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Los trabajos en torno a la teoría del cuento tienden a proporcionar un elenco de características a partir de diversos enfoques medotológicos, ya sea desde la narratología, la pragmática, la estilística, la teoría cognitiva... cada cual adopta una o varias perspectivas para estudiar un mismo objeto de estudio. A pesar de ello, debemos admitir que, en muchos aspectos, no se ha avanzado más allá de los rasgos que anunciara Poe en el siglo XIX. Esto implica que, el discurso sobre la cuestión esté plagado de repeticiones. Nosotros vamos a ofrecer un resumen de esas recurrencias que aparecerán mencionadas en el discurso sobre el cuento de nuestros autores, pues coincidirán en apuntar los mismos problemas teóricos.

Llegado el punto de presentar estos datos veremos que la postulación de una característica formal como puede ser la brevedad, afectará al emisor y al receptor, tendrá consecuencias en el sentido y en la estructura, etc. He aquí que, cualquier nivel, nos lleva inevitablemente a los restantes, estableciendo redes de relaciones por lo que, nuestra presentación por epígrafes buscará únicamente la claridad expositiva. En este sentido, el al trabajo realizado por Julio Peñate Rivero, quien ha realizado una teorización del cuento según la teoría de los sistemas, se asemejará al que llevaremos a cabo.210 Para el autor el cuento (y la literatura también) es un sistema: ―abierto, especializado en el tratamiento de información, de creación humana y con una doble consistencia, física (forma impresa, material) y abstracta (representaciones intelectuales de tipo ficional)‖.211

Todos sus constituyentes (personajes, elementos argumentales, redundancias textuales, presupuestos y sobreentendidos, las relaciones con el lector...) forman un sistema dinámico que, además, establece relaciones con los sistemas exteriores del contexto. Julio Peñate realiza una propuesta metodológica de análisis textual. Por el contrario, nuestro punto de partida consiste en acercarnos a la definición del cuento que es el producto último de un sistema.

Dentro de los temas en torno a la teoría del género cuento hay tres cuestiones que han atraído la atención de muchos investigadores y que hace falta sacar a colación: 1. las

210

Julio Peñate Rivero, ―El cuento y la teoría de los sistemas...‖, Op.cit.; Benito Pérez Galdós y el cuento

literario como sistema, Zaragoza, Libros Pórtico, 2001.

211

denominaciones y terminologías empleadas para la designación de los distintos tipos y subtipos de cuentos a lo largo de la historia, 2. el origen del cuento como actividad del ser humano, 3. la relación con los restantes sistemas genéricos, sobre todo al de la novela y al de la poesía.

EL PROBLEMA DEL TÉRMINO ―CUENTO‖

A) Algunas consideraciones

El primer problema que sale a la palestra a la hora de considerar el cuento literario es el de su polisemia. La fraseología popular está plagada de expresiones que la utilizan: ―venir a cuento‖, ―vivir del cuento‖, ―salir con el cuento‖, ―tener más cuento que Calleja‖, ―dejarse de cuentos‖, ―ser una cuentista‖.212

Las ambigüedades que plantean tales

expresiones no han pasado desapercibidas a numerosos estudiosos desde Baquero Goyanes, Juan Paredes Núñez o Manuel Martínez Arnaldos.213 Sucede que hay conflictos entre diferentes denominaciones, cambios de referente, deslizamientos semánticos susceptibles de observación tanto en el eje sincrónico como en el diacrónico.

La historia del término comienza con la etimología de ―contar‖ que remite al latín

computare cuyo sentido matemático y numérico no se ha perdido.214 Hasta el Renacimiento el término servía para designar el cuento oral. Con este significado estaba en competencia con otras nomenclaturas. Durante el medievo se prefería apólogo, enxiemplo, proverbio, fábula, fasaña.215 El asunto se volvió más complejo a partir del Renacimiento al parecer el género nuevo de la novela, por lo que ―cuento‖ se utilizaba para los textos más breves que, en nuestro días, llamamos novelas cortas o cuentos, o para denominar chistes, anécdotas,

212

Todas estas acepciones vienen recogidas en el DRAE. 213

Mariano Baquero Goyanes, El cuento..., Op.cit., pp. 21-76; Manuel Martínez Arnaldos, ―Deslinde teórico de la novela corta‖, Monteagudo, 1986, 3ª época, 1, pp. 47-66; Juan Paredes Núñez, Algunos aspectos del

cuento literario (Contribución al estudio de su estructura), Granada, Propuesta, 1986.

