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5.5.2 ITZ-cement matrix hydration products profiles

Generalmente, aprendemos comportamientos compulsivos por repetición; esta repetición hace que dichos comportamientos se fijen en nosotros; por eso el Eneagrama denomina la compulsividad de cada tipo como “la

fijación”. La fijación es como “un círculo vicioso” que empieza y termina en sí; es un patrón de comportamiento

tan obvio a nuestros amigos, que casi pueden predecir nuestras reacciones.

Es fundamental que cada uno conozca su propia fijación, para así destruir esos patrones de

comportamientos que, al ser compulsivos, son autodestructivos o, por lo menos, no nos dejan ser libres. Otra manera de definir la fijación sería decir que es la distorsión, el abuso o el mal uso de la cualidad esencial propia

de cada tipo.

El objetivo de descubrir la fijación es claro: la libertad. No vivir dominado por la fijación o

compulsividad, es decir, descentrado, sino vivir guiado por la cualidad esencial de mi yo centrado. Todos

entendemos fácilmente qué quiere decir “compulsivo”: es algo, un comportamiento, que se dispara

automáticamente ante un determinado estímulo; podríamos decir que lo compulsivo es aquéllo que nos domina, más que dominarlo nosotros.

De alguna manera, lo que en nosotros se convierte en compulsivo nos aprisiona, no nos deja ser libres; es como si se descontrolara en nosotros cierto mecanismo antes de que podamos echarle el freno.

Las nueve fijaciones o nueve comportamientos compulsivos del ego son: Enfado, Superioridad,

1. Fijación enfado

El “ego enfado” exige perfección de sí mismo, de los demás y del mundo que le rodea. La perfección que intenta conseguir es subjetiva, según sus propios cánones de perfección.

Al no conseguir esta perfección, se desencadena automáticamente una frustración interna o enfado hacia uno mismo, hacia los demás y hacia el mundo, ya que no cumplen con sus exigencias de perfección. Como soy muy perfeccionista, fácilmente detecto la imperfección; es como si tuviera unas antenas especiales para detectar la más mínima imperfección. Esto me hace ser muy crítico conmigo mismo, con los demás y con mi realidad

circundante.

Siento dentro de mí un juez o crítico interno que me está constantemente observando, analizando,

criticándome y corrigiéndome. La voz de este crítico interno me impide estar tranquilamente quieto o inactivo; tengo que estar siempre activo; no puedo desperdiciar ni un minuto de tiempo; ¡todavía falta tanto que hacer para

alcanzar la perfección...!.

Mi crítico interno me hace repasar toma mi actividad y examinar si he actuado adecuadamente. Con frecuencia proyecto mi crítico interno en los demás y creo que los otros me están juzgando y criticando con la misma dureza y exigencia con que lo hago yo conmigo mismo.

2. Fijación superioridad

Soy ayudador compulsivo. Necesito ayudar a los demás. Ayudo desde una aparente postura de

superioridad: “yo tengo lo que tú necesitas; yo puedo darte lo que tú quieres”; con esta aparente superioridad estoy ocultando un gran sentimiento de inferioridad; en realidad no tengo noción de mi mismo, no me siento ni me experimento, sino en tanto en cuanto ayudo a los demás o estoy haciendo algo por ellos.

Mi gran lucha y conflicto consiste en liberarme de la dependencia tan grande que siento de los demás y ser realmente independiente. Mi dependencia de los demás consiste en que necesito su aprobación para sobrevivir; necesito que los demás aprueben mi ser y mi actuar; necesito que los demás me den permiso para ser quien soy.

Aparento independencia, porque reprimo mis necesidades y me cuesta enormemente pedir ayuda o reconocerme necesitado ante alguien, incluso ante personas muy allegadas a mí.

