La consolación de los UNO consiste en la experiencia de paz. Por ejemplo, siguen trabajando con denuedo, pero relajados. Se dan cuenta de que están en el camino de la perfección al trabajar a diario y están en
paz aunque no logren hoy la total perfección.
La desolación de los UNO se sitúa en la experiencia de disgusto y agitación. Tratando de ser perfectos se desaniman, dejan de intentarlo y se entristecen. Tienen la sensación de que no merece la pena seguir probando y dicen: "Ya lo he hecho, pero debería intentarlo otra vez".
2. Los DOS
La ayuda procedente del amigo
Los DOS creen que son independientes, pero, en realidad, dependen del aprecio que se dé a sus servicios. Un amigo puede ayudarles apuntándoles sus propias necesidades personales. El amigo les llamará la atención para que se hagan conscientes de sus sentimientos y les asegurará que es bueno tener necesidades, diciendo: "Es
importante saber que tú también tienes necesidades, porque eso te hace humano como el resto de los mortales". El amigo debe guardarse de utilizar a los DOS; es muy fácil impulsarlos a satisfacer las necesidades
del amigo, porque consiguen todo o nada sin argumentos. Necesitan afecto; necesitan que les cuiden. No piden afecto porque no les gusta pedir lo que necesitan. Sin embargo, no se les ayuda a salir de su compulsión dándoles palmaditas en la espalda por las pequeñas cosas que hacen o adulándoles. Un amigo rehusará reforzar su
compulsión a conseguir la aprobación de los demás por lo que hacen para ayudarles. En vez de amarlos por hacer lo que agrada, los ama por ser quienes son. Hay que darles las gracias no cuando acaban de prestar un servicio, sino cuando se comportan como realmente son.
La relación personal directa con Dios
Conversión intelectual
La trampa de los DOS es su idea de servicio por la que piensan que son desinteresados, aunque sean muy dependientes de la apreciación, atención y afecto expresados por aquéllos a quienes sirven. Su ayuda lleva consigo siempre ligaduras, de manera que reprochan su actitud a quienes no les devuelven a cambio su amor. Juegan con la simpatía del otro, diciéndole: "¿Cómo puedes hacerme esto después de lo que yo he hecho por
tí?". Es muy raro que pidan algo directamente, aunque, de forma indirecta, procuran que el otro les dé lo que
quieren. Cuando los demás no responden a esta minipulación, sienten que se aprovechan de ellos. Esto significa que pueden ayudar a otros más para que aprecien sus propias necesidades que por una sincera preocupación por las personas. Adulando a los otros satisfacen sus necesidades superfluas. Ofrecen atenciones excesivas, rescatan a otros contra su voluntad, proporcionan consejos no solicitados y cuidados untuosos -todo por su propia necesidad de recibir aprobación y ganar la aceptación de los demás-. Esta trampa del servicio los hace celosos y posesivos. Su cólera inconsciente es grande cuando no se sienten apreciados.
La idea santa de la gracia puede liberar a los DOS de su idea de servicio. Para ellos, el abandono en Dios significa, sobre todo, reconocer que no hay modo de conseguir el amor de Dios: se trata siempre de un don
libre. Dios los amó antes de que ellos realizaran servicio alguno. El amor de Dios les dió la existencia y por ese
amor han sido salvados. Este amor procede de la libre elección de Dios; no puede obtenerse ni conseguirse de ninguna manera. Simplemente se otorga por gracia. Esta gracia -el amor "previsor" de Dios- los hace dignos de amor y les da sentido y valor. Como están atrapados en su idea de servicio, los DOS tienden a relacionarse con Dios del mismo modo que se relacionan con los demás, es decir, haciendo algo para agradarle. Si tienen en cuenta la llamada a creer en la gracia de Dios, pueden llegar a convertirse -cambiar de actitud- de manera que acepten a Dios como quien les ama por ser quien son y no por el servicio que prestan. Esto los libera para empezar a aceptarse a sí mismos como incondicionalmente amados ya en este momento. En consecuencia, pueden abandonar sus desesperados intentos de ganar el amor de los demás para satisfacer su anhelo de aprobación.
Es probable que esta conversión intelectual de los DOS sea fruto de la oración silenciosa. Naturalmente, encuentran difícil esta oración porque les da la sensación de "no hacer nada" y, por compulsión, quieren estar haciendo siempre algo por los demás. Pasar el tiempo solos con Dios supone hacer algo para sí mismos con el fin de recibir la gracia que necesitan. Como su compulsión exige que no hagan nada para sí mismos, es probable que la oración silenciosa en soledad sólo se produzca cuando comiencen a tener en cuenta sus necesidades y, en consecuencia, quieran emplear tiempo y energía en sí mismos para su propio bienestar personal.
