5.2 Application Specific Protocols
5.2.1 WEP/WPA
La ciudad imaginaria fundada por Héctor Abad Faciolince no es solamente una ciudad textual que se construye a través de referencias o reescrituras de una de las célebres
42 Por último, me atrevo a leer otra singular referencia literaria en la fundación de Angosta que nos ayuda
también a avanzar con nuestro análisis. La ciudad sufre un desarrollo vertical que la lleva a elevar su zona más rica y (aparentemente) edénica en la parte más alta, mientras que el caliente infierno está confinado en las entrañas de la tierra, en la parte más distante del cielo. Entonces, es sugestivo leer en esta estructura jerarquizada cierta relación con el infierno, el purgatorio y el paraíso dantesco y, por eso, no me parece casual que la mujer con la cual Lince entretiene una relación en la Tierra Fría se llame justamente Beatriz y que el mismo librero viva en una residencia llamada La Comedia. Héctor Abad Faciolince, parece jugar con ironía con todas estas referencias textuales, acompañándonos en su personal viaje del infierno al paraíso donde, sin
ciudadelas de primera generación. Angosta es también un lugar profundamente influenciado por la realidad colombiana de finales del siglo veinte. La misma estructura “dantesca” de esta metrópolis dividida en tres sektores colocados en diferentes alturas recuerda también la topografía real de la ciudad de Abad Faciolince, Medellín, cuya área urbana ocupa toda la zona plana del Valle de Aburrá hasta extenderse hacia arriba, ocupando también los territorios limítrofes en las montañas. La célebre vista de la capital de Antioquia desde las alturas –una metrópolis caótica y congestionada que parece estallar desde un centro hasta expandirse en las paredes de las montañas– ha influido, lógicamente, en la fundación de Angosta, así como la crónica reciente medellinense resulta ser una referencia fundamental para los episodios que se cuentan en la novela: no encontramos una trasposición literaria del mismo Pablo Escobar, pero la violencia, la tensión, la delincuencia y la corrupción que marcaron las últimas tres décadas de la historia de la ciudad de Medellín constituyen la atmósfera general de la novela. Por lo que Angosta tiene también un referente real, un parcial contrapunto geográfico existencial que confiere verosimilitud a una metrópolis donde la hiperbólica consistencia de los crímenes y de la injusticia puede resultar difícil de entender para los “forasteros”.
Si Medellín constituye una parte realística de Angosta, es igualmente cierto que el escritor colombiano a veces se refugia en un declarado autobiografismo que confiere credibilidad a ciertos episodios de la novela. Por ejemplo, la obsesión de Jacobo Lince – personaje que, como hemos dicho, presenta evidentes rasgos autobiográficos–, que cada día controla el saldo de su cuenta corriente para comprobar su posibilidad de irse cuando quiera a la Tierra Fría, se inspira en hechos reales43, en los problemas que el mismo Abad
Faciolince tuvo para obtener un visado para visitar a sus hijos residentes en Italia.
43 Esta anécdota y su trasposición literaria en Angosta me han sido confirmadas por el mismo Héctor Abad
Faciolince durante un coloquio privado el día 6 de noviembre de 2015 en su despacho en la Universidad
Medellín y la atormentada vida del escritor en la ciudad colombiana44 no son los
únicos referentes realísticos de Angosta. La misma Tierra Fría con su vigilancia privada, su riqueza y su consistencia de barrio-escaparate recuerda mucho las gated communities45 que se
encuentran en muchas metrópolis latinoamericanas, o sea las urbanizaciones cerradas donde los más ricos viven aislados y protegidos mientras en el resto de la ciudad reina la pobreza y la delincuencia. En este sentido, Angosta se convierte en el emblema de un fenómeno social peculiar de Latinoamérica, evidenciando (como hace Santiago Gamboa con su “La vida está llena de cosas así”) los desequilibrios y las desigualdades que vuelven cada día más dramática y difícil de colmar la distancia entre ricos y pobres.
