto es la mayor capacidad cognitiva. Paradójicamente, el hecho de que la capacidad cognitiva de los adultos sea mayor que el de los infantes o adolescentes y que posean mayor conocimiento sobre el funcionamiento de la lengua los hace más conscientes sobre el proceso de aprendizaje, con lo que este es un factor que juega en contra del proceso de adquisición natural y nativo. Es paradójico observar cómo el hecho de ser superiores cognitivamente los incapacita para obtener mejores resultados de aprendizaje (Long, 2005).
Por todos estos argumentos en contra y a favor de la Hipótesis del Periodo Crítico, es razonable plantearse si la adquisición de segundas lenguas viene únicamente determinada por la menor o mayor edad o si es un equilibrio entre naturaleza y educación, o “nurture vs. nature” (Long, 2005; Chiswick y Miller, 2008; Schouten, 2009; Du, 2010; Scott, Zhang, Wang, Vadlamudi y Brann, 2012 y Vanhove, 2013). No hay duda que la menor edad del aprendiz y la exposición temprana a las segundas lenguas propicia su adquisición de manera más rápida, efectiva, natural, y en definitiva, nativa. Sin embargo, esta no es razón para condenar al aprendizaje de las mismas tras la pubertad. El alumnado adulto se enfrenta a numerosos factores que limitan su aprendizaje y que no se rescinden únicamente a la edad. Aunque es cierto que dificultan el proceso y en muchas ocasiones el alumnado termina frustrado y abandonando su estudio, existen numerosos casos en los que el aprendizaje es posible y suficiente para posibilitar la función comunicativa e incluso alcanzar altos niveles de conocimiento lingüístico.
En este sentido, la mayoría de los autores coinciden en afirmar que el nivel nativo o de producción y comprensión perfectas es prácticamente imposible en alumnado cuya primera exposición a la lengua tuvo lugar tras la adolescencia. No obstante, también argumentan que se debe rechazar la concepción y la presión social o académica injustamente impuesta que dictamina que el fin último de emprender el estudio de una lengua extranjera es la perfección lingüística o un nivel muy alto. La función comunicativa es, de forma redundante, la misma: comunicar. El hecho de que el alumnado adulto sea capaz de transmitir mensajes y comprender la información principal de una interacción es el fin último del aprendizaje de una lengua. La fluidez y la perfección gramatical o léxica vienen determinados con la práctica y el tiempo empleado con la misma, con lo que la presión afectiva del alumnado adulto es totalmente infundada.
Como cualquier teoría o hipótesis de relevancia, la Hipótesis del Periodo Crítico despierta al mismo nivel críticas negativas y positivas, y es posible apreciar fortalezas y debilidades derivadas de sus postulaciones. Lo que queda claro para todos los autores relacionados con el aprendizaje de segundas lenguas por parte de adultos es que la edad de exposición es un elemento fundamental para adquirir un nivel nativo, siempre teniendo en cuenta además otros factores afectivos y sociológicos que afectan el proceso de enseñanza-aprendizaje.