214

Francisco Abad, ―Sobre «Contar», «cuento», y «novela»‖, El cuento en la década de los noventa, Op.cit., p. 627.

215

refranes explicados, curiosidades, etc., y también para narraciones orales y populares.216 En el Romanticismo se empleaba para narraciones versificadas o para las que están escritas en prosa, de carácter popular, legendario o fantástico -tipo Hoffmann-, aun cuando para estas últimas se utilizaban simultáneamente los términos leyenda, balada, etc. Los autores que componían relatos breves procuraban no utilizar término cuento (por ejemplo Emilia Pardo Bazán), en su lugar preferían decir: relación, cuadro de costumbres, cuadro social, novela, etc. ―Cuento‖ sólo se empleaba para los relatos tradicionales, fantásticos o infantiles. Según avanza el siglo XIX fue triunfando la palabra, recurriéndose a ella para aludir a narraciones de todo tipo, aun cuando la imprecisión y los prejuicios tardaron en desaparecer.217 Baquero Goyanes sintetizaba la situación del término en España comparándolo con otros idiomas donde no hay tantos problemas:218

NOVELA

NOVELA CORTA O CUENTO LITERARIO

CUENTO

CUENTO POPULAR

Inglés Roman o Novel Short story Tale

Francés Roman Nouvelle Conte

Italiano Romanzo Novella Racconto

Alemán Roman Novelle Erzählung Märchen

Español Novela Novela corta Cuento

Sin embargo, las traducciones no son exactas ya que cada denominación corresponde a un registro cultural diferente con una tradición literaria que los respalda. Por ejemplo, en España la palabra ―romance‖ era aplicada a composiciones poéticas, a los viejos poemas épicos y las baladas, lo cual favoreció que se divulgara ―novela‖ para aludir al género extenso, mientras que, los relatos cortos como las Novelas ejemplares, tuvieron que pasar a recibir el ―apellido‖ de ―novelas cortas‖.219

El término que procedía del italiano

216

Mariano Baquero Goyanes, El cuento..., Ibid., pp. 73-74. 217

Mariano Baquero Goyanes, El cuento..., Ibid., pp. 73-74. 218

Mariano Baquero Goyanes en su tesis doctoral establecía una diacronía de los distintos usos basándose en su utilización y práctica por parte de los propios escritores, en los diccionarios y finalmente, en las preceptivas decimonónicas (El cuento..., Ibid, p. 59); Este mismo cuadro lo repiten: Enrique Anderson Imbert (Teoría y

técnica del cuento, Buenos Aires, Marymar, 1979, p. 17) y Juan Paredes Núñez (Algunos aspectos, Op.cit., p.

12). 219

Gerald Gillespie, ―¿Novella, nouvelle, novela [corta], short novel?...‖, Carlos Pacheco y Lus Barrera Linares (comp.), Del cuento y sus alrededores, Op.cit., pp. 131-145 (trad. Carlos Pacheco y Peter Soehlke).

novella ha pasado a designar los textos de longitud intermedia que, según Gerald Gillespie,

no tienen gran diferencia de los cuentos o las novelas, y forman, por tanto, una continuidad con confusas zonas limítrofes. La terminología disponible para los románticos era entonces:220