Mediante la conversión afectiva, los DOS pasan de la pasión del orgullo a la virtud de la humildad. Estaban muy orgullosos de sí mismos; su servicio era el mejor. Desarrollaron un complejo mesiánico; podían salvar a todo el mundo. Al caer en la cuenta de que no podían merecer el amor antecedente de Dios, comienzan a
aceptarse a sí mismos como personas dignas de amor, con independencia de lo que hagan para ayudar a otros. Aceptan su necesidad de ser amados y abandonan su tentativa apasionada de hacerse querer por los demás prestándoles sus servicios. La humildad es su forma de realizarse. Al reconocer sus limitaciones y necesidades, aceptan recibir ayuda. Se realizan aceptando el don de un amor que no merecen ni controlan. Cualquier otro amor no llena sus corazones. El amor de Dios y todo amor verdadero es incondicional.
Conversión instintiva
La consolación de los DOS consiste en estar agradecido. Saben que no tienen que probarse a sí
mismos, ni siquiera ante Dios, que satisface las necesidades de los demás que no pueden atender. Esto les libera
para ocuparse de sus propias necesidades. Se hacen más conscientes de esas necesidades y deciden atenderlas en cierta medida.
Los DOS, que en la consolación desarrollan un festejo, entrañable para amigos y enemigos indistintamente, experimentan la desolación como una profunda obscuridad en la que son incapaces de responder a ninguna necesidad. Ni Dios mismo aprecia sus esfuerzos.
3. Los TRES
La ayuda procedente del amigo
Para ayudar a los TRES hay que reforzarlos más por sus personas que por lo que hacen. Un amigo les ayudará a ser ellos mismos aceptando, afirmando y disfrutando sus cualidades personales. Necesitan que se les diga que su éxito consiste en ser quienes son. Asimismo, hay que ayudarles a que se enfrenten a sus propios fallos, errores y frustraciones con realismo. Un amigo rehusará hablar de un fracaso que hayan tenido como si fuese un "gran éxito". Para los TRES, es importante aceptar el fracaso por lo que es, como una parte de lo que significa aceptar la vida. Un amigo dirá: "Me siento más unido a tí cuando tú te unes al resto del género
humano". Cuando los TRES magnifican la importancia de la competición con otros, necesitan que se les exija que
adopten una perspectiva más equilibrada, quizá mediante una suave subestimación. A menudo no se dan cuenta de cómo les afectan sus sentimientos. Cuando pronuncian frases en exceso positivas o entusiastas, debe pedírseles explicaciones de lo que dicen. De esa forma, el amigo puede convertirse en su auténtico regalo mencionándoles lo que suelen pasar por alto. Los TRES tienen una compulsión que les lleva a reemplazar la calidad por la cantidad; buscan demasiados éxitos. Quizá de niños nunca fuesen amados con independencia de sus logros, de manera que acabaron fijándose sólo en sus éxitos. Se miran desde fuera como si ellos mismos fueran sus éxitos. Necesitan que se les muestre que su valor real reside en ellos mismos y no en la multiplicación de éxitos. El amor del amigo hacia ellos simplemente como personas sustituye el falso amor experimentado anteriormente, lo que les llevó a aferrarse a su compulsión por el éxito como medida de su valor.
La relación personal directa con Dios
Conversión intelectual
La trampa de los TRES consiste en su idea de la eficiencia, es decir, creen que tienen que ser eficientes para ser dignos de confianza; esto también vale para los demás. Para ellos, la vida consiste en los logros obtenidos en competición frente a otros. En consecuencia, siempre están buscando una forma más rápida y provechosa de hacer las cosas, incluso hasta el extremo de llegar a ser menos eficientes. Esta búsqueda de la eficiencia está ligada con sus ambiciosos planes, objetivos y expectativas. Para ellos, todo el tiempo es valioso, sobre todo para utilizarlo en los objetivos de sus propias empresas; el mismo objetivo general de su vida consistirá en seguir adelante en esa carrera.
La idea santa de la voluntad de Dios puede liberar a los TRES de la trampa en la que se encuentran atrapados por su obsesión por la eficacia. Su principal forma de abandonarse en Dios consiste en someter sus vidas y energías al gobierno de Dios sobre el mundo y en el reconocimiento de que el mundo le pertenece. Es aceptar a Dios como el "Gran Administrador" sobre toda la creación. Mediante el santo abandono, los TRES ofrecen sus vidas al servicio de los fines, objetivos y planes de acción de Dios. Llegan a descubrir que viven en feliz sumisión a la forma de actuar de Dios en el mundo y para hacer sus propios planes de éxito, no como
absolutos, sino como relativos a los planes de Dios, que sólo pueden llegar a conocerse gradualmente. Un fracaso en el terreno de sus propios objetivos no supone necesariamente un fracaso de los planes de Dios respecto a ellos. Incluso si su fracaso es algo que en realidad no es querido por Dios, sino sólo "permitido", la voluntad de Dios es sacar bien del propio fracaso.
