El desmedro de la situación socio-económica de las familias de sectores populares y de ingresos medios bajos, trajo consigo una serie de problemáticas. La precariedad en muchos casos, recordaba la vida de las familias más pobres de inicios de siglo XX. Por ejemplo, una investigación de 100 familias arrojó que ninguna de ellas contaba con una cama individual, porque era compartida entre dos o tres en promedio. Cada pieza era habitada por 4,3 personas en un 61%300. Considerando el tamaño de las viviendas el hacinamiento y falta de privacidad no permitían satisfacer las necesidades de privacidad. Ya no era el conventillo, era la “vivienda social” de alguna erradicación en una comuna alejada del centro de Santiago.
En 1978, el 58% de las familias no consumía las calorías requeridas. 301Encuestas realizadas por la Vicaría de la Solidaridad demostraban que en algunas poblaciones del Gran Santiago, la cesantía afectaba al 60% de los jefes de hogar. Lo cual, traía aparejado además de la pérdida de ingresos, la desestabilización familiar.
Por su parte, el gobierno sostenía que desde que ellos habían asumido la pobreza había disminuido, pasando de un 21% en 1970 a un 14,2% en 1982. Diversos
298 En relación a este tema véase los trabajos de Eduardo Valenzuela, La Rebelión de los jóvenes, Op. cit.,p.
97-100; . Javier Martinez. Juventud y Exclusión Social. El caso chileno. Documento CEPAL, 1985.
299 Revista CORDAM, s/n, 1984, pp. 57-58. En cambio, autores como Valenzuela sostienen que la
drogadicción y el alcoholismo responden a un fenómeno de retraimiento anómico, provocado en gran parte por la exclusión laboral, educativa, etc. Véase Valenzuela, La Rebelión de los Jóvenes,Op.cit., p. 97-100.
300 La familia pobre urbana estaba conformada en promedio por 6 a 9 personas, siendo el promedio nacional
4,5. Véase Javier Martinez. Juventud y Exclusión Social…Op. cit., p.72.
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organismos no ligados a la acción gubernamental contrarrestaban estas cifras argumentando que lo que influía en la disminución de la pobreza era la forma de medirla, dando mayor relevancia a la posesión de artefactos, electrodomésticos, red de agua y alcantarillado y no a necesidades de alimentación y trabajo. Así un estudio de la Universidad Católica indicaba que el 46% de las familias vivían en condiciones de pobreza para 1985.
Todos estos elementos llevaron a una gran cantidad de niños y jóvenes, menores de 18 años, a vivir en una situación de riesgo social constante.302 Por riesgo social de menores se entiende:
Todas aquellas situaciones de la familia que indican proximidad o posibilidades de los menores bajo su cuidado de verse afectados por algún de tipo de irregularidad social. Irregularidad traducida en términos de crisis estructural y funcional de la familia, afectando la conducta del menor y/o problemas de conducta de éste.303
Según un estudio publicado en 1986, uno de cada cinco jóvenes optó por ingresar a la fuerza de trabajo en el tramo comprendido entre 14 y 19 años. Según datos de UNICEF la PEA entre 10 y 14 años era de 24.006 niños para el sector formal y 350.402 para el tramo entre 15 y 19 años. Los menores entre 14 y 19 años era un tercio del cual percibía el resto de la población.304
En la búsqueda de la satisfacción de necesidades familiares y propias, muchos niños, niñas y jóvenes traspasaron la línea de lo legal o lo aceptado socialmente. Lo que hoy en día sería considerado como “Las peores formas de trabajo infantil”, Silva lo denominó Trabajo No Convencional305.
302 En los sectores populares entre un 44% y un 55% de la población era menor a 16 años. 303 Osvaldo Torres. El niño abandonado…,Op. cit. p 81.
304 Ibid., p. 83. 305 Silva, Op. cit., p. 2.
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Ya son motivo de profunda preocupación los menores que vagan sin rumbo en pleno invierno y a las horas más insólitas por el centro de la ciudad o las niñitas que inducidas por individuos de moralidad dudosa, comienzan el ejercicio de la carrera que solamente les puede traer contratiempos para el resto de su vida306
La prostitución infanto-juvenil de niñas entre 7 y 15 años, se volvió recurrente en las calles de Santiago, Valparaíso y Concepción. Estas niñas ejercían su labor en paraderos de taxibuses, edificios en construcción a cargo de una “señora” o bajo la mirada de explotadores profesionales. Muchas de estas niñas vivían en el seno de familias desestructuradas, donde se transformaron en las sostenedoras del hogar.
No sólo las niñas pertenecientes a los sectores más pobres de la población ejercían esta actividad. En 1984, el sacerdote Hernán Alessandri señaló que la prostitución infantil se extendía a las capas medias de la población, debido a la pauperización del ingreso familiar. Estas niñas se prostituían con el fin de alcanzar un ingreso que les permitiese costear ropa y permanecer en colegios privados307.
Al trabajar en la calle, muchas de estas niñas terminaban siendo presa de la explotación de los proxenetas, de la violencia, del alcoholismo y de la dependencia al neoprén. Sin embargo, otras no necesariamente trabajaban en la calle. Lo hacían en café topless y casas de masajes, negocios legales y establecidos que encubrían el comercio sexual.