Lo que más deseo es sentirme libre, independiente de las demandas que los demás me imponen y de la dependencia que los demás tienen de mí; pero, a la vez, tengo que reconocer que soy yo mismo quien fomento esta dependencia, pues mi estilo de ayudar crea dependencia. No sigo el proverbio chino: “No des un pez; enseña a pescar”. Yo hago todo lo contrario: no enseño a pescar, pues necesito que diariamente llames a mi puerta y me pidas un pez. Sólo así me siento yo vivo. Si no me necesitaras, porque hubieras aprendido a pescar por tí mismo, yo me sentiría muy mal. La gran contradicción es que, a la vez, me rebelo y me siento atosigado por la dependencia que he creado en los demás. El juego psicológico en el que cae un DOS es el siguiente: salvador-

víctima-perseguidor.

Otro conflicto típico de mi personalidad es que idealizo el amor y el sentimentalismo; creo que el amor viene de fuera y no de mi interior. Me infravaloro mucho; por eso busco fuera la afirmación y la valoración de mí mismo. Una de las experiencias más horribles para mí es que alguien me rechace; entonces me siento vacío y nada; en el fondo, temo estar vacío: es como si mis acciones caritativas fueran sólo el bonito envoltorio de una caja vacía. Me siento como si no fuera nadie, o como si cesara de existir si dejo de hacer favores. De aquí nace mi necesidad compulsiva de “hacer el bien”: es mi manera de garantizar mi ser y mi existir.

De aquí procede también el que sea un adulador o piropeador compulsivo; adulo y alabo a los demás como medio de conseguir ser querido y aceptado. En el fondo, espero que los demás me correspondan también alabándome con el mismo tipo de alabanza que yo prodigo. Cuando no recibo alabanzas de los demás, me siento profundamente herido; y, a la vez, cuando me alaban, no doy casi ningún valor a esa alabanza, ya que yo mismo sé el poco valor que yo doy a las alabanzas que dedico a los demás, porque, si soy sincero, sé que mi alabanza es una forma de manipulación, ya que busco que me quieran y me aprueben, alabando.

El colmo de mi compulsividad está en que soy capaz de gastarme y desgastarme en disponibilidad y

servicio a los demás, de tal manera -no teniendo en cuenta mis necesidades de descanso, por ejemplo, que sólo

cuando mi cuerpo ya no puede más y enfermo, sólo entonces mi enfermedad justifica el que “me ayude” a mí mismo o me permita pedir ayuda a los demás.

Fácilmente se entiende que, como buen DOS, mi ego viva siempre agobiado, presionado por la necesidades de los demás, sin tiempo para mí mismo y agotado de tanto dar.

3. Fijación eficacia

Soy una persona extremadamente activa, no puedo estar quieto ni un momento, porque lo considero una pérdida de tiempo, y el tiempo hay que aprovecharlo productivamente, eficazmente. Para mí, la eficacia y la

eficiencia son algo que valoro enormemente. Soy una persona en constante productividad, eficiente y eficaz; no

tolero la ineficacia en torno a mí. Siento preferencia por puestos de trabajo donde tenga que organizar el trabajo y la productividad de las personas. Rindo mucho en el trabajo y sé hacer que los demás rindan y sean eficaces y productivos.

Siento como un exceso de energía física; soy fuerte, enérgico, atlético, vigoroso y de aspecto juvenil. Además, soy por temperamento asertivo y competitivo. Tengo dotes naturales de organización. Sé llevar a cabo proyectos eficazmente. Identifico y defino objetivos claramente y sé qué pasos he de dar para lograr mis objetivos. Soy preciso; me gusta ir midiendo los progresos y resultados de mi actividad.

A veces, mi eficacia puede resultar algo mecánica: algunos me perciben como una máquina, algo impersonal y frío, y me dicen que me identifico con mi “rol” y que no pueden ver a la persona que late y vibra detrás del “rol”.

