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IX SUSTAINING PRACTICE CHANGE AND DEVELOPING ACCOUNTABILITY

B. Accountability Systems

Jesús Lara resume la ficha biográfica de Juan Wallparimachi Mayta así: “Era indio. En su condición de tal no habría merecido los honores de la inmortalidad. Nacido para la esclavitud y el desprecio, su destino era desparecer como la brizna caída en la vorágine. Pero era grande su talento; era digno de admiración su valor. No sé podía dejar de contar sus hechos; no se podía dejar de recitar sus versos. Y se le inventó un nacimiento y una genealogía tan singulares como su propia vida.” (1947/1979: 136) Lo

cierto es que se trata de un héroe sureño, en cuya historia se mezclan realidad y leyenda; la leyenda es la que mejor conocemos (Espino: 2001: 111 ss.; Espezúa 2002:11-22). Silvia M. Nagy ha anotado que la historia Wallparimachi tiene que ver con varios planos de la ausencia33. Historia además que se dio a conocer a lo largo de diversos escritos literarios. Esto comienza hacerse a partir de 1885 y termina con la publicación de 1947 de Jesús Lara. Entre estos trabajos anotamos los siguientes: Bejamín Rivas, Wallparrimachi o un descendiente de reyes (1885), publica el poema “Kacharpari” en la versión de José Armando Méndez; Samuel Velasco Flor, lo incluye en Vidas bolivianas célebres; Lindaura Anzoátegui de Campero, la novela Huallparrimachi. Para 1915 Miguel Ramallo, Guerrilleros de la Independencia (1919). Todos estos documentos crean una historia que identifica a Walparimachi como un héroe de la independencia que, además de hacer poesía en quechua, tenía una ascendencia que se vinculaba con la nobleza criolla e inca. Desde la versión indianista este habría sido hijo de María Sawaraura que se juntó con un criollo, Francisco de Paula Sanz, del que se decía “que era hijo bastardo de Carlos III” (cf. Lara 1947: 137). Al morir su madre y ser abandonado por su padre, este fue “raptado por los indios de Macha y educado por ellos a la usanza primitiva” (Ibídem). Pero las indagaciones de 1922 hechas por Jesús Lara indican que, según la versión de José Armando Méndez, “el indio, nacido en la región de Macha, Potosí, quedó huérfano de padre y madre en sus primeros años. Wallparrimachi era el apellido de su padre, y Maita el de su madre. El poeta los había empleado durante toda su vida. Manuel Ascensión Padilla lo había recogido muy tierno en calidad de sirviente, esto es de esclavo.” (Lara: 139-140). Una historia discrepante

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“Al considerar la escasa obra de este poeta, lo primero que llama la atención es su carácter enigmático causado por el elemento de ausencia que se manifiesta en ella de varias maneras.” (Nagy 1994: 7)

es la que propone Wánkar para quien, “El criollo Manuel Asencio Padilla se incorporó a su tropas”, según observación hecha por Nagy (:9), y sobre la que debemos indicar, que más se trata de una fabulación entusiasta. La figura del héroe destaca como sagaz y valiente guerrero, líder de las huestes indígenas, hábil en el manejo de las armas, en especial, de la honda. Cómo mártir, murió en la batalla de Las Carreteras, el 7 de agosto de 1814. La leyenda agrega a estas líneas una historia de amor entre el héroe y la joven Vicenta Quiroz, la misma que fuera ultrajada por su esposo y envíada a recluir en un monasterio. La tradición del indio Juan Wallparimachi Mayta indica también habilidades para la lectura y la escritura, la composición de muchos poemas que se perdieron en la comarca del olvido.