La confianza en Dios y en la voluntad divina es un antídoto para su excesivo espíritu de competición, dado que en la administración de Dios hay una preocupación providencial por las actividades de los demás individuos y grupos del mundo. El Reino de Dios se construye a través de las actividades de muchos, que expresan sus
especiales talentos otorgados por Dios y tratan de utilizarlos de acuerdo con las oportunidades que tienen. Cuando los TRES aceptan la totalidad del mundo como el Reino de Dios y se dan cuenta de que han sido llamados a tomar parte en su construcción junto con muchos otros, son más capaces de alegrarse de los logros de los demás que, de otro modo, habrían sido considerados competidores, atacantes de sus propios logros.
No te limites a averiguar quién eres: el Eneagrama, ¡un mapa para descubrir quién puedes llegar a ser!
Conversión afectiva
Para los TRES, la conversión afectiva supone el movimiento desde la pasión del engaño a la virtud de la
sinceridad. En la medida en que buscan su realización a través de los logros obtenidos en competición con otros,
su amor apasionado les lleva a justificar incluso medios poco limpios para conseguir su propio progreso. El santo abandono hace que los TRES se dejen llevar por la administración de Dios sobre el mundo; entonces aman la sinceridad y la apertura de alma porque ven que el bien común de la sociedad a la que están dedicados, se promueve mejor si todos "ponen las cartas boca arriba" y no maniobrando para conseguir algún tipo de ventaja sobre los demás. Sólo a través de la sinceridad, los individuos y grupos de la sociedad pueden confiar unos en otros y vivir con espíritu interdependiente planeando juntos y ayudándose mutuamente.
Conversión instintiva
La consolación de los TRES está en la paz. Les surgen sanas dudas y dicen: "no tengo que hacerlo
todo; en todo caso, no hay que hacerlo todo".
La desolación de los TRES consiste en sentirse absorbidos por el torbellino de la confusión. Algo les impulsa a moverse, pero no van a ningún sitio. Simplemente, se mantienen moviéndose en círculos, dando vueltas haciendo cosas no esenciales.
4. Los CUATRO
La ayuda procedente del amigo
Los CUATRO buscan demasiadas razones para todo. Eternamente se preguntan: "¿Por qué?. Un amigo les ayudará llamando su atención sobre su propia fortaleza cuando no se van a los extremos. El amigo les ayudará compartiendo con ellos sus propias perspectivas. En este caso, la relación es clave, porque sólo escucharán un punto de vista diferente si sienten que los otros les entienden. Para ellos, eso es lo que significa tener un amigo. Como ellos aman para obtener información, el amigo constituye una oportunidad real para decirles lo que necesitan para ser más libres, es decir, cómo pueden apreciarse las cosas de la vida.
La relación personal directa con Dios
Conversión intelectual
Los CUATRO están atrapados por su idea de autenticidad, que ven como algo que pueden lograr por sus propios medios si se mantienen atentos a todo lo que les ocurre y expresan los sentimientos más profundos de sus personalidades. En consecuencia, reflexionan sobre los sentimientos que les suscitan sus experiencias pasadas en detrimento de sus posibilidades de vivir en el presente de forma relajada y satisfactoria. Se preocupan mucho por todo lo que les hace especiales a causa de sus experiencias pasadas, sintiendo que nadie puede comprender lo que han vivido. Esto les convierte en personas un poco irreales, como si fuesen aristócratas en el exilio, navegando entre dos aguas. Tienen la sensación de que nunca son ellos mismos en grado suficiente, aunque creen que serán verdaderamente auténticos cuando comiencen a vivir sus "vidas reales".