Tal vez tienen razón: me he hecho tanto a mi propio “rol” que es verdad que a veces me siento incómodo cuando tengo que actuar fuera de ese “rol”. Es como si me sintiera hueco o vacío por dentro, y como si yo sólo fuera ese “rol” que tan bien he asumido. En realidad, no sé muy bien qué quiere decir estar en contacto conmigo mismo; es como si mi personalidad interior no existiese, y todo mi yo fuera sólo mi imagen pública, el “rol”, o la máscara sonriente hacia fuera. Como si yo fuese un actor que representa un papel. Terminada la actuación, es como si yo no existiera, excepto en mi constante representación del papel que he asumido en mi vida.

En un curso se distingue a un tipo TRES porque con frecuencia, a pesar de las advertencias, participan queriendo identificar a todos sus familiares y amigos, en vez de mirarse a ellos mismos, parece no interesarles en lo más mínimo descubrir su propia identidad. Ese no mirarse a sí misma es la clave.

4. Fijación melancolía

Soy una persona que me siento especial, distinta de los demás en cuanto a mis sentimientos. Siento que

mi capacidad de sentir es muy diferente de la mayoría de las personas. Creo que siento con más intensidad

que los demás. Mi alegría no es una alegría común; es un gozo sublime, algo así como un éxtasis de gozo puro. Mis penas y mis tristezas no son penas y tristezas comunes y corrientes. Yo las experimento de manera trágica y dramática.

Como me vivo tan único y especial en cuanto a mis sentimientos, siento que nadie puede

comprenderme, pues me parece que nadie siente con la misma intensidad que yo. Este sentimiento aumenta mi

sensación de soledad y abandono. Este sentimiento se puede denominar como “distintidad”, que expresa realmente el verdadero sentir de la personalidad tipo CUATRO.

Siento una dificultad especial en distinguir los límites entre mis sentimientos y los sentimientos de los demás, pues tiendo a hacer míos estos últimos, de tal manera que los sentimientos me desbordan.

Cuando me siento así, inundado y desbordado de sentimientos, necesito compartirlos con alguien; pero es tal la carga sentimental que experimento que me doy cuenta de que asusto a los demás, pues mi intensidad llega a desbordarles, y siento que por ellos los demás me esquivan, lo cual refuerza mi sentimiento de “distintidad”:

¡Nadie me comprende!, ¡Mis sentimientos son tan especiales...!, ¡Me siento absolutamente solo...!.

Algunos piensan que exagero y que resulto un tanto teatral. Yo no me vivo así; para mí, mis penas y tristezas son verdaderamente dramáticas. Disfruto con temas que otros consideran trágicos, como la muerte, la soledad, la pérdida y el abandono. Con estos temas me siento identificado en mis momentos de tristeza, y encuentro en ellos la oportunidad de sentir y vivir la verdadera intensidad de mi tristeza.

Siento particular predilección por momentos del día como el crepúsculo y el anochecer. En estos momentos siento que la Naturaleza siente conmigo, y esos tonos del firmamento expresan el estado interno de mi espíritu.

Otro momento que yo disfruto y que a la mayoría de las personas les disgusta es el de las despedidas; decir adiós a una persona de la que me voy a separar, o a una situación que tal vez ya no se vuelva a repetir, es una ocasión de sentir intensamente, y este sentir intenso es lo que me hace sentirme vivo. Yo transcribiría la famosa frase de Descartes diciendo: “Siento, luego existo”. Cuanto mayor es la intensidad de mi sentimiento, más vivo me siento.

5. Fijación ahorro

Me gusta ahorrar; es mi característica fundamental. Acumulo y atesoro con el fin de evitar el gasto

innecesario de energía, dinero, tiempo, ideas y, sobre todo, sentimientos.

Me vivo muy escaso y pobre de sentimientos.

Soy un gran observador de la vida; me doy cuenta de todo lo que sucede a mi alrededor; la mayoría de las veces, simplemente observo, pero no participo.

Me gusta observar desde un lugar seguro, protegido, y prefiero que sea escondido, para así poder yo observar sin ser observado.

La vida me parece demasiado peligrosa para involucrarme en vivirla; prefiero observarla sin

comprometerme. Temo el compromiso. Prefiero mantenerme aislado, solo, con mis pensamientos y mis ideas.