Las noticias sobre la poesía quechua de Wallparimachi Mayta la tenemos recién a fines de siglo XIX y en 1922 Jesús Lara logra acceder a un cuaderno de poemas del vate de Macha. En la transcripción de escritura sus poemas destacan formas y modelaciones a la usanza hispana; es decir, versos fijados en pentasílabos y heptasílabos y rimas asonantes. Sus textos se difundieron a través de la transmisión oral. La escritura aquí operó como una matriz que sirvió para la divulgación de los textos. No se maneja información de publicaciones tempranas de los poemas de Wallparimachi. Los doce textos que se conocen de Juan Wallparimachi reúnen características que permiten identificarla con la vieja tradición indígena34, no en el uso irregular del verso, sino en la forma cómo la naturaleza es consustancial con la realización del poema y cómo se utilizan formas propias de los enunciados indígenas (paralelismo, etc.). Debe aclararse

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Los takikuna que se atribuyen son: Munarikúway, Imaynallatan atiyman, Kacharpari, Wayñu, Imapajñátaj kausani, Taki, Ripunña úrpiy, Karúnchay, Urpíllay, Arawi, Chay ñawiyki y Mámay,

también los exabruptos que identifican la poesía de Wallparimachi con el romanticismo como hace Edmundo Bendezú (1986: 49): “en el caso de Huallparimachi el verso quechua brotaba puro en lengua quechua pero con los inconfundibles acentos románticos de su tiempo”; para evidenciar, por el contrario, el tono vernacular que incuba estos poemas. La poesía del poeta de Macha, sin duda, es de inspiración indígena. No hay tampoco porque esperar que los textos poéticos de Wallparimachi estén relacionados con temas cívicos o la protesta anticolonial; no sería la primera vez que esto ocurre, como sucedió con Mariano Melgar y con Sándor Petöfi como ha sugerido Nagy. De hecho no se puede recusar la inexistencia de un corpus mayor al ya indicado sobre la base de la ola represiva en pleno periodo de la emancipación o lo que Larson ha notificado como “zonas de oscuridad historiográfica” (2002:40). Ciertamente es un agravante que hay que tener en cuenta, pero, definitivamente, no constituye el elemento catalizador.

(5) Munarikuway | Ámame

Qanllapin súnqoy, Sólo en tí está mi corazón Qantan rikuyki Y cuando sueño

Mosqoyniypipas. No veo a nadie sino a tí. Qanpin yuyani, Solo en tí pienso

5 Qantan mask'ayki Y a tí también te busco Rijch'ayniypipas. Si estoy despierto. Inti jinamin Igual que el sol Ñawiykikuna Fulguran para mí Ñuqápaj k'anchan. Tus ojos.

10 Ñáuray t'ikari En tu faz se abren, Uyaykipimin Para regalo mío, Ñuqápaj phanchan. Todas las flores. Chay ñawillayki La lumbre sola K'anchaynillanwan De tus pupilas 15 Kausachiwantaj. Me da la vida.

Phánchaj simiyki Y tu boca florida Asikuyninwan Con su sonrisa Kusichiwantaj. Me hace dichoso. Munakulláway, Ven, y ámame, 20 Irpa urpilla, Tierna paloma, Mana manchaspa. No temas nada. Ñuqa qanrayku Pese al destino Wáñuy yachasaj Yo te amaré Qanta munaspa. Hasta la muerte. 35

Silvia Nagy señala en su estudio que “La poesía de Wallparrimachi se nutre de este sentimiento [ausencia ~ soledad], es su característica más esencial y es la que lleva la mayor carga emocional en la obra” (1994:10); la vincula a su tono folclórico, por eso la “naturaleza no es el trasfondo ornamental que corresponde a los sentimientos del poeta, o los refleja, sino que forma parte de su mundo interior” (:15-16) y concluye su trabajo afirmando:

Wallparrimachi, con toda probabilidad, fue el primer poeta indígena que escribió en la tradición incaica, sin embargo con una voz propia, creando una obra individual que, por fortuna, es parte de la herencia literaria de los quechuas (Nagy:17).

