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A Case Study Evaluation of Sketching-oriented Visualization Design

El rápido crecimiento y transformación de las ciudades, inducida por los cambios económicos y demográficos, requería una renovación de las infraestructuras y servicios urbanos. Mientras que las mejoras en el alumbrado e incluso en la pavimentación de calles y ejecución de aceras resultaban asequibles para la mayoría de municipios, el alcantarillado de pluviales y el de fecales con su depuración, o la traída de aguas y su distribución canalizada a cada vivienda, suponía mucha mayor inversión y dificultad técnica.216 Por esta razón, mientras la pavimentación y el alumbrado se empiezan a introducir a mediados del siglo XIX, las conducciones de agua y especialmente el alcantarillado es mucho más tardío.

Las calles en la gran mayoría de las poblaciones eran de tierra compactada con guijarros. La introducción de un firme empedrado en las calzadas, a base de cantos de río y posteriormente el adoquinado de piedra, hizo más cómoda la circulación de personas, vehículos y animales, además de ser una mejora higiénica, al reducir el polvo, la formación de barro y facilitar la limpieza. Estas calzadas estaban diseñadas con una ligera pendiente hacia el centro de la calle, por donde discurría una rigola o canaleta para favorecer la evacuación de las aguas de lluvia, de la limpieza y de los charcos, solución constructiva que aún podemos ver en algunos pueblos de las comarcas del interior.

215 Ibídem, pp. 285-287.

216 A partir de la Constitución de las Cortes de Cádiz de 1812 y la progresiva consolidación de la

ideología liberal burguesa se empezó a considerar que cuidar la población era una obligación. Las políticas higienistas establecían en muchos casos el éxito o fracaso de los gobiernos municipales, ya que tenían capacidad de promover la ejecución de infraestructuras urbanas y otros servicios dirigidos a mejorar la salubridad de las ciudades. Pero estas atribuciones precisaban de grandes inversiones que tenían que realizarse en poco tiempo, como eran la conducción de aguas o el saneamiento, para ello requerían de ayudas o préstamos difíciles de conseguir, a cambio se optaba por la realización de calles, encintado de aceras o la renovación de los sistemas de alumbrado público, en AGUILAR CIVERA,

Inmaculada (2005): «El ciclo del agua en la ciudad de Valencia (1850-1900)», en Historia de la Ciudad

de Valencia IV. Valencia, ICARO-Col.legi Territorial d´Arquitectes de la Comunitat Valenciana (CTAV), p.197-198.

Posteriormente se introducen las aceras con sus bordillos de piedra. La elevación de las aceras tenía la finalidad de separar por seguridad, el tránsito peatonal del tráfico rodado y evitar que el agua de la calzada invadiese el espacio de los peatones. La incorporación de la acera permitió eliminar la rigola central, que inclinaba los vehículos dificultando su cruce, colocando dos rigolas en los extremos de la calzada, junto a los bordillos de las aceras, evacuando de esta manera las aguas de la calzada y de las aceras. La ejecución de las aceras solía correr a cargo de los vecinos. La existencia de calzadas pavimentadas y aceras, como el aumento de vehículos, eran signos de modernidad en toda Europa.217

A mediados de siglo XIX el abastecimiento de agua era por pozos, o conduciéndola mediante canalización desde fuentes o ríos próximos, almacenándola en aljibes repartidos por la ciudad. Su distribución a domicilio se realizaba mediante aguadores o con el esfuerzo familiar.

Por las mismas fechas el alcantarillado era inexistente en la mayoría de las ciudades. Un progreso higiénico notable era el evitar los pozos negros218 y las pestilentes limpiezas periódicas o el todavía frecuente vertido de aguas negras en la vía pública. En muchas ciudades la carencia de aguas corrientes unida a la precariedad de las lluvias y a su irregularidad estacional, reducía la capacidad de arrastre de los desagües en los que fácilmente se estancaban los detritus.

También fueron muy frecuentes los lavaderos de uso público o de propiedad privada, que estuvieron presentes en casi todas las poblaciones. A los cuales se acudía para lavar la ropa, en un agua semiestancada, en donde se compartían toda clase de gérmenes patógenos.

217QUIROS LINARES, Francisco (1991): Las ciudades españolas a mediados del siglo XIX, ed. Ambito

Editores, pp.43-44.