FORMA BREVE INTERMEDIA EXTENSA

Inglés (hi)story-tale - novel

Español historia-cuento novela (sentido arcaico) novela

Italiano storia-racconto novella roman

Francés histoire-conte nouvelle Märchen

Alemán Geschichte- Erzählung

Nouvelle Roman

Durante el siglo XIX, el término ―cuento‖ tuvo que luchar además con las restantes significaciones y denominaciones. En las preceptivas decimonónicas, cuando el cuento literario se hallaba en su mejor momento, la teoría genérica se enfrentaba a un problema de gran envergadura. Estos textos se habían tenido que acomodar a la aparición de la novela para así corresponder ante el creciente auge del género en el panorama literario; realmente, mientras la novela sufría un amplio desarrollo por parte de los autores del momento, los textos preceptivos del momento se encontraban a la zaga. Las nuevas teorías tuvieron que incorporar este género olvidado y rechazado previamente lo que causó una reorganización del sistema global de los géneros.221 La respuesta de algunos preceptistas consistió en incluir a la novela dentro de términos como géneros compuestos (resultantes de la combinación entre géneros sólidamente establecidos) o géneros de transición (participantes de las características propias de distintos géneros produciendo una evolución entre ambos). Esta situación precaria afectaba al ―hermano menor‖ de la novela. El término ―cuento‖ era empleado para designar a las narraciones infantiles o de carácter oral y popular.

Resulta llamativo que, mientras la teoría genérica de la literatura ―de adultos‖ ignora la coincidencia terminológica con el cuento infantil, en las reflexiones sobre la literatura infantil no pasa desapercibido tal hecho. No podemos ignorar que, para una gran parte de

220

Gerald Gillespie, ―¿Novella, nouvelle...‖, Ibid., p. 138. 221

Este cambio ha sido estudiado pormenorizadamente por Alicia Molero de la Iglesia (La novela como

los hablantes de nuestra lengua el cuento es más bien un género para el público menor de edad; aún es más, dentro de la narrativa para niños sucede que el cuento: ―es término tan difundido y de tan fácil identificación que a menudo, los libros para niños reciben genéricamente el nombre de cuentos‖.222

Hoy en día, tal y como señala Javier Huerta Calvo, podemos englobar dentro de los ―cuentos‖ a lo popular, lo infantil, pero también a los textos literarios destinados a un público adulto; así queda reflejado en el siguiente esquema.223 NARRACIÓN CORTA DE TRADICIÓN ORAL NARRACIÓN CORTA DE TRADICIÓN LITERARIA NARRACIÓN MEDIANA NARRACIÓN LARGA Castellano Cuento Historia Cuento

Novela corta Novela Novela

Inglés Story Tale Short story Short novel Long story Novel

Francés Histoire Conte Nouvelle Récit Nouvelle Nouvelette Roman Italiano Storia Fiaba Fabola

Novella Racconto Romanzo

Alemán Marchen

Erzählung

Geschichte

Kurgeschichte Novelle Roman

Si problemática es la clasificación de los materiales, de los objetos, otro tanto sucede con los actos de habla que dan lugar a los mismos, esto es: ―contar‖, ―narrar‖ y ―relatar‖. A partir de la etimología de estas palabras Raúl Castagnino establece la diferencia entre ―contar‖ acción que mantiene su transfondo numérico, mientras ―narrar‖ es la acción orientada a evocar acontecimientos de forma secuencial, y ―relatar‖ tiene una significado más general y menos literario. Los sustantivos ―cuento‖, ―relato‖ o ―narración‖ heredarán parte del significado de la acción de la que partieron.224

B) La utilización del término en la actualidad

Si atendemos al uso que actualmente se hace de las denominaciones genéricas por parte de las editoriales, nos daremos cuenta de que al género breve de la narrativa le toca

222

Juan Cervera, Teoría de la literatura infantil, Bilbao, Mensajero, 1991, p. 65. 223

Javier Huerta Calvo, ―Ensayo de una tipología actual de los géneros literarios‖, en Antonio García Berrio y Javier Huerta Calvo, Los géneros literarios: sistema e historia, Madrid, Cátedra, 1992, p. 180.

224

Raúl H. Castagnino, ―Jurisdicciones del Epos: contar, narrar, relatar‖, Carlos Pacheco y Luis Barrera Linares (comps.), Del cuento y sus alrededores, Op.cit., pp. 195-205.

adaptarse a las circunstancias, sobre todo cuando llega el momento de buscar un hueco entre sus colecciones. En 1988 Antonio Martínez Menchén nos contaba una anécdota bastante representativa:

[...] cuando fui a publicar mi primer libro, que yo creía novela, mi editor dijo que si lo publicaba en una determinada colección saldría como novela, pero que si lo publicaba en otra saldría como relatos. Y como se publicó en esta última, como ―relatos‖ salió. Y así como libro de relatos , se consideró hasta que un determinado estudioso dijo que era una novela, y los pocos que escribieron sobre ella a partir de ese estudiosos comenzaron a abundar en su misma opinión. 225

