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La cuenca del río Guadiana no presenta igual respuesta a las lluvias debido a la presencia de heterogeneidades (relieve, orientación, influencia de masas húmedas, continentalidad). El resultado son lluvias estacionales no homogéneas en casi todas las estaciones, excepto el invierno. Estas diferencias en los periodos de ocurrencia de las lluvias (estacionalidad) marcan también diferencias en las inundaciones. Si analizamos los registros de lluvias máximas en 24h, nos indican que los mayores valores de precipitaciones en toda la cuenca ocurren en los meses otoñales, seguidos por los de primavera, verano e invierno. Pero su distribución espacial no es homogénea en toda la cuenca del río Guadiana. Exceptuando las precipitaciones de otoño, comunes en toda la cuenca, el resto de las lluvias registradas no presentan igual distribución en las tres zonas de la cuenca. Las diferencias son mayores en las lluvias de los meses de verano. Estas son importantes en la cuenca alta y van perdiendo importancia según descendemos hacia la cuenca media, desapareciendo en la cuenca baja. En los meses primaverales la situación es ligeramente a la inversa, perdiendo intensidad hacia la cuenca alta. Los eventos lluviosos de los meses invernales parecen ser equilibrados en las tres zonas.

Pero cuando comparamos la información de las lluvias con las de las inundaciones, vemos que no hay una relación entre valores altos de precipitación en 24 horas y ocurrencia de inundaciones. Esta baja correlación es especialmente significativa en los meses otoñales y de verano, con escasez de coincidencias. Cuando la relación sí ofrece buenos resultados es entre lluvias altas y crecidas para los meses de invierno e inicio de la primavera (marzo). En este sentido es muy difícil hacer una diferencia entre el final del invierno y el inicio de la primavera, y podrían considerarse a todos los eventos de precipitación como situaciones ligadas al invierno. Por el contrario, las lluvias de otoño y verano suelen estar producidas por tormentas locales o aisladas, mientras que en primavera e invierno lo están por frentes con una distribución espacial más amplia. La diferencia de mecanismos parece explicar parte de la falta de inundaciones fuera del invierno. Otra cuestión de interés es la precisión de los datos, ya que las inundaciones históricas no reflejan bien los eventos ocurridos en cuencas pequeñas al no quedar registrados y son estos eventos los que en su mayor parte producirían situaciones de

convección a escala de tormenta. En relación con la falta de datos, la ausencia de recopilaciones de inundaciones históricas en Portugal dificulta la verificación de la relación entre lluvias e inundaciones en esta importante parte de la cuenca, quedando la relación limitada a eventos generales que suelen darse en invierno y afectan a toda la cuenca, por lo que han quedado registrados en los archivos españoles.

Algunos autores han señalado la importancia del refuerzo orográfico en la zona baja de la cuenca (Algarve y Sierra de Aracena), aspecto que combinado con convección a mesoescala a la vez que se da un frente puede generar situaciones de desbordamiento en los ríos de estas áreas. Además de esta característica orográfica, existen otros factores que refuerzan la generación de inundaciones, el más importante de los estudiados aquí es la humedad antecedente, que juega un importante papel en las inundaciones de la cuenca. Los eventos de inundación se asocian con años en los que el valor de precipitación no es tan grande, pero en los que sí hay constancia de lluvias continuas en varios meses. En estos años suele haber varios eventos de inundación a lo largo del año.

La escala es una importante herramienta para distinguir diferencias en las inundaciones causadas por situaciones meteorológicas. A pequeña escala, las tormentas se deben sobre todo a situaciones de gota fría, son de carácter local y aparecen en los meses otoñales de forma general en toda la cuenca (también en verano en la parte alta). Las intensidades de lluvia determinan la generación de inundaciones posteriores. La medida de la intensidad es muy escasa en la cuenca, por no existir una red de pluviógrafos amplia. La determinación suele hacerse a escala diaria en 24h. La escala sinóptica es la que mejor se relaciona con las inundaciones. Las lluvias de invierno están producidos por frentes con dirección W, intensidad baja y duración alta. En primavera, los frentes son más intensos y menos duraderos, y las inundaciones menos frecuentes, excepto cuando se da un refuerzo orográfico, que provocan inundaciones locales. A nivel de macroescala se han encontrado asociaciones significativas entre las inundaciones de invierno, y la Oscilación del Atlántico Norte (NAO). El índice NAO y las inundaciones invernales presentan una elevadísima relación. Valores negativos del índice se relacionan con aparición de inundaciones en invierno, mientras que valores positivos del índice se relacionan con ausencia de inundaciones. Con las precipitaciones la relación es aún mayor, existiendo una muy buena correlación entre valores del índice NAO

negativos y precipitaciones superiores a lo normal en invierno. Estadísticamente hay alta probabilidad de que la relación entre las tres variables (índice NAO, precipitaciones e inundaciones invernales) no se deba a una simple coincidencia.

Índice del capítulo

2.1 Introducción, problemática, limitación de los datos... 2-2