218 « En Madrid, por ejemplo, Philip Hauser calcula en la década de los años 1880 la existencia de más de

3.000 pozos negros contaminantes, señalaba también que la mayoría de los sumideros carecía de sifones y censaba en 4.000 las viviendas que carecían de suministro de agua potable. Una década después, el mismo autor, en su Geografía médica de la Península Ibérica denunciaba, a partir de los datos recogidos directamente de los Inspectores Provinciales de Sanidad, que la práctica totalidad de las capitales de provincia carecían de las infraestructuras sanitarias adecuadas en lo que se refiere al tratamiento de aguas sucias y de bebida, control e higiene de los alimentos, limpieza y salubridad de las calles […] Si hemos de dar crédito a sus palabras , de las siete capitales españolas con más de 100.000 habitantes, solo Zaragoza y Sevilla disponían en 1913 de una red extensa de alcantarillado, aunque en estos casos el suministro de agua era deficiente. En otras ciudades grandes como Valencia, Málaga o Madrid, el suministro de agua era bueno pero el alcantarillado era pésimo», en BARONA VILLAR, José Lluís (2002): Salud, enfermedad y

En la ciudad de Castellón las aceras se empiezan a colocar a partir de 1847 en las calles principales, siendo el pavimentado de las calzadas algo posterior. En 1913 el Ayuntamiento pide un préstamo para seguir haciendo aceras y adoquinar muchas calles del casco antiguo, no llegando estas mejoras a los barrios periféricos hasta entrada la segunda década del siglo XX.219

Desde antiguo la población se abastecía de pozos existentes dentro del casco antiguo y barrios periféricos y de las aguas procedentes del río Mijares, tomándolas de la llamada acequia mayor que pasaba junto a las murallas, por donde ahora discurre la calle Gobernador, éstas, mediante conductos subterráneos abastecían también a 160 cisternas o aljibes220 en casas particulares de las que se beneficiaban las familias más pudientes. El resto de la población tenía que acudir diariamente a los omplidors que estaban en la calle Gobernador, por donde pasaba la acequia mayor, para llenar los cantaros, transportándolos en los carrets d´aiguader a cada casa para llenar las tinajas que estaban por lo general detrás de la puerta principal de la casas de labradores, o en depósitos en los bajos de las casas por pisos, costumbre que existió hasta finales del siglo XIX y que fue desapareciendo paulatinamente, una vez canalizadas por la ciudad las aguas de la Rambla de la Viuda.221 La misma conducción también ofrecía un sistema de regadío a los numerosos huertos que la ciudad albergaba. El suministro de aguas procedentes de la Rambla de la Viuda es aprobado por el Ayuntamiento en 1872.222

En 1868 se empieza a instalar fuentes públicas, pero no se generaliza hasta 1905. En dicho año se distribuyen por toda la ciudad, siendo abastecidas por el agua de pozo construido en el Paseo del Obelisco223 La distribución de agua potable mediante canalización a cada vivienda no se inicia hasta la última década del siglo XIX, siendo su ejecución muy lenta. En 1912 aún se está instalando la red de distribución de agua potable por muchas calles secundarias del casco antiguo. 224

El problema higiénico y sanitario que más preocupaba a políticos y ciudadanos era la eliminación de aguas residuales y las basuras. Castellón padeció en la primera

219GIMENO MICHAVILA, Vicente (1984): op. cit.,p.35. 220MADOZ, Pascual (1982): op.cit, p.228.

221 También existían pozos públicos dentro de la población, otros en los huertos próximos. En el arrabal

de San Francisco existía un pozo y otro en el de San Félix, junto a la ermita de San Roque, en GIMENO MICHAVILA, Vicente (1984): op.cit., p.34-164.

222 Ibídem p.30. 223 Ibídem, p.34. 224 Ibídem.

mitad de siglo dos epidemias de cólera importantes, la primera en 1834 y la segunda en 1855, cuyo origen en buena medida era la contaminación que estas aguas recibían de los pozos ciegos225. Para paliar este problema el Ayuntamiento dicta algunas disposiciones higiénicas, estas no hacían sino recordar el «Reglamento de Policía» que desde mediados del siglo XVIII estaba vigente. Entre ellas merece especial mención, la estricta prohibición de echar agua a la calle, la mayor parte mezclada con orín, se prohibía también tirar aguas fecales a los desagües públicos que discurrían desde la plaza de los Lavaderos Viejos hasta la salida del molino que estaban detrás del convento de Capuchinos y, además, las autoridades municipales exigían a la población construir depósitos de letrinas.226 También era común disponer de un pequeño huerto dentro del recinto amurallado o en su entorno exterior inmediato, además de tener animales de crianza para el autoconsumo, por lo que la acumulación de desperdicios con el objeto de fabricar estiércol era una costumbre extendida entre las capas populares. Las autoridades castellonenses procedieron no solo a prohibirlo sino que además inspeccionaban su verificación. El recurso habitual para frenar los focos infecciosos era encalar las casas y otros espacios de uso. 227