En realidad, se trata de un poeta indígena que incorpora en su taki la memoria quechua, india y no inca, en el sentido del impacto de la guerra de idolatrías en la cultura vernácula. Esto explica que, en efecto, la poesía de Wallparimachi, se aproxime al folclor y que la naturaleza se instale en la trama discursiva como elemento que el yo- poético maneja para expresar vivamente sus sentimientos. Si observamos la estructura formal, estaremos convencidos que la escritura imita una arquitectura de inspiración

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Jesús Lara (1960), lo toma de la colección Méndez; la trascripción quechua y la versión en español es de Lara.

hispana. Tiene 24 versos que se organizan en versos pentasílabos que alternan asonantes, pero de manera dispar, como se apreciará a continuación donde se indica en columnas vertical la secuencia de rima seguida del número de verso y de manera horizontal, en que posición se ubican éstas:

I. II. III. IV.

1. a (1) e (7) b (13) h* (19) 2. b (2) f (8) g (14) c* (20) 3. c (3) g (9) h (15) i (21) 4. d (4) d (10) b (16) a* (22) 5. b (5) e (11) g (17) h (23) 6. c (6) g (12) h (18) i (24)

Obsérvese que el patrón rítmico no es perfecto a la usanza hispana, por eso deja rimas en la sextina que no coinciden. El v. 1 y v. 4 no producen rima, se instalan como versos blancos. En cambio sí ocurre con la secuencia v. 2-4: v. 3-6; en la siguiente estrofa este orden se disipa: v. 7-11; v. 9-12; siendo versos blancos los ubicados en los v. 8 y 11. En la tercera estrofa se produce una secuencia alterna correcta: v. 13-16; v. 14-17 y v. 9-18. Y en la última estrofa se aprecia un relajamiento de la rima cuya asonancia se da por asociación: v. 19 con el v. 23; lo propio con los versos 20 y 22 que remite a rimas del poema; siendo alternos los v. 21 y 23.

Este simple ejercicio nos lleva a pensar que el derrotero hispanizante de esta transcripción no permite acceder a la forma profunda del poema. Propongo abordar Munarikuway desde la perspectiva de la etnopoética:

(1) La soledad está definida en función del otro (la otra) y el entorno. Así, ñuqa no es posible sin qam (tú~ella), el universo del yo está orientado a la conquista de ella, por eso, no sólo es un acto solitario que se expresa en verbo intransitivo (yuya,

musqu). Es necesario que el yo la busque fuera de la esfera íntima.

(2) El tránsito de la evocación lleva a la intimación en tanto cuerpo ajeno y deseado, donde este cuerpo coincide con la naturaleza general: inti /sol/ ~ ñawi /ojo/ cumplen funciones análogas, deslumbra por la belleza y ñawi equivale a belleza en tanto que estos son posibilidades de apertura: “uya-yki-pi-min” a su forma “ñauray t’ika-ri”.

(3) Ahora ñuqa en su relación con la naturaleza, lo instala como progresión significativa, no solo es luz, ahora, los labios, la boca trae sonrisa y dicha. Se construye una gradación semántica que va de sonrisa a dicha, “asi-ku-y-nin- wan” y el verso siguiente, “kusi-chi-wan-taj” cuya significación se elabora del transito de adjetivo “contento” a la de verbo transitivo, “alegrar”. Así la expresión pálida sería “con tu sonrisa, con tu alegría” me das dicha.

(4) El poema concluye con un elemento del imaginario quechua, urpi, en la posición de “urpi-lla” (amada-/tierna/ mía) y precedida irpa (paloma), pero asociada a irpa urpilla /amada tierna paloma/ esta vez para pedir que lo ame a cambio de una promesa, amarla de continuo, “Qanta munaspa”, a ti-desea-ndo-te; a ti-te (seguiré) amaré.

No está, entonces, en la estructura versal la cualidad quechua de los poemas de Juan Wallparimachi Mayta, sino en los sentidos que el poema elabora. La poesía, los takikuna de Wallparimachi, se caracterizan por esa sabia trama de la palabra quechua para hacer vibrar de ternura cada objeto referido y la suya; es sin duda, poesía de la tradición quechua andina.