Teniendo en cuenta la incidencia que tiene el mercado en la utilización de algunos marbetes frente a otros, se hace necesario hacer un estudio de las contraportadas de los libros. Para hacernos una idea de cómo circulan estos términos en el mundo editorial, hemos hecho un cotejo de las diferentes denominaciones que recibían los libros de nuestro corpus, para analizar bajo qué rúbrica eran presentados en las contraportadas. Los resultados han sido los siguientes:

NOMBRE NÚMERO DE EJEMPLARES PORCENTAJE

Relatos 37 33,94 % Cuento 25 22,93 % Sin determinar 21 19,26 % Historias 6 5,5 % Otros 20 18,34 % Total 109 100%

Obsérvese que la rúbrica ―cuento‖ está en evidente competencia con las demás posibilidades. Los datos muestran la emergencia de una denominación que no contemplaban ni Baquero Goyanes, ni Huerta Calvo, ni Gillespie. En un significativo tercio de las menciones, los textos incluidos son calificados como ―relatos‖. Con la utilización de esta palabra el editor consigue establecer una distancia con el sentido oral o infantil. El término ―relato‖ suele tener un sentido más amplio que puede incluir un vasto rango de géneros, si acaso tiene cierto matiz testimonial. El sintagma ―relato literario‖ es utilizado para aclarar la diferencia entre los relatos contemporáneos y los cuentos anteriores al romanticismo. La denominación ―historias‖ es empleada en un pequeño porcentaje. Aunque por un lado permite la misma indeterminación genérica que ―relatos‖, su significado puede colisionar con los géneros históricos.

Entre estas cifras, llama la atención que en un veinte por ciento de ocasiones, los editores opten por no decir nada del contenido de las páginas que presentan, prefiriendo anticipar, o bien la bibliografía del autor, un pequeño fragmento del texto, o algún comentario elogioso hecho por un reseñador elogiosos o de renombre. El editor ―oculta‖, de esta manera, el contenido genérico del volumen, intentando atraer a los lectores a través de la fama de su autor o crítico.

El conjunto incluido en ―otros‖ consiste en aquellos casos en los que se presenta el libro bajo denominaciones como nouvelles, novela corta, fábula y apólogo, o bien bajo diferentes calificativos simultáneos (―libro de relatos o novela polifónica‖, ―novela libro de relatos o confesión‖). Por ejemplo, los nueve relatos de Campos enteros llenos de flores de Martín Casariego aparecen firmados por un personaje ficticio, Máximo C., quien examina momentos cruciales de su vida: el fin de curso de 1940, una relación tempestuosa en 968, la crónica de una crisis matrimonial en 2000... Forman entre todos, según dice la contraportada, ―una suerte de biografía a medio camino entre la novela, el libro de relatos y la confesión‖.226

¿Es posible una mayor mezcla de géneros?

225

Antonio Martínez-Menchén, ―Y va de cuento...‖, República de las Letras, julio, 1988, 22, p. 82. 226

Entre todos los libros cotejados para el presente estudio destaca el caso de la obra de la escritora barcelonesa Nuria Amat. La autora publicó en 1991 un volumen titulado

Monstruos en el cual presentaba recreaciones sobre diferentes mitos.227 Cuando en 1993 aparece su siguiente conjunto de relatos Todos somos Kafka, en la bibliografía de la autora que la editorial incluye en la portadilla del ejemplar, este libro anterior es súbitamente presentado como una novela.228 En su siguiente publicación, Viajar es muy difícil, los relatos sobre la figura del praguense también pasan a ser anunciados como una novela.229 Sucede el curioso fenómeno de que, en cuanto pasa un tiempo, sus cuentos maduran y cambian extrañamente de género. El caso es que las editoriales son conscientes del diferente impacto en el mundo literario comercial que tiene el género extenso frente al breve y por ello las obras transitan de uno a otro en el frágil terreno de las denominaciones. Quizá para evitarse estos súbitos cambios de género otros tantos volúmenes apuntan hacia la ambigüedad de su contenido. Los casos más extremos son Nosotras que no somos como

las demás de Lucía Etxebarría en cuya contraportada el editor nos dice que se trata de una

novela, sin embargo, en el prólogo la escritora reconoce: ―En el principio era un libro de relatos...‖. En realidad ha habido un proceso de ―reciclaje‖ de varios cuentos.230