La idea santa de la unión con Dios puede liberar a los CUATRO de su obsesión por la autenticidad. Sólo a través de la unión con Dios puede una persona llegar a ser ella misma de forma exclusiva y rotunda. Dios crea a cada persona humana para que sea única e irremplazable y la divina providencia actúa con todas las alegrías y tristezas de la vida de esa persona para poner de manifiesto esa especificidad única como don especial de Dios al mundo en ese momento de la historia. Las tragedias y oportunidades perdidas en la vida de una persona, pueden servir para manifestar ese don único para los otros. Los CUATRO se abandonan en Dios haciendo de sus vidas un viaje hacia Dios. Anhelando la unión con Dios sobre todas las cosas, ven las experiencias de la vida como
elementos de crecimiento. Lo más importante será hacer de cada experiencia un medio para crecer en unión con Dios. Esto sólo puede ocurrir viviendo el presente porque a Dios sólo puede encontrásele en el ahora. Viviendo sus vidas como respuesta a Dios en todo lo que aparece ante ellos en el momento presente, los CUATRO se liberan de vivir la nostalgia de la tragedia pasada. Aceptan el reinado de Dios sobre las experiencias de su vida como forma de alcanzar el tipo de originalidad que Dios pretende que tengan. Al aceptar el abandono en Dios como forma de vida, descubren en sí mismos una nueva creatividad en la autoexpresión que proviene espontáneamente de ellos en respuesta a la vida tal como es, sobre la base de la experiencia diaria. Los dones de Dios en las circunstancias que experimentamos nunca hacen de la vida algo meramente ordinario o de rutina; cada momento, a través de la mano de Dios y de su presencia, es lo que ha dado en llamarse "el sacramento del momento presente".
Conversión afectiva
Mediante el santo abandono, los CUATRO pasan de la pasión de la envidia a la virtud de la
ecuanimidad. En vez de tratar de llamar la atención sobre sí mismos por su propio refinamiento y sentir envidia
cuando otro consigue llamar la atención, viven su vida emocional con mayor calma incluso en circunstancias de tensión. Esa ecuanimidad es la consecuencia de su disposición a encontrar a Dios en todos los hechos de la vida diaria y a dejar que Dios les solicite su libre respuesta a sus dones de cada momento. Consideran que su
realización se basa en el misterio de vida en el que Dios habita, en vez de que se reconozca que su vida es extraordinariamente dramática y trágica.
Conversión instintiva
La consolación de los CUATRO consiste en una experiencia espontánea de inflamarse. Están menos tristes y más dispuestos a hacerse cargo de las cosas. Una convicción única mueve a los CUATRO a emprender una acción significativa.
La desolación de los CUATRO se experimenta como un sorprendente disgusto por la oración ya que son contemplativos por naturaleza. Su habitual independencia se disuelve en un embrollo de autocompasión.
5. Los CINCO
La ayuda procedente del amigo
El amigo puede ayudar a los CINCO a salir de su cueva y ser algo más que perpetuos observadores de todo. Son capaces de desesperar a cualquiera, de manera que esperar que salgan por su propia voluntad puede significar esperar muchísimo tiempo. Sabiendo que los CINCO tienen mundos en su interior, el amigo los invitará a hacer mayor uso del poder que tienen. Esto es pedirles que salgan de su aislamiento y abandonen su tacañería para darse a sí mismos y hacer lo que es beneficioso para los demás. Debe invitárseles a la actividad y a que hagan algo nuevo con su amigo.
La relación personal directa con Dios
Conversión intelectual
Los CINCO se encuentran atrapados por su insaciable búsqueda del saber. Para ellos, la vida es fascinante para conocer a cierta distancia, pero demasiado terrorífica si se trata de implicarse personalmente. Se sienten como huérfanos abandonados, por lo que se retiran de la compañía de los demás y satisfacen sus necesidades personales mediante el pensamiento y la reflexión. Equiparan la percepción con la experiencia, de manera que idean en vez de sentir y actuar. La cantidad de información reemplaza a la profundidad de la experiencia. Si se les pregunta qué sienten, responderán diciendo lo que piensan. Compartimentan todo,
contemplando incluso su propia vida como una serie de acontecimientos distintos. Para los CINCO, la acción más difícil es la de pedir ayuda; se ven impulsados a hallar todos sus recursos por sí mismos. Sus débiles relaciones interpersonales hacen que el compromiso y la lealtad resulten problemáticos.
La idea santa de la divina providencia libera a los CINCO de la trampa de que el pensamiento es lo más importante y de que tienen que retirarse de la compañía de los otros para alcanzarlo. La divina providencia significa que Dios actúa en nuestras vidas para cuidar de nuestras necesidades, incluyendo lo que necesitamos saber para actuar adecuadamente. Esta idea de que lo que necesitamos saber nos lo dará Dios a través de lo que sucede en nuestras vidas hace que los CINCO estén más dispuestos a involucrarse en la vida en vez de dedicarse
simplemente a observarla y reflexionar sobre ella. Al implicarse con las personas y los acontecimientos que les rodean, comienzan a dejar que la vida sea la maestra que Dios quiere que sea para ellos. Confían en que Dios les