La instalación de una red de alcantarillado para conectar los desagües de cada vivienda se inicia en la primera década del siglo XX. El proceso fue muy lento, y a mediados de la segunda década las infraestructuras urbanas de saneamiento, agua potable y pavimentación no han llegado aún a ciertas parroquias del casco antiguo, ni a los barrios periféricos, únicamente podemos hablar de alumbrado y de fuentes públicas.228

Para mejorar la higiene de los alimentos se construye el nuevo matadero público en 1842, junto a la actual calle Gobernador, desapareciendo el que existía en la plaza de

225 «Las consecuencias que la ausencia de alcantarillado provocaba en la salud de la población eran

señaladas por los higienistas: en 1887, recordaban que no había una sola ciudad en España que dispusiera de un alcantarillado que, en Inglaterra se había revelado como medio suficiente para «desafiar confiadamente el cólera y demás azotes epidémicos», en FERRATER Carlos (1999): «La vida cotidiana. El

ocio», MATEO MARTINEZ, Carlos (coord.), Los inicios de la modernización en Alicante, 1882-1914, Caja

de Ahorros del Mediterráneo p.331.

226CHUST CALERO, Manuel (1998): «La ciudad de Castellón durante el siglo XIX», en ORTELLS, Vicente

(Dir.), La Ciudad de Castellón de la Plana, Castellón, Ayuntamiento de Castellón, p.276.

227CHUST CALERO, Manuel (1998): op. cit, p. 274.

228SARTHOU CARRERES, Carlos (1913): Geografía General del reino de Valencia. Provincia de Castellón,

la Pescadería, ampliándose en 1913.229 Por los mismos motivos, y en esta última fecha, se cubre con estructura metálica el mercado creado en 1903 en la plaza del Ayuntamiento y se proyecta otro cubierto en la plaza de la Pescadería,230 mejorándolo con la construcción de plintos o cajones uniformes231 para aislar los alimentos del contacto con el suelo.

Existían varios lavaderos. Los lavaderos viejos estaban situado en la explanada del portal d´Om, (actualmente plaza de la Paz); los lavaderos nuevos cerca del matadero, junto a la acequia mayor; el lavadero de Santo Domingo estaba también junto a la acequia mayor, próximo a la casa de Beneficencia, que sobrevivió hasta 1935; el del Toll, era un charco o balsa que se formaba en el foso norte de la muralla medieval, cubriéndose estos dos últimos en 1912.232 Son espacios públicos naturales o artificiales, en los que la gente, generalmente mujeres, lavaban la ropa o las pieles de animales.

El empuje urbanizador que se respira a partir de 1865 viene acompañado de la técnica y el progreso. El alumbrado público es uno de los servicios públicos que antes se instala, siguiendo los estadios de su evolución: alumbrado público con aceite (1833), alumbrado con petróleo (1863), alumbrado con gas (1871); alumbrado eléctrico 1879.233

Calle Moyano esquina calle Herrero, con aceras de piedra y calzada de tierra compactada. A la derecha de la imagen el Grupo Escolar de la calle Herrero, que entró en funcionamiento en 1910 (denominándose Maestro Castelló en la segunda década del siglo XX). Foto

aproximadamente de finales del primer tercio siglo XX.

Fuente documental: Colección José Prades

229 «Este punto tan importante para la salud pública se construyó en el año 1842, tiene una luneta ó

claraboya en el centro, de 5 metros cuadrados, sus paredes están chapadas de finos y vidriados azulejos blancos, hasta la altura de dos metros; tiene las oficinas propias, aunque pequeñas, montadas con curiosidad y aseo […]», en MUNDINA, Bernardo (1988): Historia geografía y estadística de la provincia

de Castellón, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Castellón, Barcelona, p.197 [Edición facsímil del original, Imprenta y librería de Rovira hermanos, Castellón, 1873].

230GIMENO MICHAVILA, Vicente: op.cit.p.35. 231QUIROS LINARES, Francisco (1991): op. cit, p 48. 232GIMENO MICHAVILA, Vicente, op.cit.p. 34. 233GIMENO MICHAVILA, Vicente: op.cit., pp.259-252.