La prostitución ha crecido dolorosamente entre las menores de las poblaciones aunque tampoco hay estadísticas oficiales al respecto. Muchas veces es solicitada y aceptada por los padres. Las muchachas se inician muchas veces en la misma población. Poco dinero, vestuario o alimento es el pago308
En 1986, nace COLMENA, un programa que tenía como objetivo enfrentar la problemática de la prostitución infanto-juvenil en las poblaciones. Esta iniciativa contaba con el apoyo de Hogar de Cristo y de UNICEF. El programa estaba enfocado en trabajar
306 Revista CORDAM, Nº2, 1978, pag. 8.
307 Véase Torres, El niño abanonado…,Op. cit.,p. 89.
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en las poblaciones de Renca y Peñalolén. En ellos, se prestaba apoyo educativo y capacitación laboral a las niñas y adolescentes que ejercían el comercio sexual. También prestaba apoyo por medio de un Taller Infantil a los hijos de estas jóvenes que no asistían a jardines infantiles. Reinsertarlas en la sociedad era uno de los objetivos, pero también acompañarlas emocionalmente. Sobre el éxito o fracaso del programa no se encontraron datos. Sin embargo, la sola aparición de un programa como éste confirma que la prostitución infanto-juvenil era más común de lo que se quería aceptar.309
También era común que muchos niños y jóvenes que desempeñaban trabajos de carácter callejero terminaran viéndose involucrados en situaciones delictivas o bien, fuesen considerados por las autoridades como vagos y mendigos. Existieron casos, donde se mezclaban ambas esferas trabajo/mendicidad siendo detenidos por carabineros y enviados a la Casa de Menores y luego de la reforma realizada en 1979 a las Comisarías o Subcomiserías de Menores, para luego destinarlos a los Tribunales de Menores. ¿Por qué se detenía a estos niños? Se les detenía porque la “vagancia” era considerada una conducta antisocial, una infracción a la ley 11.625, que señala:
Quienes no teniendo hogar fijo o vivienda en el de otra persona por mera tolerancia o complacencia carezcan de los medios lícitos de subsistencia y quienes sin estar impedidos para el trabajo “no ejerzan habitualmente profesión y oficio”310
El Rafa era un niño que había vivido en distintos hogares y posteriormente con una señora que lo acogió en su casa. Pero ocurrió un robo y Rafael sintió que el peso de las sospechas recaía sobre él. Se fue y…
sobrevive vendiendo candys en las micros Peñaflor, dormía en una camioneta abandonada que había en la Villa Portales311
La historia de Rafael, tuvo un final feliz, fue rescatado por una pastoral de la Vicaría y finalmente se transformó en monitor que para niños y jóvenes que estaban en la misma situación que él. Pero no todas las historias eran iguales.
309 Talleres de jóvenes pobladoras, ONG COMENA, 1986.
310 Ley 11.625, en http://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=26729 311 Revista Solidaridad, Segunda quincena de Enero de 1980, p. 7
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Cuando andamos volados, no sentimos ni hambre ni frío, explica con ingenua certeza un pequeño muchacho de 14 años. La droga usada, neoprén, un pegamento. De diversas maneras los muchachitos, hombres y mujeres reúnen dinero. Este será usado para comprar algo de alimentos (también llevamos comida para la casa) y lo necesario para un tarro de pegamento. Será aspirado con fuerza por nariz y boca, mientras el tarro circula de mano en mano entre los integrantes de pequeños hombres- niños.312
Algunos de estos niños tenían familias y un hogar donde llegar diariamente, otros por diversos motivos abandonaban el hogar. El espectro de niños y jóvenes que llevaban a cabo actividades económicas en el mercado se destacaba por su heterogeneidad.
En 1978, cuando aún existía CONAME, se entregaban las siguientes cifras: 23.134 menores fueron detenidos por delitos comunes. De ellos 2.337 menores de siete años, fueron detenidos por carabineros por uso de drogas y daños a terceros313. Entre enero y junio de 1986 hubo 4.333 menores detenidas por “ofensas a la moral”. El mismo sistema que las arrastra al comercio sexual las castigaba por sus pecados314.
Muchos niños y organizaciones denunciaban el uso excesivo uso de la fuerza por parte de carabineros. Al hacer redadas en las poblaciones, no hacían distingo entre niños y mayores de edad, utilizando incluso descargas eléctricas. También la acción de investigaciones era puesta en tela de juicio por el grado de violencia utilizado hacia menores que eran detenidos por sospechas o delitos severos.315
Sin embargo, hay que mencionar las iniciativas de diversas organizaciones que desarrollaron programas que actuaban como alternativas a la institucionalización de menores en centros del SENAME o que simplemente se transformaron en un apoyo para las diversas problemáticas que aquejaban a la familia popular. En este sentido, se destaca la labor del Programa La Caleta, para niños y jóvenes drogadictos, la Fundación Missio cuyo objetivo fue la Capacitación Laboral a través de la implementación de talleres
312 Revista Solidaridad, Primera quincena de enero de 1978. p. 7 313 Revista Solidaridad, Segunda quincena de Enero de 1980, p. 8. 314 Torres, El niño abandonado…Op. cit., p. 90.
315 En relación al tema, véase Revista Solidaridad, segunda quincena de abril de 1980, pp. 18-19. Torres, El
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productivos para jóvenes de 15 a 18 años, los Centros de Recreación Infantil, que acogieron niños de 6 y 14 años y formaba monitores salidos de la misma comunidad, Colmena de la cual ya hicimos mención.316