En el ejemplo: “María dio a Ricardo la carta el domingo pasado”, la función básica es la de emitir información, lo que determina la forma en indicativo del verbo. Esta parte de la estructura (“María dio”), se denomina modalidad, y es la que lleva la carga sintáctica, y es la que más fácilmente puede verse alterada. El resto (“a Ricardo la carta el domingo pasado”) no se ve afectado en este nivel, por lo que pasa a considerse residuo.
3: La metafunción textual: permite al hablante organizar los constituyentes en términos de la prominencia comunicativa que estos tengan y del efecto que quiera conseguir. El principal recurso de codificación de esta metafunción es la tematización, la organización de la cláusula en forma de Tema (o tópico del mensaje) y Rema (que constituye el foco o centro de interés pues contiene información nueva). Por ejemplo, en “Eva es muy inteligente”, el tópico de la oración es “Eva”, mientras que el foco es “es muy inteligente”. Según el ejemplo “María dio a Ricardo la carta el domingo pasado”, el tema sería “María”, y el rema “dio a Ricardo la carta el domingo pasado”.
Halliday señala que en cada acto de habla están presentes las tres grandes funciones del lenguaje. Podemos decir que la cláusula está organizada como una representación del proceso (dimensión ideativa o ideacional), como una unidad de intercambio entre personas (dimensión interpersonal) y como un mensaje que transporta información (dimensión textual).
Esta concepción tripartita no es exclusiva del modelo sistemático-funcional, pues ya se encontraba en los inicios del funcionalismo en los trabajos de los miembros del Círculo de Praga, que ya distinguían entre oración (unidad lingüística con significado) y enunciado (la oración insertada en un contexto).
6.2.3. La teoría de los actos del habla.
Un desarrollo importante sobre las funciones del lenguaje proviene del campo de la filosofía. Son las propuestas de John Austin y John Searle de estudiar el lenguaje como una forma de “acción”. Es decir, la emisión de ciertos mensajes no sólo describe ciertos sucesos o eventos de la realidad (o de la ficción o imaginación), sino que la propia enunciación supone hacer algo. Por ello, en principio, hay que distinguir entre emisiones de naturaleza constativa (ej: “hoy está nublado”) y emisiones de carácter performativo o realizativo (ej: cuando un juez dice “yo os declaro marido y mujer”, no sólo está diciendo algo, sino que el hecho de decirlo supone la acción de crear un matrimonio reconocido legalmente). Las expresiones donde se haya una acción son denominados “Actos de Habla”, como la emisión de veredictos, bautizos, arrestos, etc., siempre y cuando se produzcan una serie de condiciones tanto verbales como situacionales:
1: Un procedimiento que produzca un cierto efecto convencional y que incluya la emisión de ciertas palabras por parte de determinadas personas en determinadas circunstancias.
2: Las circunstancias y las personas deben ser las adecuadas para la realización de dicho procedimiento.
3: El procedimiento debe realizarse correctamente y completamente.
Existen otro tipo de actos de habla que están mucho menos institucionalizados, como son la realización de promesas, advertencias, disculpas, etc. Cada uno de estos actos de habla cuenta con diversas posibilidades de expresión. También puede darse el caso de que una misma expresión pueda utilizarse para diferentes actos de habla. Por ejemplo, la oración “Voy al dormitorio” puede interpretarse como una declaración, como una promesa o incluso como una advertencia. Dada la falta de isomorfismo entre la forma gramatical de un enunciado y su intención comunicativa, es necesario tener en cuenta que cada acto de habla cuenta con tres factores diferentes:
1: Acto o fuerza locutiva: es la idea o contenido del enunciado, es decir, aquello que se dice. 2: Acto o fuerza ilocutiva: es la intención o finalidad concreta del acto de habla. El uso de un enunciado para preguntar, dar información, prometer, etc.
3: Acto o fuerza perlocutiva: es el efecto que el enunciado produce en el receptor en una determinada circunstancia.