Abad Faciolince, en parte, actualiza el viejo modelo de las ciudadelas de primera generación a las que alude muchas veces gracias a referencias textualizadas, demostrando al mismo tiempo desinterés por la propuesta de McOndo (como hemos dicho en esta sección, Héctor Abad Faciolince es el único escritor que no participa en la antología de 1996). Angosta no proyecta la imagen de la nueva metrópolis latinoamericana triunfalmente globalizada y virtualizada (los rastros más evidentes de la globalización resultan ser los guardias privados chinos que vigilan la Tierra Fría), sino que, al contrario, se inspira en la realidad de una metrópolis latina para proponernos algo nuevo que la distingue de casi todas las demás cartografías imaginarias con la sola excepción de Santa Teresa, la bordertown de Roberto Bolaño, epicentro de su impresionante novela 2666. De hecho, como veremos, la ciudad inventada por el escritor chileno también tiene un parcial contrapunto real (Ciudad Juárez) en el que se inspira y a partir del cual el escritor funda su peculiar versión del espacio identitario.
44 El padre, Héctor Abad Gómez, médico, ensayista y defensor de los derechos humanos, fue asesinado por
un grupo paramilitar el 25 de agosto de 1987, durante un periodo de violentos contrastes sociales en Antioquia y en toda Colombia.
45 Las gated communities han sido muy bien descritas, por ejemplo, por el director uruguayo Rodrigo Plá que en
su película La zona (2007) cuenta la historia de un joven ladrón que queda atrapado en un barrio residencial
Como hemos dicho, en los espacios de primera generación –ciudades-continente,
summa y propuesta de América Latina– coexisten el intento de recuperar el pasado y el
“proyecto” de utilizar la escritura para intervenir en el debate sobre la identidad latinoamericana. La metrópolis fundada por Abad Faciolince ha perdido toda posibilidad de significar el pasado y, por eso, a partir de una observación realística de la Colombia actual, Angosta se convierte en una exacerbación distópica de los rasgos de ciudades como Medellín y hasta en un instrumento de denuncia social. De hecho, la ciudad ha sufrido un desarrollo vertical que, máxime en la parte más alta, la ha llevado a perder todo contacto con la “tierra”, su pasado, su historia, o sea, con su dimensión telúrica y mítica. Resulta “imposible seguir el ritmo de su crecimiento, arriba y abajo, en cualquiera de sus dos mitades o de sus tres cascos” (Faciolince, 2012: 103-104). Leemos qué comenta Zuleta en su diario mientras observa la Tierra Caliente desde las alturas:
Mira hacia abajo: en ese foso estamos encerrados, en ese valle estrecho, y enterrados vivos en ese hueco, como en una trampa para animales que no pueden esperar otra cosa que la muerte. En Angosta. En angustia, mejor dicho. Cada vez que subo aquí, la distancia se me hace más larga; es como si mi barrio se hundiera y estuviera cada vez más lejos. Como un abismo que crece y crece. Miro a C desde aquí y me da vértigo. (Abad Faciolince, 2012: 140)
La verticalidad de Angosta, su crecimiento hacia arriba, su estructura que la lleva a perder contacto con el origen puede dar vértigo y desorientar.
