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Which Teams Are of Primary Importance?

V DEVELOPING TEAMS

B. Which Teams Are of Primary Importance?

(SUFRIMIENTOS DE NUESTROS HERMANOS INDIOS)

El indio ha pasado a ser parte de un nuevo programa de guerra contra las idolatrías. El programa civilizador oscilaba entre expulsar a los indios o, dentro de un positivismo optimista, incorporarlo. La incorporación supuso, a su vez, una opción racialista como la mezcla de las razas o la educación del indio,21 programa civilizador que provoca tensiones y desencadena conflictos. El rastro de esta escena social lo podemos observar en la insurgencia indígena en los territorios del Perú, Ecuador y Bolivia. La historia de los wawqikuna en las naciones andinas no sólo tiene que ver con el arrinconamiento sino también con su presencia sublevante alrededor del que se elabora un discurso progresista que denuncia la situación del indígena durante el siglo XIX:

Los políticos, autores, mercaderes, soldados y filósofos, seleccionan de aquellos grupos, rasgos o formas de vida que apoyan y refuerzan su visión personal de la identidad nacional –anota Regina Harrison-. En momentos de conflicto nacional, el indígena aparece a menudo como un símbolo unificador en torno al cual se pueden congregar diferentes grupos. Sin embargo, en tiempos de prosperidad económica, el habitante aborigen puede ser considerado como inferior y como un obstáculo para el progreso nacional. Así, el indígena, en su salvajismo o nobleza, representa, frecuentemente, un complejo de símbolos que cambian y se altera de acuerdo a diferencias de opinión. (Harrison 1996:24-5)

La primera afirmación que tenemos que hacer es la continuidad de las luchas indígenas en nuestros países, sobre todo, porque el programa criollo no tenía nada que ofrecerle. La situación del indio en países andinos está signada con la posesión de la

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Consúltese los trabajos de Clemente Palma, El porvenir de las razas en el Perú (1897; 1999: 229-231); Santiago López Maguiña "Racialismo e identidad (Palma, Prada, Mariátegui" (1996), también Marcel Velásquez, Las máscaras de la representación: el sujeto esclavista y la rutas del racismo en el Perú (2005).

tierra, el tributo y el trabajo forzado. Conviene recordar que la población indígena peruana superaba a inicios del XIX el 60% de la población total, el censo de 1876 establece 2.699.106 habitantes, de las cuales el 57.6% eran indios, es decir, 1.554.678 (Basadre 2005: t. 17, 180). Para 1830, Bolivia cuenta con una población de 1'100.000 habitantes, el 75% corresponde a la población indígena, aunque no existe una información demográfica confiable (Larson 1999/2002: 35-36). Ecuador presenta a comienzos de ese siglo, un total estimado de 496,846 habitantes, de los cuales 53% de la población era indígena. Manuel José Restrepo, que había discutido la cifras, la redondea en 500.000 habitantes: “De esa población 157.000 habrían sido blancos; 393.000, indígenas; 42.000 pardos libres y 8.000, esclavos negros.” (Salvador Lara 1994/2002:367). El distanciamiento práctico entre criollos e indígenas se observa desde los inicios de las repúblicas andinas. Si se toma como referencia el tributo indígena caeremos en la cuenta de la incoherencia del discurso político con relación a la "raza indígena". Si bien en 1821 San Martín decreta la abolición del tributo; el 8 de abril de 1824 Bolívar repone dicho tributo y promueve la disolución de las comunidades indígenas; con ello se consolidó "el proceso de distanciamiento progresivo entre Estado y comunidades indias iniciado en la Colonia" como observa Jairo Gutiérrez Ramos (2000: 301).22 A lo largo del siglo XIX el tributo indígena toma en los países andinos rutas similares. Primero se derogó (1814 Gran Colombia; 1821 y 1827 Perú) ante los estragos de la guerra éste se repuso (1828 Ecuador, 1822 Perú y Bolivia). Toma diversos nombres "contribución subsidiaria", a mediado del siglo; en 1824, tanto en

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Otro tópico, que no examinaré, pero que dejo enunciado, son las posturas liberales enfrentadas con las conservadoras respecto al modelo de gobierno. El propio proceso de instalación de las repúblicas andinas confrontó en su desarrollo tendencias que cuestionaron las opciones libertarias. Recuérdese, en el Perú, los debates sobre monarquismo y república que la Sociedad Patriótica organizó para defender la instalación de una monarquía ilustrada y que será fustigada por los patriotas que defienden la democracia como forma moderna de gobierno, y cuyos trazos están referidos en La Abeja Republicana.

Perú como Ecuador se suspenden para que sea reimpuesta luego de la Guerra del Pacífico (1886). Se suceden procesos diferenciados: protestas masivas de los indígenas de Bolivia 1869 y 1871; mientras que en Ecuador los quichuas apoyarán la revuelta liberal de Eloy Alfaro. Al final, en la esfera del gobierno se promueve el pago de una "contribución personal". El resultado final de este proceso lo advierte Jairo Gutiérrez (2000: 314):

fue necesario revivir en el nuevo contexto republicano instituciones tan alejadas del proyecto liberal como el discriminador y racista tributo o, lo que es peor, formas compulsivas de trabajo como la mita y el concierto. Con todo, y aun a pesar de todos los obstáculos, incluida, por supuesto, la propia resistencia indígena, los regímenes modernizantes andinos fueron imponiendo gradualmente su política de destrucción de comunidades indias, dada su incompatibilidad con los ideales liberales de defensa del individuo, la igualdad, la libertad y la propiedad privada, todos ellos de una u otra manera contrarios al ancestral comunitarismo indígena.

El wawqi, después de la primera mitad del XIX, será percibido con las mismas imágenes que se elaboraron cuando la invasión española, esa mezcla de “buen salvaje” y “caníbal” que luego de tres siglos no había alcanzado los méritos de la modernización decimonónica. Uno de los procesos más interesantes está dado por la Guerra del Pacífico. Los indios, cumplieron las mismas funciones que cuando se produjeron las guerras de la Independencia. El patriotismo de los indígenas está conectado, en plena guerra, a su condición de montoneros o guerrilleros que fueron capitalizadas, en caso peruano, por Andrés Avelino Cáceres y que diera lugar a una suerte de nacimiento inca a finales de la guerra, en palabras de Wilfredo Kapsoli, recogiendo el testimonio de un "soldado chileno", los indios: "Viven en un lamentable estado de pobreza e ignorancia. Humildes, pacientes y sencillos, existen como rebaños, cuyos pastores son el alcalde y

el cura. Son muy andadores y sin más alimento que la insípida cancha, coca y yucta, practican grandísimas marchas, sin que su naturaleza se abata en lo menor.” (1995:36- 37). En nada se diferencia con lo que había ocurrido en la emancipación de las patrias andinas. Su participación no conllevaba necesariamente sentimientos de algo que uniera alrededor de la nación, a no ser la memoria del Inca. Su participación en las diversas gestas es evidente; cuando se produjo el desborde indígena, se le visibilizó como una amenaza, sobre todo, en el último tercio del siglo XIX. La cuestión indígena fue visibilizada a partir 1888 con el “Discurso en el Politeama” de Manuel Gonzalez Prada. La ciudad letrada había comenzado a desconfiar de ese sujeto que inicialmente lo había relacionado como su parentela imaginaria. No era el inca, era simplemente el indio. 23