2. LITERATURE REVIEW 6
2.5. VARIOUS STATES LRFD IMPLENTATION EFFORTS 21
La nota característica que define a una especie endémica es que su distribución espacial se halla determinada en unos lugares muy concretos siendo una particularidad de dicha región o territorio (D.R.A.E. edición de 2001 y la enciclopedia británica edición de 2008) y en la doctrina científica parecidas opiniones son sostenidas por Hodgson (1986 a), Good, (1947), Merino y Mosquera, (1999) entre otros muchos autores.
En estas definiciones tan genéricas se encuentran los rasgos distintivos de las plantas endémicas, a saber: el primero, es la escasez de ejemplares que se pueden encontrar y, el segundo, será la rareza de estas especies. Esta extrañeza está basada en el hecho de encontrar árboles en lugares que, en teoría, no son los más idóneos para su desarrollo. En este sentido, dos ejemplos que pueden ponerse de especies endémicas españolas serían el pinsapo o el araar. Además, cabe añadir un rasgo desprendido de los dos anteriores ya que la endemicidad es vida y, por tanto, parte integrante de la biodiversidad biológica y, en muchos casos, sirve para definir a la misma biodiversidad, pues es un componente de ella (Ojeda et al., 1995). Así, en estos mismos términos se manifiestan otros autores al afirmar que la biodiversidad es un vocablo genérico que comprende múltiples endemismos (Takacs, 1996). El origen, pues, de la aparición de los endemismos es la imposibilidad de cruzarse con otras poblaciones distintas (Merino y Mosquera, 1999).
Ha de señalarse, además de todo lo expuesto con anterioridad, que hay algunas especies que tienen como característica su crecimiento aislado y que, debido a la lentitud de su crecimiento, su número es escaso. Una especie vegetal que reúne tales peculiaridades es el tejo, por ejemplo (Laguna, 1881). De este modo, se puede observar e indicar una peculiaridad más de las plantas endémicas: su alto grado de especialización (así lo llama la doctrina) (Hodgson, 1986 c). Tal peculiaridad no deja de ser una adaptación de determinados ejemplares a una nueva situación que propicia una nueva comunidad donde o los ejemplares viven o mueren.
Respecto a cómo debe ser el tamaño del espacio que alberga la especie que se ha de tutelar, se afirma que aquellas áreas que cobijan endemismos varían en su magnitud. No obstante, la tendencia es que la reducción de su dimensión sea menor en el sur que en los trópicos (Platnick, 1991). Sin embargo, en otra ocasión, se llega a asegurar que el valor de ese actual espacio va a depender del tamaño y del carácter de ese espécimen (Good, 1947). Esto en principio, no debería ser así y lo relevante habría de ser la conservación del ejemplar que por ser el único de su especie que se encuentra ubicado en un lugar tan extraño ha de estar protegido, independientemente del tamaño o de cualquiera otra circunstancia. Sin embargo, el endemismo puede estar en más de un país diferente (piénsese en la flora que puede hallarse en Sheffield, por ejemplo, se encuentra en dicha región y, también, en Europa en un estado de evolución mayor (Hodgson, 1986 d)) y hasta en continentes distintos (tómese como ejemplo el araar y compruébese que la distribución geográfica de esta especie puede observarse en el Norte de África). Estas especies endémicas, entonces, recibirán el calificativo de «anómalas», porque el ámbito de evolución y expansión de la especie de que se trate habrá de ser, normalmente, el referido a una región florística concreta (Good, 1947).
Fotografías 12y13.
Fuente:ElBosque Protectory
http://www.esacademic.compictureseswiki84Tetraclinis_articulata_cartagena.
No ha de haber dudas acerca de la importancia y de la trascendencia del concepto de biodiversidad En una de las imágenes se puede contemplar una perspectiva del escaso bosque (unos cientos de ejemplares) de sabinas moras o araar o tetraclinis articulata que existen en el suelo peninsular. En la otra imagen puede observarse la visión parcial del ecosistema de los pinsapos cuya relevancia de su estado actual viene definida por la expresión «el abeto que se quedó en el sur».
No siempre el patrón geográfico determinado por su aislamiento es la característica que determina la aparición y, posterior, desarrollo de los endemismos. Son factores que, por supuesto, sí que favorecen el surgimiento de plantas endémicas. Sin embargo, puede indicarse el componente humano como aquella circunstancia que beneficia el establecimiento de dichas especies (Hodgson, 1986 b).
En el caso de estimarse la geografía como un elemento que coopera en el asentamiento de estas especies endémicas ha de señalarse que es lo que ocurre con los puntos calientes del planeta o «hotspot», llamados así por albergar una cantidad enorme de especies endémicas y, al mismo tiempo, estar sufriendo parte de su limitada distribución geográfica. El 44% de todas las especies vasculares están restringidas en 25
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lugares del planeta. La importancia que tiene la región mediterránea es marcada como uno de los puntos con mayor diversidad del planeta (Myers et al., 2000). No pueden olvidarse los endemismos que pueblan las Islas Canarias, pues se calcularon, en 1947, en cerca de 400 (Good, 1947). Tal magnitud ha de ser aproximada pues se desconoce el número total que representa la biota natural de Canarias debido a que cada poco tiempo se descubren nuevas especies que son únicas y que enriquecen estos ecosistemas (Machado, 2002).