Angosta, como hemos dicho, representa una proyección distópica y futurista de la realidad medellinense. Este nuevo rasgo de la cartografía imaginaria se certifica también a través del texto donde se cuenta la historia de la ciudad, es decir, el homónimo tratado del profesor Ghul:
Angosta no es un lugar amable. Más que el lugar de encuentro suelen ser las ciudades, se ha convertido en la encrucijada del asesinato, el sitio del asalto, la vorágine de una vida peligrosa y muchas veces miserable e indigna. Quizá por eso sus poetas y pensadores más dignos, al escribir sobre ella, no han optado por el panegírico sino por la diatriba. (Abad Faciolince, 2012: 226)
Los escritores cartógrafos ya no pueden exaltar las virtudes de la ciudad, sino, al contrario, subrayar sus sinsentidos y sus dramáticas problemáticas. El viejo paradigma de las ciudadelas del boom se ha corrompido y contaminado. Es emblemático entonces el triste final de la vida de Zuleta, un joven romántico que soñaba con ser escritor pero que termina siendo asesinado por el poder oscuro que gobierna Angosta. El periodista, amigo de Jacobo Lince (con el que comparte el papel de alter ego del autor), investiga sobre las desapariciones de personas en Angosta junto a Camila, una reportera46, cuando unos delincuentes los
descubren y lo matan. Pero justo unos minutos antes de este trágico epílogo Andrés traiciona a la mujer de su vida –la última sobreviviente de los Buendía– con Camila: leemos en este inesperado acontecimiento la simbólica traición y corrupción del modelo del boom por parte de uno de los personajes más positivos de la novela, un aspirante a escritor que al final es sometido y atropellado por una ciudad devoradora y corruptora.47
Resumiendo, por un lado, no cabe duda de que Angosta no es la mera transfiguración de Medellín (igualmente, como veremos, Santa Teresa no representa el fiel trasunto de Ciudad Juárez): todas las referencias a Cien años de soledad y a Macondo desdibujan la consistencia realística de este lugar y me permiten justificar esta afirmación. Por otro lado, Héctor Abad Faciolince, fundando su espacio literario, no se limita a rendir homenaje a las ciudadelas de primera generación, parodiando o copiando el modelo de las cartografías imaginarias del boom. Lo que hace el escritor colombiano es utilizar el célebre paradigma e, inspirándose en la dramática y violenta realidad medellinense, cargar de una poderosa denuncia social su ciudad imaginaria convirtiéndola en una distopía que no puede no provocar, alarmar y escandalizar las consciencias de sus lectores. En la metrópolis inventada por Abad Faciolince coexisten una consistencia textual (Angosta-ciudad de
46 Su apellido, Restrepo, puede representar una elección casual por parte de Abad Faciolince o, al contrario,
podría ser un homenaje a Laura Restrepo por su trabajo y sus luchas como periodista y activista.
47 Sin embargo, si aceptamos la alusión a Laura Restrepoy, por eso, identificamos a Camila como la mujer del
compromiso y a Virginia Buendía como la del pasado nostálgico, hasta podríamos llegar a afirmar que Zuleta
papel) y una más realística (Medellín-distópico) que, sin embargo, se carga de un tinte distópico que parece tanto inquietante como amenazador.
En conclusión, ¿por qué consideramos Angosta como otro espacio de la indecisión entre global y local, entre McOndo y Macondo? Como hemos visto, Abad Faciolince oscila entre la nostalgia del boom y la necesidad que acabamos de señalar de representar, exacerbándola, la realidad actual, es decir, entre la reminiscencia de un aldea mágico-realista (y la constatación de la pérdida de su inocencia) y la voluntad de fundar un McOndo-noir donde remarcar y denunciar los vicios, las contradicciones y las peores tendencias sociales de la contemporaneidad48.
Simbólicamente esta indecisión se refleja en la actitud de Jacobo Lince (alter ego de Héctor Abad Faciolince), que en la esfera privada mantiene relaciones con mujeres de todos los sektores de Angosta. Si la inicial obsesión del protagonista es mantener viva la posibilidad de acceder al paraíso, al futuro, a las esferas más altas, y por eso busca un segundo empleo en la Tierra Fría, dando clases particulares a la joven Beatriz (la hija de un potente político), con la que mantiene una relación sexual bastante aséptica y “fría”, después de hacer un guiño al “compromiso” (con la mujer de la Tierra Templada, Camila Restrepo, la misma mujer con la cual Andrés Zuleta engaña a su novia Virginia antes de ser matado), al final elige la mujer de la Tierra Caliente, Virginia Buendía, última supérstite de una tradición explotada, degradada, amenazada por una modernidad ciega e intransigente con todo rastro localista. Igual que el regreso de Pedro Zabalaga a Río Fugitivo en La
materia del deseo, el paraíso prometido de Lince se revela insatisfactorio, un artificio, un
barrio-escaparate tan invivible como el violento purgatorio de la Tierra Templada y la infernal y decadente Tierra Caliente: la extrema ratio de Lince es huir definitivamente de Angosta acompañado por la única mujer posible: la heredera de la gran dinastía del boom.
48 La política según la cual se divide Angosta en sektores se llama de Apartamiento, con mayúscula: si
queremos en esta elección podemos leer una referencia al Apartamiento sudafricano, otra dramática forma de