Frente a las narraciones obtenidas por los participantes, encontramos que los niños entienden que desobedecer a sus padres conduce a una reprimenda o sanción. Aunque esto produzca en ellos sentimientos de rabia, impotencia, tristeza, miedo y/o humillación; reconocen que es necesario el uso del castigo en la crianza.
Aunque los niños en general reconocen los efectos negativos del castigo, justifican que muchas de sus conductas merecen una corrección. Ya sea ésta por medio de un grito o una prohibición; rechazan el castigo corporal, pues entienden esto como una forma de maltrato.
Dentro de las expresiones de los niños durante la guía/taller, se evidenciaron sentimientos de ira cuando expresaron que algunos castigos eran injustos para ellos. Sin embargo esos sentimientos negativos los minimizan y no les dan mucha importancia, porque consideran que el efecto positivo es muy bueno. Respecto a esto, Anastasia manifiesta: “Si y me pongo a llorar un rato, me siento triste pero se me pasa rápido” Entonces, el castigo para los niños genera reflexión o algún beneficio dentro de la crianza.
Llama la atención que en las narraciones los niños expresan una gran cantidad de sentimientos negativos pero valoran grandemente el efecto positivo. Lo que concuerda con la postura de diferentes autores, por ejemplo en el articulo, “No me gusta, pero está bien si me porto mal” (Duque-Paramo, 2008) donde a los niños no les gusta que los castiguen, pero lo consideran correcto. Otros piensan que los efectos a largo plazo son perjudiciales.
En las narraciones de los niños se refleja que la frecuencia con que se utiliza el castigo genera en ellos sentimientos más intensos. Aurora mencionó: “Esta bien que nos castiguen una vez, o dos, pero no nos gusta que nos castiguen tanto”. Así mismo, Tiana opinó: “hay papás que les pegan a los niños todos los días y pues así los niños no aprenden y se vuelven más agresivos (…) hay muchos castigos que no deben ser para los niños, por que los niños no aprendemos a los golpes” Muchos de estos sentimientos no son expresados a sus padres o a la persona que castiga, en consecuencia los niños los guardan y a largo plazo generan un
impacto emocional que se puede evidenciar negativamente en la adolescencia (Asociación Afecto, 2010).
Cuando les preguntamos a los niños cómo se sentían cuando los castigaban, Ronaldo señaló: “Pues me siento mal, por que quisiera devolver el pasado y no haberlo hecho”. Lamentablemente, pudimos interpretar en algunas de las narraciones que los niños tienden a culpabilizarse después de haber recibido un castigo. Aquí se evidencia la autoridad y el poder que ejercen los adultos hacia los niños. Las diferentes concepciones que se tienen a nivel mundial sobre el castigo, llevan a que los niños se conviertan en seres vulnerados y altamente sometidos por regímenes de autoridad que enfocan los adultos hacia ellos, sin importar que clase de castigo se esté utilizando, el fin de tal hecho es educar y corregir a los niños. (Pinheiro, 2006)
Así mismo, Nicolle, comentó que no está de acuerdo con los castigos que recibe en su colegio y por esto le cuenta a sus padres. Su padre justifica la conducta del profesor: “Mi papá (padrastro) dice que por eso me manda al colegio y que si yo no hago caso en clase por eso el profesor se pone bravo, entonces que yo me lo
busqué”. Es preciso aclarar, que para la mayoría de los padres, según los niños,
está bien ser castigados en el colegio, aunque sus padres no permitan que reciban golpes, pues ellos son – los únicos que pueden pegarles –, Como lo expresaron algunos participantes durante esta investigación.
Cuando son utilizados los golpes o el castigo físico, los niños manifiestan ser maltratados. Ronaldo manifiesta que maltratar a un niño es ilegal y esto atenta contra sus derechos, “Los niños que son maltratados pueden demandar a sus papás, pero si tu demandas a tus papás te quedas sin casa y sin colegio, entonces es mejor que los papás hablen y les ayuden a reflexionar sin pegarles”
Adicional a esto, Nicolle, Bella y Aurora refirieron sentirse mal cuando sus padres las castigan, aunque Nicolle ratifique “Pues me siento mal pero a veces me lo merezco porque no le hago caso a mi mamá”. Seguimos observando que los niños piensan que en realidad se merecen los castigos. La mayoría de los niños refieren sentimientos de humillación cuando son castigados en público o frente a sus hermanos, primos, amigos o compañeros. Aurora manifestó:”Yo me siento así (humillada) cuando mi papá me regaña sobre todo cuando es delante de mi hermana o de todos en la casa”.
Por otro lado, Jazmín relata sentirse triste cuando su madre la regaña y cree necesario pedirle disculpas a su madre cada vez que recibe un castigo. A pesar de que muchos padres golpeen o castiguen de cualquier forma a sus hijos, los niños sienten que toda la culpa recae sobre ellos, lo que puede desencadenar otras formas de maltrato o efectos negativos a largo plazo.
En algunos casos los niños se acostumbran a recibir malos tratos de sus padres los cuales generan en ellos algún tipo de tolerancia. Mulán narra que muchas veces el recibir castigos corporales por parte de su padre ya no tiene repercusiones en su conducta, manifiesta sentirse acostumbrada y en ocasiones se burla de sus padres, otras veces no le da importancia a los castigos que le imponen. Aunque a corto plazo el castigo físico puede incrementar la obediencia del niño, a largo plazo puede producir un aumento en la desobediencia e incrementar el riesgo de que los niños presenten problemas de comportamiento más graves (Kalb & Loeber, 2003).
En las narraciones los niños revelaron varios sentimientos que alimentan los efectos negativos resaltados en la literatura. Estos efectos tienden a replicarse en años posteriores y pueden ser un factor de riesgo para que ellos adopten conductas agresivas. Expertos del tema afirman que lo menores que han recibido
castigo físico o humillante tienen muchas más probabilidades de convertirse en adultos violentos (Ordoñez. M, 2010).
Aunque algunos piensen que el castigo no sirve para nada, y piensen que los adultos comenten injusticias al castigarlos, otros piensan que el castigo los ayuda a ser mejores personas omitiendo los sentimientos de ira, tristeza, rabia, confusión y dolor que el castigo les pueda causar.