Por ejemplo, en la frase “No fume, por favor”, el acto locutivo comprende la emisión de las palabras concretas, que a su vez están ligadas a ciertos significados; la fuerza ilocutiva será el acto de
prohibición realizado mediante esta emisión; y, si el receptor del mensaje deja de fumar, ésta será la fuerza perlocutiva obtenida. Si el emisor dijera “Fumar es malo para la salud”, contaríamos con un acto ilocutivo de advertencia, bajo una locución declarativa, y si el receptor apagara el cigarro la fuerza perlocutiva sería idéntica al caso anterior.
Se distinguen, así, dos tipos de actos de habla:
1: Actos directos (o ilocución directa), que son aquellos enunciados en los que la fuerza locutiva e ilocutiva coinciden, es decir, se expresa directamente la intención (ej: “No fume”).
2: Actos indirectos (o ilocución indirecta), que son aquellas frases en las que la fuerza locutiva e ilocutiva no coinciden, por lo que la finalidad de la oración es distinta a lo que se expresa directamente (p.ej.: “Fumar es malo para la salud”, donde la forma gramatical no muestra indicación de la intención de advertir.
No existe una relación biunívoca inquebrantable entre modo gramatical y fuerza ilocutiva. Un mismo modo gramatical puede llevarnos a diversas fuerzas ilocutivas (por ejemplo, una oración declarativa puede ser una aseveración, una petición, un ofrecimiento o una orden). Por otra parte, una misma fuerza ilocutiva se puede expresar mediante diversos modos gramaticales (por ejemplo, mediante una oración interrogativa o declarativa).
Existe una clara relación entre los actos de habla y las funciones del lenguaje descritas por los lingüistas funcionalistas. La metafunción ideativa, relativa a la capacidad para dar cuenta de nuestra experiencia en el mundo, se corresponde con la dimensión locutiva de los enunciados. La metafunción interpersonal, con sus dos subfunciones expresiva e interactiva, recoge dos grandes grupos de actos de habla, los expresivos y los compromisivos-directivos. Mientras que los primeros buscan hacer patentes las reacciones emotivas del emisor (agradecimiento, lamento, condolencia, ect), los segundos persiguen regular la actuación del emisor (promesas, ofrecimientos), o la del receptor (órdenes, peticiones, advertencias).
Los actos de habla indirectos implican una desviación de estas correspondencias, pues una cierta ilocución puede aparecer disfrazada dentro de un acto ilocutivo diferente. Por ejemplo, la oración “¿Puedes coger el teléfono?” puede entenderse como una pregunta o como una petición.
La teoría de los actos de habla se encuentra entra la gramática y la lingüistíca textual o discursiva. Por una parte nos ayuda a comprender la relación entre los elementos oracionales y su valor funcional dependiendo de normas sociales y del contexto, y por otra, nos ayuda a integrar las oraciones en unidades superiores del discurso como son los “episodios” o moves.
6.3. Algunas nociones básicas del funcionalismo.
Cada lengua natural es, como señala Simon C. Dik: “Una de entre una serie de posibles soluciones ante un problema complejo: el logro de la comunicación entre seres humanos”. Así, se llega a afirmar que todas las lenguas son el vehículo para la comunicación. En este contexto, el objetivo de los enfoques funcionales es la denominada “explicación funcional”, que formula principios que establecen las relaciones entre la estructura del lenguaje y los propósitos, los medios y las circunstancias de la comunicación humana.
A destacar son los siguientes presupuestos metodológicos de los modelos funcionales que definen la naturaleza de una explicación funcional:
1: La naturaleza de una explicación funcional debe atender al fin del lenguaje, a la comunicación. Así, las explicaciones que se proponen para explicar los datos lingüistícos van más allá de los factores internos, e invoquen criterios externos al sistema.
2: El lenguaje tiene una fuerte base social, lo que le confiere un carácter dinámico, dado que los sistemas sociales están en un continuo cambio.
3: Una explicación funcional del lenguaje introduce la noción de “competencia comunicativa”, que a diferencia del concepto generativista, definida como el conocimiento que posee un hablante de las reglas de producción de oraciones, esta nueva añade el conocimiento de cómo adecuar dicha producción a necesidades comunicativas.
4: Las unidades de la lengua deben definirse por su función en la construcción de enunciados: el lenguaje está modelado según su uso.