En 1999 apareció Ella, maldita alma, de Manuel Rivas, bajo la ambigua denominación de libro de relatos o novela polifónica.231 Cuando leemos su contenido nos damos cuenta que en realidad es difícil apreciar aspecto novelístico alguno. Otro caso de ambigüedad en la denominación es el libro de Enrique Vila-Matas titulado Suicidios ejemplares. Según se nos dice en la contraportada, se trata de una colección de ―suicidios imaginarios‖, una alusión temática que rehuye toda adscripción genérica de los textos.232 Sobre todas estas ambigüedades hablaremos en el capítulo quinto.

227

Nuria Amat, Monstruos, Madrid, Anaya y Mario Muchnik, 1991. 228

Nuria Amat, Todos somos Kafka, Madrid, Anaya y Mario Muchnik, 1993. 229

Nuria Amat, Viajar es muy difícil, Madrid, Anaya y Mario Muchnik, 1995. 230

Lucía Etxeberría, Nosotras que no somos como las demás, Barcelona, Destino, 1999. 231

Manuel Rivas, Manuel. Ella, maldita alma, Madrid, Alfaguara, 1999. 232

En el caso contrario se encuentran los libros de Sergi Pàmies y José Carlos Llop. Aparentemente ambos tienen un género concretado desde su mismo título aunque luego no concuerde con el contenido. La obra de Sergi Pàmies aparece titulada como La gran novela

sobre Barcelona mientras que en la portadilla se nos aclara que es un libro de cuentos.233

Sucede lo mismo con el libro de José Carlos Llop, La novela del siglo, en el que juega con las expectativas del lector quien aguardará encontrar un ejemplar con una unidad aunque verdaderamente el título del libro pertenece a uno de los relatos incluidos en su interior. En este relato se nos explica que la novela de nuestro siglo es en realidad aquella que permite estar compuesta por diversos cuentos, es decir, fragmentaria y dispersa.234

¿Qué sucede entonces? Otten señalaba que en la recepción de los textos existen algunos índices fiables o ―lugares de certeza‖, entre los que se cuentan las menciones de género o subgéneros que apelan a la competencia lingüística y genérica del lector, preparándolo para su lectura; sin embargo, como hemos podido demostrar, cada día más, estos índices de lectura están sujetos a cuestiones que van más allá del verdadero contenido de una obra.235

EL ORIGEN DEL GÉNERO

De algún modo, todos sentimos que el cuento es un género muy cercano a nuestra experiencia cotidiana. Desde nuestra infancia estamos en contacto con los pequeños relatos infantiles, muchos de los cuales participan ya de las leyendas populares. A través de estas historias nos poníamos en contacto con el arte de contar y por ello, por esa experiencia iniciática con la literatura, tenemos la intuición de que desde los primeros seres humanos ha existido la necesidad de contar ficciones, anécdotas. Los estudios antropológicos que se han aproximado a las sociedades más primitivas, lo han comprobado, y nos han certificado esta idea. Por eso, en parte, es verdadera la afirmación de que el cuento es el género más antiguo de la historia de la literatura. James Cooper Lawrence localizaba el origen del cuento en las

233

Sergi Pámies, La gran novela de Barcelona, Barcelona, Anagrama, 1998. 234

baladas simples que ―no eran otra cosa que relatos breves en forma rítmica, en cuya base se halla la prosa narrativa, esto es, el cuento oral‖.236 Haciendo una pequeña historia de los géneros dice que: ―la épica es una contribución nacional a la literatura y la balada un producto comunal, el cuento, que en última instancia resulta ser la base de toda literatura, a excepción de la lírica y el ensayo, es claramente una contribución individual‖.237

Pero la otra intuición que percibe el lector son los indudables cambios que ha sufrido desde sus inicios. La pregunta es: ¿ha cambiado mucho desde ese primer comienzo como para pensar que el cuento se ha convertido en ―otra cosa‖? Para algunos el género sigue conservando hoy, al cabo de varios milenios, algunos de sus caracteres esenciales.