Cuido mucho mis espacios de soledad y protejo, a veces excesivamente, mi privacidad. Creo que a veces

llego a resultar paranoico, pues experimento el interés que los demás muestran por mí como una invasión de mi privacidad. Cuando alguien me pregunta lo que siento, o se interesa por mi opinión, me gustaría poder retraerme como un caracol.

A veces siento el deseo de esconderme para no ser visto. Querría incluso hacerme invisible para que nadie me pida comprometerme o involucrarme. Y a veces parezco realmente invisible, pues entro y salgo de reuniones o encuentros sociales sin saludar y despedirme; permanezco en los sitios sin apenas ser visto ni oído. Soy persona

de muy pocas palabras.

Mi retraimiento es realmente un grito silencioso del gran deseo y necesidad que tengo de calor y amor; pero me resulta muy difícil comunicar o expresar esta gran necesidad que siento.

6. Fijación temor

El conflicto típico de esta personalidad es la lucha constante entre su valor o valentía y su temor y

cobardía. La vida es un constante reto a su valentía.

El mundo lo experimenta el SEIS, al igual que el CINCO, como un lugar peligroso del que quisiera esconderse. La gran diferencia entre el CINCO y el SEIS es que el SEIS, en vez de esconderse, lo que hace es salir al encuentro y hacer frente a su miedos.

El SEIS se pregunta constantemente: ¿soy suficientemente valiente?, ¿igualo o supero el reto?. Está probando y demostrándose a sí mismo, una y otra vez, su valentía. El caso es que el miedo real no constituye una dificultad para el SEIS; el suyo es más bien un miedo vago y difuso a un futuro que generalmente prevé

catastrófico. Lleno de miedos futuribles; tanto se ha preparado para ese mañana que, cuando “mañana” llega y se hace “hoy”, siempre le resulta mucho más fácil de lo que había imaginado, y no le causa el miedo que tanto había temido.

Las personas que tienen esta personalidad resultan a los demás mucho más valerosas y decididas de lo que ellas se experimentan interiormente. Antes de obrar, temen y dudan, incluso obsesivamente; pero nadie imaginaría sus dudas y temores, de no compartirlos ellos mismos. El comportamiento que se percibe desde fuera es el de personas decididas y valerosas.

La personalidad tipo SEIS siente por dentro una gran inseguridad, no tiene confianza en sí misma. Es de

su propio interior de donde tiene que nacer su seguridad, pero ella la busca inútilmente fuera de sí. Tiene

sus “antenas” extendidas al exterior, buscando autoridades externas, personas que confirmen lo que ella piensa o siente por dentro.

Esta necesidad, tan propia del SEIS, de consultar a muchas personas antes de actuar, podría llamarse

“hacer encuestas”. Muchos SEIS han confirmado muy acertada esta expresión. También coinciden los SEIS en

decir que “los encuestados” quedan muy sorprendidos cuando el SEIS no actúa según las sugerencias recibidas. Lo que los “encuestados” no entienden, hasta que han sido preguntados repetidas veces, es que el SEIS no desea que se le diga lo que tiene que hacer, sino que está simplemente contrastando su opinión. Esto solamente lo sabe el SEIS; el “encuestado” percibe la cara de pánico con que le pregunta el SEIS, y cree que genuinamente le está pidiendo: “dime lo que tengo que hacer”. Con el tiempo, les dicen a los SEIS: ¿para qué me preguntas, si luego vas a hacer lo que te parezca?. El SEIS sabe lo que quiere, y lo único que busca es afirmarse en su decisión; de ahí su necesidad de “hacer encuestas”.