5: Una explicación funcional busca principios en dominios que transcienden el ámbito sintáctico, lo que lleva a los funcionalistas a conculcar el principio de la autonomía de la sintaxis.
pragmáticas.
6.3.1. El carácter dinámico del lenguaje.
Los hablantes de una lengua necesitan establecer patrones, estructuras, para poder realizar e interpretar los diversos actos de comunicación, pero a la vez, dadas las nuevas formas de expresión, necesitan alterar dichas estructuras. El acuñamiento de nuevos términos (cibernauta, chatear...) o la variación semántica de las ya existentes (ratón, azafata...), son claros ejemplos.
El dinamismo del sistema afecta también a la variación gramatical. Por ejemplo, los adolescentes de La Rioja o el País Vasco, usan “(Ella) se gusta de Juan”, en lugar de “(A ella) le gusta Juan”.
La lingüística funcional hace así hincapié en el carácter abierto y no uniforme del lenguaje debido a su naturaleza comunicativa. El sistema debe revisar si todavía cumple con sus funciones, y si no es así, debe adaptarse a la intención del sujeto hablante. Como las situaciones lingüísticas son tan variadas, no se puede concebir la lengua como una entidad homogénica. Debe estar constituida por un conjunto dinámico de subsistemas que se actualizan en una situación lingüística determinada según los requerimientos del hablante.
6.3.2. La competenca comunicativa.
Los modelos gramáticales funcionales, plantearon una noción de competencia más amplia. Dik describe que el correlato psicológico de una lengua es la competencia comunicativa de los hablantes, tal como la concibió Hymes: la habilidad de los seres humanos para interactuar socialmente a través del lenguaje. Por ejemplo, no es lo mismo saber codificar el enunciado “Me duele la cabeza”, para informar del dolor, que para reclamar la atención del oyente, pedir ayuda, y hasta negarse a practicar sexo.
La diferencia entre la competencia gramatical de Chomsky, y la competencia comunicativa, es que esta última además de incluir la facultad de los hablantes para crear oraciones, también comprende la capacidad para expresarlas debidamente.
Así, el lenguaje con fines comunicativos implica no sólo utilizar la función lingüística, sino que también incluye la puesta en funcionamiento de varias facultades:
1: La facultad lingüística: hace posible que seamos capaces de crear y entender estructuras lingüísticas de gran complejidad y diversidad.
2: La capacidad epistémica: nos permite inferir conocimiento de las expresiones lingüísticas, clasificarlo y almacenarlo en la mente para reutilizarlo para construir o interpretar nuevos enunciados.
3: La capacidad lógica: podemos construir conocimiento a partir de conocimientos previos mediante procesos deductivos y de lógica probabilística.
4: La capacidad perceptiva: con ella derivamos conocimiento del entorno y lo utilizamos para la producción y comprensión de enunciados.
5: La capacidad social: nos permite no sólo saber qué decir, sino cómo, en función de nuestro interlocutor, en qué situación se va a decir y con qué propósito.
6.3.3. La perspectiva funcional de la oración.
La disposición de los elementos que forman parte de un enunciado lingüístico no es arbitraria, está regulada por la función que desempeña cada uno de estos elementos. Así, en los modelos funcionales, la sintaxis y las reglas sintácticas, están condicionadas y determinadas por la función que cumplen en un enunciado.
Los conceptos de forma y función no están disociados, sino que la función condiciona la forma. Esto forma parte de lo que se conoce como “La perspectiva funcional de la oración”, de acuerdo con la cual, las unidades que conforman un enunciado lingüístico no pueden concebirse y explicarse únicamente en términos sintácticos, sino que además es necesario determinar el significado de estas unidades dentro del contexto comunicativo.
Para el funcionalista, un enunciado lingüístico es un conjunto de propósitos comunicativos.
Se postula un principio funcional que establece que la información nueva suele ocurrir al final de la oración, pues facilita su procesamiento. En virtud de este principio, podemos explicar la estructura informativa en torno a dos grandes funciones, las cuales distinguimos en todo enunciado:
2: Foco (o Rema): nos proporciona la información nueva que se predica sobre el Tópico.
