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Workplace Environment Assessment Introduction

Phase II: Unit Exercises for Assessing Resident Quality of Life

D. Workplace Environment Assessment Introduction

Desde la perspectiva de una historia andina José Joaquín de Olmedo resulta sin duda un héroe que se asocia a la voluntad emancipadora de las nacientes naciones del Cuarto

Mundo.9 El carné biográfico identifica al cantor de la gesta de Junín, como lo eran casi todos los patriotas, como un hombre no sólo culto, sino ilustrado, que había asumido el ideario liberal de las Cortes de Cádiz. Así, cabe recordar las asociaciones que hacen Luis Monguió (1974), Regina Harrison (1996) y Marco Tello (2001) que animan una genealogía basada en las lecturas de novelas románticas y que elaboran la imagen del indio como buen salvaje: los discursos abolicionistas contra la servidumbre, en particular, Discurso sobre la Mita; la publicación de la Canción Indiana que exalta al indio, por lo mismo, resulta un texto inclusivo. Si esto es a nivel del discurso, en términos de adscripción ideológica y de tradición literaria conviene incidir en dos asuntos: Uno, la condición aristocrática del héroe cultural; esto supone que entre el sujeto de enunciación y el universo referido existe una discordancia en la que no hay coincidencia en los niveles del circuito de enunciación;10 es un aristócrata fino, culto e ilustrado que habla de los indios. Dos, este ciclo, que va del Discurso sobre la Mita (1812) a La Victoria de Junín (1826)11, revela un espíritu culto que acude a las formas difundidas por entonces como las más modernas, aunque ello fuera un síntoma de dependencia. La forma que privilegia para su escritura poética es la oda neoclásica.12 Asumir la forma europea internamente entra en disonancia con las ideas liberales que tienen los patricios que, inevitablemente, los lleva a hacer evidente la historia como en

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La expresión la tomo de Gordon Brotherston, La América Indígena en su literatura: Los libros del Cuarto Mundo (1987/1992), libro resume su trayectoria de investigador de la literatura amerindia y alude al espacio que emerge en el mundo europeo a partir de 1492.

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Idea sin duda, del maestro Antonio Cornejo Polar, Literatura y sociedad en el Perú: la novela indigenista (Lima, Lasontay, 1980)

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La oda La victoria de Junín de José Joaquín de Olmedo, en Poesía completas, ed. de Aurelio Espinoza Pólit (1947); José Joaquín Olmedo Poesía Prosa (1960) y La poesía de la Independencia (1971); cito por la edición de 1960.

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“Finalmente, la poesía culta celebró los triunfos de la revolución. Se escriben muchos himnos y odas. Sobresale entre ésta La Victoria de Junín (1925), del ecuatoriano José Joaquín de Olmedo (1780-1847), en elogio de Bolívar: está en el estilo clasicista del siglo xviii, que Olmedo manejaba magistralmente”, así escribe, Pedro Herníquez Ureña (1947/1963:64) que lo asocia a la poesía más representativa de la ciudad letrada decimonónica.

La Victoria de Junín o la exaltación de la naturaleza americana, Alocución a la poesía (1821) y Silva a la agricultura de la Zona Tórrida (1826) de Andrés Bello; o, la oda al Niágara (1824) de José María Heredia que resquebrajan el modelo ortodoxo al desplazar el locus amenus y la alegoría clásica. Así en La Victoria de Junín será el Inca quien reemplaza a los dioses grecos latinos.

La Victoria de Junín es la oda que el poeta dedica a Bolívar, pero éste, como expresa en su carta del 12 de julio de 1825, se queja de “un defecto capital”, el hecho de que vea desplazada su figura de héroe por la del inca: “Usted ha trazado un cuadro muy pequeño para colocar dentro de un coloso que ocupa todo el ámbito y cubre con su sombra a los demás personajes. El Inca Huaina Capac parece que es el asunto del poema: él es el genio, él la sabiduría, él es el héroe en fin.”13 Si bien la Victoria de Junín es un poema que celebra el triunfo de la guerra emancipadora, cuyo héroe “proclaman a Bolívar en la tierra / árbitro de la paz y de la guerra” (v.12-13) formalmente disiente, pues trastoca los tópicos canónicos e introduce la alegoría del inca, que excusa una historia y declara la legitimidad de la guerra. La aparición del Inca está precedida de una replica “Gloria, más no reposo” (v.353; énfasis mío) que se escucha en el cielo en esa suerte de ambiente teatralizado que permite la aparición del Inca Huaina Capac, para luego dirigirse a las huestes emancipadoras. Declara una historia que revela el carácter devastador de la conquista y la colonia como memoria (v. 385-386):

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“Carta fechada en Cusco, a 12 de Julio de 1825, dirigida a José Joaquín de Olmedo, en la que comenta los valores literarios del ‘Canto de Junín’, obra del poeta a Simón Bolívar” (Bolívar 1997: 270-274).

No hay punto en estos valles y estos cerros que no mande tristísimas.

Para expresar (v. 416-417):

¡Guerra al usurpador! –Qué le debemos?, ¿Luces, costumbres, religión o leyes?

Además de recordar el magnicidio, el programa poético lleva a Olmedo a crear una parentela en boca de Huaina Capac, que se traduce en:

(1) Una interpelación que rehace la historia a partir de juegos de equivalencias discursivas, un sujeto ficcional del pasado que habla a un sujeto emergente y contemporáneo (v. 375-376):

… Hijos –decía–

generación del Sol afortunada, que con placer yo puedo llamar mía.

(2) La transferencia simbólica del poder que implícitamente reconoce a Bolívar al recordar los asesinatos contra los “Jefe de mi nación” (v.460) inca ~ indio (v. 444-445):

¡Oh campos de Junín!... ¡Oh predilecto hijo y amigo y vengador del Inca.

Transferencia que instala una genealogía, una similitud y un mandato. Reconoce en Bolívar a un hijo y, al mismo tiempo, a un amigo; ambas condiciones diseñan el imperativo de vengar al Inca.

(3) La alegoría a su vez reitera un tópico de las naciones decimonónicas, la idea de familia, la nación se imagina como una familia, como un cuerpo capaz de vivir solo a condición de enlazarse como pueblo (v. 446-447):

¡Oh pueblos, que formáis un pueblo solo y una familia, y todos sois mis hijos!

Familia, además, con un legado y pertenencia histórica: la de los Incas; así la Victoria de Junín de Olmedo será uno de los intentos más preciados de las letras andinas, en tanto resquebraja el modelo canónico neoclásico al confrontarse con las ideas liberales de entonces. Todo esto desde la escritura de la ciudad letrada. Será necesario resquebrajar el orden literario para dar cuenta de esa otra historia emergente, la de los indios y los andes. Esto explica los “palos de ciego” que Simón Bolívar da a Olmedo, pues su retórica es la ortodoxia del canon. Su mirada está del lado de Boileau, Racine y Horacio; y, aún así, el Libertador no pudo dejar de expresar su admiración y elogio al poema:

Confieso a usted que la versificación de su poema me parece sublime; un genio lo arrebató a usted a los cielos. Usted conserva en la mayor parte del canto un calor vivificante y continuo; algunas de las inspiraciones son originales; los pensamientos nobles y hermosos; […] ¿de dónde sacó usted tanto estro para mantener un canto tan bien sostenido desde su principio hasta el fin? El término da la batalla de la victoria, y usted la ha ganado porque ha finalizado su poema con dulces versos, altas ideas y pensamientos filosóficos. Su vuelta de usted al campo es pindárica, y a mí me ha gustado tanto, que la llamaría divina. (Bolívar 1982:273).