Con frecuencia buscan la protección de alguien a quien ellos experimentan como más fuerte que ellos mismos, aunque en realidad no sea así, ya que los SEIS son personalidades fuertes y valientes, aunque muchas veces ellos no se ven a sí mismos de este modo. El tema de la autoridad es muy importante para el SEIS. Siente

una dualidad fuerte hacia la autoridad: por un lado la admira, y vive según sus normas, que él mismo ha hecho

suyas; pero, por otro, lucha contra ella. De ahí que resulte contradictorio: unas veces sumiso, y otras rebelde. Los SEIS necesitan fiarse más de sí mismos, confiar en su propia autoridad y confiar en que son capaces por sí mismos. Tienen un gran sentido de familia; son muy maternales o paternales. También tienen un gran sentido de fidelidad a la causa de una nación o grupo religioso, por lo cual son muy fieles a la familia y a los ideales o principios que rigen una nación o grupo religioso. Resultan personas gratas y acogedoras, que atraen a la gente hacia ellos.

7. Fijación planificación

Soy optimista por naturaleza; algunos dicen que soy el optimismo personificado.

Estoy haciendo constantemente planes para el futuro; para un futuro, naturalmente, mejor aún que el

presente.

Soy muy idealista y super-entusiasta. Pienso que la vida hay que disfrutarla a tope. Intento divertirme y

pasarlo lo mejor que puedo. Rezumo entusiasmo, y constantemente sonrío. Algunos expertos en el Eneagrama dicen que los SIETE somos “espectadores sonrientes” de la vida. La vida es un juego en el que hay que

divertirse, pero yo a veces no participo en el juego, pues estoy demasiado ocupado preparando o planificando en mi mente futuros juegos, nuevos planes para pasarlo bien. Esta constante planificación me hace ausente del

presente y no vivirlo. Con frecuencia manipulo el presente para lograr un futuro mejor.

Anticipo y saboreo en mi mente ese futuro maravilloso de tal modo que, cuando por fin llega y se hace presente, ya no me parece tan maravilloso, me desilusiona, ¡no es tan ideal como yo lo había soñado...!.

Pero no me hundo en la desilusión; es más, escapo rápidamente de ese desencanto del momento presente planificando otra vez un futuro mejor.

Así vivo en un estado de constante escapismo o huida. En realidad, de lo que huyo es de todo lo que

suponga dolor, tristeza o sufrimiento. Por eso también a los SIETE nos llaman “epicúreos”; según esa antigua

filosofía hedonista, los epicúreos procuraban todo tipo de placer y huían o evitaban cualquier forma de displacer. Los SIETE son también muy imaginativos y creativos de forma compulsiva. Les encantan las visiones, los sueños, las experiencias místicas. Todo para ellos es una experiencia maravillosa. Todo les fascina, les obnubila; todo es alucinante. Este es el tipo de vocabulario que utilizan.

Todo es interesante para ellos, mientras sea un plan sobre el que pueden hablar. Lo curioso es que raramente llevan a cabo sus muchos planes. Con frecuencia, pierden contacto con la diferencia entre lo real y lo pensado, planeado o imaginado. Hacen constantemente listas de cosas que piensan hacer, y luego

raramente las hacen.

Los SIETE ven absolutamente siempre la parte positiva de todas las cosas y acontecimientos. Tienen el arte de disfrutar el lado positivo de todos los acontecimientos, retirando la vista de lo menos agradable.

8. Fijación represalia

La personalidad tipo OCHO tiene un gran sentido de la justicia y una gran sensibilidad para la

injusticia; son especialmente sensibles cuando creen que la injusticia se ha cometido contra ellos.

Se sienten viviendo en un mundo hostil e injusto para con ellos. Ante cualquier cosa o palabra que

ellos experimentan como injusta, su reacción inmediata, instintiva -incluso antes de que pueda intervenir la razón- es vengativa o de represalia.

Ellos no experimentan esta reacción como vengativa, sino como respuesta justa a la injusticia que acaban de sufrir. Si se detienen y reflexionan, lo más seguro es que no lleven a cabo esa primera reacción de represalia.

“La mejor defensa es un buen ataque”, define la actitud de la personalidad OCHO. Como vivencian el