Dentro de un enunciado lingüístico participan una serie de actores con diferentes roles o funciones (valiéndonos del símil de que el enunciado lingüístico es como una obra de teatro). Cada participante, no tiene el mismo peso informativo, pues algunos introducen información ya conocida para el oyente, y otros nueva. De tal modo, podemos colegir que los elementos de un enunciado lingüístico son susceptibles de desempeñar las funciones siguientes:
1: Funciones semánticas: nos indican el papel que desempeñan cada uno de los participantes (paciente, agente, instrumento, etc).
2: Funciones sintácticas: nos indican la perspectiva desde la que se presenta el estado de cosas que describe el enunciado (sujeto, objeto, complemento circunstancial, etc).
3: Funciones pragmáticas: nos proporcionan información sobre el estatus informativo de cada elemento, si transmiten información conocida o nueva (tópico y foco).
En lo que se refiere a las funciones semánticas, un enunciado consta de un predicado (un verbo) y una serie de participantes, también llamados argumentos. Para determinar el tipo de función semántica que puede desempeñar cada argumento (son cuatro):
1: Acción: el agente hace algo y controla lo que hace. Ej: Los romanos contruyeron varios acueductos, Mi primo escribe novelas, Los atletas corrieron la maratón. El dinamismo es controlado por el agente de la acción (los acueductos no se construyen solos, los libros son el fruto de un esfuerzo, una maratón no es posible sin corredores, ni un partido sin jugadores). 2: Proceso: un estado de cosas que no es controlado pero sí es dinámico. Ej: el árbol se desplomó, la puerta se abrió, mi amigo se fracturó la rodilla. Un dinamismo que se presenta como no instigado por un controlador. Los ejemplos denotan procesos que conocemos por conocimiento del mundo o del contexto: sabemos por qué se ha desplomado el árbol, la puerta la ha podido abrir el gato o el viento, y la fractura de la rodilla ha tenido algún factor causante. 3: Posición: un estado de cosas que es controlado pero no es dinámico. Ej: Mi madre se aloja en un hotel cercano al Palacio de Congresos, Permaneceremos en este edificio hasta que logremos algo mejor, El Presidente de la Fundación está sentado en la mesa de la esquina. En ambos ejemplos, la situación, conlleva una decisión previa: ir a determinado hotel, ir a este edificio y estar sentado en determinada mesa.
4: Estado: un estado de cosas que no es ni controlado ni dinámico. Ej: Mi novia es muy alta, La sustancia es verde, Esos minerales son muy fibrosos. Se toman complementos que designan estados de cosas controladas.
En virtud de esta clasificación, podemos distinguir el siguiente inventario de funciones semánticas: 1: Agente: el primer argumento de un estado de cosas que designa una acción. El que controla y el responsable de la acción. Ej: Mi amiga (Agente), está escribiendo una novela muy interesante.
2: Posicionador: el primer argumento de un estado de cosas que designa una posición. Ej: Los montañeros (Posicionador) permanecieron en el hostal hasta que mejoró el tiempo.
3: Procesado: el primer argumento de un estado de cosas que designa un proceso. Ej: El puente (Procesado) se derrumbó durante el temblor.
4: Experimentante: el primer argumento de un estado de cosas que designa una experiencia. Ej: El delegado de la Fundación (Experimentante) sentía mucho cariño por todos los afectados. 5: Tema: la entidad afectada o efectuada por la acción designada en el estado de cosas. Ej: Componen poemas (Tema) para el festival romántico.
eran perjudicales para el medio ambiente.
7: Beneficiario: el que recibe los beneficios de la acción. Compusieron esta melodía para mi madre (Beneficiario).
8: Meta: la dirección hacia donde se produce un estado de cosas. Ej: Viajamos desde el norte de la isla hasta el puerto de Palos (Meta).
9: Origen: el lugar desde donde se inicia un movimiento que designa una acción. Ej: Viajamos desde el norte de la isla (Origen) hasta el puerto de Palos.
En lo referente a las funciones sintácticas, se reconocen dos: el sujeto y el objeto. Estas funciones indican la perspectiva desde la que se presenta un estado de cosas.
Ejemplos:
A: Millones de personas en todo el mundo (Sujeto) conocen la obra literaria de Vargas Llosa